El mensaje de Fátima y el triunfo de la Contra-Revolución

Publicado el 05/04/2026

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¿Habrá un milagro capaz de detener el proceso revolucionario que, desde tiempos remotos, viene convulsionando al mundo? ¿La Contra Revolución vencerá? Deberá haber un gran entrechoque cuyo resultado será la derrota de la Revolución y la victoria del Reino de María.  

Plinio Corrêa de Oliveira

Debo tratar del tema de la irreversibilidad de la Contra Revolución. Es un tema complejo y amplio y que me obliga a ser muy denso en mi exposición, dejando de lado cualquier floritura oratoria o literaria, para tratar exclusiva y directamente de la materia.

Esclareciendo conceptos: reversibilidad e irreversibilidad

Para poder tratar bien el tema, debemos dividirlo. La primera parte es el concepto de irreversibilidad, a partir del cual comprenderemos la importancia de esta conferencia. Reversible es aquello que puede volver atrás, como la marcha de un automóvil.

El Dr. Plinio en julio de 1971

Es decir, el vehículo se pone en marcha en una determinada dirección, pero puede, en cualquier momento, hacer el camino inverso.

Irreversible es aquello que, una vez puesto en marcha, no tiene posibilidad de revertirse. Puede ser destruido, liquidado, pero no puede volver atrás.

Una vez entendido este concepto, paso a la tesis: hoy en día, la Revolución es irreversible, de donde se deduce que la Contra Revolución también lo sea.

La Revolución se encuentra en un apogeo en el que, necesariamente, tiene que llegar a sus últimas violencias y a sus últimos excesos; por otro lado, y por eso mismo, camina hacia su destrucción y, en consecuencia, y victoria de la Contra Revolución es irreversible. Este es, en esencia, el pensamiento que voy a desarrollar.

Una vez enunciada la tesis, le doy la importancia y el alcance que tiene para nosotros.

Vemos que hoy en día, existe una enorme desproporción entre las fuerzas de la Revolución y las de la Contra Revolución. La Revolución se nos presenta como un poder mundial, abrumador, en comparación con el cual las fuerzas de la Contra-Revolución se muestran muy inferiores, humanamente hablando. De ahí deriva una pregunta para nosotros: ¿Cuál es el sentido de nuestra lucha? Dada esta enorme desproporción de fuerzas, ¿podremos vencer?

Es un problema que a menudo, de forma consciente o subconsciente, aflorará en nuestro espíritu, y esta conferencia es fundamental para resolverlo, porque mostrará qué motivos racionales hay para que nosotros, como católicos, tengamos la certeza de nuestra victoria.

La procesividad de la Revolución

Paso a la tercera parte de la conferencia, en la que demostraré la irreversibilidad de la Revolución y, a continuación, en la cuarta parte, la irreversibilidad de la Contra Revolución. No es posible comprender la irreversibilidad de la Revolución si no sabemos lo que es un proceso, ya que es procesual.

Observamos en la naturaleza que las causas, sean cuales sean, son de diversos tipos. Algunas producen un solo efecto y luego mueren. Por ejemplo, si alguien enciende un cohete, ve salir de él una llama que se pierde en el aire y se desvanece. Esa causa produjo un efecto, murió al producirlo, y el mismo efecto se extinguió poco después.

La causa puede producir varios efectos simultáneos, como un fuego artificial que lanza cinco, diez, veinte llamas fugaces al aire, y que se apagan enseguida. Esto no es un proceso. Entonces, ¿a qué llamamos proceso?

El proceso es el conjunto de operaciones o hechos desencadenados por una sucesión de causas y efectos; es una causa cuyo efecto se convierte en causa de otros, en una cadena continua.

Dos tipos de procesos: descenso o ascenso

Hay dos tipos de procesos. Uno es aquel en el que la causa produce efectos en descenso, los cuales tienden a extinguirse. Un ejemplo común es el juego del billar, el billar norteamericano. Sobre la mesa hay varias bolas y en las esquinas las troneras. Una persona golpea una bola con el taco; esta mueve otra, que mueve una segunda, que mueve una tercera. El impulso recibido por la última bola es mucho más débil que el inicial, porque la energía se va agotando a medida que pasa de una bola a otra, hasta extinguirse. Es un proceso, pero en descenso.

