III – Evolución de la tendencia para la idea y las tramas de la Revolución

Publicado el 04/20/2026

¡Comparte !

Plinio Corrêa de Oliveira

Sofismas producidos por la tendencia revolucionaria

Veamos cómo pasa el fenómeno de la inspiración de la idea, cuál es su origen y como la tendencia revolucionaria produce el sofisma. El fenómeno de inspiración de la idea revolucionaria se puede dar de innumerables maneras. Hay en ese campo una riqueza, diríamos, inagotable. Sin embargo, hay un modo más universal que podemos fijar, porque se da, por lo menos en alguna medida, en todas las personas. Históricamente hablando, fue lo que se dio con más frecuencia en el transcurso de la Revolución. Para comprender mejor ese problema, debemos conocer la psicología de las personas que han sido maniobradas por la Revolución. Veámoslo en el terreno de las modas.

Una señora que haya usado, en sus tiempos de joven, grandes sombreros, con un pico de pajarito al frente, cerezas de goma al lado y toda una huerta en el centro, pasando después para los días actuales, en que los sombreros femeninos se parecen más a cacerolas boca abajo en lo alto de la cabeza, de manera ridícula, semejante a un payaso, si a esa señora, en su juventud, le fuera posible verse vestida cuando tuviese sesenta años, ella lloraría. Pensaría que se habría vuelto loca. Fue, sin embargo, conducida a usar lo que no quería, ¡sin considerarlo feo y sin extrañarse! Al ponerse el sombrero en la cabeza, ella lo hizo como la cosa más natural. Una a la cual le parecía inmoral un traje de baño un poco arriba del tobillo, no se extrañó cuando usó uno incomparablemente más inmoral.

Cohabitación de varias mentalidades aprovechada por la Revolución

Debemos notar que no se trata de saber por qué tales personas hicieron eso. Se puede hacer algo que se considere que está mal hecho, obedeciendo a una imposición de la moda. Es reprobable, pero no es un misterio que eso se haga: por un lado, existe la convicción; por el otro, el interés; el alma pisa la convicción y sigue el interés. El misterio psicológico es otro: está en saber por qué no hubo extrañeza en la práctica del acto.

Es interesante observar que en esas almas cohabitan varias psicologías. A una persona de la generación de nuestros abuelos, por ejemplo, sería posible que tomara el trabajo Revolución y Contra – Revolución, lo leyera y, concordando, lo considerara muy bueno. Algún tiempo después, leyendo una nota en un diario liberal, considerara que allí está la verdad. Y sería sincera en ambas actitudes. Ora pensaría de una manera, ora de otra. Pero podría tener la persuasión de lo que está diciendo y, en este sentido, sería sincera.

Así, en la mayor parte de los hombres, hay varias mentalidades que cohabitan. La Revolución, en esa marcha progresiva, no elimina propiamente una de ellas, sino que camina de tal modo que hace salir ganando a una mentalidad sobre las otras, y, quedando esta siempre en la superficie, relega las demás al olvido.

Revolución y luz primordial

Consideremos esos fenómenos bajo la luz de un punto de doctrina que nos es muy querido. Me refiero a la luz primordial9. Solamente quien corresponde a su luz primordial tiene certeza de que está en el buen camino. El hombre que no corresponde a ella es un espíritu incapaz de tener certeza.

La luz intelectual de todo hombre, en los planos natural y sobrenatural, es más fuerte respecto de unos tantos puntos que corresponden a la luz primordial. Como a través de la luz primordial el hombre tiene una visión muy clara de lo que lo rodea, ella le da unas tantas certezas que son criterio para otras certezas. De esa manera, si alguien está convencido de que determinados puntos están de acuerdo con su luz primordial, todas las consecuencias serán verdaderas también, y todo lo que contraríe esos puntos es erróneo.

