Bajo la maternal protección de un chal lila

Publicado el 09/21/2021

Conocida y admirada por la bondad que rigió su existencia terrena, Dña. Lucilia ha ayudado con maternal afecto, después de su muerte, a aquellos que buscan su bondadosa intercesión.

Elizabete Fátima Talarico Astorino


Ora una madre desesperada y preocupada con el comportamiento de su hijo, ora un enfermo ya desahuciado por los médicos, ora alguien necesitado de ayuda financiera… De los más diversos países llegan hasta nosotros, cooperadores de los Heraldos del Evangelio, relatos de gracias recibidas por intercesión de Dña. Lucilia Ribeiro dos Santos Corrêa de Oliveira, madre del Dr. Plinio.

Conocida y admirada por la bondad que rigió su existencia, y por la dulzura con que acogía a los más frágiles y oprimidos, esta muy caritativa mujer ha amparado “bajo su característico chal lila” a aquellos que invocan su maternal protección.

Veamos algunos ejemplos.

“¡Doña Lucilia, salva a mi marido!”

Agradecida por tantos beneficios obtenidos por la intercesión de Dña. Lucilia, María Cristina Martins, de São Paulo, no deja de reconocer el auxilio de esta maternal dama: “Deseo enormemente que esa mujer se convierta en una santa reconocida por la Iglesia, porque distribuye muchos dones entre incontables personas, especialmente para las de poca fe”.

Y, con el fin de difundir los numerosos favores recibidos, nos narra un episodio de su vida, ocurrido en el cementerio Consolação, de su ciudad, donde trabajaba por entonces:

“Estaba con mi marido, Adelino Pedro da Silva, arreglando y decorando algunas tumbas cuando otra florista entró en el cementerio y me dijo que tenía un demonio en el cuerpo y me mataría. Sacó un arma de fuego del calibre 32, apuntó y disparó tres veces. Las balas no me alcanzaron.

“En ese momento mi marido se lanzó sobre ella, para intentar desarmarla. Ella le dijo que le dispararía, y realmente lo hizo. Una bala le alcanzó y cayó al suelo. Él invocó a Dña. Lucilia pidiéndole que no lo dejara morir, y yo también le recé: ‘¡Doña Lucilia, salva a mi marido!’ ”.

El propio Adelino cuenta lo que sucedió en ese momento: “Por un milagro de Dios, yo llevaba un crucifijo de madera y la bala golpeó primero en él y se desvió por el costado derecho. Empecé a sentir mucho dolor, pero casi no salió sangre, pues la hemorragia más grande fue interna. Recordé las veces que fui a llevarle
flores a Dña. Lucilia y le pedí: ‘Doña Lucilia, no me deje morir así. Le ruego su intercesión ante Dios, porque usted es una abogada junto a Él. No me animo a pedírselo directamente, pues tal vez Él no me escuche. Pero pidiéndolo con su intercesión tengo más fuerza’.

“Fui internado en el hospital de la Santa Casa de Misericordia y siempre me asombra el estar vivo hasta hoy. ¡Doña Lucilia es una auténtica santa! ¡Ella me salvó! Los médicos me operaron, pero no me sacaron la bala porque estimaron que no presentaba problema. Gracias a Dios todo salió bien y no pasó mucho tiempo para que el médico me diera el alta. Todavía tengo la bala alojada en mi pecho”.

Un desafío a Dña. Lucilia

Deseando ayudar a su amiga Marinildes, que estaba pasando por una seria dificultad económica y por complicados problemas de salud, Patricia Sampaio de Oliveira, de Salvador de Bahía, le aconsejó que acudiera a la intercesión de Dña. Lucilia:

“Ella era alérgica a casi todo: maíz, gluten, diversos productos de limpieza, insectos… Hallándose una temporada en mi casa, porque no tenía empleo, le dije que le pidiera a Dña. Lucilia que pusiera remedio a su situación…
Que le encontrara un trabajo, que mejorara su salud, que consiguiera jubilarse… Pero fue en vano…

“Tras numerosas recomendaciones, decidió plantearle un desafío y pedirle una señal: si realmente Dña. Lucilia iba a ayudarla, la primera persona con la que se encontrara en ese día tenía que hacer alguna mención a ella. En tal situación, ¿quién podría hacerlo sino yo? Pero aquel día salí al trabajo un poco más temprano y no me crucé con Marinildes.

“No obstante, en mi casa trabajaba otra mujer y, tan pronto como llegó, mi amiga le enseñó unos anillos de piedras. Al ver que uno era lila exclamó: ‘¡El color de Dña. Lucilia!’.

“La pobre se llevó un susto y se puso a llorar, pidiendo perdón a Dña. Lucilia por su desconfianza. Desde entonces mi amiga ha acudido a ella para todo. Sus alergias disminuyeron un 90%, consiguió un empleo y ha alcanzado numerosos favores…”.

