Cuanto más ama el hombre a Dios, más sensible se vuelve al bien y al mal, llegando a ser capaz de discernir la acción de los ángeles buenos y de los ángeles malos sobre sí mismo y sobre los ambientes. Luchando contra el demonio, se libra la más prodigiosa de las guerras psicológicas contrarrevolucionarias.
Plinio Corrêa de Oliveira

Tanto ángeles como demonios se conocen y se ven de una manera puramente espiritual.
Idea vaga de cómo se conocen los espíritus entre sí
¿Cómo un espíritu puro conoce a otro? Es difícil saberlo, pero se puede tener una idea considerando lo siguiente: constituidos de cuerpo y alma, no tenemos la posibilidad de ver el alma de otro, pero podemos conocerla a través de la mirada.
¡Qué maravilla de visibilidad percibir en movimientos submicroscópicos, cuyo conjunto, por una interpretación muy delicada, da el conocimiento de una mirada! Es algo extraordinario.
No hay un alma que vea directamente a otra, pero sí existe una simbología de la mirada a través de la cual, por las más mínimas contracciones, se conoce un estado de espíritu y se sacan conclusiones psicológicas, espirituales, morales, artísticas y culturales.
A tal punto que, respecto a la mirada tan significativa de la imagen de Nuestra Señora de Fátima que lloró en Nueva Orleans, fue posible escribir Peregrinando dentro de una mirada. Esta expresión supone que existen miradas tan profundas, dentro de las cuales se puede hacer una peregrinación; como también hay miradas a puertas cerradas que dicen: “No me penetre, porque lo que está aquí no es para usted y puede que sea contra usted. Míreme si quiere, pero he cerrado cierta escotilla y observe que está cerrada.”
A través de la forma en que una mirada percibe a otro, puede hacerse una idea vaga de cómo un espíritu conoce a otro. Es casi como si fuera una mirada de alma a alma.
Pero también hay otra forma de conocer a los demás –¡hélas! A menudo no nos conocemos a nosotros mismos… – es una cierta vibración vital o nerviosa que, en un estado más o menos evidente, todo el mundo lleva dentro de sí. A veces una persona entra en una sala y se llena con ella. Otras veces, entran cinco en un ambiente y parece que no entró nadie. ¿Por qué ocurre esto? Tomemos, por ejemplo, a Carlomagno.

Estatua peregrina de Nuestra Señora de Fátima – Nueva Orleans (Estados Unidos)
Carlomagno, un ejemplo de alma grandiosa
Carlomagno llevaba consigo a Europa. Pero dónde la tenía, ¿en los ojos? Especialmente en ellos, pero también en sus brazos poderosos, en la estatura alta capaz de dominar, en su voz que puedo imaginar vigorosa; en la composición de las frases, no siempre muy pulidas ni muy escogidas, pero siempre con significado, sin decir nunca nada vacío o tonto. A través de todo esto podemos imaginar cómo él llenaba una sala, un país, un continente, ¡Él llenaba el propio imperio!
Se podría decir que él era emperador más por ese poder que le había sido concedido de llenar un continente con su alma —porque no era con su cuerpo que lo llenaba—, que por el poder de mandar. El poder jurídico de mandar era, quizás, uno de los menos importantes en él. El de su personalidad era mayor.
Semejantes que se alegran, diferentes que se repelen
Existe un principio latino que dice similis simili gaudet –el semejante se alegra con su semejante. Nosotros tenemos algo por lo que, al encontrarnos y tratar con una persona similar, nos alegramos; cuando tratamos con una persona diferente, sentimos un desagrado.
Esto también ocurre, pero de una manera muy fuerte, entre espíritus puros, porque uno conoce el fondo del otro, ellos como que se miran; las semejanzas de un ángel bueno atraen a otro; las diferencias con los ángeles malignos repugnan y provocan odio. Teniendo en cuenta que no hay distancia física entre ellos, se entiende lo fácil que es para ellos conocerse y con qué fuerza se atraen y se repugnan. Las relaciones entre ellos son muy fuertes, diría que son muy sólidas.

