
Entrega de la espada de San Ignacio de Loyola a San José por el General de la Compañía de Jesús – Manresa, España
Una de las obras más eminentes del amor es la disposición de luchar, y la virtud en la cual todas las demás encuentran su esplendor y una perfección incomparable es la combatividad. La espada es el símbolo de la varonilidad entera, de la disposición de enfrentar la muerte y luchar por aquello que se ama.

Hernán Cortés – Medellín, España
Tenemos que comentar una ficha con consideraciones respecto de la espada, sacada del libro San Fernando III y su época, del Padre Luis de Retana.
Arma que condensa las virtudes del caballero
La espada era algo grande y sagrado, en esa época de la Edad Media en la cual los héroes no tenían otra profesión sino la guerra. Desde el día en que era armado, el caballero no podía dejar de ceñirla nunca, inclusive cuando estuviera sin armadura: con ella vivía, con ella junto a sí dormía, con ella entre las manos moría y era sepultado.
La espada era el arma noble del caballero cristiano y la poesía medieval es infatigable en la descripción de las espadas. La palabra “espada”, en el idioma nórdico, procede de la misma raíz de la palabra “llama” o “incendio”; la espada brilla en la noche y brilla en los combates a la luz del sol. La de Carlomagno tenía treinta refracciones.

Don Pelayo – Santuario de Covadonga, España
La espada del caballero no podía ser tocada sino por él. Besándola y tocando su cruz, él hacía sus juramentos y cuando la legaba a un héroe o a sus hijos, era el más precioso regalo del mundo.
La espada tenía su nombre con el cual, si fuera gloriosa, debería pasar a la Historia, así, el romance y la poesía inmortalizaron la Tizona y la Colada del Cid, la “Joyeuse” y la “Hauteclaire” de Carlomagno, la Gleste, que quiere decir “esplendor”, de Sigfrido. (…)
La razón por la cual la espada era la principal arma del caballero es que ella significaba y condensaba en sí las cuatro principales virtudes del caballero: cordura, fortaleza, ecuanimidad y justicia.
La cordura estaba representada en la empuñadura de la espada, que el hombre tenía encerrada en la mano, y, en cuanto así la tuviera, está en su poder levantarla, bajarla, herir o dejarla.
En el mango está toda su fortaleza, ya que ella sostiene la empuñadura, la guarda y la hoja.
La guarda, colocada entre la empuñadura y la hoja, es el símbolo de la ecuanimidad. La justicia aparece en la hoja

Fernando III, el Santo – Museo del Prado, Madrid
La espada del caballero no podía ser tocada sino por él. Besándola y tocando su cruz, él hacía sus juramentos y cuando la legaba a un héroe o a sus hijos, era el más precioso regalo del mundo.
La espada tenía su nombre con el cual, si fuera gloriosa, debería pasar a la Historia, así, el romance y la poesía inmortalizaron la Tizona y la Colada del Cid, la “Joyeuse” y la “Hauteclaire” de Carlomagno, la Gleste, que quiere decir “esplendor”, de Sigfrido. (…)
La razón por la cual la espada era la principal arma del caballero es que ella significaba y condensaba en sí las cuatro principales virtudes del caballero: cordura, fortaleza, ecuanimidad y justicia.
La cordura estaba representada en la empuñadura de la espada, que el hombre tenía encerrada en la mano, y, en cuanto así la tuviera, está en su poder levantarla, bajarla, herir o dejarla.
En el mango está toda su fortaleza, ya que ella sostiene la empuñadura, la guarda y la hoja.
La guarda, colocada entre la empuñadura y la hoja, es el símbolo de la ecuanimidad. La justicia aparece en la hoja la espada, que es recta y puntiaguda, y corta igualmente de
ambos lados. Por todas esas razones los antiguos determinaron que los caballeros portasen siempre la espada. Es una ficha lindísima, merece ser analizada con más detenimiento.
Símbolo de la dignidad humana
Para que se comprenda algo del pasado hay un método que aconsejo que sea utilizado por los que cultivan la tradición: procurar, antes que nada, los resquicios de ese pasado mientras están vivos. Porque no hay nada mejor que analizar la cosa viva, para que después se entienda
el pasado.

