CABALLEROS DE LA VIRGEN

Santo del día

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11/07/2020

Santo del día

  • Santa Felicidad y sus Siete Hijos

    La más antigua de las listas de fiestas romanas de mártires, conocida como el “Depositio Martyrum” y que data de la época del Papa Liberio, es decir, alrededor de mediados del siglo cuarto (Ruinart, Acta sincera, Ratisbon, pág. 631) menciona siete mártires cuya fiesta se celebraba el 10 de julio. Sus restos habían sido depositados en cuatro catacumbas distintas: en tres cementerios en la Vía Salaria y en uno en la Vía Apia. Dos de los mártires, Félix y Felipe, descansaban en la catacumba de Priscila; Marcial, Vidal y Alejandro, en el Coemeterium Jordanorum; Silvano en la catacumba de Máximo, y Jenaro en la de Prætextatus. Junto al nombre de Silvano se añadió que su cuerpo había sido robado por los Novacianos (hunc Silanum martyrem Novatiani furati sunt). En las Actas de estos mártires, que realmente existieron en el siglo sexto porque Gregorio Magno se refiere a ellos en su “Homiliae super Evangelia” (Lib. I, hom. iii, en P.L., LXXVI, 1087), se indica que los siete fueron hijos de Felicidad, una dama noble romana. De acuerdo a estas Actas, Felicidad y sus siete hijos fueron puestos en prisión a causa de su Fe Cristiana, a instigación de sacerdotes paganos, durante el reinado del Emperador Antonino. Ante el prefecto Publio adhirieron firmemente a su religión y fueron entregados a cuatro jueces que los condenaron a diversas formas de muerte. La división de los mártires entre cuatro jueces se corresponde con los cuatro lugares de su entierro. La misma Santa Felicidad fue enterrada en la catacumba de Máximo en la Vía Salaria, al lado de Silvano. Ruinart juzgó que estas Actas eran genuinas (ob. cit., 72-74) e incluso distinguidos arqueólogos modernos han considerado, si bien su forma actual no coincide totalmente con el original, que están esencialmente basados en archivos genuinos contemporáneos. Investigaciones recientes de Führer, sin embargo, (ver abajo) han demostrado que esta opinión tiene poco sustento. La recensión más antigua de estas Actas, editada por Ruinart, no es anterior al siglo sexto y parece estar basada en un original que no es romano sino griego. Además, aparte de la forma actual de estas Actas, se han cuestionado varios detalles. Si Felicidad fue realmente la madre de los siete mártires recordados el 10 de julio, es extraño que su nombre no aparezca en el conocido calendario romano del siglo cuarto. Su fiesta se menciona por primera vez en el “Martyrologium Hieronymianum”, pero en un día distinto (23 Nov). Sin embargo, es históricamente cierto que tanto ella como los siete mártires mencionados como sus hijos en las Actas sufrieron por la Fe Cristiana. Desde muy antiguo, su fiesta se celebró solemnemente en la Iglesia Romana el 23 de noviembre, porque ese día Gregorio Magno pronunció una homilía en la basílica que erigida sobre su tumba. Su cuerpo, descansó después en la catacumba de Máximo. Todos los itinerarios romanos o guías a los lugares de entierro de los mártires ubican el suyo en ese cementerio en la Vía Salaria, especificando que su tumba estaba en una iglesia sobre esa catacumba (De Rossi, Roma sotterranea, I, 176-77), y que el cuerpo de su hijo Silvano también estaba allí. La cripta donde se enterró a Felicidad fue más tarde ampliada en una capilla subterránea y redescubierta en 1885. Todavía es visible un fresco del siglo diecisiete en la pared posterior de esta capilla, representando en un grupo a Felicidad y a sus siete hijos, y encima la figura de Cristo concediéndoles la corona eterna. Ciertas referencias históricas a Santa Felicidad y sus hijos son anteriores a las Actas mencionadas, como por ejemplo un sermón de San Pedro Crisólogo del siglo quinto (Sermo cxxxiv, en P.L., LII, 565) y un epitafio métrico escrito por el Papa Dámaso (m. 384) o compuesto poco después de la época en que vivió y sugerido por su poema en alabanza a la mártir: Discite quid meriti præstet pro rege feriri; Femina non timuit gladium, cum natis obivit, Confessa Christum meruit per sæcula nomen (Aprendan cuan meritorio es morir por el Rey (Cristo). Esta mujer no temió la espada y pereció con sus hijos. Confesó a Cristo y mereció fama eterna. –Ihm, Damasi Epigrammata (Leipzig, 1895), pág. 45) Tenemos por lo tanto la confirmación de una antigua tradición romana, independientemente de las Actas, a los efectos de que la Felicidad que descansaba en la catacumba de Máximo y cuya fiesta conmemoraba la Iglesia Romana el 23 de noviembre sufrió martirio con sus hijos. No hay constancia, sin embargo, de ningún detalle relativo a estos hijos. Puede notarse que la tumba de San Silvano, uno de los siete mártires (10 de julio), estaba junto a la de Santa Felicidad y fue igualmente honrada; es muy posible, por lo tanto, que la tradición haya identificado a los hijos de Santa Felicidad con los siete mártires y que esto haya sido la base de las Actas existentes. La tumba de San Jenaro en la catacumba de Prætextatus es de fines del siglo dos, período en el cual deben haber tenido lugar los martirios, probablemente bajo Marco Aurelio. Si Santa Felicidad no sufrió martirio en la misma ocasión, no tenemos forma de determinar la fecha de su muerte. En un antiguo edificio romano cerca de las ruinas de los Baños de Tito existió a principios de la Edad Media una capilla en honor a Santa Felicidad. Una pintura descolorida en esta capilla la representa con sus hijos tal como en el fresco de su cripta mencionado anteriormente.