Carlomagno – Iglesia de la Abadía de Saint-Florent du Mont-Glonne, Saint Florent le Veil, Francia
Ellos se perciben mutuamente, se atraen y se repelen, se aman o se odian. Y es así como debemos imaginar su actitud hacia nosotros, y de alguna manera la nuestra hacia ellos.
Entre lo virtuoso que hay en nosotros y lo santo en los ángeles buenos — todo es santo en ellos — hay una enorme atracción. Por ahí entendemos que, a veces, una sensación de bienestar, de alegría ante el deber cumplido, ante la conciencia tranquila o ante una victoria alcanzada, pueda alegrar a un Ángel. También es comprensible que, si un ángel pasa sobre nosotros, quiera hacer sentir su presencia por el gusto que le damos, y pida permiso a Dios para hacerse sentir.
La acción de los ángeles y de los demonios sobre los hombres
Si en una reunión, por ejemplo, hay una gracia colectiva muy grande, se puede decir que un Ángel sobrevoló en ella. A veces es lo contrario, no sobrevoló un ángel, sino algo pesado. Cuando va a comenzar la reunión, uno tiene la impresión de que las almas están dispersas, que todos están hipnotizados por trivialidades y, como resultado, la reunión no da resultado. Es una burbuja con un demonio que se está haciendo sentir.
Cabe señalar que en este asunto existe una confusión intencional querida por Dios en su sabiduría, por la cual a menudo hay fenómenos puramente naturales muy parecidos con esto, y muchas veces hay fenómenos auténticamente sobrenaturales que no se parecen en absoluto a esto. Cabe admitir que la acción de ángeles buenos y de los malos sobre los hombres es mucho más frecuente que cuando esa acción se realiza de hombre a hombre. Así, puede ser que ambos actúen mucho más en nuestra vida de lo que parece.
Capacidad para percibir la acción de los ángeles buenos y malos
¿Cómo es nuestra capacidad para percibirlos? Cuanto más ama el hombre a Dios, más sensible se vuelve al bien y al mal, a menos que Dios haya ordenado retirar sus maravillas para poner a prueba un alma, y entonces ésta queda en la aridez. Si no es así, el alma que ama a Dios puede, con mayor o menor frecuencia, según la sabiduría de Dios, que en el fondo es nuestro gran director espiritual, percibir más o menos cosas, que a veces son puros hechos físicos de poca importancia, pero que a veces son sus acciones en nuestra alma.
Como el alma que ama mucho a Dios es más sensible a lo divino y, por tanto, más sensible a lo sobrenatural, así también el alma que odia mucho a Dios es más sensible a lo preternatural, a su manera, y menos sensible a lo divino, o más sensible para odiar.
Por ejemplo, cuando se reúne un grupo de hombres como nosotros, hay, sin darnos cuenta, una especie de interrelación, de “telegrafía inalámbrica” de este y de aquel junto con aquel y aquel otro, que indica muy bien los mil imponderables por los cuales el conjunto, como un todo, para bien o para mal, está actuando sobre cada uno.

El Dr. Plinio, en 1986, durante una conferencia
Armonías y cacofonías
¿Qué acción es esta? Es una composición, en el sentido propio de la palabra. De la misma manera, se puede hablar de una composición musical cacofónica o armónica.

Hay una armonía de almas buenas cuando se reúnen para amar a Dios, pero también hay una distonía, una cacofonía, cuando unas aman a Dios y otras no. De esto resulta un embate glorioso, si las almas buenas son fuertes y pisan a las otras; y hay una flojera apestosa y vergonzosa, cuando el alma buena es débil y se deja aplastar. Así existen mil imponderables que, sin saber estamos sintiendo, realmente sentimos.
