En la gran batalla por la salvación de las almas, también los seres irracionales deben ser utilizados como eficaz recurso contra el mal.
Plinio Corrêa de Oliveira

Todo hombre encuentra en sí y en los otros diversas tendencias: las que llevan para el mal son enemigas del hombre, las que conducen al bien son amigas.
Diversos agentes y batalladores dentro de una misma lucha
Un apóstol que desea ejercer su misión de salvar las almas y llevarlas al Cielo debe actuar de manera a estimular continuamente en los otros las tendencias y convicciones buenas, para inducirlos hacia el bien y, con eso, alcanzar su objetivo. Al mismo tiempo, él sabe que hay en ellos tendencias malas que los llevarán a hacer lo contrario de lo que él desea. Todo hombre en relación a otro tiene un amigo y un enemigo potencial. Amigo potencial, si su acción es tal que el otro siga lo que él dice. Enemigo, cuando el otro no sigue su buen consejo y se vuelve hostil.
En todo momento nos deparamos con eso. En mi remota y lejana vida de colegial, presencié hechos así. Entrando al colegio y comenzando a dar el ejemplo del bien, crecen a nuestro alrededor ondas de odio y nos rodean ¿Por qué? Porque se está actuando en el sentido del bien. Pero cuando se sabe agarrar al mal con habilidad y asestarle bien el golpe, se acobarda, se retira, y, a veces, se rinde.

Plinio entre seus companheiros do Colégio São Luís, em 1921
Hacer apostolado tiene como elemento fundamental y primordial un cierto discernimiento y comprensión del alma humana, por el cual se sabe cómo ayudar a otro. En este sentido cada hombre es como una ciudad fortificada y sitiada por adversarios que lo atacan sin cesar. ¿Cuál es nuestra defensa y cuál el ataque?

El hombre, en todo momento, es tentado a hacer el mal y corre el riesgo de caer en pecado y transformarse en un hijo de las tinieblas. Por otro lado, un hijo de las tinieblas, en todo momento, tiene la posibilidad de ser tocado por la gracia y convertirse. Hay una especie de encuentro de unos que quieren subir, de otros que quieren bajar; de unos que ayudan a los otros a subir y combaten a los que quieren hacerlos bajar, y de otros que, por lo contrario, combaten a los quieren hacerlos subir y ayudan a bajar… Eso forma una especie de batalla incesante, colosal, fabulosa, en la cual Dios, de un modo curioso y admirable, dispuso que no sólo los hombres fuesen los primeros agentes y batalladores, sino que hasta los seres irracionales o sin vida ora los ayudaran en la salvación de los hombres, ora los perjudicaran. Doy un ejemplo.

Pavos reales y faisanes en la lucha de la Contra-Revolución
En nuestro siglo, todo propenso a la vulgaridad, a la banalidad, a la igualdad, existe una tendencia innegable a no admirar todo cuanto sea muy bonito.
Imaginemos que alguien criara pavos reales en un lugar como el jardín de la Sede del Reino de María, en la calle Maranhão. Los pavos reales deberían pasear por el parque durante ciertas horas del día. Ellos no entienden nada ni saben que existen, pero pasearían arrastrando aquella cola y mostrándola como si estuviesen delante de un auditorio o de un teatro para verlos. Es un verdadero abanico que, cual joya de plumas, hace de cada pavo real una joyería ambulante, una imagen del principado, de la nobleza. ¿Este que criase pavos reales en la Sede del Reino de María no estaría haciendo un apostolado que, sin ninguna duda, haría algún bien?
Oí decir que hay cerca de São Paulo una especie de finca en la cual un señor, alemán o suizo-alemán, cría faisanes. Me dijeron que son muy bellos.