“Su madre me había pedido que la esperara”

El matrimonio Adelino y María ante la tumba de Dña. Lucilia en São Paulo. En la página anterior, Lucilia Corrêa de Oliveira con 92 años, fotografiada por Mons. João Scognamiglio Clá Dias

Pasado el tiempo, ya habituada a recurrir a Dña. Lucilia, Marinildes le pidió que le ayudara a encontrar la cartera que había perdido, queriendo incluso una señal clara de que sería atendida.

Dos días después recibió una llamada telefónica de un desconocido que le dijo que tenía su cartera y quería devolvérsela. Entonces convinieron lugar y hora para encontrarse, pero ella terminó atrasándose más o menos una hora.

En el lugar donde habían quedado la estaba aguardando un mendigo, enfadado por el tiempo que le había hecho esperar. “Únicamente no me he marchado porque su madre me había pedido que la esperara, y no se le puede negar nada a una señora de más de 90 años”, le dijo el hombre. Sorprendida Marinildes le preguntó:

—¿Mi madre?

Y señalando una foto de Dña. Lucilia que estaba en la cartera le dice el mendigo:

—Sí, sí. Su madre.

Tras ese hecho, Marinildes pudo comprobar cómo Dña. Lucilia la ha acompañado y atendido en sus necesidades, cuidando de ella con especial cariño y protección.

Una oveja perdida que volvió a casa

Aura Elena Ramírez cuenta que estaba preocupada con su hermano que, obstinándose a discordar de las enseñanzas y consejos dados por la Santa Madre Iglesia, se alejó cada vez más de la verdad y de la gracia. Entonces decidió hacerle una novena a Dña. Lucilia para que ella resolviera ese caso: “Le pedí que me ayudara con mi hermano y que lo adoptara como hijo suyo”.

Encontrándose en el quinto día de la novena, su hermano le escribió muy impresionado:

“Qué increíble, hoy estoy interiorizando la gran importancia que tiene la Iglesia Católica instituida por el propio Jesucristo. Ahora, sí, tengo más claras las cosas y acepto la religión católica como la verdadera, ¡a mis 38 años!”.

Ella aprovechó la oportunidad para sugerirle la confesión, explicándole toda su importancia. Enseguida le envió un examen de conciencia y una foto de Dña. Lucilia, afirmándole que había sido ella la bienhechora de ese cambio repentino que lo ayudó a despertar a la verdad. También lo incentivó a que le rezara a ella:

“Rézale directamente a ella, ya que es una gran intercesora, defensora de nuestras almas y madre espiritual, pues con la ayuda de ella conseguirás dar el paso para vivir el sacramento de la Confesión y luego vivir el sacramento de la Eucaristía”.

Poco después, el 22 de abril, fecha en que se conmemora el aniversario natalicio de Dña. Lucilia, su hermano le escribió nuevamente para decirle que era un hombre nuevo: tras muchos años pudo confesarse, recibir la comunión y asistir a Misa, sintiendo un bienestar que hacía mucho que no experimentaba.

Llena de contentamiento y alegría Aura afirma: “Este gran milagro se debe a la intercesión de Dña. Lucilia, a quien siempre le pido por la perseverancia de mi hermano, una oveja perdida que volvió a casa, gracias a ella”.

“¡He sido curado a causa de ella!”

Del lejano Sri Lanka nos escribe Avinash, alumno del Proyecto Futuro y Vida, para contarnos una gracia que su tío recibió por intercesión de Dña. Lucilia:

“El pasado mes de abril, cuando estaba en la casa de los Heraldos, mi padre me llamó para avisarme de que mi tío Salomón Fernando había tenido un ataque cardíaco y se encontraba a las puertas de la muerte. Cuando me dijo eso, lo consolé afirmando: ‘Se va a curar’.

“Al día siguiente supe de la gravedad de su estado de salud y, aún en ese día, una llamada urgente del hospital informaba que había entrado en coma. Salí inmediatamente para verlo, junto con mi padre. Cuando llegué, él estaba en una situación lamentable… Entonces me acordé de Dña. Lucilia y le recé por su curación.

“Tenía yo una pequeña foto de Dña. Lucilia y le pregunté a la enfermera si podía dejarla cerca de él, pero no me lo permitió. Esperé que se fuera y, tan pronto como se alejó, la puse debajo de su almohada y empecé a rezarle a Dña. Lucilia para que se curara mi tío.

“Dos días después recibimos una nueva llamada telefónica en la que nos pedían que fuéramos al hospital. Cuando llegamos, para sorpresa nuestra, mi tío estaba sentado y se puso a hablar conmigo como una persona normal. Sólo entonces me di cuenta de que había sido curado a causa de Dña. Lucilia. Sin haberle preguntado nada, él mismo tomó la iniciativa de explicarme lo que le había pasado.

“La noche anterior, alrededor de las once, mientras aún estaba en coma, sintió de repente una fuerza en su cuerpo y fue capaz de mover las piernas y las manos con facilidad. Cuando giró la cabeza vio que una foto se desprendía de la almohada. Salomón la cogió en sus manos sin saber quién era y empezó a hacerle
sus peticiones.