Carlomagno – Catedral de Colonia, Alemania
Hay algo curioso: como arma de guerra, la espada está hoy en día, completamente superada. Ni se piensa que una persona afile una espada para entrar en combate. Podemos decir que de la lista de los armamentos modernos está suprimida. Nadie, por ejemplo, pudiendo comprar un revólver para defenderse, va a adquirir una espada.

El Cid – Burgos, España
No obstante, a pesar de eso, los oficiales de todos los ejércitos del mundo usan espada. Y no se comprende lo contrario.

Batalla de Guararapes Museo Nacional de Bellas Artes, Río de Janeiro

Batalla de Avaí Museo Nacional de Bellas Artes, Río de Janeiro
Cuando un oficial comanda un destacamento y se presenta al mismo, habla con la espada desenvainada. Podría hacer eso con un revólver, pero ¿Qué gracia tendría? Sería cómico, ridículo. ¿Qué gracia tendría hacer eso con la bayoneta? Solamente la espada sirve de símbolo para la actitud de disciplina caballeresca, noble, inherente a lo militar.
Siglos después de que la espada entrara en decadencia como arma, en el momento en que su desaparición es total, aún hoy, como símbolo, no se comprende a un oficial sin su propia espada.
Por otro lado, en casi todos los países existen academias de letras. Los académicos con sus trajes de gala usan una espada. En el momento en que el literato llega al auge de su gloria, cuando es proclamado inmortal, –de la más mortal de las inmortalidades, en fin…– para entrar en la inmortalidad no le dan una gran pluma para que se la coloque a su costado, pues quedaría con un aspecto ridículo. Usando el traje de gala, se acompaña de la espada. Y se sentiría inhibido si no portara la espada.
No sé cómo es hoy en día, pero también hasta hace algún tiempo atrás, el traje de los diplomáticos era usado con espada. ¿Cuál era la razón de eso? Porque la espada quedó asociada a una serie de cosas poéticas, de símbolos de la caballería, de dignidad humana, una serie de cosas que no se disocian de ella. Y eso no es un mero efecto de su aspecto material, es una bonita arma, en cuanto que el revólver es un adefesio.
Los de la Antigüedad Clásica, antes de la Edad Media, no habían hecho en torno de la espada toda la leyenda construida durante el medioevo. Fue la Edad Media que supo ver bien la espada, la sublimó y la transformó en el más alto símbolo de la dignidad humana. Un rey, para su coronación, portaba siempre una espada. Inclusive para todas las cosas que el igualitarismo aún dejó en pie, se usa espada.
Si en nuestra época esto es así, ¿Qué sería la espada en la Edad Media? Ese autor muestra su papel y cómo ella estaba ligada indisolublemente al hombre por un afecto personal.
La espada era considerada –dice él muy bien– casi como un sacramental, ella traía corporificada en sí algo de la dignidad del hombre, de su varonilidad, de su hombría, de su capacidad de ataque y de defensa. Todo eso estaba consubstanciado en ella. Y, por causa de eso, los hombres no se despojaban jamás de ella.
Combatividad, virtud que perfecciona todas las demás
Hasta la Revolución Francesa, los nobles, en funciones civiles, como un baile de corte, por ejemplo, o una recepción, un aniversario, una visita a la casa de un pariente para una pequeña conversación de noche, llevaban su espada en una época en que no tenía significado como defensa, porque las calles ya estaban bien vigiladas por la policía, los ataques nocturnos casi no existían. Por otro lado, ya existían armas mejores defenderse, pero los hidalgos usaban la espada, porque era el símbolo de la hidalguía.

