Después de analizar algunos de los criterios según los cuales solemos valorar a las personas con quienes deseamos establecer relaciones, el Dr. Plinio indica los verdaderos principios que deben orientar el relacionamiento humano.

 


 

Cómo debemos analizarnos los unos a los otros? ¿De qué modo precisamos mirar, interpretar, considerar el valor de cada uno? ¿Cómo debemos entender y juzgar a las personas?

 

Dos categorías de personas

 

He aquí una buena calificación: algunas personas tienen alma para comprender que no existe sólo ni principalmente esta vida terrena. Hay otro orden de grandezas y un Ser espiritual, superior, infinito, perfecto. En último análisis, Dios Nuestro Señor y todos aquellos que lo cercan en la jerarquía divina. Y todo esto se refleja de algún modo en la Creación.

 

Estas personas, cuando miran un guayacán, una esmeralda o una orquídea, por ejemplo, son admirativas porque saben ver lo que es más que ellas, sin envidia y con desinterés. Esta es una categoría de personas.

 

Otra categoría es de las que sólo miran hacia arriba para tener envidia y prefieren no mirar hacia lo alto. Dirigen sus ojos hacia un lado con indiferencia y hacia abajo con desprecio.

 

¿De qué género de personas es cada uno de nosotros? Si estas son las dos categorías, tenemos que caber en una de ellas. ¿Cómo somos nosotros?

 

Debemos tomar en consideración que Dios ama más a los que están más vueltos hacia Él. Nuestra Señora ama más a los que son más vueltos hacia Ella. Y nosotros, por lo tanto, debemos desear lo que es más elevado, más noble, más recto, más santo. ¡Pero desear admirando! ¡Y admirando desinteresadamente!

 

El verdadero entusiasmo se expresa por la dedicación.

 

A partir del momento en que admiremos esto desinteresadamente, nos volvemos entusiastas y combativos. Porque el verdadero entusiasmo se expresa por la dedicación. Tener entusiasmo por algo o alguien a quien no soy dedicado no significa nada. Si tengo entusiasmo sincero, me dedico.

 

Entonces, cuando notamos que alguien lucha, debemos buscar en su actitud lo siguiente: ¿Por qué combate? ¿Hasta qué punto él ve y entiende la grandeza de aquello por lo que lucha? ¿Hasta qué punto su alma está llena de eso? ¿Hasta qué punto se dedica? ¿Hasta qué punto es combativo?

 

A través de esas preguntas podemos aquilatar a una persona.

 

A partir de esto se comprende la inanidad, la nulidad de muchos elogios que a veces me hacen, que tengo la impresión que se refieren a otra persona, porque de tal manera lo que hay de esencial en mí no figura en aquel elogio, que están elogiando a otra persona.

 

Así por ejemplo, se elogia a alguien porque es muy inteligente. Ahora bien, la persona nace inteligente. ¿Se les ocurrió alguna vez elogiar a un hombre cualquiera por ser narigudo, o por tener la nariz muy pequeña? Nadie elige la nariz que tiene. La persona nació con ese tipo de nariz y precisa llevarla hasta Esto mismo es con la buena educación y con tantas otras cualidades...

 

Antiguamente era raro encontrar té en Brasil, y las personas que gustaban de tomarlo mandaban traer té de Inglaterra, de China, etc. Y eran naturalmente las personas más finas. Entonces se decía “Fulano de tal tomó té desde pequeño”, para indicar que tuvo una educación muy selecta. El otro que solamente tomó café no tuvo una educación muy fina, porque cualquiera toma café. Nadie tiene mérito por haber tomado té de pequeño.

 

Entonces, ¿cuál es el verdadero mérito? El verdadero mérito es la elevación de alma, y es esto que debemos procurar.

 

Relacionamiento basado en la Fe, Esperanza y Caridad

 

¿Qué relación tiene esto con la Religión?

