¡Doña Lucilia está realmente a mi lado!

Publicado el 02/16/2025

Aunque no podamos verla con los ojos corporales, sabemos que está al alcance de nuestras oraciones invocar su presencia junto a nosotros, para hacerle nuestras peticiones.

En la suavidad de una sonrisa o en una discreta intervención; como una mano amiga que tranquiliza o un brazo fuerte que sostiene; por una sencilla inspiración interior que equivale a un saludable consejo… En resumen, de muchas maneras el auxilio maternal de Dña. Lucilia se deja sentir incluso en personas que no la conocen.

Seguros de que, a nuestro lado, esta buena madre intercede por nosotros en nuestras luchas y necesidades del día a día, veamos algunos testimonios más enviados por devotos suyos, almas que, de alguna forma, se vieron amparadas bajo su chal lila.

Una penosa situación financiera…

Doña Lucilia superó las dificultades económicas que para Olga y su marido parecían insolubles, e incluso les ayudó a conseguir una casa

Desde el municipio colombiano de Carmen de Apicalá, Olga Lucía Gracia Bello nos envía un relato donde da testimonio de su profundo agradecimiento a Dña. Lucilia, quien, en medio de un mar de dificultades, encendió una luz de esperanza en su vida.

Olga y su familia estaban atravesando una situación económica muy crítica. Su esposo estuvo trabajando durante unos seis meses para una empresa de construcción sin recibir el pago que le correspondía, acumulándose un montante de casi 70 millones de pesos. Esto dejó a la familia en unas circunstancias tan precarias que se vieron obligados a confeccionar unas ruanas y unos bolsos para el mercado a fin de venderlos y ganarse un mínimo para su sustento diario.

Olga y su esposo con una foto de Dña. Lucilia

Se hallaba en esa ardua labor cuando recibió una llamada telefónica de una hermana de los Heraldos del Evangelio, que le preguntaba si podía recibir en su casa la visita del oratorio del Inmaculado Corazón de María, que estaba de paso por su localidad. Muy sorprendida, Olga respondió: «¡¿Cómo así, que me piden permiso para que la Virgen venga a mi casa, cuando soy yo la que la estoy necesitando, y dándole gracias a Ella por fijarse en nosotros, por haber escogido nuestra casa, habiendo tantas familias?!».

En el momento en que las hermanas se marchaban con el oratorio, Olga les contó la terrible coyuntura financiera en la que se encontraba y la enorme necesidad de dar con una salida. Una de ellas le sugirió que pidiera ayuda a Dña. Lucilia, y le contó un poco de su historia y los numerosos favores obtenidos por las personas que recurrían a ella.

Se podría decir que los casos desesperados son la especialidad de esta extremosa dama…, hecho del que Olga parece haberse dado cuenta inmediatamente. Decidió entonces hacer una novena a Dña. Lucilia, confiando en que la solución a su problema vendría por medio de ella.

… y ¡una nueva casa!

He aquí sus palabras:

«Empecé la novena y al tercer día nos llamó un ingeniero interesado en comprarnos una retroexcavadora, pues la estábamos vendiendo. Mi esposo quería venderla porque ya estaba cansado de trabajar y perder dinero con ella. Teníamos también un terreno a la venta, en Carmen de Apicalá; queríamos vender las dos cosas juntas, porque teníamos que pagar otras deudas».

En dos días de conversaciones entre el ingeniero y el marido de Olga, se concluye el negocio de la retroexcavadora: «Quedamos en que mi esposo le daba la retro y él nos construiría una casa, en Carmen de Apicalá. Pagó una parte en efectivo, unos 20 millones de pesos, con lo que saldamos nuestras deudas. ¡Al tercer día Dña. Lucilia nos hizo el “milagro” que tanto le estábamos pidiendo!».

Cuando Olga envió su testimonio, ya se habían puesto los cimientos de su nueva residencia y su marido estaba trabajando en la construcción con la misma excavadora que había vendido, como parte del contrato. Doña Lucilia por fin superaba las dificultades económicas que parecían insolubles, e incluso les ayudó a conseguir una casa.

Los cimientos de la nueva casa de Olga y su esposo

Concluye sus palabras con un caluroso agradecimiento: «Les doy muchísimas gracias por su tiempo, por haber fijado sus ojos en nuestra familia. Muchísimas gracias, Dios los siga bendiciendo muchísimo».

Un providencial encuentro

Hay ciertas situaciones de extrema angustiade peligro o de miedo en las que a cualquiera le resulta difícil confiar y abandonarse en las manos de Dios. En tales circunstancias, nada como mantener nuestro corazón anclado en la fe. Conservando firme esta virtud, también nos puede ayudar la devoción a Dña. Lucilia, porque esta madre extremosa sabe muy bien cómo cuidar de sus hijos en los momentos de gran aflicción, dando a cada uno el remedio, el consejo o, simplemente, el apoyo necesario para superar las adversidades.

