Vengo, Jesús mío, a visitarte. Te adoro en el sacramento de tu amor. Te adoro en todos los Sagrarios del mundo. Te adoro, sobre todo, en donde estás más abandonado y eres más ofendido.

 


 

San Willehado, obispo y confesor. Fue el primer obispo de Bremen, Diócesis creada por el Emperador Carlomagno después de sus conquistas. En el año 788, 21o de su reinado, Carlomagno dio a aquella iglesia un diploma redactado en los siguientes términos:

 

“En nombre de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, Carlos por voluntad de la Providencia Divina, Rey. Bajo el auxilio del Dios de los ejércitos conseguimos una victoria en las guerras. Es sólo en Él que nos gloriamos. Y es de Él de quien nosotros esperamos en este mundo la paz y la prosperidad, y en el otro la recompensa eterna.

 

Sálvense pues todos los fieles de Cristo, y los sajones rebeldes a nuestros ancestros, por la obstinación de la perfidia y por un tan largo tiempo rebeldes a Dios y a Nos, S hasta que los hubiésemos vencido por la cruz del Señor, no por la nuestra. Por su misericordia, recibimos la gracia del bautismo, y los llevamos a la antigua libertad, liberándolos de todos los antiguos tributos que nos deben. Por el amor de Aquél que nos dio la victoria, de tributarios los declaramos devotamente súbditos.

 

Como se rehusaron a tal regalo y al yugo de nuestro poder, ahora que fueron vencidos por las armas y por la fe, quedan obligados a pagar a Nuestro Señor Jesucristo y a sus sacerdotes el diezmo de todos sus animales, frutos y cultivos”1.

 

Celo del poder civil hacia el poder eclesiástico

 

La ficha hagiográfica no se presta propiamente a un comentario respecto de San Willehado, obispo y confesor, porque a propósito de él dice sólo que fue obispo de Bremen y sobre esa ciudad transcribe el decreto de la creación de la Diócesis de Bremen por Carlomagno, el año 788.

 

De manera que inevitablemente el comentario tiene que ser sobre el decreto. Parece una cosa extravagante hacer al respecto de un documento legal una conferencia que debería versar sobre la vida de un santo. Quien leyese los decretos promulgados hoy, no encontraría tema para tal conferencia. Por ejemplo, un decreto sobre el tránsito o, como en el caso presente, sobre cuestiones fiscales –porque Carlomagno está ordenando un impuesto–: ¿Qué materias de vida espiritual pueden caber?

 

Es interesante que analicemos este decreto para comprender la modificación completa del ambiente que va de la civilización cristiana a la de nuestros días: el Emperador describe el modo como ese tributo debe ser pagado y hace obligatorio el cumplimiento de ese deber con la Iglesia.

 

Vean qué relaciones íntimas entre el poder eclesiástico y el poder civil había en aquel tiempo; el celo del poder civil por el poder eclesiástico. Y con qué abundancia estaba provista la manutención del clero y del culto en la Catedral de Bremen, para la gloria de Dios ante todo y, secundariamente, para la cristianización de esos pueblos aún semi-paganos.

 

Un acto ilícito que produjo buenos frutos

 

Observemos otra cosa interesante: ¡Cómo describe el emperador su papel en cuanto cobra ese impuesto! Carlomagno muestra que se trata de un pueblo que era pagano y al cual redujo por las armas, es decir, que tiene sobre ese pueblo el derecho de conquista. Y un derecho de conquista legítimo, porque los sajones, muy agresivos, continuamente invadían las tierras de los francos de quien Carlomagno era Rey, haciendo provocaciones, cometiendo crímenes y pillajes en las fronteras y queriendo imponer la religión pagana.

 

Carlomagno recibe la sumisión
de un rey vencido – Palacio
de Versalles, Francia

Entonces, Carlomagno en una cruzada en defensa de la Religión Católica, invadió sus tierras y los derrotó. Pasándose un poco de los límites estableció el principio: o cree o muere; quien no es bautizado debe ser muerto. Y naturalmente el número de los bautismos fue enorme.

 

También la cantidad de ejecuciones capitales fue muy grande. Corrió agua bautismal y corrió sangre por torrentes en esa ocasión. Y él hasta fue censurado por el Papa pues no se puede colocar a nadie delante de la alternativa: o cree o muere.

 

Estoy de acuerdo con el Papa y no con Carlomagno. Y voy sin embargo a hacer la siguiente observación – no en una actitud contestataria, lejos de mí eso–: muchos bautizados forzados dieron buen resultado; y después ellos y sus hijos crecieron en la fe católica y en ella perseveraron hasta hoy, o hasta hace poco tiempo.

 

O sea, tal vez no haya sido enteramente lícito, o no fue lícito y por eso no fue bueno. Afirmar que no haya sido útil ya es otra cuestión.

 

Produjo sus frutos…

 

De la barbarie hacia la cima de la cultura y de la civilización

 

Después el Emperador muestra cómo los sajones se rebelaron nuevamente, y Carlomagno tuvo que ejercer otra vez una acción de conquista sobre ese pueblo. Y entonces los sajones vivían por la misericordia del Emperador. Conforme a las leyes de la guerra, él podría haber exterminado a los sajones pues junto a ellos no era posible vivir, o haber reducido a muchos al cautiverio.

 

Aspectos de la ciudad
de Bremen, Alemania

Carlomagno no hizo nada de eso. Él construyó fortalezas, intensificó la cristianización, pero cobró un impuesto particularmente grande porque los sajones eran rebeldes vencidos. Y el rebelde vencido está obligado a un impuesto mayor.

