La actuación de las hermanas Heraldos del Evangelio a favor de la formación de nuestra juventud, tan necesitada, ha recibido el reconocimiento de incontables padres que han manifestado su gratitud en conmovedores testimonios.

 


 

Preocupadas en llevar un poco de consuelo, esperanza y alegría a los más necesitados, las hermanas Heraldos del Evangelio se dedican tanto como pueden a visitar guarderías, hospitales, clínicas y residencias y se sienten enteramente recompensadas por sus esfuerzos dando testimonio del amor de Dios y de su Madre Santísima que en esas ocasiones es derramado sobre los corazones cargados de sufrimientos.

 





Algunas de las familias cuyos testimonios reproducimos en
este artículo: Ana Lucía Businger Senna y familia;
Luciano y Fabricia Guzzo con sus hijos;
Prof. Reinaldo Kiss Ivanicska Junior y familia

Pero hay otro aspecto del trabajo de las hermanas a favor del prójimo, no menos importante para la construcción de una nueva sociedad a imagen y semejanza del Reino de los Cielos: la formación religiosa y cultural de la juventud.

 

Las manifestaciones de gratitud de padres y familiares por dicha labor, realizada principalmente a través del Proyecto Futuro y Vida, han sido abundantes. Constatan el crecimiento de sus hijas como personas, con la formación recibida según los valores cristianos. Muchas se vuelven aptas para un futuro prometedor en cualquier rama profesional, marcada y enraizada en la fe católica.

 

He aquí algunos de los testimonios recogidos tan sólo en dos ciudades de la inmensa nación brasileña: su capital federal, Brasilia, y Nova Friburgo, del estado de Río de Janeiro.

 

“Nuestros hijos hoy están en buenas manos”

 

Tras haber conocido a los Heraldos del Evangelio por medio del Proyecto Futuro y Vida realizado en el colegio de sus hijos, María Colombo Paes, de Brasilia, afirma que ha notado en su familia una gran transformación: “Desde ese bendito día, la vida de nuestra familia ha cambiado para mejor. Es difícil encontrar palabras que expresen nuestra alegría y la tranquilidad de saber que nuestros hijos hoy están en buenas manos”.

 

Y, admirada con el gran desenvolvimiento experimentado por su hija al participar en las actividades promovidas por las hermanas, declara: “Nuestra hija antes era muy tímida, a tal punto que casi no hablaba. Esa timidez venía trayéndonos mucha preocupación, pues la estaba perjudicando. Después de un año y medio de convivencia con los Heraldos se fue desinhibiendo y haciéndose más sociable, hasta llegar a representar guiones extensos en piezas teatrales, a veces de papeles principales que exigían más de ella. Sin embargo, mi alegría fue mayor cuando la vi cantando el salmo de la Misa”.

 

Del mismo modo, la Sra. Paes notó un gran cambio en su hijo, que también había empezado a frecuentar el Proyecto Futuro y Vida de la rama masculina en Brasilia: “Con nuestro hijo no podía ser diferente. Se entusiasmó con los Heraldos del Evangelio desde el primer día; y en estos dos años y medio de convivencia, presenta de igual forma un desarrollo excelente. Le encanta acolitar las Misas, aprendió a cantar y a tocar el clarinete y el bombardino, a representar obras de teatro y a relacionarse mejor con las personas”.

Aunque no sólo para los hijos, sino para toda la familia de María Paes, el trabajo de los Heraldos sirvió de instrumento para abundantes gracias. “La vida familiar también cambió mucho”, afirma. “Los Heraldos nos han enseñado cuán importante es el sacramento del Matrimonio. No tenemos palabras para expresar nuestra gratitud a esa institución que procura con todo empeño y celo mostrarnos a la Iglesia linda que el Señor nos ha dado”.

 

“No hay dinero que pague este trabajo”

 

También Rute Souza Lima nos escribió a fin de exteriorizar su agradecimiento por el proyecto realizado por las hermanas Heraldos, de Brasilia, con las jóvenes y sus familias: “Los Heraldos del Evangelio despiertan lo que está adormecido dentro de cada uno de nosotros, que es la devoción a la Virgen y a Jesucristo. No hay dinero que pague este trabajo voluntario y tan necesario para nuestra sociedad. Mi hija no estaría recibiendo mejor educación y formación espiritual. Les agradezco todo lo que ustedes han hecho por ella y por nuestra familia, todo mi cariño y atención, y admiro la disposición que tienen para con mi persona, así como los cursos bíblicos, en un lenguaje claro, donde percibo la pureza de la verdad de lo que realmente la Santísima Virgen y su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, nos piden. A cada una de ustedes mi eterno agradecimiento”.

