Virgen de la Esperanza. Capilla
de Nuestra Señora de la
Misericordia, Torrepogil, España

Durante el período en que Nuestro Señor Jesucristo yacía en el sepulcro, solo Nuestra Señora creyó en la Resurrección. Por lo tanto, sobre toda la faz de la Tierra Ella era la única criatura con una fe sin sombra de duda, con una expectativa inmensamente dolorida por causa del pecado cometido, pero tranquila, con la certeza de la victoria que se aproximaba. Su fe admirable sustentó al mundo y dio continuidad a las promesas evangélicas.

 

María fue el Arca de la Esperanza que contenía en sí, como en una semilla, toda la grandeza y todas las virtudes que la Iglesia habría de desarrollar y sembrar a lo largo de los siglos; todas las promesas del Antiguo Testamento y las realizaciones del Nuevo. Todo esto vivió dentro de una única alma: el alma de la Santísima Virgen.

 

(Extraído de conferencia de 19/11/1971)