El Ángel Guardián, ¿cómo comunicarse con él?

Publicado el 10/08/2026

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Aunque los Ángeles sean espíritus puros, sin cuerpo, sin voz, y el hombre no tenga los recursos naturales para verlos o percibirlos, el Ángel de la Guarda no deja de manifestarse por muchos medios, uno de los cuales es el consuelo.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

Más de una vez me entregué al esfuerzo de imaginar cómo sería mi Ángel de la Guarda, pero me encontré con la siguiente dificultad.

¿Con qué comparar al Ángel Guardián?

El Ángel de la Guarda no tiene cuerpo, es espíritu puro. Por lo tanto, si queremos imaginarlo como algo posible de ser conocido por nuestros ojos, caemos en la pura fantasía.

Imagine, por ejemplo, el Ángel de la Guarda, que yo sabiendo que no tiene cuerpo, quisiera compararlo con una montaña.

Una vez, sobrevolando los Alpes, hubo un momento en que el avión tomó tan poca distancia de un macizo pedregoso cubierto de cristal de nieve en un día soleado, una verdadera maravilla, que pensé: ¿sería así el Ángel de la Guarda?

Una idea muy pobre, porque un cristal –me gustan mucho los cristales– es un mineral, no tiene alma, ni movimiento, ni sensibilidad.

Se puede tener una idea más próxima de lo que es el hombre mirando a un loro que habla, que de las montañas de cristal más hermosas. El loro está vivo, huye, avanza, tiene un pico arrogante, rompe las cosas, tiene una mezcla de mano y pie que le sirve para mil cosas.

En resumen, hay algo vivo en el Ángel de la Guarda. ¿Con qué animal comparar a un Ángel de la Guarda? ¿Un león? ¿Un águila? ¿Una garza? ¿Un colibrí? Con todo y con nada.

Una niebla y un haz de luz…

El Ángel de la Guarda se escapa completamente de nuestra percepción. Y, para no quedar en cero total, aún imagino que podría compararse con una nube muy suelta, no de esas nubes densas que parecen algodón y presagian la tormenta, sino una niebla muy fofa condensada en un espacio que visualmente parecería la zona luminosa de una especie de foco en la pared, irradiando una luz intensa, que parecería estar a la vez dentro de ese haz de luz e infinitamente lejos de él.

Dentro del “haz” –el “haz de luz” es Dios– la luz tomaría toda la niebla y la llenaría; lejos del “haz”, la luz que venía de tan alto y tan magníficamente parecería casi confundida con la niebla, estando a la vez a años luz de ella y superior a ella.

Y tendría cambios de color, cambios de disposición de los distintos colores, hechos de tal manera que presenten un objetivo, un punto de vista que siempre es nuevo, que se renueva y, sin embargo, daría algo que tendría continuidad con los anteriores, para dar una impresión conjunta y agradable de la estabilidad y de la mutabilidad. Y el chorro de la luz, por el simbolismo que tendría con los diferentes colores y formas, haría que el hombre entendiera lo que quería decir.

El diálogo entre ángeles y hombres

El gran y estupendo Cornelio [ndr. Cornelio a Lápide, gran teólogo jesuita], al comentar sobre el lenguaje entre ángeles y hombres, trata este tema.

El Ángel de la Guarda no tiene voz, ni palabra, y el hombre no tiene los medios naturales para ver, percibir o comunicarse con un Ángel. El Ángel es capaz de conocer lo que dice el hombre, pero el hombre no percibe al Ángel… Entonces, ¿cómo podría haber diálogo entre hombres y ángeles?

Ahora bien, lo natural es que todas las criaturas bienaventuradas se comuniquen entre sí, y canten cada una a su manera, la gloria de Dios. Entonces, Cornelio a Lápide afirma que, para comunicarse, el Ángel de la Guarda recurre a varios objetos de la naturaleza, produciendo con ellos sonidos como expresión de lo que quiere decir. Incluso se puede hacer una comparación muy hermosa entre la manifestación del Ángel de la Guarda y los vientos. Los vientos producen sonidos, y a veces uno tiene la impresión de que dicen algo. Admito que no lo dicen, pero esa impresión existe.

Si los vientos en esta Tierra inferior “dicen” algo, es mucho más fácil que los vientos “digan” algo en el Cielo. Así es un ángel conversando con uno de nosotros. Por ejemplo, junto a una fuente puede componer una frase, dilatar un pensamiento haciendo que el agua de la fuente cante y haciendo que estos y aquellos vientos se muevan alrededor del agua y, de esta manera, comunicarse con los hombres.

Consolaciones, otro modo de comunicación

El Ángel de la Guarda también puede comunicarse con nosotros de otra manera mucho más bonita, incomparablemente más agradable, que dice todo sin decir nada, pero al no decir nada pone un todo incomparable: son las consolaciones.

¡Una consolación no puede cambiarse por nada en este mundo! Las mayores alegrías, las mayores satisfacciones, las sorpresas más admirablemente desconcertantes y maravillosas no se comparan con una consolación. Y los Ángeles de la Guarda pueden transmitir, con el permiso de Dios, algo de la consolación eterna en la que viven saciados. ¿De qué manera? Hablando el lenguaje de las consolaciones.

¡Una consolación! ¿Quién puede describirla? Es algo superior a cualquier elogio, a cualquier alegría, a cualquier gozo… ¡es un anticipo del cielo!

Enséñame a luchar como tú

Las Escrituras nos cuentan que cuando satanás se rebeló, San Miguel exclamó: “¡Quis ut Deus!” e inició una ofensiva para expulsar al demonio. Y luego proelium magnum factum est in coelo. Hubo una gran batalla en el Cielo. Todos los ángeles que han sido fieles están continuamente en la visión de Dios, están salvados para siempre. Todo nos lleva a creer que todos ellos participaron en la batalla e hicieron su contribución a ella y al éxito de la Contrarrevolución en el Cielo, y lo hicieron mediante una acción propia, perjudicial para el demonio.