 

“Un verdadero vínculo de amor entre todos”

 

Encantada con la dedicación de las hermanas y las enseñanzas transmitidas a las jóvenes y a sus familiares que frecuentan las casas de los Heraldos de Brasilia, Ana Luisa Freire afirma: “Nos sentimos extremadamente acogidos por las hermanas siempre tan atentas, por los sacerdotes extremamente preparados y muy accesibles y por los chicos y chicas que demuestran una alegría y un empeño en todo lo que realizan.

 

Parece que existe un verdadero vínculo de amor entre todos, algo que mi fe entrevé como una presencia de Dios, como una primera semilla en el corazón de estos niños. Mis hijas ya son jóvenes formadas, pero si fueran menores no dudaría en dejarlas bajo la educación y orientación de los Heraldos del Evangelio, tan grande es la confianza que siento por esta Orden”.

 

Declara que también ha pasado por un enorme enriquecimiento social y espiritual en el contacto con el carisma de la institución: “El carisma de su Orden nos encantó. Pureza, belleza, sencillez y riqueza de espíritu, todo nos transporta a Nuestro Señor, con el cuidado ejemplar y perfección que creemos que viene del propio Jesús. Los Heraldos del Evangelio me transformaron en una persona mejor, mi fe ha sido perfeccionada y me siento que formo parte de una linda y gran familia”.

 

“Mons. João siempre fue un modelo para mí”

 

Agnaldo Ferreira dos Santos, ex miembro de los Heraldos y hoy empresario en Brasilia, lleva consigo muchos recuerdos del tiempo que pasó dentro de la institución, a pesar de no haber seguido la vida religiosa. Es lo que revela en su testimonio: “No tengo hermanas o parientes integrados en esa Orden religiosa, pero puedo decir que mi corazón pertenece a ella. Ha sido para mí y toda mi familia un canal de gracias que nos acercó mucho más a la Santa Iglesia y nos hizo ser más cristianos”.

 

Conservando gran admiración por el fundador de los Heraldos del Evangelio y llevando consigo todas las enseñanzas recibidas de él, atestigua:

 

“Conozco a su fundador, Mons João Clá, desde que yo era adolescente y siempre fue para mí, además de formador de alma, mi ejemplo y mi modelo. Sin la menor duda puedo declarar con toda sinceridad de alma que Mons. João es una persona en quien el Espíritu Santo habita y que posee un entrañable amor a la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana hasta el extremo. Para mí, es una persona santa en el sentido profundo de la palabra santa. No seguí la vocación religiosa como heraldo interno, pero tuve la dicha de ser preparado para una vida toda ella dedicada a servir a Nuestra Señora, y si no religiosa, una vida familiar y conyugal, siendo ejemplo de esposo y padre católico practicante y dedicando mi vida a María Santísima y a la Santa Iglesia”.

 

Contento por los años de acogimiento y orientación, agradece a Mons. João la formación recibida, por medio de la cual —afirma él— pudo llegar a ser quién es: “La preparación que es realizada en los Heraldos es algo simplemente de dar envidia a cualquier instituto de educación que exista en el mundo, sin deberle nada a ninguno. Hablo con conocimiento de causa, a fin de cuentas, después que salí de la vida de comunidad fui a trabajar como profesor universitario, y ejercí esta profesión en las mejores facultades del norte del país, además del máster que hice en una universidad de mucho prestigio. Y entre las numerosas promociones de posgraduación no se ve nada semejante a los Heraldos del Evangelio”.

 

“El mayor premio para un padre y una madre”

 

Siendo actualmente uno de los primeros ejecutivos de un grupo de empresas que tienen sede en más de catorce estados de Brasil, Agnaldo reconoce el enorme papel que las enseñanzas recibidas han tenido en su desarrollo profesional, y declara: “Toda esta formación mía no sería posible si Mons. João Clá no hubiera fundado los Heraldos del Evangelio. Tanto yo como otros que supieron aprovechar la formación que recibieron, no serían nada... A fin de cuentas, lo que marca la diferencia en nuestras vidas es el hecho de habernos sido dada con tanto amor y de forma gratuita nuestra formación. Sólo la Virgen para pagar el inmenso bien que los Heraldos hicieron por mí”.

 

Al discurrir sobre el apostolado realizado en la ciudad de Brasilia a través del Proyecto Futuro y Vida, Agnaldo opina que “la alegría y el bien que cada uno recibe es el mayor premio que un padre y una madre pueden recibir. Vemos estampadas en sus caritas la felicidad y la alegría de estar en ese ambiente de mucha santidad.

 

“Allí se cumple lo que el fundador Mons. João siempre quiso para las casas de sus hijas espirituales: que fueran escuelas de santidad. [...] Es lo que sentimos cuando estamos juntos en el apostolado que ellas desenvuelven con las niñas que frecuentan sus sedes, como también con el apostolado que ellas hacen con nosotros”.

