Redacción
… que la Santísima Virgen dejó su retrato en Italia?
Cuenta la tradición cristiana que en Rossano, región de Calabria (Italia), un venerable monje del siglo vii, ferviente devoto de la Virgen María, pidió y obtuvo del emperador la autorización para convertir la cueva donde residía en una iglesia dedicada a la Madre de Dios.

Una vez realizados todos los preparativos para la construcción, el gobernador Filípico encargó que competentes artistas de Bizancio pintaran una efigie de Nuestra Señora en el fondo de la cueva. No obstante, ocurrió algo inesperado: los obreros notaron que la pintura hecha durante el día desaparecía, inexplicablemente, al anochecer.
Molesto, el gobernador designó un vigilante que custodiara la cueva y comprobara qué sucedía allí. Una noche, vio acercarse a una noble Señora, con un blanco vestido, llevando un hermoso Niño en brazos. Encantado, el centinela les permitió entrar al lugar para que pudieran rezar. Al cabo de un rato, el soldado entró en el santuario y cuál no fue su sorpresa al contemplar la imagen de la Señora y el Niño magníficamente estampada en el sitio donde antes los artistas habían trabajado.
Avisado el gobernador, todos corrieron a la cueva y, llenos de admiración, exclamaron: «¡Achiropita!», del griego bizantino αχειροποίητα, es decir, no pintada por manos humanas. Y así quedó designado el retrato: María Santísima Achiropita.