Estos imponderables generan una influencia que no sabemos cómo evaluar, pero hay lo siguiente: si en un ambiente de esos la gracia flota –los ángeles son portadores de la gracia, aunque no es indispensable que haya un ángel para que haya gracia–, atrae a los Ángeles. Si, por lo contrario, la gracia no existe, sino la desgracia, la no gracia, entonces los ángeles son repelidos y el diablo viene contento.
Así, en un auditorio, durante una conferencia o durante una muy buena ejecución musical o cuando ésta deja que desear, los ángeles que sobrevuelan ahí se atraen más o menos, los demonios se atraen más o menos.
Sin embargo, vivimos en un mundo del que se diría que los ángeles y los demonios desertaron. Todos los hombres viven inmersos en la creencia de que no existen y que, por tanto, no actúan en los acontecimientos contemporáneos. Quienes nos deberían hablar en nombre de la Fe casi no nos hablan sobre eso, cuando no silencian completamente. Las sagradas tubas de la Iglesia Católica parecen mudas frente a esas grandes verdades de las que tanto hablan las Sagradas Escrituras.
Soldados inconscientes de una guerra psicológica
Por otro lado, se oye hablar de paz, tranquilidad, comodidad, dinero, salud, la perspectiva de que nada va a ocurrir, superficialidad, desenfreno, falta de seriedad, complot continuo contra la Iglesia Católica, de fuera y de adentro, y ruina de todo lo que es sagrado y bueno en la tierra, de todo lo que da a la vida una razón para ser vivida. ¿Esto es vida o es esto la muerte? Ya ni lo sabemos bien…
Se diría que, por algunos aspectos, estamos en el apogeo del belicismo, ya que las armas que los hombres han fabricado nunca fueron tan terribles, tan exterminadoras, como en nuestro tiempo. Por otro lado, nunca ha existido una era histórica tan larga, como la que va desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad –¿hasta cuándo? Dios sabe–, atravesada por un tan pesado y severo temor de la guerra.
Se habla mucho de la bomba atómica; es evidente que es un medio de terrible destrucción. Pero poco se dice sobre la guerra psicológica, que se libra constantemente, no solo entre los militares, sino también entre civiles; todos son soldados de esta guerra y sin consciencia de eso.
¿Qué es la guerra psicológica? Es un sistema por el cual, mediante una propaganda hábil, un pueblo le quita a otro la voluntad de luchar y así los derrota antes de invadir sus fronteras. ¿Cómo se hace eso?
Se hace, sin duda, contando con un gran mecanismo de traidores al propio pueblo que, estimulados por el dinero, la influencia y la esperanza de una carrera, o por otras circunstancias, se prestan a ese juego.
¿Abandonado por los Ángeles?
De vez en cuando se repite entre nosotros la hermosa frase de Judas Macabeo: “Es mejor morir que vivir en una tierra devastada y sin honra” (1 Mc 3,59). En cuanto a la moral, esta tierra no podría estar más devastada. Es cierto que está llena de rascacielos, de fuentes de placer, pero las almas están desoladas, y si es así, ¿qué queda en pie? Alguien dirá: “En las brillantes luchas de los Macabeos, combates cuerpo a cuerpo, palpables, visibles, iban con armas; Judas Macabeo avanzaba entre ellos como un héroe que enaltecía a todos los restos de lealtad a la nación elegida.” Fue realmente magnífico. Pero los ángeles también estaban presentes, aparecieron en forma de seres humanos: un caballero que apareció al frente del ejército, vestido con armas de oro y luchando (cf. 2 Mc 11, 6-12).

Judas Macabeo – Capilla de Nuestra Señora de la Consolación, Pierrelongue, Francia
Esto no es posible hoy en día. ¿Por qué? Porque una ráfaga de ametralladora acabaría con Judas Macabeo y sus hombres. Alguien dirá: “¡Pero ese hombre era un ángel!” Decimos: “Esta bien, pero debemos reconocer que no hay ángeles entre nosotros, estamos abandonados por ellos. Pobre compensación: también estamos abandonados por los demonios.”
