COMENTARIO AL EVANGELIO DEL V DOMINGO DE CUARESMA – Parte I

Publicado el 03/30/2017

 

 

– EVANGELIO –

 

REGRESO DE JESÚS A BETANIA

1Había un enfermo, Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta. 2María era la que ungió al Señor con perfume y secó sus pies con sus cabellos, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo. 3Enviaron entonces las hermanas a decir le: «Señor, el que tú amas está enfermo». 4Al oírlo Jesús, dijo: «Esta enfermedad no es para muerte, sino para gloria de Dios, a fi n de que por ella sea glorificado el Hijo de Dios». 5Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro.

6Aunque oyó que estaba enfermo, se detuvo aún dos días en el lugar donde se hallaba. 7Después, pasados éstos, dijo a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea». 8Le dijeron los discípulos: «Rabí, hace poco querían apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?»

9Jesús respondió: «¿No son doce las horas del día? Si alguien camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10pero si alguien camina de noche, tropieza, porque le falta la luz». 11Dijo esto y añadió: «Lázaro, nuestro amigo, duerme pero voy a despertarle».

12Los discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, sanará». 13Pero Jesús ha blaba de su muerte, y ellos creyeron que hablaba del sueño natural. 14Entonces Jesús les dijo abierta mente: «Lázaro ha muerto, 15y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis; pero vayamos a él». 16Dijo entonces Tomás, el llamado Dídimo, a sus compañeros: «Vayamos también nosotros para morir con él».

ENCUENTRO CON MARTA Y MARÍA

17Cuando llegó Jesús se encontró con que Lázaro hacía cuatro días que estaba en el sepulcro. 18Betania dis taba de Jerusalén como unos quin ce estadios. 19Muchos judíos habían venido a casa de Marta y María para consolarlas por su hermano. 20En cuanto Marta oyó que venía Jesús, salió a su encuentro. María entre tanto se quedó en casa.

21Dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. 22Pero también ahora sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá». 23Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». 24Marta le res pondió: «Sé que resucitará en la re surrección, en el último día». 25Je sús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá. 26Y todo el que vive y cree en mí, no morirá pa ra siempre. 27¿Crees esto?» Le con testó: «Sí, Señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo». 28Y dicho es to, fue y llamó a María, su herma na, diciéndole al oído: «El Maes tro está ahí y te llama». 29Ella, en cuanto lo oyó, se levantó en segui da y salió a su encuentro. 30Jesús no había entrado aún en la aldea, sino que estaba todavía en el lugar don de Marta le había salido al encuen tro. 31Por su parte, los judíos que es taban en casa con María y la con solaban, viéndola levantarse de re pente y salir, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí. 32Cuando María llegó a donde esta ba Jesús, al verle, se postró a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi herma no». 33Jesús, cuando la vio llorar y que los judíos que la acompañaban lloraban también, se estremeció en su espíritu y se emocionó profunda mente. 34Después dijo: «¿Dónde le habéis puesto?« Le dijeron: «Señor, ven y lo verás». 35Jesús comenzó a llorar. 36Decían entonces los judíos: «¡Mirad cómo le amaba!» 37Pero al gunos dijeron: «¿No podía éste, que abrió los ojos del ciego, hacer tam bién que él no muriese?»

RESURRECCIÓN DE LÁZARO

38Jesús, conmoviéndose de nuevo, fue al sepulcro. Era una cueva sobre la que había colocada una piedra. 39Dijo Jesús: «Quitad la piedra». Marta, la hermana del difunto, le dijo: «Señor, ya huele mal; hace cuatro días que está muerto». 40Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?» 41Quitaron entonces la piedra. Jesús, elevando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado. 42Yo sabía que siempre me escuchas, pero lo he dicho por la gente que me rodea, para que crean que tú me enviaste». 43Y dicho esto, gritó con voz potente: «¡Lázaro, sal fuera!» 44Y el que estaba muerto, salió con los pies y manos atados con vendas, y su cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadle ir».

45Al ver lo que había hecho, muchos de los judíos que habían ido a visitar a María creyeron en él.

 


 

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL V DOMINGO DE CUARESMA – La resurrección de Lázaro – Parte I

 

 

El gran amor de Jesús por aquella familia de Betania hacía incomprensible su aparente indiferencia hacia la enfermedad de Lázaro. Pero cuando Dios tarda en intervenir, lo hace por razones más altas y porque ciertamente nos dará con profusión.

 


 

I – PRESUPUESTOS

 

“Jesús expulsa a los mercaderes del Templo” (detalle), de Giovanni Francesco Barbieri – Museo Palazzo Rosso, Génova

El por qué de los milagros

 

Cuando Dios concede a un tauma turgo la facultad de obrar milagros — explica santo Tomás— tiene como objetivo “confirmar la verdad que enseña” (1). El motivo principal se encuentra en la fe, pues la razón humana no tiene su ficiente altura para seguir los horizon tes de esa virtud; por eso muchas veces es necesario que las afirmaciones de ca rácter sobrenatural sean confirmadas por el poder de Dios. Esos actos que ex ceden las fuerzas de la naturaleza pro pician una crecida facilidad de creer en la procedencia divina de todo cuanto se transmite con respecto a Dios.

 

Además, a través de los milagros se hace patente la presencia de Dios en el taumaturgo.

