Hay un pulchrum verdadero, digno en el orden del ser, que necesita ser comprendido: es el que tiene la belleza y las excelencias de todo cuanto es pequeño. Descubrir y contemplar lo pequeño maravilloso es uno de los mejores medios de prevención contrarrevolucionaria.
Plinio Corrêa de Oliveira

Hace parte de la excelencia divina crear lo mayor y lo menor. Esto es necesario en la Creación, porque si Dios creara un único ser o seres iguales, sus perfecciones no estarían representadas de modo adecuado.

Excelencias en punto pequeño
Siendo así, el Creador se refleja en lo menor de un modo diferente que en lo mayor. Es innegable. Hay un enriquecimiento de su obra en la cual se establece, con seres desiguales, un puente entre estas dos extremidades: lo máximo y lo mínimo. Eso da una idea de la excelencia, de la santidad, del poder de Dios.
Hay varios lados por donde se puede percibir en lo pequeño que él es, a varios títulos, una clave para la presentación de lo bello. Lo pequeño representa a los ojos de Dios una perfección propia e insustituible dentro del orden del universo.
Dios hizo en la naturaleza determinadas especies en modelo grande y en pequeño. Por ejemplo, la onza, el jaguar y el gato. Él tuvo la intención de que alguna excelencia de la especie felina apareciese mejor en un modelo pequeño.
Está el gallo y el garnisé (gallo de tamaño pequeño) . Se puede imaginar un gallo clásico del género del Chanteclair; sin embargo, el garnisé posee todo lo de él, pero en escala pequeña. Sería muy falso decir que esto es así en esta tierra de exilio, porque en el Paraíso todos los gallos son del mismo tamaño.

¡Sería una pesadilla!
En las flores hay también un mundo de ediciones mignon, que tienen un modo de dejar ver una excelencia de la especie que el tamaño grande no dejaría ver.
Auges manifiestos en los pequeños
Podríamos preguntarnos qué forma de excelencia aparece mejor en lo menor. Al contrario de lo que piensa el común de los mortales, lo sumo a veces se manifiesta más en lo pequeño que en lo grande.
Sobre todo, ciertas formas de auge, porque en las perfecciones de Dios, eso no es así y todas ellas pueden manifestarse en punto infinito. Los extremos armónicos, para que reflejen adecuadamente las perfecciones de Dios, tendrían que reproducirse como la imagen en un espejo, porque ellos son tan contrapuestos que no caben en una creatura o en una especie.
De modo que es preciso representar las perfecciones divinas en variedades diferentes de la misma especie. Y cierto tipo de excelencias de Dios se expresan mejor en lo pequeño que en lo grande, porque, puestas fuera de Dios, ellas son tan grandes que perturbarían el orden si no se expresaran también en lo pequeño.
Una gran mariposa azul, una ciudad pavimentada con rubíes
Consideremos una mariposa azul y plateada. Aquel color de la mariposa es espléndido; al menos para mí, siempre causó una verdadera fascinación. Pero si vemos aquel color sobre una superficie muy grande, pierde su belleza. Porque es una forma tan magnífica de grandeza que queda medio incompatible con la condición de creatura y queda medio desproporcionada si no es representada en lo muy pequeño.

Imaginen una ciudad pavimentada con rubíes.
Yo, que tengo entusiasmo por ellos, quedaría hastiado de aquella abundancia de piedras maravillosas, pues no está en el orden de lo creado llevar la maravilla más allá de un cierto punto.

La excelencia de Dios expuesta en la piedra preciosa o en el ala de una mariposa o en el colibrí y otras cosas del género, es una excelencia tan excelente que, ligada la calidad super-quintaesenciada a la cantidad, tenemos algo que va más allá de la medida del orden de lo creado. Lo pequeño maravilloso es una maravilla tan grande que no podría ser sino pequeña, dentro de determinados orden y valor de medidas.
Dos modos de vivir y de pensar
Esta es la gran conclusión contrarrevolucionaria. La tesis revolucionaria es: sólo teniendo en vista lo máximo, el hombre se realiza; apuntando a lo pequeño, no se realiza nunca.
La tesis contrarrevolucionaria es: para que el hombre pueda llegar al extremo límite de sí mismo no es necesario apuntar a lo máximo, porque él puede ser una maravilla siendo pequeño; y una gran civilización es grande no porque tiene apenas muchos hombres que hacen lo máximo, sino también porque tiene muchos hombres que hacen de modo eximio lo pequeño.
Lo máximo del orden sería la coexistencia del auge de lo grande y de lo espléndido de lo pequeño. Así se llega a la siguiente conclusión: es un error querer empujar a todo el mundo para ser lo máximo. Hay hombres que son de una condición pequeña y nacen para ser lo máximo, esto está muy bien.

Pero el gran torrente de las personas nace para ser lo máximo en el ámbito de su orden.
Un poco a la manera de Dios
Doy un ejemplo discreto. La carpintería alcanzó en los tres últimos “Luises” de Francia excelencias de otro mundo no alcanzadas anteriormente. Considerando eso también del lado práctico, porque es sabido que en los muebles de aquel tiempo los cajones no se torcían nunca, y eso es un esplendor de lo pequeño.

La estabilidad de aquellos muebles es tal que no se rajan, no se descomponen, no se abren cavidades, van hasta el fin. Modestas excelencias, que yo no podría llamar de artísticas, sino de artesanales, una grandeza de la carpintería de aquel tiempo.

Es una pequeña cualidad, pero que representa un papel insustituible, magnífico, en el orden real de la carpintería.

Sin embargo, el hombre capaz de hacer el cajón que no se tuerce, de acuerdo con los padrones de hoy, querría ser artista y estudiar en una escuela de carpintería para trabajar en una fábrica de muebles de lujo. En aquel tiempo no: él, su abuelo y el bisabuelo hacen cajones que no se tuercen.

Eso lleva a otro punto que es el siguiente: a veces, la cosa es hecha más para el hombre, no ante Dios. Porque hay formas de lo pequeño a respecto de las cuales el hombre sonríe complacido, dominador y protector, y son hechas para que el hombre se sienta un poco a la manera de Dios en relación a aquellas cosas y sentir ahí su propia dignidad.

Prevención contrarrevolucionaria
Podríamos hacer –sin el aspecto peyorativo de la palabra– una “micrología” que sería exactamente lo micro visto del lado no micro.
Hay un “pulchrum” verdadero, digno en el orden del ser, que debe ser comprendido. Hacer la propaganda de lo pequeño bello, en cuanto pequeño para los pequeños, es, a mi ver, uno de los mejores medios de prevención contrarrevolucionaria.
De hecho, para efecto de la lucha, creo que es indispensable. Me gustaría que tuviéramos algunas personas capaces de estudiar y describir la excelencia y la honorificencia ligada al esplendor de lo pequeño. En otros términos, lo que hay de grandeza en esto, y difundirlo por todo el mundo, aparentando no tener una intención de lucha, pero cuando la propaganda revolucionaria entrase, la pólvora ya estaría mojada…
(Extraído de conferencias del 13 y 14/4/1978)