Ahora bien, hay procesos, por el contrario, que se producen en ascenso y son frecuentes en lo que respecta al alma humana, no en el orden físico, sino en el moral.

Consideremos a una persona que tiene una inclinación natural, por ejemplo, hereditaria, a emborracharse. Toma una primera copa, que despierta en ella todo su atavismo. Error. El efecto de la primera copa es que ella quiera tomar una segunda, la que le dará un deseo mucho mayor de emborracharse; y así, cada copa sucesiva aumentará su vicio, lo que dará como resultado un proceso ascendente, cuya causa se alimenta de sus propios efectos. Se dice que ciertos asesinos nunca antes habían pensado en matar.

Almuerzo en el parque – Museo de Bellas Artes de Boston

en un momento dado, matan por primera vez y se quedan electrizados con esa idea de la muerte. Cada vez que cometen un homicidio, quieren matar más y el proceso de corrupción moral va en aumento.

Con todos los vicios y defectos morales sucede así: el proceso es ascendente. Es evidente que el hombre puede detenerlo, de lo contrario, llegará al delirio, a la locura. Pero esta es la marcha del vicio. Ahora bien, este proceso ascendente aún no es irreversible.

La marcha viciosa de la Revolución rumbo al auge de la maldad

Ante este inmenso proceso de la Revolución, vicioso, ascendente y galopante, nos preguntamos: ¿Por qué es irreversible? ¿Por qué no se puede evitar que la Revolución llegue a sus últimos horrores? Está orientada hacia los horrores y ya no volverá atrás.

Consideremos este principio en el alma de un individuo y, luego, en la psicología de un pueblo. Cuando un individuo se enreda demasiado, por ejemplo, en las drogas, cuando ese vicio está casi en su última fase, en el punto de producir en él los peores horrores, salvo una gracia excepcionalísima de Dios, ese vicio ya no es vencible, individualmente hablando. El individuo llegará a la degeneración final.

Lo mismo ocurre con una persona que tiene la costumbre de jugar. Los bancos no prestan dinero a personas con este mal hábito e incluso tienen un sistema de control sobre aquellos que les piden dinero; si son jugadores, les niegan el crédito. Un banquero podría incluso pensar: “No, pero ¿Quién sabe si deja ese vicio?”. Pone en duda el “quién sabe”, ¿no es cierto? Porque el proceso normal es que no lo deje y que el vicio vaya creciendo y se hunda por completo. Ese es el dinamismo propio del vicio cuando llega a su último extremo.

La Revolución es un proceso de vicios que, como está dicho en el libro R-CR, resulta, sobre todo, de la exacerbación de la sensualidad y del orgullo, que avanzan a galope y llevan fácilmente al delirio, cada uno a su manera.

Estos vicios de los que resulta la Revolución se volvieron tan profundos y tan generales, que está comprometida hasta tal punto, que, salvo un milagro, solo puede llegar a su propio auge. No hay otro camino posible.

La irreversibilidad del proceso revolucionario en la actualidad

Hago una descripción de la coyuntura contemporánea que demuestra que la Revolución se encuentra en esta situación, utilizando la distinción entre las dos formas de subversión: la clásica, que se realiza a través del progresismo, la democracia cristiana, el socialismo y el comunismo; y la neosubversión hippie-contestataria.

La subversión comunista, en este momento, se lleva a cabo en virtud de dos órdenes de hechos. Uno es el extraordinario poder con el que el comunismo se manifiesta cada vez más, avanzando por todas partes. Por otro lado, este avance comunista se ve agravado por la falta de una reacción contraria. Las dos mayores potencias anticomunistas del mundo, cada una en su propia esfera, eran hasta hace poco: en la esfera temporal, los Estados Unidos; en la esfera espiritual, la Iglesia.

Los Estados Unidos no solo abandonan el liderazgo de la lucha anticomunista, sino que son infiltrados. Es un hecho notorio, no admite la menor discusión, los propios estadounidenses lo afirman. Lamentablemente, con sangre brotando de nuestro corazón de católicos, debemos reconocer que la Iglesia está abandonando el liderazgo espiritual de la lucha anticomunista. Es evidente… El liderazgo anticomunista se ha transformado en una colaboración con el comunismo. En líneas muy rápidas, esa es la marcha ascendente de la subversión clásica.