 

Quien fue bautizado y recibió el don de la fe, teniendo el espíritu elevado posee mucha fe. Porque quien tiene espíritu elevado ama sobre todo, lo que hay de más alto. Y lo que hay de más elevado son las verdades sobrenaturales reveladas, es la Iglesia Católica que es Maestra de estas verdades.

 

Oratorio en Sevilla, España

Posee mucha esperanza. Esperanza de conseguir aquello que su fe le enseña: El Cielo después de esta Tierra, dar gloria a Dios, a Nuestra Señora; y espera que María Santísima lo ayudará.

 

Tiene mucha caridad, la cual no es principalmente el amor al prójimo, sino que es el amor de Dios, y del prójimo por amor de Dios.

 

Entonces posee mucha fe, esperanza y caridad. Y después las virtudes cardinales: justicia, fortaleza, templanza, prudencia y otras virtudes. Aquí está el edificio de un alma.

 

Cuando nos relacionamos con los otros, ¿procuramos ver cuáles son los que tienen el espíritu más elevado y buscamos más su compañía, su conversación, o procuramos saber quién divierte más, cuenta más chistes, juega más, es más agradable de tratar? O bien, ¿quién es el más influyente y comunica una cierta importancia a quien es su amigo?

 

Estas no son razones para tener relacionamiento con alguien. El motivo para buscar la compañía de alguien es la fe, la esperanza y la caridad, la elevación de alma.

 

Una persona puede pasar por un oratorio donde hay una imagen de Nuestra Señora, persignarse, pero no tener gran fe. Otro hace la señal de la cruz y posee mucha fe. Un tercero no tiene fe, es emigrado de Afganistán, pero mira con cierta elevación a la imagen y la fe comienza a germinar en su espíritu.

 

Jesús bendiciendo – Catedral
de Barcelona, España

Busquen las compañías que les aproximan más de este estado de espíritu.

 

¡Cuidado con los bromistas!

 

Alguno podría objetar:

-Pero la cuestión es que estando con otros preciso divertirme.

A éste yo le respondería:

¡Cuidado con las personas bromistas o que hacen muchos chistes! Pocas personas vi en mi vida que fuesen al mismo tiempo graciosas y serias. Y además, su seriedad corría riesgo por ser graciosas.

 

Los Evangelios presentan a Nuestro Señor en las más variadas actitudes, desde Niño recién nacido hasta la edad perfecta de treinta y tres años con los que murió. Nunca se ve, a pesar de esa variedad de espíritu, al Divino Maestro riendo.

 

Consideren las bodas de Caná. El estaba en la fiesta e inclusive concurrió para que ésta tuviese alegría, haciendo un milagro estupendo: la transmutación del agua en vino. Sin embargo, el Evangelio no dice que Él haya reído alguna vez. Yo nunca vi una imagen, en nuestras iglesias, representando a Nuestro Señor riendo. Ni siquiera propiamente sonriendo.

 

En una actitud próxima de la sonrisa, a veces. La imagen del Niño Jesús, por ejemplo, es presentada próxima de la sonrisa, porque se supone que está mirando a Nuestra Señora. Quien ve a un niño, lo imagina mirando hacia la madre, es normal. Entonces se supone que esté sonriendo, o mejor dicho, mirando con suma complacencia a la Madre. Riendo, ¡nunca! Muchas imágenes de Nuestro Señor lo presentan con suma afabilidad, sonriendo no. Es un ejemplo para nosotros.

 

¿Alguien conoce una aparición en la que Nuestra Señora o cualquier Ángel o Santo diga algo gracioso? ¡Nunca!

 

Por otro lado, tome cuidado también aquél que, por ser gracioso, atrae a todos los que desean divertirse a dar una carcajada, pero los desvía de Nuestra Señora.

 

A veces se huye de ciertas compañías que tienen cosas serias para comentar, que van al fondo de los asuntos. Sin embargo, tales personas, aunque no digan cosas jocosas, podrían aproximarnos de la Santísima Virgen María. v

 

(Extraído de conferencia de 7/1/1982)