 

De esta forma, vemos cómo él sabía atemperar la justicia con la misericordia. Mostró ser misericordioso con ese pueblo en varias circunstancias, pero llegando el momento de la justicia, tenía todo el derecho de exigir el impuesto. He hablado de exterminio. Evidentemente, Carlomagno no podía exterminar al pueblo entero, pero sí ordenar la muerte de un cierto número de ellos que fuesen presos con armas en las manos, para intimidar y para que nunca más tuviesen la posibilidad de volver a atacar. Se ve que él fue benigno, no llevó las cosas tan lejos; por el contrario, supo atenuarlas de manera que, dotando a la catedral y al clero tan bien, obligaba al pueblo a pagar un impuesto, cuya principal ventaja era para Dios.

 

Dios no necesita de nada, era para el culto divino. Y el pueblo tenía el mayor de los beneficios, pues bien implantada la Religión en una situación de prestigio, apoyada por el poder temporal del Emperador, dotada de medios para influenciar, podía echar bien profundas sus raíces en medio de aquella gente. Y esto para ellos era lo mejor, pues salían del estado de barbarie y podían llegar, como de hecho llegaron, a la cumbre de la cultura y de la civilización. ¡Es Alemania!

 

Comprendemos por tanto cómo Carlomagno era sabio y bienhechor en lo que estaba disponiendo y estableciendo. Está más o menos dicho en el decreto, aunque éste no descienda tanto al fondo de las cosas.

 

Carlomagno, servidor de la Santa Iglesia

 

Es bonito notar como el Emperador atribuyó todas esas victorias a Dios. Él dice: vencimos por el auxilio divino, como quien afirma: sé que vencí en esas batallas, pero no fui más que mero instrumento de Dios; si no fuera por la intervención de Él, yo habría perdido esa guerra.

 

Aspectos de la ciudad
de Bremen, Alemania

Todas esas ideas acerca de la misión de Carlomagno en la Historia, de su papel junto a los pueblos paganos, como distribuidor de la justicia y de la misericordia en nombre de Dios, como brazo derecho de la Iglesia en el orden temporal, todo eso cabe en el título inicial que es este: “En nombre de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, Carlos, por voluntad de la Providencia Divina, Rey.” ¡Es una expresión de una belleza extraordinaria!

 

Observen lo incisivo de las palabras. O sea, aquí estoy yo, pero todo baja de lo alto. Da la impresión de que la mención de ese título está acompañada de revoloteos de ángeles, de campanas de catedrales que tocan, de esplendor y de luz en el cielo: Carlos, por voluntad del Omnipotente, Rey, porque la Providencia Divina quería que él fuese rey. El representante de Dios para las cosas temporales y el servidor de la Santa Iglesia Católica en todo cuanto Ella pueda querer dentro del orden temporal.

 

Todo cuanto la palabra rey tiene de sagrado, toda la plenitud de su poder brilla por causa de lo que viene antes: es la voluntad de Dios, un designio de la Providencia que da fundamento, sentido y tonifica ese poder. Comprendemos entonces la belleza de ese decreto.

 

La verdadera vida es la santidad

 

¿A esos comentarios será enteramente extraño San Willehado?

 

Creo que de ningún modo. Todo esto está para San Willehado más o menos como el florero para la flor. Tomen un florero magnífico hecho para contener una flor. Mientras no haya una flor, se encuentra en una cierta orfandad. El florero sólo se explica, solo muestra su belleza entera cuando en él se pone una flor más bella aún que el propio florero; la belleza de la naturaleza, de la obra directa de Dios, supera –de algún modo– la pulcritud salida de las manos del hombre para contener aquella obra prima de la naturaleza.

 

Y San Willehado es la flor de ese florero. O sea, ¿de qué serviría la catedral grande, el solio episcopal, el gran Emperador, si para un lugar como ése nunca fuese designado un verdadero santo, si el perfume y la fermentación de la santidad no se esparciesen allí? Todas esas cosas son bellas, son nobles, están en el designio de la Providencia, en la medida que sirven a la influencia de la santidad y como instrumentos de ella. Pero la verdadera vida de todo esto es la santidad.

 

Aspectos de la ciudad
de Bremen, Alemania

Entonces podemos imaginar a Bremen con su catedral nueva, las hileras de sajones convertidos que van en días determinados a entregar sus diezmos para que el templo y el culto divino sean mantenidos convenientemente y también los cánticos yel pueblo. Pero nada es tan bello como suponer el solio episcopal con el santo, representando a Dios, con una plenitud y una densidad de representación mucho mayor aún que la de Carlomagno. El poder espiritual vale más que el poder temporal porque es más densamente sagrado. Willehado está representando a Dios en cuanto obispo y en cuanto santo.

 

Comprendemos entonces quién era él en su catedral y en la Cristiandad naciente; en aquel ambiente preparado por el celo de Carlomagno, él era la flor. De él procedía el perfume, el encanto de la vida, de la vida sobrenatural, de la gracia. Así tenemos entonces el marco en el que podemos imaginar la figura de San Willehado.

 

¿Imaginar cómo? Para nosotros es la figura del tipo ideal de un obispo, de un santo que es el tipo ideal del católico. Le podemos atribuir un físico según nuestra fantasía. Pero sabemos en líneas generales cómo es su alma, porque los santos son todos tan diferentes unos de los otros y tan parecidos unos con otros. Allí había un santo: está todo dicho. De manera que el “Santo del Día” comienza así: Carlos, por voluntad de Dios y por designio de la Providencia, Rey. Y termina así: San Willehado, obispo por voluntad de Dios y designio de la Providencia, Santo. Inicia con un Rey y termina con un Santo. Ahí está la edad media en su esplendor.

 

(Extraído de conferencia de 8/11/1971)

1) No disponemos de los datos biográficos de esta ficha