Evangelizar significa transformar la sociedad mediante la conversión de cada hombre a través de la novedad del Evangelio, la evangelización es también una labor humana- los misioneros españoles, portugueses y otros en nuestro continente, con el testimonio de sus vidas y el anuncio de la Palabra. Vida y Palabra que tomaron cuerpo y fuerza no apenas en la verdad predicada, más también en el esplendor de la belleza que resulta del arte de vivir cristianamente. ¿Cómo no hacer atrayente el mensaje cristiano? ¿Cómo no intentar, en la lógica del anuncio, que se plasmen para los sentidos imágenes, íconos referentes, que sean un camino rumbo al ideal al que se aspira?

 

En realidad, el agente evangelizador es el mismo Espíritu Santo, lo demás son instrumentos. Cuando los hombres resuelven cooperar con la gracia de Dios se operan las maravillas de la historia: la conversión del imperio Romano, la formación de la Edad Media o, más cerca de nosotros, el florecimiento de la civilización cristiana en las salvajes tribus guaraníes.

 

Es prodigiosa la obra iniciada por los franciscanos en el siglo XVI y posteriormente de sarrollada y coronada con brío por los jesuitas en lo que hoy son los territorios de Paraguay, Brasil, Bolivia, Uruguay y Argentina. Los padres de la Compañía de Jesús implantaron el yugo suave de Cristo en el nuevo mundo con brillos sorprendentes, organizando socialmente a más de ciento cincuenta mil aborígenes en pueblos y ciudades.

 

“Reducción” es un término que vino a significar la concentración y establecimien to en asentamientos de vida comunitaria organizada a tribus salvajes, otrora nómades y reacias a la vida en sociedad. Allí los jesuitas educaban a los indios atentos a todo aquello que en sus costumbres originarias era digno de respeto y de promoción. Les dieron lo mejor de la cultura europea, salvaguardando sus valores autóctonos.

 

De las reducciones jesuíticas en Paraguay quedan hoy, como signo tangible, tan solo ruinas que pueden visitarse. También el galardón otorgado por la Unesco a siete de ellas de ser Patrimonio Mundial de la Humanidad.

 

Una armonio sa conjunción de las influencias europea y precolombina logró la eclosión de un arte propio y ufano que despertó el asombro de los entendidos y curiosos, tanto en el viejo como en el nuevo mundo. Y no solo las artes prosperaban: la agricultura, la industria y también logros científicos de relevancia. Asimismo, la estructuración y desarrollo de la propia lengua original, el guaraní, y el hasta arte de la guerra con compañías de caballería e infantería.

 

En la reducción de San Cosme y San Damián se construyó en el siglo XVIII un Observatorio Astronómico que fue el principal de sud América fundado por el jesuita Buenaventura Suárez, pionero de la astronomía americana; que la primera imprenta fabricada en el Paraguay y en toda la cuenca del Rio de la Plata estuvo en la Reducción de Loreto y fue hecha por los padres Neumann y Serrano en el año 1700; y que en la Reducción de Yapeyú, cuando la expulsión de los jesuitas en 1767, había un reputado Conservatorio Musical y fábrica de instrumentos de todo tipo (desde sencillas flautas hasta complicados órganos de pedales) que exportaba a Europa.

 

Hay que saber también que la lengua castellana como habla ordinaria nunca entró en las reducciones. Los misioneros impulsaron el estudio sistemático del guaraní, editando gramáticas, catecismos y otros libros en esa lengua. Los indios la leían y la hablaban corrientemente. Hay testimonios de que también tenían nociones importantes de español y de latín.

 

Asimismo, en todas las reducciones hubo bibliotecas y algunas de ellas fueron muy impor tantes como la de la Candelaria que contaba con más de 4700 obras, muchas de ellas escritas en la lengua de los guaraníes: diccionarios, textos religiosos, libros de medicina, etc.

 

Es claro que el impulso y orientación de esta vastísima labor civilizadora cupo a los europeos, pero hay que reconocer y saludar la recepción dedicada de las etnias autóctonas que produjeron artistas de valor, especialmente escultores, arquitectos y músicos. Citemos a José Kabiyú, pintor indígena de la Reducción de Nuestra Señora de Itapúa, del que se puede apreciar un bellísimo cuadro de la Virgen en el Museo Udaondo de Luján; o el artista de grabado Juan Yaparí, cuyo nombre lleva el Museo Provincial de Bellas Artes de Posadas en la provincia argentina de Misiones. También es digno de mención Nicolás Yapuguay, el primer indígena misionero que escribió un libro titulado Explicación del Catecismo en lengua Guaraní, publicado en la reducción de Nuestra Señora de Loreto en el año 1721. Solo en Moxos, Bolivia, el investigador Piotr Nawrot en su estudio “Colecciones musicales de las reducciones de los indios Moxo” ha catalogado la existencia de un impresionante repertorio de música polifónica.

 

El padre Charlevoix escribe en su “Histoire du Paraguay” (1756) que “casi se podría decir que son cantores por naturaleza, como los pájaros” y el jesuita alemán Padre Sepp relata: “son por naturaleza como hechos para la música; aprenden a tocar con sorprendente facilidad y destreza toda clase de instrumentos, y eso en muy poco tiempo”. El conjunto musical de Yapeyú tenía tanto renombre que era invitado a fiestas religiosas de Asunción y de Buenos Aires. En las reducciones jesuíticas se vio corporificado el ideal del reinado social de Jesucristo, “como quizás no se ha realizado jamás en la historia”.

 

Para los misioneros, que podríamos tam bién llamar de educadores, estaba claro que la belleza representa un camino privilegiado no solo para el culto debido a Dios sino también para la conversión personal y social.

 

Al soplo de la gracia sobrenatural, fue el asombro producido por la belleza lo que con tribuyó a operar la mudanza, la conversión. ¡La gracia se hizo insospechadamente fecunda en una naturaleza tan ruda y tan débil! Platón, ese genio pagano, dijo con propiedad que la belleza pertenece al orden trascendental. Él intuyó y enseñó esta verdad. Y una sociedad cristiana suis generis la vivió... mientras las circunstancias se lo permitieron. Lástima que la belleza, predicado trascendental de Dios, pueda llegar a ser, en ocasiones, efímera. †

 

1 El autor es Magister en Teología por la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín.

2 NAWROT, Piotr. Colecciones musicales de las reducciones de los indios Moxo. Disponible en: <http://www.minedu.gob.bo/utlsaa/ resumenespdf/artes/colecciones_musicales_de_las_reducciones_ de_los_indios_moxo.pdf>. Acceso en: 9 ago. 2011.

3 SERNANI, Georgio. Dios de los Corazones. Buenos Aires: María Reina, 2009, p. 200.

4 SERNANI, Georgio. Dios de los Corazones. Buenos Aires: María Reina, 2009, p. 200.

5 JARQUE, Francisco. Las Misiones Jesuíticas en 1687. Buenos Aires: Dunken, 2008, p. 97

6 Ibid., pág. 103.

7 Ibid., pág. 103.