Esta es una de las lecciones que podemos sacar del relato enviado por Andresa Aparecida Pinheiro Rebelo, natural de Nazaré Paulista (Brasil), casada y madre de tres hijos. Entró en contacto con los Heraldos del Evangelio en 2012, de una manera bastante inusual: con ocasión del funeral de una amiga que tenía parientes en la institución.

Andresa y su hijo João

«La primera vez que vi el hábito, me quedé muy impresionada. Recibí una invitación para asistir a la misa del séptimo día en la basílica de Nuestra Señora del Rosario, la iglesia de los heraldos en Caieiras. Nada más llegar, sentí un deseo enorme de confesarme. Fue una excelente confesión, una experiencia que llevaré conmigo para siempre. Pasaron los años y aquello se grabó en mi memoria. El 21 de noviembre de 2020 supimos que el coro de los heraldos estaría en la iglesia principal de mi ciudad, Nazaré Paulista. Ese mismo día me enteré de que estaba embarazada de João, nuestro segundo hijo».

Andresa y su esposo, Tiago, asistieron a la presentación del coro de los heraldos y en esa ocasión fueron invitados a visitar la casa de la institución. Surgió una amistad tan profunda que invitó a un hermano heraldo a ser el padrino de bautismo de su hijo por nacer. La pareja conoció entonces la devoción a Dña. Lucilia y empezó a pedir su intercesión.

«Me llamo Luci»

No tardó mucho en surgir una oportunidad propicia para que Dña. Lucilia manifestara que había tomado bajo su protección a la pareja y a su bebé. Cuenta Andresa:

«El 21 de junio de 2021 tuve un desprendimiento de placenta y fuimos rápidamente al hospital. Contactamos por teléfono con un sacerdote heraldo y, a pesar de la hora avanzada, nos atendió enseguida, enviándonos bendiciones y siguiendo todo el proceso. En el camino de Nazaré Paulista a São José dos Campos, recé el rosario y pedí la compañía y la intercesión de Dña. Lucilia, implorando que estuviera conmigo en ese momento tan delicado.

»El médico me derivó a una cesárea de urgencia, advirtiéndome que el bebé y yo podíamos morir debido al tiempo sin oxígeno —dos horas— y el grado de la infeccióno que el niño tendría algún tipo de secuela para el resto de su vida. Fueron necesarias siete anestesias raquídeas, tal era mi shock emocional. En esa situación, miré la placa identificativa de la enfermera que estaba a mi lado izquierdo y leí el nombre Luci. Entonces le pregunté: “¿Cómo te llamas?”. Ella respondió sonriendo serenamente: “Soy Luci y voy a acompañarte. Quédate tranquila, todo irá bien”».

La similitud del nombre de la enfermera con el de Dña. Lucilia fue una señal para Andresa: ella la ayudaría en esa dramática situación

La similitud del nombre de la enfermera con el de Dña. Lucilia fue para Andresa una señal de que aquella bondadosa madre estaba allí sobrenaturalmente, superando con ella las dificultades, minimizando los peligros y obteniendo de Dios un desenlace feliz para la dramática situación en la que se encontraba.

Dice ella: «En ese momento algo me tranquilizó y sentí como un faro encendido en la oscuridad. Mi hijo nació súper sano, sin ninguna secuela. Hasta el día de hoy se nos acercan médicos que insisten en que no hay explicación para lo que le pasó a João. Le debo la vida de mi hijo a Dña. Lucilia, porque gracias a ella pudimos cantar el día de su bautismo: “De todos mis temores, me libró el Señor” (Sal 33, 5)».

Una misteriosa acompañante…

En la sociedad materialista de hoy día cuesta creer que el mundo sobrenatural está cerca de nosotros, al alcance de nuestras oraciones

En la sociedad materialista en la que vivimos, nos cuesta mucho creer en lo sobrenatural… ¡Qué difícil es liberarnos de las máximas del mundo y creer que tenemos constantemente a nuestro lado a nuestro ángel de la guarda y a los santos de nuestra devoción! Pues bien, he aquí, en el relato que sigue, una hermosa lección que Dña. Lucilia quiso dar a una de sus hijas espirituales, Taciane Peixoto Derossi, de Miracema (Brasil).

Taciane Derossi junto a un cuadro de Dña. Lucilia

«Suelo ir todos los meses a una ciudad que está a 70 km de aquí a comprar unas medicinas para mi padre. El día 14 de septiembre fui a confesarme en un lugar que está a mitad de ese trayecto. Al final le dije a mi hermana: “Como ya hemos recorrido medio camino, aprovechemos para ir ya a esa ciudad y comprar las medicinas; así no tendremos que volver la semana que viene”.