 

“Todo lo que he visto son cosas buenas”

 

Aurivarton Antonio da Silva, padre de Gabriela, una estudiante del Colégio Arautos do Evangelho Internacional, de Brasilia, agradecido por la formación que se le da a su hija y por la alegría manifestada por ella, dice: “Todo lo que he visto en los Heraldos son cosas buenas: rezan bastante, realizan actividades diversas, teatro, deporte. A mi hija, desde el primer día, le gustó mucho. A mí también me gusta estar allí y acompañar las actividades. Por cierto, las hermanas hacen hincapié en que los padres también participen.

 

Y mi niña está muy satisfecha, tanto en la sede como en la escuela”.

 

De esa manera, Gabriela pudo alcanzar uno de sus mayores deseos, como afirma su padre: “Un hecho curioso es que cuando era su fiesta de aniversario, tras cantarle el “Cumpleaños feliz”, sus amiguitas siempre le preguntaban: ‘Gabriela, ¿qué quieres conseguir? Haz un pedido’. Y ella siempre respondía: ‘Sólo quiero ser feliz’. Y frecuentando los Heraldos fue adquiriendo esa felicidad. Yo pensaba que no existía amor, felicidad tanto como había en casa. Ella conoció a los Heraldos y encontró un amor mayor, diferente, ¡me sorprendió!”.

 

También su esposa, Marta, no pudo dejar de narrar la inmensa alegría al ver el contentamiento y desarrollo de su hija: “Siempre que Gabriela regresa de la sede de los Heraldos, veo estampada la felicidad en su mirada. Y si le pregunto, la respuesta es invariable: Estoy muy feliz”.

 

“María actúa en esos niños a través de ustedes”

 

No sólo de Brasilia nos llegan testimonios y agradecimientos por gracias y favores recibidos mediante la evangelización hecha por las hermanas Heraldos del Evangelio, sino también de numerosas partes más, como Nova Friburgo, región serrana de Río de Janeiro.

 

Así pues, Ana Lucía Businger Senna, madre de Jhulia, nos relata las actividades realizadas por el Proyecto Futuro y Vida en su ciudad, subrayando su reconocimiento a la ayuda prestada en la educación de sus hijos: “Quiero aprovechar la oportunidad para agradecerle a Dios la existencia de los Heraldos del Evangelio, porque cuando tenemos fe en Dios, siempre nos provee de ángeles en nuestras vidas, en los momentos más difíciles, más complicados. Y los Heraldos entraron en mi vida, primero con Jonatah, mi otro hijo, en un momento difícil para él, porque había perdido a su padre. Obtuvo mucho apoyo, mucha fuerza, y lo que aprendió —porque solamente estuvo cuatro años en los Heraldos—, lo lleva para toda la vida: el amor a María...”.

“Y ahora con Jhulia pasa lo mismo. Se quedó encantada y hasta hoy demuestra que tiene vocación. Luego, si es la voluntad de Dios, y si ella quiere continuar en los Heraldos, para mí será una alegría muy grande. Pero también sé que si no quiere quedarse, lo que está aprendiendo aquí, el cariño, la atención, la caridad, el amor al prójimo, el ayudar a la gente, esa voluntad de rezar que ella tiene, etc., cargará con todo eso toda la vida. Veo familias totalmente destruidas en las que los hijos terminan llegando aquí... Y esa semilla es plantada y sé que muchas familias son y serán restauradas a través de ustedes. Es María la que actúa en esos niños a través de ustedes”.

 

“Nadie haría lo que Mons. João hace”

 

También María Carolina Araújo Overney, que sigue de cerca el desarrollo de su hija Nicolle como alumna del Colégio Arautos do Evangelho Internacional, de Nova Friburgo, expresa cómo la ve feliz por servir a la Virgen. Y, encantada con la formación que la joven ha recibido, afirma: “Las actitudes que esas niñas empezaron a adoptar después de entrar y vivir en los Heraldos del Evangelio, para algunas personas y familias son tenidas como actitudes ‘extrañas’, ‘misteriosas’... ¡Y no hay nada de eso! Yo cambié mucha cosa en mi vida, ¡cuántos buenos principios aprendí y hasta hoy aprendo dentro de los Heraldos! ¡Cuánto buen ejemplo!”.

 

María Overney no deja de exteriorizar igualmente su gratitud al fundador e impulsor de este proyecto iniciado con la juventud: “Le agradezco a Mons. João Clá todo lo que ha hecho por la Iglesia, tantos años de dedicación y renuncias a nuestro favor. Nadie en este mundo, hecho de intereses, haría lo que él hace, ayudaría tanto a tantas personas, soy muy consciente de ello. Sé que está inspirado por el Espíritu Santo. Se lo agradezco a Dios, y a Nuestra Señora, que hizo que naciera y viviera en esta época”.