¡Salve María!

 

Hace diez siglos, en Claraval, Francia, vivía un santo y elocuente monje, reformador de la comunidad cisterciense. Era muy devoto de la Santísima Virgen, de tal forma que siempre, al pasar delante de una bella imagen de piedra ubicada en el claustro del monasterio, hacía una pequeña reverencia saludando a la Reina del Cielo con esta sencilla fórmula: “ Salve María!”.

 

San Bernardo de Claraval

Aconteció que un día, absorto en resolver un delicado problema de su comunidad, pasó de largo delante de dicha imagen, pero..... cuál no fue la sorpresa al escuchar, a sus espaldas, una dulce y celestial voz femenina que le decía: “Salve Bernardo!” . La pétrea imagen tomara vida y, sonriente, saludaba al santo abad. Ciertamente era un discreto y maternal reproche, a su vez, manifestando el beneplácito con el cual La Madre recibía de su devoto hijo, un sencillo gesto de cariño filial.

 

De esta manera la Virgen, como la mejor de todas las madres, nos muestra cómo, aunque nosotros la olvidemos, ella jamás, ni por un solo instante, se olvida de ninguno de sus hijos.

 

Esta bella historia de San Bernardo de Claraval, explica la razón del título de este artículo y el origen del saludo habitual en nuestra comunidad: “Salve María!.”

 

Alabemos siempre las grandezas, perfecciones, bellezas y virtudes de la Madre de Dios, María Santísima: espejo pulquérrimo del Sol de Justicia, Dios Nuestro Señor, de Quien recibe y refleja fidelísimamente su infinita luz y belleza.

 

Ningún tema ha sido tan fecundo como fuente de inspiración de pintores, oradores, poetas, escultores, músicos, constructores, escritores, etc.; y hasta del propio Dios, Quien en su honor le inspiró al arcángel San Gabriel el más bello poema de amor: el Ave María!

 

Pero, no sería mejor alabar a Jesucristo, Nuestro Salvador? No nos desviaremos de Quien debe ser el centro de nuestras atenciones?

 

De ninguna manera! Por el contrario, cuanto más conozcamos y nos acerquemos a María, la obra prima salida de las manos de Altísimo, ella nos ayudará a mejor conocer y amar a su Adorable Hijo; pues no hay nada que más desee, es la “llena de gracia”, llena de amor a Dios; quien nos hará partícipes de esa plenitud desbordante.

 

Es a María, “Estrella de la Nueva Evangelización”, a quien debemos dirigir nuestras miradas, seguros que en su inefable bondad nos guiará y tocará los corazones de tantos de sus hijos atribulados por las agitaciones del mundo moderno y a la búsqueda de un puerto de bonanza, donde puedan arribar seguros, encontrar claridad, consuelo, fortaleza y confianza: Cristo, Nuestro Señor

 

¡Salve María!