De hecho, ¿hay algo más bonito que una variedad enorme de magníficos faisanes? Diversas veces hice el proyecto de visitar ese lugar por el simple gusto de admirarlos, pensando conmigo mismo: “¡Cómo esto es diferente del mundo revolucionario! Mirando a los faisanes, ¡cómo amo más a la Contra – Revolución y cómo odio más a la Revolución!”
En la Tierra, un trago de las maravillas celestiales
¡El cisne! ¿Existe un animal más distinguido y más aristocrático que él? Cuando se desliza sobre las aguas, nos da la impresión de que cambia de lugar sin esfuerzo, lo que es propio del noble: no esforzase sino hacerse servir.
Tiene patas, por cierto, feas, porque no fueron hechas para ser mostradas. Los nobles tienen vulgaridades; no obstante, deben esconderlas por obligación, a fin de que en ellos resalte solo el pulchrum, el bonum, el verum, el sanctum.
Me acuerdo, cuando era niño, contemplando los cisnes que había en unos estanques del Jardín de la Luz. Me encantaba el modo como ellos se movían, pero también como se detenían, con el aire de un animal que no tiene necesidad de movimiento, bastándose a sí mismo, lo que es aristocrático.
Al poco tiempo, sin hacer ruido, agitaban con las patas la masa de agua de modo discreto y agradable, deslizándose tan deliciosamente sobre el agua que yo pensaba: “Pobres de nosotros, hombres, que tenemos que nadar… Qué gusto sería estar extendido sobre el agua y deslizarse como un cisne.”
En cierto momento, yo tenía la impresión de que alguno de los cisnes miraba el agua con una atención especial, viendo un bicho comestible. ¿Qué era? Miseria de las criaturas: el cisne, rey de las aguas, iba a comer un gusano asqueroso que se había despegado del lodo y que se encontraba allí, flotando sobre las aguas. Es la humillación de las criaturas muy grandes que, por voluntad de Dios, pasan por cosas de esas, para enseñarnos los altos y bajos de todas las situaciones.
Nosotros nos dejamos arrastrar por esas descripciones y se diría que perdimos un tiempo precioso. Sin embargo, no está mal que mencionemos algunas veces cosas que no sean sobre sufrir o padecer, sino algo que sea un poquito el beber un trago de algo como que celestial en esta Tierra.
Por eso, menciono un objeto más de enlevo1 de mi infancia y de la de muchos hombres: las mariposas plateadas, azules o verdes que existen en ciertos jardines y bosques brasileños, y que me encantaban en extremo. Cuando yo trataba de agarrar alguna, ella se llevaba al principio un susto, después se levantaba delante de mí como que diciendo: “¿Chiquitín, tu piensas que me puedes agarrar? ¡Mira…!” Y volaba elegante y graciosa.

Un recurso a ser utilizado contra los malos
¿Es o no es verdad que estas u otras maravillas despiertan en nuestra alma el deseo de lo maravilloso, el deseo del Cielo? ¿Y que una persona que haya vivido únicamente entre edificios de apartamentos de cemento, en los centros hiper poblados de las megalópolis modernas, si nunca vio las maravillas que estoy describiendo, no sabe lo que busca cuando dice que busca el Cielo?
Por causa de eso, la Revolución elimina esos seres cuanto puede, los saca de la convivencia humana, no habla al respecto de ellos. Si intentamos conversar con cualquier persona sobre cisnes, pavos reales, mariposas o cosas del género, la conversación se muere inmediatamente, porque les gusta tratar a respecto de mecánica, motores, objetos que hacen ruido, cosas que dan dinero y disminuyen al hombre. Los buenos no saben que deben utilizar lo que Dios puso en la naturaleza para formar parte de la enorme batalla contra los malos. Y el resultado es que uno de los recursos de esa batalla queda perdido, como, por ejemplo, utilizar esas criaturas en toda la medida de lo posible.
¡Cuántos recursos así podríamos mencionar!
(Extraído de conferencia del 30/7/1993)
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1) Enlevo: del portugués, encanto, vuelo del alma o del espíritu