  • Santa Verónica Giuliani, Virgen

    Ursula Giuliani nació en Mercatello de Urbino, en 1660. En 1667, la joven ingresó en el convento capuchino de Cita de Castello, en Umbría, donde tomó el nombre de Verónica. Después de la profesión, aumentó todavía más su devoción a la Pasión de Cristo; a raíz de una visión de Nuestro Señor con la cruz a cuestas, Verónica empezó a sufrir de un agudo dolor en el costado. En 1693, tuvo otra visión en la que el Señor le dio a gustar el cáliz; Verónica lo aceptó y, desde aquel momento, los estigmas de la Pasión comenzaron a grabarse en su cuerpo y en su alma. Al año siguiente las marcas de la corona de espinas aparecieron sobre su frente y las huellas de las cinco llagas se formaron en sus miembros el Santo de 1697. Durante 34 años desempeñó en su convento el cargo de maestra de novicias. Once años antes de su muerte, fue elegida abadesa. Formaba a sus novicias con el "Ejercicio de Perfección y Virtudes Cristianas" del P. Rodriguez. Al fin de su vida, Santa Verónica, que durante casi 50 años había sufrido con admirable paciencia, resignación y aún gozo, se vio atacada de una apoplejía. Murió el 9 de julio de 1727. Dejó escrito un relato de su vida y sus experiencias místicas, que fue de gran utilidad en el proceso de beatificación. Antes de su muerte, había dicho a su confesor que los instrumentos de la Pasión del Señor estaban impresos en su corazón. Le dibujó su corazón, representando estos instrumentos, pues decía que los sentía porque cambiaban de posición. Al hacerle la autopsia, en la que estuvo presente el obispo, el alcalde y varios cirujanos, se puso al descubierto una serie de objetos minúsculos, que correspondían a los que la santa había dibujado.