Cuántos pacifistas hay hoy que sostienen que es mejor entregar el país al yugo ruso que enfrentar un bombardeo atómico. Judas Macabeo se indignaría y diría: “¡Hombres sin vergüenza y sin fe!”
Maniobra psicológica
Esto está relacionado con una maniobra. ¿Cuál? Tomemos a un pueblo criado en la admiración de la gloria militar y a otro que crece con el pánico de la guerra. ¿La guerra no está ya medio definida? ¡Es evidente! Si el miedo reina por un lado y el coraje por otro, pregunto: ¿cuál es el resultado de la guerra? No puede haber muchas dudas.
Esta es la guerra psicológica, por la que han ido gradualmente sacando de todos los juguetes infantiles, de las antologías donde estudian los niños, pasajes famosos de la Historia que, por ejemplo, en mi tiempo, recordaban muchas escenas de batalla, muchas escenas de coraje, y donde el coraje se ponía en los cuernos de la luna como elogio; todo esto ha sido eliminado. Y en lugar de la idea de valentía, prevalece la de seguridad. Uno tiene valentía y avanza; otro quiere seguridad y se esconde. ¿Quién defiende su territorio y quién gana la guerra?

Monasterio de Batalha
Este es un pequeño ejemplo, hay quinientos otros de cómo una nación se impregna de miedo, de entrega, de cobardía, de manera que pierde la guerra antes de ser declarada. Esa es una guerra psicológica.
De la valentía al securitarismo
Recuerdo un hecho famoso de la historia portuguesa, que era representado en una antología como material para análisis lógico, cuando era alumno en el Colegio São Luís.
Era una escena de un ingeniero ciego llamado Afonso Domingues1, constructor de la bóveda del Monasterio da Batalha, conmemorativa de una victoria obtenida por Portugal. Había planeado la colocación de la piedra de la cúpula que, si había quedado fuera de lugar, haría colapsar todo el edificio2. El rey tenía miedo de retirar los andamios porque la cúpula se podía caer, y había una columna que sostenía la cúpula. Él era ciego, pero era un muy buen arquitecto, había logrado calcular bien toda la obra. En cierto momento le dijo al rey: “Hagamos una cosa: sentadme bajo la columna y quitad los andamios. Si cae, caerá encima de mí.”
Llevaron al ciego allí, se sentó y quedó esperando, escuchando el ruido de los andamios que se estaban retirando. A medida que disminuía el número de andamios, el ruido disminuía. De repente, el ruido acabó y él, incapaz de ver lo que ocurría, solo sería advertido si alguna piedra caía sobre él. El ciego estaba tan seguro de su trabajo que permaneció ahí tranquilo durante todo el tiempo. Cuando terminó la prueba, lo llevaron y hubo una gran glorificación. ¿Glorificación del talento? Por supuesto. Pero sobre todo de una cualidad: la valentía.
Pienso que probablemente en los libros que hoy se leen en las escuelas no exista tal narración. No cuentan cosas como esas. La valentía no es glorificada; se glorifica el miedo, la seguridad, el deseo de tener buena salud, de estar matriculado en Golden Cross3, de tener una Unidad de Cuidados Intensivos y tantas otras cosas del género. Este es el punto que no debe perderse de vista: las naciones están siendo deterioradas.
Presencia que genera una guerra psicológica
Ahora bien, en medio de todo esto, ¿es o no verdad que cuando tres o cuatro jóvenes de nuestra institución salen a la calle, por su castidad y su fe, lleven a cabo una guerra psicológica contrarrevolucionaria? Desempeñan el papel de los Macabeos que luchan contra los enemigos de la Fe, de la Civilización Cristiana, por tanto, también contra los enemigos de sus respectivas patrias. Porque quien ataca la Fe y la Civilización Cristiana ataca todas las patrias del mundo al mismo tiempo.