Analizando las cosas bajo el prisma de la luz primordial, todo se vuelve muy simple, porque allí vemos la verdad con mucha claridad. Ella es como una especie de columna vertebral del mecanismo de la certeza. Cuando el hombre no le es fiel, acaba por querer conquistar las verdades, no a partir de esa luz, sino por un juego de raciocinio. Y la vida se torna la selva oscura de que nos habla Dante, pues si no tratamos de iluminarla a partir de las certezas de nuestra luz primordial, no tendremos verdadera certeza, ni del bien ni del mal, ni de la verdad ni del error.

La inmensa mayoría de los hombres, no obstante, no procura su luz primordial, pero, por otro lado, también, no se entrega de tal manera al vicio capital que, al menos en esa línea, construya una serie de tesis que quiera adoptar como verdad; se entrega a ese vicio de manera nebulosa y vaga, y se siente, entonces, incapaz de formar cualquier certeza.

La vida, a los ojos del hombre que perdió ese rumbo, se transforma en el reino de las impresiones. Si, cuando pequeño, conoció, en la escuela o en el colegio, una religiosa muy buena, amable, conserva una gran idea de la religión. Pero, si, por otro lado, tuvo después contacto con un profesor de espíritu volteriano, muy jocoso, maestro en anécdotas anticlericales que consideró muy espirituosas, pasó a simpatizar con el anticlericalismo. Si vio en los museos de Europa bellos objetos aristocráticos, admiró su clase.

Pero si también asistió a una película de cine en que la aristocracia era representada de modo muy desfavorable, habrá quedado con cierta antipatía.

En su alma, entonces, se agrupan varias personalidades: el monarquista, el republicano, el anticlerical, a manera de impresiones que, ora una, ora otra, viene a la superficie y que tienen cierta solidaridad entre sí. Hay una lógica profunda que hace que un error lleve a la superficie una serie de otros errores. Es un fenómeno de yuxtaposiciones que funcionan sin que ese pobre hombre sepa por qué.

La teoría de la justificación del pecado y su utilidad para la obra de la Revolución

Un hombre que se embriaga practica un pecado. Hay un móvil próximo en lo que hizo, que fue el acto de tomar líquido alcohólico. Pero, embriagándose, forma un juicio respecto del vicio de la embriaguez. Así, después de la acción pecaminosa, es llevado a un pecado de espíritu. Sin embargo, en general eso no se da a corto plazo: alguien bebe e inmediatamente formula un sofisma para justificar su borrachera. No. Pero comúnmente la persona piensa: “Yo bebí, ¿Qué hice yo? Me irritaré mucho si se dice que actué mal, no quiero que se diga esto.”

Pecando, él es llevado a justificar su acto porque nace la idea de que todo lo que surge dentro de sí es más o menos legítimo. Por el hecho de haberse embriagado, nace cierta tolerancia para con la embriaguez, que no es tanto un juzgar, sino un huir de la obligación de juzgar.

La actitud de no juzgar la borrachera hace que el hombre comience a observar ciertos aspectos colaterales de la borrachera que le parecen bonitos; después, tendrá tolerancia, ya no considerando mala la borrachera; y, por fin, vendrá el desprecio por el hombre que no bebe. La inspiración errada de la idea errada no viene directamente, sino lentamente. Su posición se torna una actitud de espíritu, de la cual, a su vez, nacerá la justificación.

Los ímpetus, la atonía, la simpatía y el proceso de justificación interna

Esa actitud tiene su raíz en un hecho curioso. Todos repiten el principio de la ley de la carne y de la ley del espíritu. Nosotros, católicos contra- revolucionarios, tenemos cierta facilidad para distinguir la ley de la carne y la del espíritu, y para percibir que somos irresponsables por los primeros impulsos de la ley de la carne.

Se comprende que se pueden tener las peores inclinaciones y es natural que las tengamos, porque así es el hombre; pero, el eje de la cuestión está en no consentir. Tenemos tan firme la idea del consentimiento, que conocemos nuestro ímpetu para todo: robar, mentir, etc. Podríamos decir que somos una colección de pésimos ímpetus. Sabemos, no obstante, que para que haya pecado es necesario nuestro consentimiento y no apenas los ímpetus, y que, por lo tanto, el peor de ellos no nos degrada.

