Virgen Flor del Carmen

Publicado el 07/06/2017

En su última aparición en Fátima, mientras la multitud allí reunida presenciaba el llamado milagro del sol, la Santísima Virgen hizo ver a la Hermana Lucía, en una visión gloriosa, Nuestra Señora del Carmen coronada como Reina del Cielo y de la Tierra, teniendo al Niño Jesús en sus brazos. ¿Qué relación habría entre esa gloriosa manifestación de Nuestra Señora del Carmen y el mensaje de Fátima?

 

De hecho, la intervención de María Santísima en la historia de la Orden Carmelita bien puede ser comparada a la intervención de la Santísima Virgen esperada para nuestros días. Es lo que explica el Dr. Plinio a continuación:

 

“Según una respetable tradición, el Profeta Elías reunió en el Monte Carmelo un grupo de discípulos y con ellos constituyó la Orden del Carmen, en honor a la Virgen Madre que habría de venir, formando así un manantial de devotos, incluso antes de que Ella naciese.

 

Pasaron los siglos, y sobre el Oriente católico sobrevinieron las invasiones sarracenas, y, con eso, los carmelitas emigraron a Europa. En este continente los frailes carmelitas comenzaron a figurar como miembros de una Orden casi desconocida, mal apreciada y al borde de su desaparición. La familia religiosa de Elías parecía un tronco seco y viejo, destinado a deshacerse en polvo.

 

Era el momento esperado por Nuestra Señora para hacer florecer, en lo alto de la reseca vara, una flor: San Simón Stock, el noveno Superior General de la Orden Carmelita. Este inglés, de reconocida virtud, rezaba a Nuestra Señora con mucho fervor, implorando que Ella no permitiese la desaparición de la Orden del Carmen.

 

En medio de esta afligida situación, la Virgen Santísima se apareció a su buen siervo, en 1251, y le entregó el escapulario, con la promesa de no sufrir el fuego del infierno a quienes murieren con él revestidos.

 

A partir de esa misericordiosa intervención de la Madre de Dios, la Orden Carmelita refloreció y pasó por otros períodos de gloria, propagando por toda la Iglesia Católica la devoción a la Santísima Virgen.”

 

“Esta es una lección de confianza digna de tener en cuenta en vista de lo que ocurrió después: la Cristiandad pasó por un proceso de decadencia en el transcurso de los siglos, hasta que, en Fátima, Nuestra Señora censuró esta decadencia, recriminó el mundo por el torrente de pecados en el que se encontraba inmerso y anunció los castigos que vendrían en caso de que la humanidad no se arrepintiese y enmendase sus faltas. Después, hizo la promesa de su Reinado: “Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará”.

 

¿Pues bien, proclamando en el culmen de las apariciones de Fátima la concreción de su realeza, revestida con el traje de su más antigua devoción- la del Carmen-, no querría la Virgen Santísima realizar de ese modo un resumen entre lo históricamente más remoto y lo más reciente – el culto al Inmaculado Corazón de María -, y el futuro glorioso, que es la victoria y reinado de ese mismo Corazón?

 

He ahí varias razones por las cuales la fiesta de Nuestra Señora del Carmen es muy grata a todos los hijos y devotos de la Santísima Virgen”.

 

(Extraído de la Conferencia del 16/07/1976)

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