Destinado a ser un grandísimo pueblo

Publicado el 02/19/2025

Editorial

En nuestro continente, Brasil ocupa un espacio geográfico enorme, precisamente porque, en el proceso poblacional de América del Sur, el bloque de origen portugués se mantuvo unido, al contrario de las naciones hispánicas. En esto, encontramos ya una importante característica del brasileño: pueblo muy afectuoso, cariñoso, tendiente a la paz, a la cohesión, a la unión. Nos gusta ser uno con quien quiera ser uno con nosotros. No nos gustan las divisiones. Y a pesar de que nuestro país es inmenso, todas las tentativas separatistas no tuvieron éxito aquí. ¡En función de esa realidad, la unidad brasileña resulta majestuosa y colosal!

A ese factor se suma la grandeza de los panoramas. Lo que Brasil tiene de magnífico en paisajes marítimos, por ejemplo, es inefable. Por otro lado, vemos el coloso fluvial que es el Amazonas; kilómetros después de que ese río ha entrado en el mar, el agua permanece dulce. El océano empuja el mundo entero y el Amazonas empuja el océano… Pero lo hace brasileñamente, de modo pacífico, casi fraternal.

Panoramas magníficos, extensiones inmensas, matorrales enormes… Brasil es colosal en todos los sentidos. ¿Cómo es la inteligencia de sus hijos? Viendo las obras primas producidas por otros pueblos, como los europeos, a veces nos sentimos disminuidos. De hecho, por su aplicación y esfuerzo, los brasileños hacen rendir la muy buena inteligencia que poseen. Pero fuimos dotados de una inteligencia más rápida e intuitiva, un jeitinho1 para pensar mediante el cual, antes de llegar al raciocinio y a la demostración, vamos enseguida al fin.

Cuando nos dicen: “¡Demuestre!” “No sé demostrarlo, ni siquiera tengo ganas de hacerlo”, respondemos; es que los otros brasileños también ya vieron como es la cosa y no necesitan de demostración…

Nuestra postura junto a quien, por la inmigración, viene a establecerse aquí, es esta: no hay atritos ni peleas, la fusión es completa. Los inmigrantes entran y se funden con nuestro pueblo, asumen nuestro modo de ser, se aclimatan por entero.

Sin embargo, el elemento más precioso es la unión religiosa, solo amenazada más recientemente debido a la grave crisis dentro de la Iglesia que, para nuestro pesar, quita mucho crédito a la Religión Católica a los ojos del pueblo.

Llamados a una tal unidad de fe, de grandeza, de designios de la Providencia para servir de pedestal a la Iglesia Católica en el mundo, tenemos, no obstante, un mal a vencer. El brasileño es perezoso, tendiente a caer en las dos peores modalidades de pereza: la de pensar y la de ser virtuoso.

La primera, ya la mencionamos. Ella nos lleva a no dedicarnos al estudio profundo, a la lectura de muchos y buenos libros, a la formación de una escuela de pensamiento metódico.

¡Pero la pereza de ser virtuoso es tremenda! Para practicar la virtud, es necesario esforzarse, no hay otro remedio. Nadie va al cielo sin pasar por la vía marcada con sangre por los pasos de Nuestro Señor Jesucristo. Él nos enseñó que el camino del cielo es la Cruz.

En nuestro siglo, más que en cualquier otro anterior, el mundo está organizado de manera a arrastrar a la humanidad para el pecado. Y sin una gran energía, sin un vigoroso dominio sobre sí, obtenido por medio de la gracia mediante la oración, caemos en los peores vicios.

La lucha para perseverar en la virtud supone, por lo tanto, seriedad y autodominio, con el control de los pensamientos, miradas, conversaciones, lecturas, en suma: que el hombre sea señor de sí, yugulando sus malas inclinaciones, como quien mantiene cautiva una fiera dentro de una jaula.

Ahora, de todo eso nosotros tenemos pereza… Y tal vez este sea nuestro pecado fundamental. ¡Qué se libere el brasileño de esa pereza y seremos uno de los mayores pueblos de la tierra! Porque, de lo contrario, no se consigue hacer nada serio, nada de bueno, nada de grande. Sobre todo, no se practica la Fe Católica, Apostólica, Romana seriamente. Pues, la base de toda civilización es la Fe Católica aceptada y profesada.

Si, además de los grandes dotes de inteligencia, inmenso territorio, grandioso escenario, insondables posibilidades de riquezas, Brasil fuese católico por entero, será, sin duda, un grandísimo pueblo.

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* Cf. Conferencia del 18/4/1988.
1 Jeitinho: forma de solucionar un problema de manera no convencional, utilizando una creatividad no necesariamente
aliada al esfuerzo, donde se alcanza el fin querido.

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