La mayor parte de las personas, sin embargo, no poseen esa mentalidad, ese modo de sentir y actuar. Tienen en el subconsciente que el mal ímpetu, aunque no consentido, es su vergüenza. Así, si le decimos a alguien que él tiene tendencia a la deslealtad, la primera idea que le ocurre es de que estamos queriendo injuriarlo; se siente ofendidísimo con todas las pasiones que rugen dentro suyo; la tendencia apuntada constituye una sentina para la cual ni se debe mirar.

Y la persona, como resultado, se vuelve solidaria con las mayores infamias que nacen dentro de ella. De ahí surge un estado un espíritu listo para entrar en ese proceso de atonía, después de simpatía y, por fin, de justificación, que acabo de describir.

La inmensa mayoría de las personas queda vagando al azar, como una corteza en el mar. Esas son las víctimas arquetípicas para que se enmarañen en el proceso revolucionario. Son ellas a quienes la Revolución, por medio de sugestiones bien hechas, lleva a pensar según sus postulados.

La creación de un mito

Hemos notado cierto modo de actuar de la Revolución en este particular. Con un poco de propaganda, ella levanta para esas mentalidades un como que tabú, sin demostración, un valor supremo, intuitivo. Es lo que se da muchas veces cuando en una rueda de grau-finos [ndr. personas que llevan una vida muy lujosa, pero que le dan más importancia a que las cosas sean carísimas a que sean de buen gusto. También se caracterizan por la extravagancia y esnobismo] alguien dice: “Él es muy grau-fino”; o en un círculo de personas a las cuales les gusta trabajar: “Él es un productor”; o en alguna rueda de vagos: “El sí que sabe gozar la vida.” Se levanta un punto presentado como un núcleo en torno del cual una serie de sugestiones comienzan a gravitar y a desempeñar su papel. Se crea, entonces, un mito.

El mito del productor y de la producción, por ejemplo, que trae consigo toda una filosofía de vida, es muy característico en ese sentido. Se coloca en el subconsciente de alguien que una sociedad es un núcleo de consumidores, que necesitan producir para no perecer. Por lo tanto, el hombre que no produce es una especie de ladrón, porque está alimentándose con lo que producen los otros.

Es una tesis que se comporta como una pequeña ley de derecho natural. Se construye un “orden natural” y, a partir de él, se sacan algunas conclusiones. Es cierto que el esfuerzo para una producción eficiente depende de una lucha ardua. No basta, pues, que todos produzcan, sino que es necesario que lo hagan arduamente. Alguien que trabajase con más flacidez sería un contrabandista del trabajo, que carga en sí molicies que fueron robadas a los otros. Ese mito de la producción ha forjado una especie de pena de los necesitados, porque la producción, en último análisis, tiene cierto fin filantrópico para conseguir que todos la acepten.

La Revolución gobierna el mundo creando mitos

La Revolución gobierna el mundo construyendo lentamente filosofías como esa y haciéndolas caminar. Por medio de hábiles ardides y sutiles sugestiones, hace que se pase de modo rápido de la filosofía del trabajo para la filosofía socialista. Para eso, es suficiente crear, en la sociedad, un clima en que, primero, a título de caridad cristiana, se noticie el mayor número de problemas sociales.

Se crea, entonces, el problema del menor estrábico, del viejo zurdo, del niño defectuoso, del cáncer… En torno de cada enfermedad se forma un problema. En fin, el cuerpo social queda pareciendo una sola llaga. Y nunca será suficiente todo el esfuerzo que se haga para aliviar tales problemas. La campaña sirve más para mostrar que el hecho es insoluble, que para resolverlo. Y la persona termina con una especie de remordimiento por lo que posee y con la idea de que su producción, por más frenética que sea, aún será poca, porque debe ser distribuida para todos. De ahí a una ley socialista la distancia es mínima.