»Siempre que vamos allí, también paramos en un bazar para comprar algunas cosas. Ese día no fue diferente. Mientras esperaba a que mi hermana pasara por caja, la chica de la caja de al lado, que estaba libre, me llamó. Entonces le dije:

»—No llevo nada, sólo estoy acompañando a mi hermana.

»—Necesito hablar con usted —me contestó.

»Así que me acerqué; y me dijo:

»—Mire, estuvo usted aquí una vez con una señora, y esa señora, sin saber qué me pasaba, me miró y me dijo: “No te preocupes, todo ha salido bien, Dios está al mando”.

»La cajera me contó entonces que ese día había hecho una oración por la mañanapreocupada por una situación angustiosa, le había pedido a Dios una solución a su problema. De modo que cuando aquella señora le dijo eso, le transmitió una enorme certeza de que el problema se resolvería».

La solución al enigma

Sin embargo, Taciane no recordaba nada del hecho mencionado por la dependienta, sobre todo porque siempre había ido a la tienda en compañía de su hermana y no de «una señora». Convencida de que la empleada se equivocaba, le preguntó:

Pero ¿estás segura de que soy yo?

¡Lo estoy! La veo aquí en la tienda todos los meses.

Fíjate bien, a ver si no era yo —insistió Taciane.

—Sí. Estaba usted con una señora, una señora de cabello blanco.

¿Y cómo iba vestida esa señora?

—Estaba vestida como usted se viste. Parecido a como usted está vestida ahora.

Taciane sacó entonces de su bolso una foto de Dña. Lucilia y se la entregó a la dependienta, diciéndole:

Mira si es esta señora.

—¡Sí! Ésta es la señora que habló conmigo. Y cuando llegué a casa esa noche mi problema ya casi se había resuelto. Estaba esperando que bajara el precio del alquiler de una casa que me interesaba, pero no me lo podía permitir porque era demasiado alto. Inexplicablemente, el precio bajó y conseguí alquilar la casa. ¿Esta señora es pariente suyo?

Taciane tuvo una confirmación de la presencia de Dña. Lucilia a su lado, dispuesta a ayudar a personas que no la conocían

Taciane le dio una rápida explicación de quién era Dña. Lucilia y le preguntó a la empleada:

¿Eres católica?

No, soy evangélica. Nunca he ido a una iglesia católica, pero me gustaría ir.

Así, inesperadamente, Taciane tuvo una clara confirmación de la presencia de Dña. Lucilia a su lado, dispuesta a ayudar incluso a personas que ni siquiera habían oído hablar de ella.

Asistencia continua

¿Cuántos de los que conocemos a Dña. Lucilia y confiamos en su intercesión somos conscientes de que podemos recurrir a esta bondadosa madre en cualquier momento, haciendo de nuestro trato con ella una oración? ¡Cuánto nos beneficiaríamos si confiáramos más en su protección, si fuéramos tan hijos suyos como ella es madre de los que la invocan!

Taciane termina su relato con una frase de la dependienta, que le dejó una profunda impresión: «Cada vez que usted viene aquí a la tienda me acuerdo de aquella señora que estaba con usted». Sin saberlo, se había convertido para aquella cajera en un motivo de recuerdo de la gracia recibida y, tal vez, en un medio para reavivar su fe y su confianza en la Providencia. Pero no sólo eso, esa gracia obtuvo para Taciane un precioso fruto espiritual:

«Creo que Dña. Lucilia utilizó ese hecho para aumentar mi confianza más que la de aquella chica. Doña Lucilia estaba realmente conmigo, y en cierto modo, cuando el hecho es muy cercano, parece que adquirimos una visión diferente de las cosas, queda más claro cómo contamos con esa asistencia suya, continua».

Que la lectura de estas líneas anime a todos los devotos de Dña. Lucilia a confiar más en el mundo sobrenatural, seguros de que siempre nos estará socorriendo. ◊

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Los Caballeros de la Virgen

“Caballeros de la Virgen” es una Fundación de inspiración católica que tiene como objetivo promover y difundir la devoción a la Santísima Virgen María y colaborar con la “La Nueva Evangelización” , la cual consiste en atraer los numerosos católicos no practicantes a una mayor comunión eclesial, la frecuencia de los sacramentos, la vida de piedad y a vivir la caridad cristiana en todos sus aspectos. Como la Iglesia Católica siempre lo ha enseñado, el principal medio utilizado es la vida de oración y la piedad, en particular la Devoción a Jesús en la Eucaristía y a su madre, la Santísima Virgen María, mediadora de las gracias divinas. Sus miembros llevan una intensa vida de oración individual y comunitaria y en ella se forman sus jóvenes aspirantes.

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