No existe nadie que no haya soñado con Venecia. En particular si le faltó oportunidad para vivir en la enigmática y atrayente, espléndidamente bella, sorprendentemente tranquila ciudad de los canales. Denominada “La Serenísima”, del título utilizado por sus milenarios gobernantes: los Doges.

 

Surgió Venecia en los pantanos salobres de la costa nordeste italiana, como refu gio de los despavoridos fugitivos de Aquilea ante las hordas destructoras de los hunos.

 

Allí se instalaron sobre improvisados zancos clavando, en las horas de marea baja, algunas estacas de madera en el inconsciente légamo. Y sobre las orillas erigieron viviendas de piedra, a fin de tener una vida honesta, paz, serenidad.

 

Venecia brotó de las aguasen torno del año 452 como colonia de pescadores, aislada del resto del mundo por esa masa acuática de 50 kilómetros de longitud por 8 me tros de anchura media.

 

En realidad huyeron de los hunos, y de Aquilea invadida, porque eran católicos. Tal vez no muy devotos, mas percibiendo (consciente o inconscientemente) que la Paz de Cristo se encuentra en el Reino de Cristo en el Cielo; y para llegar a él, es fundamental tener una vida terrena respetando la Ley de Dios, jerárquicamente ordenada.

 

La tranquillitas que ellos buscaban, San Agustín la había definido algunas décadas antes 2 en los tórridos calores del norte de África.

 

La ciudad de Dios en la tierra, la cui dad pacifica, es aquello donde Sus deseos eternos son respetados, y en esto todas las civilizaciones que se beneficias de la influencia de la Iglesia, por la práctica de los Mandamientos, se asemejan. Sin embargo la civitas construida por un católico chino será siempre totalmente diversa de la edificada por un cristiano alemán, o por lo menos nuestros hermanos en la fe coptos o subsaharianos: ¡las diferencias son tremendas! ¿Cómo se desenvolvió la civitas christiana en las lagunas del Adriatico?

 

El pánico generó belleza

 

Indaga Plinio Corrêa de Oliveira las razones por las cuales del “pánico de primitivos habitando un lugar pantanoso e inconsistente nació una de las mayores bellezas del Universo”. 3 Pues debemos constatar que “ese pueblo dio origen a una transformación completa del lugar; y esa transformación del lugar dio origen a una ciudad que es la joya del mundo” y responde:

 

Si ellos no fuesen bautizados esto no saldría. Puede ser que ellos se hayan mes clado con otros pueblos, como latinos decadentes. Sin embargo del pantano del rimitivismo y de la decadencia de las grandes ciudades en descomposición no iría salir una cosa así. ¿No era necesario un tercer elemento que hiciese una cosa verdaderamente más bella? A mi ver es evidente que sí. Es el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, cuya inmolación en lo alto del Calvario obtuvo las grandes regeneraciones morales. Es de esta Sangre que El derramó, de esta Sangre a propósito de cuya efusión Nuestra Señora lloró, de esta Sangre de la cual resulta todo cuanto hay de bueno, de grande, de bello en la tierra, es a propósito de esta Sangre que nacieron esas maravillas, por la regeneración del hombre. Bautizándose, quedó trabajador, disciplinó su deseo de lo maravilloso, intensificó su deseo de lo maravilloso: ¡las maravillas comienzan a nacer!

 

Los elementos naturales se desenvolvie ron bajo la signo de la Fe. El Bautismo “operó en las almas de ellos un efecto regenerador, y ellos de primitivos más o menos vagabundos pasaron a ser hombres de trabajo, hombres de actuar, de proceder, etc., y que muy temprano seducidos por las aguas del mar Adriático, donde eran los pántanos, se entregaron a la navegación”. Desenvolvieron una innegable habilidad en el trato humano aliado al coraje de sus navegantes - convertidos en verdaderos lobos de mar de todas las aguas -, e la rara destreza financiera y mercantil. Todo esto llevó los venecianos a girar el mundo, como Marco Polo.

 

De la aldea de prófugos se volvió un ducado (ducca, doge); de un pueblecillo lagunar, imperio mercantil y político, inventor, entre otros, de la actual figura de los embajadores y representantes estables ante los gobiernos.

 

Son preciosos los relatos de estos primitivos “cónsules”, narrando sus relaciones diplomáticas en Roma o Madrid, Paris o San Petersburgo, remitidos sigilosamente al altivo Palacio Ducal.

 

Es tal vez el único imperio que haya influenciado el mundo por centenas de años, sin nunca haber construido murallas en alrededor de su capital. La laguna veneciana, con profundidades de 30 metros a 30 centímetros, y mares de hasta 1,30 metros, es impenetrable para un navío invasor, el cual prontamente se encallaría en los bancos de arena. Su principal baluarte es el agua.

 

El agua... es la protección del Evangelista San Marcos, cuyos restos encuentran reposo en la ciudad desde el año 828. Desde entonces el león alado, símbolo bíblico del autor sagrado, se convirtió en el símbolo da la capital de los Doges.

 

La clara noción de la necesidad de la protección divina, para todos los emprendimientos humanos , los llevó a trasladar a su ciudad no apenas nos restos del dicipulo de San Pedro, pero también una miríada de bienaventurados que pueblan las iglesias de la urbe: Zacarías, Esteban, Bernabé, Eutiquio, Atanasio, Nicolás, Isidoro, Juan Limosnero, Elena o Lucía – la conocida virgen de Siracusa – son algunos de los más conocidos. Hay quien haya denominado el muelle de la ciudad ducal de “puesto de los Santos”, de tal manera reciben allí los restos de figuras preclaras por su martirio o por su fe. A estos hombres ejemplares, los comerciantes, los aristócratas, los operarios y los marineros rezaban. Delante de sus despojos se celebraban diariamente misas, y el cáliz sagrado que contiene la Sangre de Cristo era llevado en honra a uno u otro intercesor celeste suplicando, para Venecia y para sus habitantes, ayuda, protección, amparo: tranquillitas.

 

Cristo, que nunca se deja vencer en generosidad por aquellos que Lo invocan, derramó algunas gotas de Su Preciosísima Sangre en la laguna. Mezclándose a las aguas salubres, las volvió – como en Meriba (Ex 17, 1-7) – saludables, atrayentes, brillante, resplandecientes de palacios suntuosos, caseríos pintorescos y puentes sugestivos. Se realizó ese punto de encuentro donde “la tierra hecha, otrora de pantano, es disfrazada por el piso de los palacios; donde el pantano es disfrazado por las aguas del océano que corren; donde el cielo maravilloso y las aguas se besan, constituyendo uno de los puntos más bonitos de la tierra”. 9 En las incomprensibles ramificaciones de canales se reflejan las enigmáticas góndolas. Ellas, las únicas a deslizarse silenciosas por las serenas aguas del mar, tal vez sean uno de los mas vivos símbolos en que se patenta el alma católica inculturada en Venecia.

 

1 El autor es Magister en Derecho Canónico por la Facultad San Pio X de Venecia y Doctor en Derecho Canónico por la Universidad Santo Tomás de Aquino (Angelicum) de Roma.

2 Entre 413 y 426.

3 CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. Conferência, 2 dec. 1988, Archivo ITTA . “pânico de primitivos habitando um lugar pantanoso e inconsistente nasceu uma das maiores belezas do Universo” “esse povo deu origem a uma transformação completa no lugar; e essa transformação no lugar deu origem a uma cidade que é a joia do mundo”(Traducción nuestra).