El cardenal Müller visita a los Heraldos

Publicado el 06/02/2019

Una solemne Eucaristía en la basílica de Nuestra Señora del Rosario y un almuerzo festivo en el seminario menor marcaron el encuentro entre el prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe y los Heraldos del Evangelio.

 


 

Para los Heraldos del Evangelio, el júbilo propio a las conmemoraciones de Pascua tuvo una inesperada continuación el sábado 27 de abril, ocasión en la que el cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto emérito de la Congregración para la Doctrina de la Fe, visitó el seminario menor de la institución, situado en Caieiras, en la región metropolitana de São Paulo.

 

El cardenal Müller visita

a los Heraldos

Mons. Müller se encontraba en Brasil para el lanzamiento del primer volumen en portugués de las Obras Completas de Joseph Ratzinger. Entre otros muchos actos, pronunció una conferencia para obispos brasileños, reunidos en Aparecida, con respecto al tema Teología de la liturgia: la fundamentación sacramental de la existencia cristiana. Participó también en el simposio sobre La teología litúrgica y sacramental de Joseph Ratzinger, que tuvo lugar en la Pontifica Universidad Católica de Río de Janeiro, realizó algunas conferencias más en São Paulo y presidió la Santa Misa en la catedral de la Sé, por invitación del cardenal Odilo Pedro Scherer.

 

De su apretada agenda reservó la mañana de ese sábado para estar con los Heraldos, proporcionándoles la alegría de conocerlo de cerca y de ver reflejada en su persona otra gran figura de la Iglesia: el Papa Benedicto XVI.

 

Así lo señaló el P. Alex Barbosa de Brito, EP, al saludarlo: “Hoy nos acordamos de modo particular del salmo que dice ‘Dios ha dicho una cosa, y he escuchado dos’ (Sal 61, 12), pues la visita de Su Eminencia significa una doble presencia entre nosotros: la suya y la del Papa Benedicto XVI, a quien tanto amamos”. El encuentro empezó con una jubilosa y solemne Eucaristía en la basílica de Nuestra Señora del Rosario, que tuvo entre los concelebrantes al secretario particular de Mons. Müller, Mons. Sławomir Śledziewski. Centenares de heraldos participaron en la celebración, manifestando así su respeto, veneración y gratitud al ilustre purpurado.

 

Mandato de la evangelización universal

 

Además de haber sido durante cinco años prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal dio clases de Teología Dogmática durante diecisiete años en la Universidad de Ludwig-Maximilians de Múnich, y fue también presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Comisión Teológica Internacional.

 

Apretada agenda – Durante su corto viaje a

Brasil, el cardenal Müller

presidió numerosos actos académicos y religiosos.

En la foto lo vemos dando una conferencia a

obispos brasileños, reunidos

en Aparecida (Brasil).

Toda esa experiencia confiere singular profundidad doctrinal a cada una de sus actividades pastorales, como pudieron constatarlo los Heraldos del Evangelio durante la homilía.

 

El purpurado tejió comentarios a la liturgia pascual, explicando la naturaleza misionera de la Iglesia: “Después de resucitar de entre los muertos, al enviar el Espíritu Santo sobre los Apóstoles y sobre toda la humanidad, Jesús concluyó la fundación de la Iglesia visible sobre la tierra. La Iglesia es la comunión con la Santísima Trinidad del mismo modo que ella es la continuación de la misión de Cristo en el mundo. Su tarea es conducir a toda la humanidad a la fe y, a través de los sacramentos, a la glorificación y adoración del Señor. En eso consiste el sentido y la meta de nuestro existir terreno”.

 

Después de resaltar que la fe en la Resurrección es el centro y el corazón de la vida cristiana, el cardenal recordaba el mandato de la evangelización universal hecho por Jesús a los Apóstoles antes de la Ascensión, añadiendo: “Evangelio, Bautismo y fe: éstas son las tres palabras claves para la comprensión mutua, para puertas más abiertas, por medio de las cuales podemos entrar en el Reino de Dios”. Aunque la difusión de la Buena Nueva en Latinoamérica y en otras regiones del globo haya sido a veces manchada por ciertos comportamientos inhumanos del colonialismo de algunas potencias poco cristianas, “sin embargo, la voluntad salvífica universal del Señor es más fuerte; es la que sustenta a su familia esparcida por el mundo, el pueblo de Dios”, afirmaba.

 

“Liturgia divina” – La presencia de Mons. Müller,

la belleza de la basílicade Nuestra Señora del Rosario

y la solemnidad con que todo fue realizado

hicieron que el secretario del

cardenal, Mons. Sławomir Śledziewski,

calificara la Celebración Eucarística como

una verdadera “Liturgia divina”..