La acción de los ángeles fue con todas las características de ellos, que, siendo espirituales –al igual que los demonios– marcaban, sin embargo, su actividad, su acción.

Luego, le preguntaríamos al Ángel de la Guarda de cada uno de nosotros: “Mi Santo Ángel, dime cómo luchaste. Enséñame a luchar como tú has luchado. Comunícame, si es posible, la plenitud de tu amor por Dios, de tu fuerza, de tu odio, y hazme entender de qué manera los golpes espirituales desatados sobre estos bandidos fueron infligidos por ti en las delicias de tu alma.” Es una concepción válida y ayuda un poco a completar algunas pinceladas del cuadro.

Los ángeles en el Gólgota

Ciertamente, todos los ángeles del cielo estaban presentes en el Gólgota mientras el Divino Redentor gemía, era torturado y le faltaba el aire…

Hubo un médico francés que estudió cómo murió Nuestro Señor Jesucristo, clavado en la cruz. El doctor no creía que tuviera ese pequeño estrado donde colocar los divinos pies como suelen representar los crucifijos, sino que sus pies estaban pegados, como un cuadro puede clavarse en una pared, así que sus pies, retorcidos y en posición artificial, estaban clavados al propio Santo Leño. Es decir, cada vez que Nuestro Señor ponía su peso sobre sus pies, los clavos cortaban la carne hacia arriba y producían nuevos dolores. Y por eso, se contraía, ponía la fuerza en las manos, y los clavos en sus manos también producían dolores.

A cada respiración, la herida se abría y cerraba con un intenso dolor que quizá haría desmayar a un hombre solo por eso. ¡Una vez! ¿Cuántas veces tuvo esto hasta que murió?

Eso hizo que instintivamente no respirara del todo, porque el dolor abajo se volvía insoportable, y entonces Él sentía falta de aire.

Y solo la repetición de esto, después de algún tiempo, mata. Con mucho menos que eso, un hombre de hoy muere. Es bueno ni siquiera hacer el cálculo. En el primer tranco ya se desmaya…

Los ángeles vieron toda esta escena –Dios no sufre, pero la naturaleza humana de Nuestro Señor sufría– y vieron en Dios, Dios mismo contemplando eso, y después vieron la indignación de todos los coros angélicos. Pero también con consternación, con compasión, cantando con mayor ternura canciones para conmover y consolar su Corazón sagrado. Y ciertamente atrajeron la atención de Nuestro Señor hacia Nuestra Señora que estaba al pie de la Cruz, conmemoraron y trataron de agradarla, en resumen, haciendo todo lo posible y lo imposible. Trataron, naturalmente, de estimular a las Santas Mujeres inmersas en una desolación que no es posible describir; intentaron dar a San Juan Evangelista ese valor que no tuvo en la hora “x”, a tal punto que él, el fugitivo, recibió ese día el mayor regalo que se puede recibir: ¡convertirse en hijo de María!

Y en el momento del holocausto, del dolor supremo, del arrancar el alma del interior del cuerpo, en ese momento los ángeles vieron a Nuestro Señor decir: “Consummatum est.” Y su alma humana desprenderse del Cuerpo divino, que pasa a ser un cadáver.

Y también vieron manifestarse la cólera de Dios; el cielo, a las tres de la tarde, oscuro como la noche; el velo del templo que se rasgó; los justos que andaban todos atados con tiras de tela, quizá con los ojos cerrados y una lámpara encendida para aterrorizar a la gente, encontrando a estos o aquellos y diciendo: “¡Mira, tú, desgraciado!”, las personas huyendo. ¡Y el terremoto!

Los ángeles vieron todo esto. ¿Qué músicas tocaron para acompañar? ¿Qué dichos proclamaron? ¿Qué canciones emitieron? ¿Se tiene alguna idea de eso? Ni de lejos. Pero podemos preguntar:

“Mi Santo Ángel de la Guarda, ¿cómo has cantado para confortar al Sagrado Corazón de Jesús? ¿Qué has dicho? Dame la gracia de escuchar una nota y me comprometo no pedirte dos.”

El Dr. Plinio en 1994 del 12/8/1994)

¡Porque quien escuche una nota de esas, pedirá toda su vida para oír otra! Por tanto, sería necesario hacer un compromiso muy serio, muy doloroso, con tentaciones del otro mundo de romperlo, pero por respeto al Ángel de la Guarda, por amor a Dios que no tolera el rompimiento de compromisos, ¡no lo romperé! Así que, ¡puerta cerrada, tristeza interminable, esperanza sin nombre! “Al menos sé que escucharé una nota.”

Hazme un hombre “hacia adelante” y “hacia arriba”

Y si alguna vez nos encontramos en peligro de vida, es posible que el demonio del pánico nos asalte. No hay duda, no piensen que siempre estarán en esta calma. Porque el hombre tiene instinto de conservación y el demonio exacerba nuestro instinto en esas ocasiones. Si el sujeto sabe, por ejemplo, que al día siguiente será decapitado y que antes le sacarán los ojos…

Entonces la forma de luchar, es decir:

“Mi Santo Ángel de la Guarda, con cuánta cosa te amenazó Satanás; ¡pero tu luchaste hacia adelante! Si te llamaras, en las nomenclaturas celestiales, ‘el Ángel hacia adelante’, yo os reconocería. ¡Pero hazme un hombre ‘hacia adelante’ y ‘hacia arriba, muy devoto de María!”

(Extraído de conferencia del 12/8/1994)

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