Deseosas de transmitir la felicidad que sienten al practicar la virtud, las hermanas de la rama femenina procuran llevar a los más diversos ambientes una alegría llena de promesas, consolaciones y esperanzas.

 


 

Albergue Hogar San José, Sobradrinho

l bien es de sí difusivo, afirma el Doctor Angélico.1 Cuando alguien siente bienestar y alegría genuinos se lo contagia a los demás y, por ese motivo, las hermanas de la rama femenina de los Heraldos del Evangelio acaban llevando a los ambientes que frecuentan la bienquerencia que marca la convivencia diaria entre ellas.

 

En sus acciones evangelizadoras prima siempre el anhelo de hacer que todos participen de la misma felicidad, sorbida de la devoción a Cristo y a María, en la fidelidad a la doctrina de la Iglesia, en la práctica cuidadosa de los Mandamientos de la Ley de Dios.

 

Cárcel de mujeres - Asunción (Paraguay)

Cada vez que visitan a una familia, un asilo o un hospital, cada clase de catequesis que imparten, cada presentación musical realizada en guarderías o escuelas reina ese deseo de transmitir el bien, que se revierte igualmente en beneficio de las propias misioneras, pues, como enseña la Sagrada Escritura, “Hay más dicha en dar que en recibir” (Hch 20, 35).

 

Centenares de hogares visitados cada día

 

Recorriendo de norte a sur el vasto territorio brasileño, veinte parejas de misioneras de la rama femenina visitan diariamente cerca de ciento cincuenta residencias llevando consigo un oratorio de Nuestra Señora de Fátima. Trabajo similar se realiza en Chile, Ecuador, Paraguay, Estados Unidos e Italia.

 

A cada una de las familias que las reciben, las religiosas tratan de comunicarles un mensaje de aliento, esperanza y paz. Les muestran que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y que somos llamados a convivir con Él por toda la eternidad. Nos espera en la otra vida una realidad que superará en gozo, magnificencia y esplendor cualquier maravilla pasajera de esta tierra y compensará de manera superabundante los padecimientos que hayamos soportado por amor al bien.

 

Hogar San Vicente de Paúl, Londrina

Aunque de nada servirían las bonitas palabras de las misioneras si no estuvieran acompañadas de copiosas gracias. Valiéndose de ese breve encuentro como instrumento, la Virgen actúa con bondadosísimo afecto sobre las almas, y a veces el par de religiosas son testigo de verdaderos milagros.

 

Lugares donde habita el sufrimiento

 

Si el sufrimiento no es raro en este valle de lágrimas, hay, no obstante, un lugar donde él vive, por así decirlo, como en sede propia: los hospitales.

 

Para quien se encuentra abatido por una grave enfermedad o incluso desahuciado por los médicos, la visita de las hermanas ha servido de un poderoso alivio para sus dolores físicos y espirituales. A algunos le son concedidas paz y resignación para enfrentar las aflicciones y angustias, otros han sido revitalizados con especiales fuerzas para una pronta recuperación.

 

Gratificadas por ver despuntar una sonrisa en los labios y la esperanza en el corazón de los enfermos, las misioneras procuran animarlos a que todo lo sufran con paciencia y alegría, a ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo, que padeció tormentos mucho mayores por todos nosotros.

 

Jóvenes que consuelan a ancianos

 

En las visitas llevadas a cabo por la rama femenina a asilos y a residencias para mayores se da un curioso contraste: las más activas evangelizadoras suelen ser las estudiantes más jóvenes. Transmitiendo de una manera vivaz, tan característica de su edad, las enseñanzas recibidas en su aún corto período de formación despiertan la admiración de los ancianos, que las miran llenos de entusiasmo, ternura y nostalgia de un tiempo pasado.

 

Maternidad Darcy Vargas - Joinville

Las canciones en alabanza a la Virgen son también uno de los eficaces medios usados por ellas para llevar la alegría a tantos mayores que, al ser tratados con especial bienquerencia por quien tiene una larga vida por delante, se sienten renovados en su piedad y en su amor por María Santísima.

 

Ahora bien, tanto en el cándido fervor de esas jovencísimas evangelizadoras como en el rudo empeño realizado por las parejas de misioneras que recorren la periferia de Río de Janeiro o transitan las polvorientas carreteras del sertón, existe un elemento común: el carisma de los Heraldos del Evangelio, que, por medio de la misteriosa acción del Paráclito, no deja de actuar de algún modo en todo tiempo y lugar.

 

Movidas por el Espíritu, llenas de alegría y sin medir esfuerzos, decenas de religiosas de la rama femenina de distintas edades, regiones y países, recorren Brasil y el mundo haciendo el bien. En sus bocas y corazones resuenan las palabras de total prontitud del profeta Samuel: “Præsto sum!” (1 Sam 3, 4). En números sucesivos de nuestra revista conoceremos un poco más esa importante y gratificante labor misionera.

 

1 Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. I, q. 5, a. 4, ad 2.