No se hizo esto difundiendo el manifiesto de Marx, sino creando panoramas que se van sucediendo unos a los otros, a manera de argumentación, porque la persona piensa que fue ella que elaboró los argumentos que vinieron a su mente. El talento del método está en insinuar eso. Todos son filósofos de la solución socialista…

La falta de certeza, razón de la docilidad a la Revolución

Veamos como las tesis se encadenan. Un hombre que no correspondió a su luz primordial, no teniendo, por lo tanto, el mecanismo que da a su espíritu la plena certeza, o que no cedió por completo a su vicio capital y no tiene el mecanismo de odios funcionando a la manera de certeza, tiene una serie de varales extendidos entre esos dos extremos, con todas las gamas del pensamiento humano. Esas gamas móviles podrán ser modeladas de acuerdo con ese gran teatro social de insinuaciones que se va lanzando. He ahí, un alma que es un óptimo caldo de cultivo para la acción de la Revolución.

A través de ese proceso sería fácil producir en una ciudad, toda ella anti- izquierdista, un éxtasis izquierdista o producir un éxtasis anti-izquierdista en una ciudad izquierdista. Imaginemos, para ejemplificar las tres ciudades periféricas de São Paulo lo, Santo André, São Bernardo y São Caetano, conocidas como el ABC, intensamente izquierdista; si, en la hora en que los obreros estuvieran saliendo de las fábricas, se hiciera pasar un carruaje a la moda del Ancien Régime, tirado por un lindo par de caballos blancos, con un matrimonio muy bien vestido, podemos garantizar que serían aplaudidos, si se comportaran con cierta prudencia.

Decimos esto porque hay dos modos de andar en carruaje: uno por el cual gozamos sin que los otros perciban nuestro placer; y otro por el cual hacemos que los otros también tengan placer con nuestro gozo. Es uno de los bellos aspectos del modo de ser de la Reina Isabel II. Ella sin demagogia, tiene algo de eso; el pueblo se siente feliz en ver su felicidad. Es lo que sucedería con los obreros ante un matrimonio así. Veinte años de discursos sindicales habrían perdido su efecto…

Las mentalidades hoy en día están sin rumbo, al aire. Es lo que facilita el trabajo contra-revolucionario. La figura que expresa eso es el piano. Es tal la confusión existente en las mentes modernas que cualquiera de las tesis contra-revolucionarias puede vivir en esas mentalidades, desde el entusiasmo por María Antonieta, la reina-mártir, hasta manifestar comprensión por Khrushchov10. Es un piano del cual se saca cualquier nota, desde que se sepa cómo tocarlo. Se consigue todo, menos algo consistente y durable.

Las almas están reducidas hoy a un inmenso piano y la Revolución toca sobre él el aria que le agrada. Es la esclavización del mundo contemporáneo a la propaganda.

Nikita Khrushchev y Joseph Stalin, en enero de 1936

La certeza de la Edad Media; las incertezas en el Renacimiento y en la Revolución Francesa

En la Edad Media, la certeza dada por la fidelidad a la luz primordial era muy evidente. El ambiente, muy homogéneo, las ideas ordenadas, el arte y la arquitectura muy coherentes con la doctrina, todo llevaba a considerar muy natural que así fuesen las cosas. Se tomaba por presupuesto natural que aquel modo de ser era el legítimo. Y el hombre, sobre todo al final de la Edad Media, estaba tan lejos de comprender lo que debía a la Civilización Católica, que se pudo inventar el mito del bon sauvage11, durando hasta el “O Guaraní”12, colocado en ópera por Carlos Gomes13, en que se imaginaba indios pensando y raciocinando como verdaderos héroes de Corneille14. Se consideraba tan evidente aquel cuadro de valores, que hasta el salvaje los asumía.

El Renacimiento rompe el mecanismo de certeza. Primero vino la crisis moral, que apartó a los hombres de su luz primordial. Lejos de esta luz fue posible desviarlos de la certeza. Y la demolición comenzó por el punto central, tocando en la divinidad y en la infalibilidad de la Iglesia. Las tendencias se fragmentan en diversas direcciones. Cada bloque tiene certeza de su certeza. Y se siguió la división de las sectas, cada cual con su certeza.