Oficiales de la guardia francesa en el tiempo de Napoleón I – Museo Histórico del Estado, San Petersburgo
Con eso había una noción respecto de la cual yo quería insistir particularmente, porque me parece que es muy importante para que la tengamos en la mente. Aunque el hombre deba estar adornado por toda especie de virtudes, como la sabiduría, la castidad, la virtud en la cual todas la demás encuentran un esplendor y una perfección incomparable es la combatividad.
En eso se encuentra la glorificación de la espada como símbolo de varonilidad entera, significando que el verdadero varón católico muestra la integridad de la virtud en él por la disposición para luchar, por la combatividad. Porque es en la disposición de luchar por una virtud que mostramos su integridad.

Santiago Matamoros – Monasterio de San Martín Pinario, Santiago de Compostela
Espíritu combativo, plenitud del católico
Eso se explica muy bien por un episodio de la vida de Nuestro Señor, en el cual la madre de dos apóstoles se postró delante de Él y le pidió que sus dos hijos ocuparan, uno el lugar a la derecha y el otro a la izquierda de Él.
Y Nuestro Señor dijo: “¿Podéis beber el cáliz que yo voy
a beber?” (Mt 20, 22). Era como si dijese: “¿Sois capaces
de luchar, que es la condición para lo que pedís? ¿Sois capaces de la abnegación, condición para probar el amor?”

1

2

3
La prueba del amor está en la dedicación, en la abnegación. Nuestro Señor lo dijo muy bien: “Nadie tiene mayor amor que aquel que da su vida por sus amigos” (Jn 15, 13).
Como el varón era un hombre responsable por los derechos, por la vida de muchas personas de su familia, probaba esa integridad por la disposición de defender, con riesgo de su propia sangre, aquellos valores morales que representaba. De esto resulta que el uso de la espada es la disposición de dar la vida, de enfrentar el riesgo de muerte y de luchar por todo cuanto se ama.
Hubo una magnífica costumbre de adoración, de los hidalgos, hasta la Revolución Francesa: cuando iban a Misa, en el momento del Evangelio, todos sacaban la espada y oían la lectura con la espada desenvainada. Era el modo de amar del varón: “Sé que ese Evangelio es odiado, porque todo cuanto es bueno, santo y verdadero es odiado en este mundo de tinieblas. Y estoy aquí para afirmar que odio a ese odio y estoy dispuesto a ir hasta la última lucha de odio a odio.”
En esa disposición a la lucha se manifestaba la integridad del católico. El amor sin las obras no es nada, pero una de las obras más eminentes del amor es la disposición de luchar por él. En último análisis, aquí tenemos la justificación del espíritu combativo, como siendo la plenitud del católico y de la varonilidad de un hombre.

4

5
Fulgor simbólico y poético de la espada
La ficha nos describe, de un modo muy bello, el papel de la espada en la Edad Media. Los medievales supieron ver todo eso simbolizado en ella.
La espada de Carlomagno, por ejemplo, tenía treinta reflejos. Podemos imaginar la belleza del gesto: Carlomagno, emperador imponente, germano corpulento, montado en un caballo legendario, en el momento de partir en dos un pagano o un mahometano, movido por el amor de Dios, sacaba la espada y la descargaba sobre un salvaje, como un nuevo San Miguel. Sin embargo, antes de caer victoriosa sobre el adversario, la espada brillaba con treinta refracciones.
Esa idea de algo que brilla a la luz del sol antes de asestar el golpe de muerte, es eminentemente medieval.

6
Es el fulgor simbólico, poético, artístico, de la espada que brilla, porque es brillante hacer eso. Es el brillo del varón en la plena expansión de sus cualidades, de su fuego, de su sentido de responsabilidad, de su abnegación, avanzando y, antes de matar, el sol baja sobre su espada, da treinta refracciones diferentes y después obtiene como resultado un sarraceno o un pagano muerto a sus pies. Es una belleza tan superior que, si un alma queda insensible a esa forma de belleza, no sé a qué será sensible.

7

8
A cierta altura, el autor describe la cordura como siendo la virtud de la disciplina, la cual está simbolizada en el mango de la espada. Eso significa que la espada es obediente, pues hace todo lo que su dueño le manda. Perfora todo cuanto él quiere, corta todo cuanto él quiere que corte; previene todos los golpes. Entonces, la cordura es una virtud activa, propia de aquel que, destinado al combate, lucha como le fue mandado. Esa cordura es la disciplina militar.

