La grandiosa misión de anunciar la Misericordia

Publicado el 10/14/2021

Que Dios es infinitamente bondadoso nadie lo podrá negar, pero Jesús desea que los hombres sientan de forma especial su misericordia, antes de venir como Juez. Ese es el grandioso mensaje que le cupo a Santa Faustina vivir y proclamar.

Hija mía, tu corazón es mi descanso, es mi complacencia”; 1 “He dejado el trono de los Cielos para unirme a ti”; 2 “Niña mía, tú eres mi deleite, tú eres la frescura de mi Corazón. Te concedo tantas gracias, cuantas puedes llevar”. 3

¿Qué diríamos si conociéramos a la persona que mereció escuchar tales palabras de los labios adorables del Salvador? ¡Cuánto amor derramado sobre una criatura! ¡Cuán íntima y sublime convivencia muestran estas entrañables expresiones de afecto!

Demasiadamente humanos como somos, ciertamente buscaríamos en ella la causa de tanta predilección y cariño. ¿Acaso la encontraríamos?

Para atraer del propio Dios tan singular afecto, ¿bastaría practicar una única virtud en grado heroico? ¿O sería necesario destacarse en gran número de ellas?

¡Pobre inteligencia humana! La “matemática” celestial no opera de ese modo… El amor de Dios no busca La bondad en las criaturas, antes bien la infunde.

Victoria de los llamamientos divinos

Elena Kowalska nació el 25 de agosto de 1905, en Glogowiec, un pequeño pueblo de Polonia.

Habiendo sido elegida por Dios para una alta misión, como veremos, tendría ya desde niña los primeros contactos con aquel que sería su confidente, guía y razón de su existencia.

“A los siete años por primera vez oí la voz de Dios en mi alma, es decir, la invitación a una vida más perfecta.

Sin embargo, no siempre obedecí la voz de la gracia”, 4 relata con sencillez en su Diario.

En efecto, su corazón se resistía por entonces a los llamamientos del divino Redentor y aún precisaba ser conquistado por Él. “Las continuas llamadas de la gracia eran para mí un gran tormento, no obstante, intenté apagarlas con distracciones. […] Pero la gracia divina venció en mi alma”. 5

A los 18 años Elena decide seguir la vía religiosa, contrariando las expectativas de sus padres.

Impelida por un insistente llamamiento de Jesús, se dirige a Varsovia y, después de recorrer diversos monasterios, ingresa en la Congregación de Nuestra Señora de la Misericordia, tomando el nombre de sor María Faustina del Santísimo Sacramento.

Aún así, incluso en esta nueva vía, con frecuencia le resultaba difícil someterse a las solicitudes divinas. Un día de Navidad, por ejemplo, con el objetivo de huir de la voz del Señor, le pidió autorización a su superiora para visitar a las hermanas que vivían en la nueva casa Jozefinek, abierta por la congregación en el barrio deGrochów. Pero antes de salir, al volver de su celda adonde había ido a busca su capa, Jesús se le aparece y le dice: “Ve, pero yo me tomo tu corazón”. 6

En aquel instante sintió que ya no lo tenía dentro de su pecho…

Una especie de nostalgia se apoderó de ella durante todo el recorrido, haciendo que, después de permanecer un breve espacio de tiempo en Jozefinek, instara a sus acompañantes a regresar enseguida al convento.

Rigor y blandura en la convivencia con Jesús

Con amor celoso le atraía el divino Jesús. Habiendo sido enviada a la casa de Plock, recibió el encargo de adornar la capilla con flores. Cierto día separó algunas de las más bellas rosas para engalanar la celda de una de las hermanas. En el camino, se encontró con el Señor que le preguntó en tono de benigna reprensión: “Hija Mía, ¿a quién le llevas esas flores?”. 7

El silencio fue su respuesta, pues se había dado cuenta de que no era por caridad que llevaba aquellas flores…

Lanzándolas al suelo salió presurosa en dirección al sagrario.

Otras veces el Salvador era más incisivo, sin dejar de ser afable, como ocurrió cuando fue llamada a juicio y vio todo lo que en su alma había que no era del agrado de Él. “Tienes la deuda de un día de fuego en el Purgatorio”, 8 sentenció el divino Juez.

Y como ella quería arrojarse enseguida a las llamas purificadoras, al oír la sentencia, el Señor la detuvo y le dio a elegir entre el Purgatorio o continuar la vida en esta tierra.

“Jesús, quiero sufrir en el Purgatorio y quiero sufrir en la tierra los más grandes tormentos, aunque sea hasta el fin del mundo”, 9 le respondió. Él le replicó:“Ahora, pon la cabeza sobre mi pecho, sobre mi Corazón y de él toma fuerza y fortaleza para todos los sufrimientos, porque no encontrarás alivio ni ayuda ni consuelo en ninguna otra parte.

Debes saber, que vas a sufrir mucho, mucho, pero que esto no te asuste. Yo estoy contigo”. 10

Benigna amonestación, amorosa severidad. El rigor y la blandura siempre fueron las notas sobresalientes de la convivencia entra la santa de la Divina Misericordia y su Señor.

“Preparas al mundo para mi última venida”

Es propio a toda alma con vocación profética personificar, de alguna manera, el mensaje que está llamada a transmitir. Ejemplo de esto fueron las acciones simbólicas del profeta Ezequiel (cf. Ez 24, 1‑27); la dureza de corazón del predicador de Nínive, el profeta Jonás (cf. Jn 4, 1‑11); los sufrimientos y aislamientos de la portadora de los secretos de Fátima, sor Lucía. 11 Todas las circunstancias de sus vidas no hicieron sino presentarlos ante el mundo como mensajes vivos y verdaderos símbolos de sus misiones.