La Revolución – Museo de Política e Historia de Rusia, San Petersburgo

La subversión contestataria hippie no existe bajo la forma de partido o asociación definida; es una especie de lepra o erisipela que va cubriendo todo el cuerpo de la sociedad contemporánea.

El hipismo no consiste solamente en el hecho de que algunos jóvenes se entreguen a la vida hippie, sino en que innumerables jóvenes, que no viven la vida hippie, adquieren hábitos y mentalidad hippies. Es una realidad universal, no sirve de nada querer cerrar los ojos: comienza en un lugar y se extiende por todas partes, como más o menos ya está sucediendo.

El resultado es que el mundo occidental está minado por este proceso, por dos agresiones: una externa, del mundo oriental hacia aquí, y otra —nuestra enfermedad interna— que es la agresión contestataria. Ahora bien, cuando las cosas llegan a este extremo, no hay razón para esperar que, del orden natural de las cosas, surja una fuerza capaz de contenerlo. ¿Cuál es el fin? Es el comunismo, de una forma u otra, ya sea por la victoria de los rusos o por la degeneración interna. No hay escapatoria.

La propia Revolución ya es un castigo

Ahora voy a plantear una objeción contra mi argumento. Estoy demostrando que la Revolución es irreversible y que, humanamente hablando, nada más la detiene. Pero podríamos preguntarnos: si los medios naturales ya no pueden detener el avance de la Revolución, ¿puede ser detenida por un milagro? Si el milagro es un hecho sobrenatural, que solo puede ser determinado por razones sobrenaturales, ¿hay razones para esperarlo? Respondo: ¡no las hay! Por dos motivos muy claros.

El primero es que Nuestra Señora declaró en Fátima que, si los hombres no se convertían de su inmoralidad y su impiedad, el comunismo se extendería por todo el mundo. Esto daría origen a una gran persecución, durante la cual el Papa tendría mucho que sufrir. Esto está textual en todas las versiones de las revelaciones de Fátima.

Ahora bien, estas revelaciones fueron hechas en 1917, poco antes del final de la Primera Guerra Mundial. Comparen la inmoralidad de aquella época con la de hoy. ¡Es un abismo! En cuanto a la vestimenta, las costumbres, todo, la decadencia que se produjo fue simplemente prodigiosa. Comparen el estado de la religión en aquella época con el progreso del ateísmo en nuestros días. También es un prodigio. Entonces, ha de venir el castigo, porque Nuestra Señora puso una condición: penitencia o castigo. No hubo penitencia, hubo agravamiento del pecado; por lo tanto, vendrá el castigo. No puede ser más claro. Así, ya está anunciado que no habrá milagro.

Hay otra razón también, y es teológica, muy profunda. Santo Tomás, San Agustín, los grandes Doctores de la Iglesia dicen lo siguiente: muchas veces los hombres malos, los pecadores, son felices en la Tierra, pero luego son castigados en el Infierno. Por el contrario, cuántas veces ocurre que los hombres virtuosos son infelices en la Tierra y premiados en el Cielo. Todos lo sabemos. Pero, dicen que, con los pueblos, las naciones, los países, no sucederá lo mismo que con los individuos. Y la razón es muy interesante.

En el cielo habrá españoles, portugueses, uruguayos, argentinos, colombianos, brasileños, en fin, de todas partes. Pero no habrá un Brasil, ni un Portugal, ni una España, ni una Argentina, ni un Uruguay, ni una Colombia. ¿Por qué? Porque los países son instituciones terrenales, que deben ser premiadas o castigadas en la Tierra, por el bien o el mal que hacen en ella. De ahí que esa montaña de pecados cometidos tenga que ser castigada. ¿Cuál es el castigo? Es la propia Revolución, el caos, la explosión hacia la que se dirige.

La Revolución ya está a punto de alcanzar su dominio definitivo sobre el mundo. Por lo tanto, caminamos hacia una explosión, porque es un proceso irreversible. Podemos preguntarnos: ¿por qué la Contra Revolución también es irreversible? Hasta ahora parece que está aplastada.