Sólo Dios ofrece solución para el enigma humano

 

Al referirse a la filiación divina de los bautizados, por la cual los cristianos de toda la tierra son hermanos de Cristo y miembros de su Cuerpo, apuntó hacia el verdadero sentido de acción de la Iglesia en la sociedad de nuestros días: “Somos los anunciadores del Evangelio de la gracia y de la dignidad humana, fundada en la gracia de Dios, Creador y Salvador. Y en eso se basa nuestra solidaridad universal para con los pobres, los enfermos, los perseguidos y despreciados, así como nuestra lucha por la justicia social, por la vida de los no nacidos y por el derecho a la vida de todos los ancianos hasta su muerte natural. En un sentido teológico y no superficialmente ideológico, la Iglesia es una Iglesia de los pobres y para los pobres. Con estas palabras, queremos indicar la Iglesia no sólo como estructura jerárquica, sino toda la Iglesia, con los fieles y sus pastores, los cuales son llamados a servir al pueblo de Dios”.

 

Al recordar los insistentes llamamientos de los últimos Papas a una nueva evangelización de los países de la antigua cultura cristiana, el cardenal consideraba que tal necesidad se extiende a Brasil, pues “quinientos años también son una larga historia; aquí no estamos al principio, sino en el medio de la Historia de la salvación”.

 

Observó que no se trataba de conservar las tradiciones exteriores o de adaptarse a las modas intelectuales y políticas transitorias, sino de mostrar la verdad que permanece inalterada: “La humanidad y sus productos, como la ciencia, la técnica, la economía y las riquezas, formas de poder y de gobierno, no pueden dar respuestas y soluciones a los desafíos existen ciales. Solamente Dios, que por

palabra en Cristo nos habló directamente, solamente Él ofrece la solución para el enigma que el ser humano es en sí mismo. Confiar en Él, apoyarse en Él y seguir a su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, hacerse como Él en la vida y en la muerte, esa es la fe de los cristianos”.

 

“Chispas de falso esplendor”

 

El cardenal subrayó que “la fe es tanto un don de lo alto, gracia de Dios dada por el Espírito, como el reconocimiento intelectual del Señor”, y también “la entrega libre y total de uno mismo a Dios”. Y aclaraba: “Dios no es una verdad parcial de este mundo. Es la Verdad en sí misma, la que rige todos los conocimientos filosóficos y científicos. Dios no es una mera centella de amor, sino la luz y fuente de calor que llena nuestro corazón por completo”.

 

 

“Liturgia divina” – La presencia de Mons. Müller,

la belleza de la basílicade Nuestra Señora del Rosario

y la solemnidad con que todo fue realizado

hicieron que el secretario del

cardenal, Mons. Sławomir Śledziewski,

calificara la Celebración Eucarística como

una verdadera “Liturgia divina”..

Denominando de “chispas de falso esplendor” a las voces que, hoy como en todos los tiempos, dicen que no existe ninguna verdad que nos comprometa y nos marque objetivos, explicaba: “Según esas voces, el ser humano sería libre cuando cada uno defendiera su verdad subjetiva y dejara a los demás con sus propias verdades. Esto incluso podría ser la realidad, si no hubiera algo trascendente que nos comunicara la verdad, y si sólo el ser humano fuera la luz y la salvación. Sin embargo, Dios no posee solamente verdades, sino que Él mismo es la Verdad, la Verdad que libera, la única Verdad que es idéntica con la libertad, que libra al hombre de la cárcel del egoísmo, del egocentrismo”.

 

Sólo una acción divina puede expulsar al “demonio de la codicia”

 

Al tratar de la causa más profunda de tantos desvíos que se constatan en la actualidad, recordaba la enseñanza de San Pablo a Timeo: “ ‘El amor al dinero es la raíz de todos los males’ — no el dinero como remuneración, sino en su sentido lato—; ‘algunos, arrastrados por él, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos’. Los dones terrenos son abundantes y son para todos. Pero la vida de lujo a costa de los demás, la corrupción como forma vergonzosa de enriquecimiento, la falta de temor ante la dignidad del propio cuerpo, que es templo del Espíritu Santo, y ante la dignidad física, psíquica y espiritual de niños, jóvenes y adultos, todos esos males vienen del amor al dinero”.

 

Únicamente una acción divina puede expulsar del corazón a “ese demonio de la codicia y del pensar sólo en sí mismo”, afirmaba el cardenal exhortando a la confianza en Jesucristo, “nuestro Amigo, Salvador y Libertador del poder totalitario de lo efímero y del miedo que tenemos a alejarnos de las tendencias de este mundo”.