Sepulcro de Don Juan de Austria – El Escorial, Madrid
La más preciosa de las herencias
El militar presta sus juramentos sobre la cruz de la espada. La cruz es sagrada para él, porque representa el sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo, es su honor como cristiano. Inclusive en el momento de morir, el hidalgo es sepultado con su espada, excepto si la lega a algún héroe o a un hijo. Esa es la más preciosa de las herencias.
¿Qué es más bonito decir: “Yo heredé de mi padre una espada”, o “Heredé de mi padre una industria, una Frigidaire”, 2 o “un Cadillac”? Puede ser más lucrativo heredar una industria. Pero cómo es más bonito decir: “Yo heredé de mi padre la espada que él usó como militar, en los campos de batalla, donde defendió la Civilización Cristiana; fue un héroe y murió en la guerra.” Esa espada se transformaría en una reliquia, se podría colocarla sobre un altar o guardarla en una Capilla.
La cosa más bonita que un hombre puede dejar, en ese orden de valores, para sus descendientes, es un bonito nombre. Pues bien, la espada es algo casi tan bello como el nombre. Mejor elogio de la espada no podría haber.

Carlomagno con uno de sus pares – Iglesia de Santa Eulalia, Bordeaux, Francia
Nociones que fueron desapareciendo
Surge una pregunta: ¿Por qué razón los hombres de antes de la Revolución Francesa podían usar espada y después de esta, en el traje común, no se usó más? En primer lugar, porque el espíritu de la Revolución Francesa no sólo es contrario a la nobleza como institución, sino también en cuanto valor, o sea, la Revolución tiende a denigrar cada vez más todo cuanto es noble.
En nuestros días, con frecuencia oímos hablar de que las cosas son caras o baratas, útiles o inútiles; ¿cuántas veces oímos decir que una cosa es noble? Esta palabra está casi eliminada del vocabulario.
Los trajes reflejan la vulgaridad de los hombres. Es imposible portar una espada con un saco. ¿Por qué? No es porque la espada quede ridícula, sino porque se queda payasesco con ella.

Godofredo de Bouillon Cosenza, Italia
Esa indumentaria es incompatible con la espada. ¿Puede haber algo que muestre más la decadencia de una civilización decir que el símbolo del honor no quepa más en sus varones? ¿Hay algo más chocante que eso? Eso es obra de la Revolución Francesa completada por el comunismo.
La noción de honor, de grandeza y de dignidad van desapareciendo cada vez más.
Se lee, por ejemplo, en los noticieros internacionales, sobre el centenario de la guerra de 1871, entre Francia y Alemania, en la cual la Alsacia-Lorena, dos provincias francesas, fueron anexadas a Alemania. El principal comentario de los franceses respecto de aquella ocupación fue de que era contra su honor.

“Reina María Santísima de la Aurora, que disipa las tinieblas de la herejía” – Museo Palacio de Cultura Citibanamex, Ciudad de México
Hoy en día, no se diría más eso. Se diría: “Esas son provincias fecundas y rinden para el erario nacional. Tienen vacas lecheras que dan dinero. Infelizmente desequilibraron nuestro presupuesto…” O sea, un país que se transformó en una cooperativa, en un negocio. La idea de un alma común, de un honor común a defender, va desapareciendo de la propia idea de patria. Las cuestiones diplomáticas no envuelven más puntos de honor, solo cuestiones de interés.
Entonces, debemos volver nuestros ojos con reverencia para la espada. ¡Y cómo sería bonito si tuviéramos una bella espada para venerarla como símbolo de una tradición a la cual somos fieles!

Roland (colección particular) – Madrid
(Extraído de conferencia del 9/5/1969)
_________
1) RETANA, Luis de. San Fernando III y su época. Madrid: Editorial El Perpetuo Socorro, 1941.
2) Marca de electrodomésticos.







