Piedad pliniana

La Virgen con el Niño. Colección particular
Madre mía, Vos nos hicisteis ver que el centro de la vida de todo hombre es el amor al verum, al bonum y al pulchrum, que para un católico no es otra cosa sino el propio Sagrado Corazón de Jesús, el Corazón Inmaculado y Sapiencial de María, el Divino Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica y todo lo que conocemos según la naturaleza o el resplandor de la vida sobrenatural, y el relacionamiento con el prójimo en la participación de todos en ese amor.
Sabemos que eso que nos mostrasteis es, al mismo tiempo, una invitación y una promesa; una invitación a que entremos por esa vía admirable y suprema, con renuncia a todos los bienes de orden inferior, cuando no son vistos en esa perspectiva; promesa de que, si nos unimos en este punto y de modo entero a Vos, nos haréis alcanzar las cumbres a cuya plenitud tanto deseamos llegar.
En vista de esto, Santa Madre de Dios y nuestra, y teniendo en consideración que vuestra invitación es una promesa, nos comprometemos por entero a seguir esta vía, pidiéndoos, sin embargo, que nos deis continuamente las fuerzas necesarias para todos los holocaustos que nuestra aceptación impone.
Considerando nuestras debilidades pasadas y deslumbrados con la maravillosa misericordia que tuvisteis hasta aquí para con nosotros, os suplicamos que abráis aún más para nosotros los firmamentos de misericordia que llenan los espacios inconmensurables de vuestro Sapiencial e Inmaculado Corazón y que tengáis hacia nosotros, a lo largo de este camino, aquella abundancia de perdones y aquella efusión de cariños sin los cuales nada podemos, nada somos, nada alcanzaremos, oh Madre.
(Compuesta el 12/3/1989)