En todos los ambientes que frecuentamos, cualquiera que sea, encontraremos un cierto número de veces un hecho curioso: así como los satélites gravitan alrededor de los planetas, los ambientes gravitan alrededor de ciertas personas.
Hay personas que tienen un cierto don de hacerse imitar y otras que tienen necesidad de imitación y que, mientras no encuentran el modelo, tantean como ciegos, no saben a dónde van.
Categorías de ambientes
Podemos dividir un ambiente en cuatro categorías: los pésimos, los muy malos, los malos, y luego una vaga categoría de aquellos que no son tan malos y que quizás podrían llamarse buenos. Este análisis, no muy severo, está inspirado en la doctrina católica. Malo es aquel que está en pecado y odia a Dios; bueno es aquel que está en estado de gracia y lo ama. ¿Cuántas personas están hoy en estado de gracia?
¡Feliz es el ambiente donde de cada cien haya uno en posesión habitual del estado de gracia! ¡Ambiente feliz! Bueno, el resto son enemigos de Dios, forman el mundo. Ese aislado es un pobre que revuela por el aire o corre por los zócalos de la sala, sin coraje para mostrarse o imponerse. Es necesario reconocer: ¡Cómo es difícil saber imponerse en un mundo de malos! Pero, en realidad, ¡qué raro es encontrar un bueno que sepa imponerse!
Es verdad que, en casi todos los ambientes, hay algunos que, si encontraran a alguien que supiera imponerse, quedarían felices y se pasarían para el lado del bien. ¿Por qué los malos tienen con tanta frecuencia ese prestigio y por qué los buenos tan raras veces? Esta pregunta es de suma importancia, porque muchas veces hace del bueno un derrotado nato, por definición, y hace del malo en un vencedor nato. Entonces, ¡la Revolución ganó y la Contrarrevolución perdió!
¿Cómo puedo cambiar esta situación? Quien responda a esto dirá cómo María Santísima pudo recuperar su Reino en esta tierra.

Miembros de la Institución del Dr. Plinio recogiendo firmas para un manifiesto en 1968
¿Por qué los malvados se imponen?
¿Cuáles son las causas por las que los malos se imponen tanto? En primer lugar, ellos siempre dominan en la dirección de lo agradable. El mal es gustoso. Si llego y grito como un tirano, solo yo, a mil hombres, “¡Vayan para allá, porque encontrarán placer!” Seré obedecido por ellos. Es fácil imponerme en estas condiciones. Pero si digo: “Vaya allí, y encontrará mortificación, penitencia, tentaciones, pero al final encontrará el cielo”, habrá muchos que dirán: “¿Al final? ¡Ese extremo está tan lejos! Déjame caminar rumbo al Infierno hasta la última hora, cuando me arrepienta y vaya al Cielo.”
En segundo lugar, toda propaganda está montada de tal manera que conduce al mal, y es difícil para el hombre actuar contra ella. Todo en el ambiente moderno invita al mal, es algo colosal. Piensen solo en la televisión, en la radio, en los periódicos. ¿Es o no es verdad que a menudo esa influencia de los malos es tan grande que toca en lo misterioso?
Por otro lado, a veces vemos un bueno tan fuerte que surge la pregunta: en la fuerza de este caballero –o esta dama– ¿no habrá algo más que simples fuerzas naturales? ¿Cómo en la fuerza de los malos no habrá también algo más?
Macabeos que avanzan a lo largo de la Historia
Entonces, ¿la cuestión no es estar acompañado de esta fuerza misteriosa, que otorga a los malos tanto dominio, pero que puede dárselo a los buenos cuando ellos también la tienen?