En el centro de esas certezas contradictorias ya había una incerteza, porque los hombres son hechos de tal manera que no confían mucho en sí mismos. Incluso entre los católicos, con excepción de los extremamente fieles, con fe capaz de mover montañas, esa pluralidad de opiniones les comunicaba una especie de incerteza fundamental, vaga, imponderable, y de ahí la inquietud, la polémica, el diálogo, para ver si del lado opuesto no había una parcela de verdad.

La Revolución Francesa generalizó ese modo de comportarse, trasladándolo al terreno político. Tenemos los monarquistas del Ancien Régime, los monarquistas constitucionales, los republicanos moderados, los avanzados y los comunistas. Una serie de certezas en duda. La Revolución quería que todos se volvieran comunistas. Al no conseguir esto, provocó el entrechoque de las opiniones contradictorias. Los que ya no tenían más un perfecto mecanismo de certeza quedaron medio monarquistas, medio republicanos. Surgió una prensa funcionando como una verdadera feria de opiniones. Y no habiendo conseguido todavía que todos se vuelvan comunistas, consigue, no obstante, que todos queden, por lo menos, indiferentes. Son las tramas de la Revolución. 15 v

____________________________________

1) Cf. Revolución y Contra – Revolución, Parte I, Cap. III, 5, A.

2) Pseudónimo de François de Montcorbier (*1431 – +1463), poeta y ladrón francés.

3) Manuel María Barbosa l’Hedois du Bocage (*1765 – +1805), poeta portugués.

4) Nicolas Maquiavelo (*1469 – +1527), filósofo, historiador, poeta, diplomático y músico italiano.

5) Albrecht Durero (*1471 – +1528), grabador, pintor, ilustrador y matemático alemán.

6) Reina de Francia, Infanta de España y Archiduquesa de Austria (*1638 – +1683).

7) Luisa Francisca de La Baume Le Blanc (*1644 – +1710).

8) Francisca Atenas de Rochechouart (*1640 – +1707).

9) La luz primordial es la virtud dominante que un alma está llamada a reflejar, imprimiendo en las otras virtudes su tonalidad particular. A ella se opone el vicio capital.

10) Nikita Sergueievitch Khrushchov (*1894 – +1971). Lideró la Unión Soviética durante parte de la Guerra Fría (1953 – 1964).

11) Mito del buen salvaje, propagado por filósofos iluministas después del descubrimiento de América. Defendían la tesis de una humanidad naturalmente buena, ingenua, que se habría corrompido por la civilización.

12) Romance de José de Alencar.

13) Antonio Carlos Gomes (*1836 – +1896), Compositor de ópera brasilero.

14) Pierre Corneille (*1606 – +1684), dramaturgo francés.

15) Una parte del presente artículo corresponde a la reedición de la materia, revista y ampliada, publicada en los números 156 y 157 de la Revista Dr. Plinio (marzo y abril de 2011), insertada aquí para proporcionar al lector una visión de conjunto mejor del tema parcialmente tratado en las ediciones arriba mencionadas.

Deje sus comentarios

Los Caballeros de la Virgen

“Caballeros de la Virgen” es una Fundación de inspiración católica que tiene como objetivo promover y difundir la devoción a la Santísima Virgen María y colaborar con la “La Nueva Evangelización” , la cual consiste en atraer los numerosos católicos no practicantes a una mayor comunión eclesial, la frecuencia de los sacramentos, la vida de piedad y a vivir la caridad cristiana en todos sus aspectos. Como la Iglesia Católica siempre lo ha enseñado, el principal medio utilizado es la vida de oración y la piedad, en particular la Devoción a Jesús en la Eucaristía y a su madre, la Santísima Virgen María, mediadora de las gracias divinas. Sus miembros llevan una intensa vida de oración individual y comunitaria y en ella se forman sus jóvenes aspirantes.

version mobile ->

CABALLEROS DE LA VIRGEN
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.