“Después de darme esa explicación, exclamó: ‘¡He sido curado a causa de ella!’. Y decía eso mientras señalaba la foto.

“Mi padre conversó con el médico que cuidaba del caso de mi tío y le hizo esta declaración que nos dejó atónitos: ‘En mis quince años de experiencia he visto nueve pacientes con esta clase de coma y todos murieron, excepto él (Salomón)… Es un milagro’.

“Mi tío conserva la foto y le reza a Dña. Lucilia. Le conté algunos hechos de su vida que los hermanos heraldos me habían contado. Soy testigo de ese milagro, que vi con mis propios ojos: ‘¡Señora Dña. Lucilia, madre nuestra, ayudadnos!’ ”.

“Sentimos la intervención de Dña. Lucilia en todo”

Miguel Aravena Domich, de Santiago de Chile, recibió la noticia de que su esposa estaba con un cáncer ya avanzado en estadio 4, además de un tumor en el brazo. Preocupado por su salud, un amigo le aconsejó que pidiera la intercesión de Dña. Lucilia:

Doña Lucilia con su característico chal lila

“En ese momento de aflicción e incerteza fue cuando un conocido de mi trabajo me dio una foto de Dña. Lucilia. Me dijo que había sido una mujer muy buena y piadosa, que siempre rezaba por los que le pedían oraciones. Comentó que en vida se había mostrado muy generosa con los más necesitados”.

Al llegar a su casa, puso la foto en el comedor, donde, junto con su esposa, hizo una oración:

“Le rezamos para que nos ayudara a enfrentar todos los sufrimientos y padecimientos del cáncer, y que no permitiera que nos desesperáramos. Y todas las noches, después de cada tratamiento, renovábamos las peticiones y el ofrecimiento a Dña. Lucilia, lo que nos daba mucha paz y esperanza”.

Habiendo pasado, sin muchas complicaciones, por los trámites necesarios para la retirada del cáncer, su esposa se recuperó enseguida. Colocándose nuevamente ante la foto de Dña. Lucilia, el matrimonio le agradeció su auxilio y protección, haciéndole una nueva petición: la gracia de tener un hijo, a pesar de los impedimentos de la edad y de los tratamientos realizados.

Buscaron a un médico especialista que estudiara esa posibilidad, pero, tras varios exámenes, recibieron la noticia de que, debido a los antecedentes oncológicos, ese deseo se hacía imposible. Conmocionados por el parte médico, suplicaron el auxilio de Dña. Lucilia:

“Sufrimos mucho con esa noticia y, al salir de la consulta, le pedimos a Dña. Lucilia que nos ayudara una vez más, haciendo que aceptáramos el parecer del doctor y nos resignáramos con la voluntad de Dios”.

Miguel y su esposa, sin embargo, no perdieron la esperanza, e imploraron la realización de esa imposibilidad: “Dejamos la foto de Dña. Lucilia en el comedor y seguimos rezando para que nos protegiera y nos permitiera ser padres.

“Un año y medio después, mi esposa empezó a sentirse mal y se quejaba de varias molestias. Temimos que fuera el regreso del cáncer en algún órgano y nuevamente acudimos a Dña. Lucilia para que aceptáramos la voluntad de Dios.

“Fuimos al médico y le mandó que se hiciera varias pruebas. Resultado: no era un nuevo cáncer, sino un embarazo avanzado, de tres meses de gestación. Salimos emocionados y agradecidos por el milagro de que Dña. Lucilia nos consiguiera de Dios ese fruto. Para quien reza y confía, nada es imposible. Realmente esta mujer escuchó nuestras peticiones. Nuestra hija Ana Gracia Lucilia Aravena Fiallos nació radiante, saludable y fuerte”.

Llenos de contento, afirma la pareja: “En nuestro matrimonio sentimos la intervención y la ayuda de Dña. Lucilia en todo”.

Así, esa dama brasileña, que supo demostrar en toda su existencia terrena un sobrenatural sentido de compasión, porque no podía ver a nadie entristecido o afligido, aun tratándose de un desconocido, ha marcado después de su muerte la vida de muchos devotos con especiales episodios de protección y auxilio.

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“Caballeros de la Virgen” es una Fundación de inspiración católica que tiene como objetivo promover y difundir la devoción a la Santísima Virgen María y de colaborar con la “La Nueva Evangelización” , la cual consiste en atraer los numerosos católicos no practicantes a una mayor comunión eclesial, la frecuencia de los sacramentos, la vida de piedad y a vivir la caridad cristiana en todos sus aspectos. Como la Iglesia Católica siempre lo ha enseñado, el principal medio utilizado es la vida de oración y la piedad, en particular la Devoción a Jesús en la Eucaristía y a su madre, la Santísima Virgen María, mediadora de las gracias divinas. Sus miembros llevan una intensa vida de oración individual y comunitaria y en ella se forman sus jóvenes aspirantes.

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