 

Doble presencia – El P. Alex de

Brito, EP, subrayó cuán presente

estaba también, de algún modo, el

Papa Benedicto XVI.

Finalmente, subrayaba que la solución está en la luz de la fe, la cual “da a los corazones rígidos por la frialdad el calor sincero a Dios y al prójimo”, y añadía: “Que Cristo, el Sol de Justicia, rompa la densa cortina de nubes que se interpone en nuestro futuro. La misión de la Iglesia, dentro y fuera de sí misma, en el pasado y en el futuro, era y es algo diferente de un mero empeño caritativo. La Iglesia de Dios será en todas partes, y aquí también, en Brasil, un país bendito de Dios, un signo de esperanza para toda la humanidad, cuando Cristo en ella brille como luz para el mundo, a fin de que, a través de la fe, tengamos vida, y vida en abundancia”.

 

Gratitud por verlo actuar en función de la fe

 

Antes de la bendición final, el P. Alex Barbosa de Brito renovó la gratitud de todos los heraldos por la “doble visita” que recibían, la de Mons. Müller y la de Benedicto XVI, tan presente en la figura del cardenal.

 

“La primera lectura de la Misa de hoy nos recuerda mucho algo del espíritu de Su Eminencia —destacaba el P. Barbosa de Brito—, porque, como afirmaba en su homilía, los ‘hombres del tiempo’ quieren que en determinado momento tengamos una referencia de la Iglesia diferente de la que nos fue dejada por Nuestro Señor Jesucristo. Quisieron hacerlo ya en los comienzos de la Iglesia, pero los Apóstoles resistieron y por eso la Iglesia venció”.

 

Alegre y agradable convivencia – Durante la comida, el

cardenal se mostró muy impresionado con el número y

la buena formación de los alumnos del seminario menor,

a quienes quiso saludar y bendecir. A los postres

los jóvenes le ofrecieron una tarta de cumpleaños al

secretario de Mons. Müller.

Y agregaba: “Su Eminencia es conocido en todo el mundo germánico como una persona de espíritu consecuente, que actúa en función de la fe. Y, en ese sentido, sirve como punto de referencia a todos nosotros los heraldos de distintas generaciones que estamos reunidos aquí. Nuestro profundo agradecimiento por todo lo que Su Eminencia hace por la Santa Iglesia y por todo lo que aún hará”.

 

Fisonomías que reflejan la formación recibida

 

Tras la celebración, el cardenal y su secretario se dirigieron al comedor de la comunidad para compartir un almuerzo festivo en compañía de todos los moradores de la Casa Thabor, anexa a la basílica de Nuestra Señora del Rosario.

 

Durante la comida el cardenal estuvo observando a los jóvenes seminaristas y se manifestó impresionado con el número de vocaciones y la buena formación que reciben, lo cual veía estampado de forma natural en las fisonomías y en el modo de comportarse en aquel momento de convivencia fraterna. Complacido, quiso saludar a cada uno e incentivarlos a permanecer firmes en ese camino indicado por Dios.

 

En ese ambiente marcado por la alegría, respeto y bienquerencia, hubo incluso un homenaje al cumpleañero del día: Mons. Sławomir, quien afirmó que el mejor regalo había sido la visita a los Heraldos, y se refirió a la concelebración de aquella mañana como una “Liturgia divina”.

 

Antes de regresar al monasterio de San Benito, donde se encontraba hospedado y realizaría una conferencia aquella tarde, el cardenal Müller quiso sacarse una fotografía con el conjunto allí reunido, quedando registrado de ese modo un encuentro tan cargado de significado para los Heraldos y para su fundador, Mons. João Scognamiglio Clá Dias.

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“Caballeros de la Virgen” es una Fundación de inspiración católica que tiene como objetivo promover y difundir la devoción a la Santísima Virgen María y de colaborar con la “La Nueva Evangelización” , la cual consiste en atraer los numerosos católicos no practicantes a una mayor comunión eclesial, la frecuencia de los sacramentos, la vida de piedad y a vivir la caridad cristiana en todos sus aspectos. Como la Iglesia Católica siempre lo ha enseñado, el principal medio utilizado es la vida de oración y la piedad, en particular la Devoción a Jesús en la Eucaristía y a su madre, la Santísima Virgen María, mediadora de las gracias divinas. Sus miembros llevan una intensa vida de oración individual y comunitaria y en ella se forman sus jóvenes aspirantes.

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