La promesa de la Reina de los Cielos afirma la irreversibilidad del bien

Hay un principio histórico que debemos considerar, y es el siguiente: a lo largo de la Historia, muchos pueblos fueron destruidos porque llevaron el pecado a un punto intolerable para la gloria de Dios. Dos ejemplos famosos son el Diluvio y la dispersión de los pueblos en la Torre de Babel.

Vemos también muchos otros pueblos, como el Imperio Romano de Occidente y el Imperio Romano de Oriente. Cuando el pecado alcanza un cierto auge, la cólera de Dios interviene y castiga. Así es el curso de los acontecimientos. Por lo tanto, Dios no permitirá que el mundo permanezca establemente en un régimen comunista y contestatario, mucho peor que Sodoma y Gomorra, peor que todo.

Si es cierto que Dios no permitirá eso, una de dos: o llega el fin del mundo o deberá llegar una era en la que ya no haya todo ese lado malo. De ahí no hay escapatoria. ¿Llegará el fin del mundo? Hay varias razones para pensar que no. Solo daré dos: la primera es lo que Nuestra Señora anunció en Fátima: “Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará”. Luego, en este contexto, es seguro que el mundo continuará con el Inmaculado Corazón de Ella triunfando.

Embarque en el Arca de Noé – Iglesia de San Mauricio, Milán

Ella podría haber utilizado la siguiente expresión: “Mi Inmaculado Corazón vencerá”. Ella dice “triunfará”, lo que transmite una diferencia de matiz muy acentuada. Un triunfo es una victoria insigne y muy grande; Ella anuncia una victoria con gloria, en la que se convertirá en la Señora de la situación. Por lo tanto, vendrá su Reino, porque no se comprende que Ella venza sin ser Reina.

La Torre de Babel – Museo de San Pedro, Salzburgo, Austria

Quien sabe analizar el mensaje de Fátima ve que en él se afirma la victoria del comunismo, su generalización y su derrota, y se pronostica el Reino de María.

Robo en una iglesia, en 1793 – Museo de la Revolución Francesa, en el Castillo de Vizille, Francia

Ante la efímera victoria del mal y el triunfo del Inmaculado Corazón de María

En segundo lugar, hay una regla de sabiduría natural que está en esta línea. Tomen un hombre, por ejemplo, al que mató a Santa María Goretti, niña italiana de 11 años. Se sabe que, después del crimen, se convirtió e hizo lo único que le correspondía hacer: al salir de la cárcel, se hizo fraile. Porque las grandes conversiones llevan a la santidad y no a la mediocridad.

Si el mundo no debe acabar, la parte de la humanidad que quede después del castigo tendrá que convertirse; esa conversión solo puede ser muy radical. Por lo tanto, la maldad debe ser sustituida por una gran virtud, y este es un motivo más que afirma la llegada del Reino de María y no el fin del mundo. Hay aún otra razón para que juzguemos que el mundo no acabará y que, por el contrario, dará lugar a una gran conversión: en el mundo actual, la maldad proviene sobre todo de las élites podridas. Hay muchos que se dejan arrastrar y adhieren a la Revolución por cierta debilidad. Es evidente que, en atención a ellos, no venga el fin del mundo, ya que, si no son tan culpables, es comprensible que no sean exterminados. Es natural: donde menor es el pecado, menor ha de ser el castigo.

Así, hemos demostrado, por un lado, la victoria del comunismo y, por otro, la victoria de Nuestra Señora. Pero, entre una y otra, ¿qué quedará? Hay una especie de contradicción en lo que digo. Porque, por un lado, digo que tiene que venir un gran castigo y, luego, digo que la humanidad continuará. Entonces, ¿cómo será ese castigo? ¿Quién será castigado? Muchos tienen que ser exterminados. Y el mensaje de Fátima dice esto: “Varias naciones serán aniquiladas… 1” Probablemente, los incorregibles serán eliminados. ¿Cómo será esto? Es posible que haya una guerra; que venga por el medio algún castigo misterioso y que no sea solo una guerra; tal vez se mezclará con ella y va a llevarse a los incorregibles para eliminarlos. Si naciones enteras tienen que ser exterminadas, habrá una guerra o habrá un castigo misterioso que las extirpará. Una epidemia terrible, algo que no sabemos qué será.

