Hoy contemplaremos los misterios gloriosos. La contemplación del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado. ¡Él es el Resucitado! El Rosario ha expresado siempre esta convicción de fe, invitando al creyente a superar la oscuridad de la Pasión para fijarse en la gloria de Cristo, en su Resurrección y en su Ascensión. Contemplando al Resucitado, el cristiano descubre de nuevo las razones de la propia fe (ver 1 Cor 15,14), y revive el gozo de María, quien experimentó de modo intenso la nueva vida del Hijo glorificado.  
 

Oraciones iniciales y Credo

  • Ofrecimiento del Rosario:

Me uno a todos los santos que están el cielo, a todos los justos que están en la tierra, a todas las almas fieles que están en este lugar.

Me uno a Vos oh Jesús, para alabar dignamente a vuestra Santa Madre y alabaros a Vos en Ella y por Ella.

Renuncio a todas las distracciones que me vinieren durante este rosario, que quiero recitar con modestia, atención y devoción como si fuera el ultimo de mi vida. Amén.  

  • Señal de la Cruz:

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. 
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

En el Primer Misterio Glorioso contemplamos la Resurrección de Jesús

Nuestro Señor triunfó sobre la muerte y el pecado. Redimido el género humano y abiertas nuevamente para nosotros las puertas del cielo, el alma sacratísima de Jesús se reúne a su adorable Cuerpo en el sepulcro, de donde sale para aparecer a su Santa Madre, a las santas mujeres y a sus apóstoles y discípulos.   Por este Misterio y por la intercesión de la Santísima Virgen, pidamos la gracia de tener siempre presente en nuestra memoria la escena de la Resurrección y del juicio final, en el cual todos podrán conocer la totalidad de las obras de los hombres.
  • (Pausa para meditación)
  • Padre Nuestro,
  • 10 Ave Marías,
  • Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
  • Oh! Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu Misericordia.

 

En el Segundo Misterio Glorioso contemplamos la Ascensión del Señor a los cielos

Después de prometer a los Apóstoles la venida del Espíritu Santo, Nuestro Señor se elevó por su propio poder hasta el cielo empíreo, donde fue recibido con pompas divinas por el Padre Eterno y toda la corte celestial. Le fue dado el asiento a la derecha del Altísimo, de donde volverá con toda su gloria y majestad para juzgar a los vivos y a los muertos.   Por este Misterio y por la intercesión de la Santísima Virgen, pidamos la gracia de tener constantemente un ardiente deseo de ir al cielo, con nuestros cuerpos glorificados.
  • (Pausa para meditación)
  • Padre Nuestro,
  • 10 Ave Marías,
  • Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
  • Oh! Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu Misericordia.
 

En el Tercer Misterio Glorioso contemplamos la venida del Espíritu Santo sobre Nuestra Señora y los Apóstoles

El convivio intenso de los discípulos con el Maestro no había sido suficiente para transformarlos, ni siquiera para fortalecerlos. Con la venida del Espíritu Santo, la Iglesia nacida del misterio Pascual de Cristo, adquirió vigor y se expandió de manera milagrosa. 
  • (Pausa para meditación)
  • Padre Nuestro,
  • 10 Ave Marías,
  • Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
  • Oh! Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu Misericordia.
   

En el Cuarto Misterio Glorioso contemplamos la Asunción de María a los cielos

¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente! Porque, mira, ha pasado ya el invierno, han cesado las lluvias y se han ido. (...) Muéstrame tu semblante, déjame oír tu voz; porque tu voz es dulce, y bello tu semblante.
  • (Pausa para meditación)
  • Padre Nuestro,
  • 10 Ave Marías,
  • Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
  • Oh! Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu Misericordia.
 

En el Quinto Misterio Glorioso contemplamos la Coronación de Nuestra Señora como Reina universal de todo lo creado

Nuestra Señora es glorificada por la Santísima Trinidad en medio del júbilo de toda la corte celestial. El Padre Eterno la coronó, comunicándole la omnipotencia de la súplica; el Hijo, la sabiduría; y el Espíritu Santo el amor.   Premiada con esa triple corona, Nuestra Señora, Soberana y Madre compasiva, comienza a extender sobre nosotros, hijos y vasallos suyos, la inagotable abundancia de sus misericordias.   Por este Misterio y la intercesión de la Santísima Virgen, pidamos la perseverancia en la gracia y la corona de gloria.  
  • (Pausa para meditación)
  • Padre Nuestro,
  • 10 Ave Marías,
  • Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
  • Oh! Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu Misericordia.
 
 
Oraciones Finales
  • Rezar la Salve.

  • Se puede rezar las Letanías Lauretanas al final de todo el Rosario.