  • San Cristóbal, Mártir

    Cristóbal significa "el que carga o portador de Cristo". San Cristóbal, popularísimo gigantón que antaño podía verse con su barba y su cayado en todas las puertas de las ciudades: era creencia común que bastaba mirar su imagen para que el viajero se viese libre de todo peligro durante aquel día. Hoy que se suele viajar en coche, los automovilistas piadosos llevan una medalla de san Cristóbal junto al volante. ¿Quién era? Con la historia en la mano poco puede decirse de él, como mucho que quizá un mártir de Asia menor a quien ya se rendía culto en el Siglo V. Su nombre griego, «el portador de Cristo», es enigmático, y se empareja con una de las leyendas más bellas y significativas de toda la tradición cristiana. Nos lo pintan como un hombre muy apuesto de estatura colosal, con gran fuerza física, y tan orgulloso que no se conformaba con servir a amos que no fueran dignos de él. Cristóbal sirvió primero a un rey, aparente señor de la tierra, a quién Cristóbal vio temblando un día cuando le mencionaron al demonio. Cristóbal entonces decidió ponerse al servicio del diablo, verdadero príncipe de este mundo, y buscó a un brujo que se lo presentará. Pero en el camino el brujo pasó junto a una Cruz, y temblando la evitó. Cristóbal le pregunto entonces si él le temía a las cruces, contestándole el brujo que no, que le temía a quién había muerto en la Cruz, Jesucristo. Cristóbal le pregunto entonces si el demonio temía también a Cristo, y el brujo le contestó que el diablo tiembla a la sola mención de una Cruz donde murió él tal Jesucristo. ¿Quién podrá ser ese raro personaje tan poderoso aun después de morir? Se lanza a los caminos en su busca y termina por apostarse junto al vado de un río por donde pasan incontables viajeros a los que él lleva hasta la otra orilla a cambio de unas monedas. Nadie le da razón del hombre muerto en la cruz que aterroriza al Diablo. Hasta que un día cruza la corriente cargado con un insignificante niño a quien no se molesta en preguntar; ¿qué va a saber aquella frágil criatura? A mitad del río su peso se hace insoportable y sólo a costa de enormes esfuerzos consigue llegar a la orilla: Cristóbal llevaba a hombros más que el universo entero, al mismo Dios que lo creó y redimió. Por fin había encontrado a Aquél a quien buscaba. --¿Quién eres, niño, que me pesabas tanto que parecía que transportaba el mundo entero?--Tienes razón, le dijo el Niño. Peso más que el mundo entero, pues soy el creador del mundo. Yo soy Cristo. Me buscabas y me has encontrado. Desde ahora te llamarás Cristóforo, Cristóbal, el portador de Cristo. A cualquiera que ayudes a pasar el río, me ayudas a mí. Cristóbal fue bautizado en Antioquía. Se dirigió sin demora a predicar a Licia y a Samos. Allí fue encarcelado por el rey Dagón, que estaba a las órdenes del emperador Decio. Resistió a los halagos de Dagón para que se retractara. Dagón le envió dos cortesanas, Niceta y Aquilina, para seducirlo. Pero fueron ganadas por Cristóbal y murieron mártires. Después de varios intentos de tortura, ordenó degollarlo. Según Gualterio de Espira, la nación Siria y el mismo Dagón se convirtieron a Cristo. San CristobalSan Cristóbal es un Santo muy popular, y poetas modernos, como García Lorca y Antonio Machado, lo han cantado con inspiradas estrofas. Su efigie, siempre colosal y gigantesca, decora muchísimas catedrales, como la de Toledo, y nos inspira a todos protección y confianza. Sus admiradores, para simbolizar su fortaleza, su amor a Cristo y la excelencia de sus virtudes, le representaron de gran corpulencia, con Jesús sobre los hombros y con un árbol lleno de hojas por báculo. Esto ha dado lugar a las leyendas con que se ha oscurecido su vida. Se le considera patrono de los transportadores y automovilistas.

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