¿Cuáles son las naciones que serán exterminadas? Las más pecadoras evidentemente. Y si ellas serán exterminadas, en otras naciones solo los mayores pecadores serán exterminados, porque va a ser la caza del pecado. ¿Qué quedará? Lo que sea más limpio, más blanco, más luminoso. O, al menos, menos hediondo, menos sucio, menos oscuro. Tenemos, entonces, el gran caos, el gran entrechoque que hará la transición entre la derrota de la Revolución y la victoria del Reino de María.

Una demostración irrefutable para las almas con fe

Mi demostración está concluida, solo la resumo. Demostré que la Revolución es irreversible y, por ser irreversible, o el mundo se acaba —y no va a acabar— o la Contra Revolución triunfa y domina el mundo, y esto es forzoso. ¿De qué manera la Contra-Revolución domina? Por la intervención de un gran castigo que liquida el poder de los malos y por la lucha de los buenos que vencen en nombre de María.

El Dr. Plinio en julio de 1971

Por lo tanto, queda pronosticado que un puñado de buenos luchará incluso en las peores ocasiones y levantará el estandarte de Nuestra Señora durante la batalla. Y estos, que, por ahora, numéricamente son muy pocos en comparación con la inmensa masa de la Revolución, tienen de su lado el curso de los acontecimientos, porque el mal camina inevitablemente hacia su propia muerte y aniquilación; él se destruye a sí mismo.

Es como una enfermedad. Cuando tiene libre curso en un organismo, mata al enfermo. Ahora bien, al matarlo, ella misma muere. El cáncer mata al canceroso, pero su muerte es la muerte del propio cáncer. Así es el mal: en su evolución se destruye a sí mismo. Y entonces, los únicos que quedan serán aquellos que hubiesen sido fieles. Un número pequeño, insignificante, que sigue luchando valiente e imperturbablemente.

En la lucha diaria, tal vez nos preguntemos varias veces sobre estas cuestiones, sobre todo a medida que la Revolución vaya creciendo y pareciendo incontenible. Me gustaría que esta conferencia fuese una demostración sin literatura, sin florituras, pero irrefutable para el hombre que tenga fe.

La recompensa del luchador de María

Se nos ha concedido el hermoso papel de ser bendecidos por Nuestra Señora, elegidos entre millones, aquellos que ahora no ceden ni transigen en nada, no retroceden ante ninguna lucha, no temen ningún sacrificio y quieren tener todas las dedicaciones y todos los heroísmos. Aquellos que están dispuestos a ser cada vez más dedicados, a medida que la lucha se vuelva más feroz.

Aquellos para quienes será un premio inconmensurable atravesar los acontecimientos y encontrar al otro lado el Reino de María. Nuestra Señora, sonriendo, nos dirá aquellas palabras de Dios a Abraham: “Yo mismo seré vuestra recompensa, demasiadamente grande” (cf. Gen 15,1).

Nuestra lucha es difícil, ardua, terrible, pero Ella ha de ser nuestra recompensa demasiadamente grande. ¿La única recompensa? ¡No! Aquellos que lo abandonan todo por amor a Ella, ya reciben el ciento por uno en esta vida, en el acto de la renuncia. Trabajamos, luchamos, mientras otros se divierten. Somos perseguidos, atacados, contestados por un mundo en desagregación que no nos comprende, porque no quiere comprendernos. Pero llevamos con nosotros, desde ya, un premio que vale más que todos los demás: la paz de conciencia, la tranquilidad de la verdad conocida, de la causa justa adoptada, de la vida entregada a su verdadera finalidad y que sigue su camino.

Que Nuestra Señora nos mantenga en la lucha contra sus enemigos, con esa paz interior del alma, esperando el Reino de Ella. v

(Extraído de conferencia del 14/7/1971)

1) HERMANA LÚCIA. Memorias I. Cuarta Memoria, c.II, n.5. 13.ª ed. Fátima: Secretariado dos Pastorinhos, 2007, p.177.  

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