Si los ángeles fueron enviados para ayudar al pueblo elegido, ¿Cuál es el pueblo elegido hoy en día? ¿Sigue existiendo? ¡Sí! Son hijos de la Iglesia Católica, ¡somos todos nosotros! Pueblo elegido son todos aquellos que son verdaderamente católicos, apostólicos, romanos.
La Iglesia Católica está en una situación tan triste en nuestros días que no sé si no es peor que en tiempos de los Macabeos. ¿Quién es la columna de los Macabeos que va avanzando a lo largo de la Historia? ¿Son o no, los guerreros de la Virgen?
Existen demonios de los aires para atormentar a los hombres y llevarlos al Infierno; si existen, ¿Qué medios usar para resistir si no se cuenta con que los ángeles bajen?
Puede ser que seamos débiles, pero con la ayuda de los ángeles sobre los que manda Nuestra Señora, Regina Angelorum –Reina de los Ángeles–, ellos nos dan fuerza y seguimos adelante.
Hay una cosa que debemos pedir: siempre que estemos en presencia de personas malvadas y dominantes, que forman ambientes y arrastran almas, debemos rezar a Nuestra Señora para que expulse los demonios y envíe los ángeles.
Alguien dirá: “Pero, Dr. Plinio, ¿no reconoció hace un momento que a veces esta acción no la causa el demonio?” Por supuesto. Pero, como no sé si es hecha o no en ese caso concreto, por si acaso, rezo para expulsarlo.
Imagine que alguien me dijera: “Quizá hay un hombre con una bomba detrás de esa puerta entreabierta, para lanzarla.” No diría lo siguiente: “Bueno, como no está claro, no voy a llamar a la policía.” ¡Es una locura! Como no está claro, llamo a la policía. Porque si no es seguro, es dudoso; si es dudoso, vamos a tomar providencias.

Abraham con los Tres Ángeles – Basílica de Santa María de Manresa, España
En esta lucha, pedir auxilio de la Reina de los Ángeles
Entonces, cada hombre, cada persona hoy en día, si no vive en el estado habitual de gracia, no está seguro de tener o no al demonio con él. ¿No es razonable, cuando alguien se nos acerca, decir: “Reina de los ángeles y terror de los demonios, arregla esta situación, envía un ángel, expulsa a estos demonios que pueda haber ahí”? Recibe al otro amablemente, pero amabilidad con garras, como nuestro león. ¡Es magnífico!
Alguien dirá: “Pero, Dr. Plinio, ¿es solo con otros? ¿No hay cosas conmigo también?”
Digo: Sí, porque si tiene con otros, tiene con nosotros. Si el demonio tienta al hombre malo y entra en él, tienta al hombre bueno para entrar también en él. Y cuando el hombre bueno cae, el diablo puede entrar en él, quedando bajo el dominio del demonio. Entonces, ¿alguien que se siente tentado no debería pedir a Nuestra Señora que expulse al demonio?
¿Qué debería hacer? Prestar atención y, en los malos movimientos de alma que sintamos, pedir a Nuestra Señora: “¡Madre mía, expulsa a este demonio! ¡Oh, mi Santo Ángel de la Guarda, aparta de mí al demonio que probablemente está aquí!” Luchando contra el diablo, libramos la más prodigiosa de las guerras psicológicas contrarrevolucionarias. Propongo lo siguiente: una devoción especial a Nuestra Señora como Reina de los Ángeles; tratemos por tanto profundizar sobre los Ángeles, su naturaleza, su propósito, su número.
Consideraciones de Santo Tomás sobre los ángeles
Santo Tomás de Aquino afirma que los ángeles son mucho más numerosos que el número total de criaturas que Dios creó desde el principio hasta el fin del mundo4. Con esto tenemos una idea de qué son los Ángeles, cuántos hay y cuánto debemos pedir su auxilio, que están en el cielo esperando nuestras llamadas.