 

Ahora bien, era indispensable dejar claro a los ojos de todos que la doctrina proclamada por Jesús procedía de Dios mismo y, mucho más aún, proporcionar buenas pruebas a cada uno para creer en la unión hipostática de las dos naturalezas, divina y humana, en una sola Perso na. Justamente en vista de esa luminosa, magna y fundamental actitud se proyec ta la narración del Evangelio de hoy.

 

Prueba de la divinidad de Jesús

 

San Juan escribió sus veintiún capí tulos con la preocupación de dejar de mostrados con hechos tanto el origen divino de la doctrina de Jesús como la omnipotencia de su persona. Y se gún nos dice santo Tomás, los milagros obrados por el Redentor son la prueba de su divinidad:

 

Era indispensable dejar claro a los ojos de todos que la doctrina proclamada por Jesús procedía de Dios mismo

“Primero, por la calidad de las obras, que superaban todo el alcance del poder creado y, en consecuencia, no podían ser hechas más que por el poder divino. Y por esta causa el ciego curado decía, en Jn 9, 32-33: ‘Jamás se ha oído que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada’.

 

“Segundo, por el modo de hacer los milagros, puesto que los realizaba como con poder propio, y no orando, como los otros” (2).

 

Además de encontrar elevados as pectos sobrenaturales mediante los cuales conocer mejor al Salvador en sus dos naturalezas, y así poder amar lo más, en esta narración de san Juan se confirma su inspiración literaria. Es hermosa, atractiva, conmovedora, constituyéndose única en su género. Consagra históricamente los precio sos detalles del más importante mila gro de Jesús, que le confirió una gran gloria —haciendo que creyera un buen número de judíos— y, al mismo tiem po, produjo el máximo grado de odio en sus enemigos, al punto de apresarlo en sus intentos deicidas. Este episodio tan impregnado de pulcritud divina y humana será la causa inmediata de la furia del Sanedrín y su consiguiente determinación de matar a Jesús.

 

La resurrección de Lázaro será la causa inmediata de la furia del Sanedrín y su consiguiente determinación de matar de Jesús

La pluma del Evangelista recorre el pergamino confirmando en cada versí culo el agudo sentido de observación del escritor, y haciendo patente que él mismo había sido un eximio y fide digno testigo ocular de todo lo sucedi do. ¿Quién podría componer o imagi nar los minuciosos pormenores de ve racidad transparente, como por ejem plo las palabras, la emoción y las propias lágrimas del Hijo de Dios hecho hombre, que fluyen ligeras en el escrito del Autor Sagrado? Su escrupulosa fidelidad en la transmisión de la realidad puede dividirse en tres partes dis tintas: el regreso de Jesús a Betania, el encuentro y la conversación con Marta y María, y la resurrección de Lázaro.

 

La resurrección de Lázaro – Parte II

 

 

SANTO TOMÁS DE AQUINO ENSEÑA

Los milagros de Jesús comprueban su divinidad

 

Los milagros hechos por Cristo eran suficientes para dar a conocer su divinidad, por tres motivos:

Primero, por la calidad de las obras, que superaban todo el alcance del poder creado y, en consecuencia, no podían ser hechas más que por el poder divino. Y por esta causa el ciego curado decía, en Jn 9,32-33: “Jamás se ha oído que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada.”

 

Segundo, por el modo de hacer los milagros, puesto que los realizaba como con poder propio, y no orando, como los otros. Por esto se dice en Lc 6,19 que “salía de él una fuerza que sanaba a todos.” Con lo cual se demuestra, como dice Cirilo, “que no recibía ningún poder ajeno, sino que, al ser Dios por naturaleza, manifestaba su propia virtud sobre los enfermos. Y también por tal motivo hacía milagros innumerables.” A lo mismo se debe que, comentando el pasaje de Mt 8,16 —“Expulsaba con su palabra los espíritus, y curó a todos los enfermos”—, diga el Crisóstomo: “Fíjate en la multitud de curados que los Evangelistas pasan de corrida, sin hablar de cada uno de los curados, sino presentando en pocas palabras un piélago inefable de milagros.” Y con esto quedaba demostrado que tenía un poder igual al de Dios Padre, según aquellas palabras de Jn 5,19: “Lo que hace el Padre, eso también lo hace igualmente el Hijo”; y a continuación (v.21): “Como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere.”

 

Tercero, por la misma doctrina con la que se declaraba Dios, la cual, de no ser verdadera, no hubiera sido confirmada por milagros hechos con el poder divino. Y por esto se escribe en Mc 1,27: “¿Qué nueva doctrina es ésta? Porque manda con poder a los espíritus inmundos, y le obedecen”

(Suma Teológica III, q.43, a.2)


 

1) Suma Teológica III, q 43 a 1

2) Suma Teológica III, q 43 a 4

3) Lc 7, 37-50

4) “La inteligencia no hace más que hablar; ¡el amor es el que canta!”

5) Lc 2, 34

 

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“Caballeros de la Virgen” es una Fundación de inspiración católica que tiene como objetivo promover y difundir la devoción a la Santísima Virgen María y colaborar con la “La Nueva Evangelización” , la cual consiste en atraer los numerosos católicos no practicantes a una mayor comunión eclesial, la frecuencia de los sacramentos, la vida de piedad y a vivir la caridad cristiana en todos sus aspectos. Como la Iglesia Católica siempre lo ha enseñado, el principal medio utilizado es la vida de oración y la piedad, en particular la Devoción a Jesús en la Eucaristía y a su madre, la Santísima Virgen María, mediadora de las gracias divinas. Sus miembros llevan una intensa vida de oración individual y comunitaria y en ella se forman sus jóvenes aspirantes.

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