Otra afirmación muy curiosa se refiere a los Ángeles que realizan psicopompas5. Por cada hombre que muere, cuando va al Cielo o al Infierno, hay ángeles especiales que lo guían. Probablemente sean ángeles que ayudan al hombre en la hora de la muerte, luchan la batalla con él contra el demonio y luego llevan su alma al Cielo.
¿Han oído hablar de los “ángeles ferreros” (cf. Zc 2, 3-4)? Alguien podría hacer una sonrisa “superior” y decir: “¡Oh, no creo en estas cosas, no tengo ninguna certeza!” Me dan ganas de decir: “Mi pobre amigo, ¿no crees en estas cosas? Eres un espíritu verdaderamente superior. Das una sonrisita cómoda, ¿verdad? Pero no entiendes que aquello que los hombres, aclamados en la Iglesia por su erudición y virtud, han estudiado y encontrado, puede no ser correcto; pero tontería no es. No merece tu sonrisita. Analízate para descubrir si tu sonrisa fácil e indolente no está provocada por un ángel de oscuridad. Si, hijo mío, haz una jaculatoria: ‘Madre mía, expulsa este demonio y envía a varios ángeles que me ayuden’”.

Alegría angélica de la inocencia
Empecé a notar estas acciones angelicales en mi infancia, desde los seis, siete u ocho años. Sentía, con consonancia y alegría, en unión con otros niños buenos, puros, o con personas mayores cuya virtud notaba. Consonancia y alegría de las que se alude en la Oración de la Restauración.
A partir de entonces, también hubo una consonancia y una alegría con los espíritus angélicos, con la idea de los santos, de los Cielos poblados por santos bienhechores, de ángeles favorables que pueden arrullar a un niño a la hora de dormir.
Después de esa edad, eso se materializó: “En una ocasión así, sentí algo especialmente bueno; luego, en esta otra ocasión, sentí otra cosa. Cuando me encuentro con tal persona, siento algo; con otra no siento; con tal otra siento lo contrario”.
Mi enfrentamiento con la Revolución tuvo lugar alrededor de los diez años, más o menos, y ahí se dio el embate; todo el panorama se llenó de ángeles, de demonios.
La Oración de la Restauración revela la historia de todas las almas que han pasado por esto. Salieron del bautisterio inocentes y se mantuvieron inocentes los primeros pasos en la vida. Después, con cuántas y cuantísimas almas ocurre que han perdido su inocencia en mayor o menor profundidad. La Oración de la Restauración se refiere, por tanto, al paraíso que fue la comunicación que tenía con Nuestra Señora durante el periodo de inocencia.
Hay poesías completamente seculares que intentan expresar esto: “Ay, que nostalgias tengo de la aurora de mi vida, de mi infancia querida que los años no traen más”6, que expresan bien cierta alegría en vivir en la inocencia, en ver todo con las luces con que la inocencia ve las cosas. Y, gracias a esta alegría de la inocencia, entendí la maravilla en la que vivía, que no hay nada en el mundo que la sustituya.
En esta alegría están los ángeles: es la alegría de la inocencia, la alegría de la infancia, que nada puede expresar bien. ¡Felices los que no la han perdido! ¡Felices también los que la recuperaron! ¡Más felices son quienes suban al Cielo con ella!
(Extraído de conferencias del 15/3/1986 y del 14/3/1995)
1) Arquitecto portugués (*1330 – †1401).
2) Hecho narrado por Alexandre Herculano en el relato corto A abóbada, en la obra Lendas e Narrativas.
3) Seguro médico.
4) Cf. Summa Theologica I, q. 50, a.3.
5) Psicopompo: término griego que significa guía de almas. En la mitología son criaturas, espíritus, ángeles o deidades cuya responsabilidad es escoltar las almas recientemente fallecidas desde la Tierra hasta su respectivo lugar después de la muerte. Este término también fue adoptado por el cristianismo.
6) Extracto del poema Mis ocho años, de Casimiro de Abreu.

El Dr. Plinio en 1986