Con Santa Faustina Kowalska no sería diferente. Si estaba llamada a mostrar el gran amor y la misericordia de Dios para con la humanidad, no podrían faltarle demostraciones del inenarrable cariño para con ella por parte del divino Redentor: “tu corazón es el cielo para mí”. 12 No obstante, tampoco podían dejar de estar presentes las reprensiones: “no saldrás de mí, porque estoy en todas partes”. 13

Se engaña, pues, el que piensa que el mensaje que trajo Jesús Misericordioso, a quien la santa contemplaba, estaba compuesto únicamente de afabilidad y afecto. Si así lo consideráramos, tendríamos de su misión una visión superficial y ocultaríamos la grandeza de los designios de Dioscon relación a ella: “Preparas al mundo para mi última venida”. 14

Grandiosa y enigmática misión

Cuadro original de la Divina Misericordia

El 22 de noviembre de 1931, Santa Faustina recibe del Señor el encargo de que pinten un cuadro tal y como ella lo veía, con la inscripción: “Jesús, en ti confío”. 15

De su corazón salían dos rayos: uno rojo, que representa la misericordia divina, y otro blanco, símbolo del “agua que justifica a las almas”. 16 El Señor le explicó que en su Pasión había derramado su preciosísima sangre a raudales y algunas gotas de agua. Ese torrente de sangre era el caudal de la misericordia divina que el Salvador derramaría sobre la cristiandad en todos los siglos, que no pocas veces sería correspondida por los hombres con ingratitudes sin medida.

Le prenunció también una época histórica en la cual su Sagrado Corazón irradiaría la justicia divina: “Antes de venir como el Juez Justo, vengo como el Rey de Misericordia. Antes de que llegue el día de la justicia, les será dado a los hombres este signo en el cielo: se apagará toda luz en el cielo y habrá una gran oscuridad en toda la tierra. Entonces, en el cielo aparecerá el signo de la cruz, y de los orificios donde fueron clavadas las manos y los pies del salvador saldrán grandes luces que durante algún tiempo iluminarán la tierra”. 17

He aquí la grandiosa misión de sor Faustina: amonestar a la humanidad, olvidada de la Pasión redentora de Jesús, para que se vuelva hacia Él durante el tiempo de la indulgencia, antes que venga el de la justicia. A semejanza del llamamiento a la ciudad de Nínive, quizá Dios estuviera dispuesto a cambiar de conducta si los hombres se convirtieran…

¡Cuántos enigmas envuelven las revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Faustina Kowalska! Por cuántos sufrimientos no tuvo que pasar por el mero hecho de conocer tantas cosas venideras o presentes, a las cuales nadie les daba credibilidad, recibiendo a menudo orientaciones como la que le dio una de las religiosas más provectas: “Quítese de la cabeza, hermana, que el Señor Jesús trate con usted tan familiarmente, con una persona tan mísera, tan imperfecta. El Señor Jesús trata solamente con las almas santas, recuérdelo bien”. 18

Al igual que Abrahán (cf. Gén 18, 21-33), Santa Faustina imploraba la misericordia para el mundo,presentándole a Jesús los justos que en esa época vivían, a pesar de que a veces oía respuestas como ésta: “Todavía hay un gran número de almas que me aman mucho, pero mi Corazón desea ser amado por todos y, debido a que mi amor es grande,los amenazo y los castigo”. 19

Poder de impretación por las almas

El divino Salvador le iba mostrando el sufrimiento de las hermanas que se encontraban en el Purgatorio y necesitaban de oraciones; o la situación espiritual de personas que ni siquiera convivían con ella.

En cierta ocasión, vio a un sacerdote a punto de caer en pecado mortal. Rogó a Dios que le enviara a ella todos los sufrimientos que bien entendiera, pero que lo librara de tal situación. “Jesús escuchó mi súplica y en un momento sentí en la cabeza la corona de espinas. Las espinas de la corona penetraron hasta mi cerebro”. 20 Tres horas estuvo sufriendo lo indecible para que el Señor fortificara el alma de su siervo.

En otra circunstancia vio a dos hermanas que estaban prestas a precipitarse en el Infierno, al encontrarse en un estado de pecado grave. Rezó por ellas y, al día siguiente, en obediencia a la orden del Señor, se lo contó todo a la superiora, al ver que “una de ellas ya se había arrepentido y se encontraba en estado de fervor y la otra aún estaba en un gran combate”. 21

No era raro que el Redentor le mostrara el futuro de su nación e incluso el de la Iglesia: “Un día Jesús medijo que iba a castigar a una ciudad, que es la más bonita de nuestra patria.

El castigo iba a ser igual a aquel con el cual Dios castigó a Sodoma y Gomorra. Vi la gran ira de Dios y un escalofrío traspasó mi corazón”. 22 Por su oración, unida al santo sacrificio del altar, logró que el Señor, al séptimo día, bendijera el país.

Cuenta también que un viernes de septiembre de 1935 tuvo esta visión: “Por la tarde, estando yo en mi celda, vi al ángel, ejecutor de la ira de Dios. Tenía una túnica clara, el rostro resplandeciente; una nube debajo de sus pies. De la nube salían rayos y relámpagos e iban a sus manos y de éstas salían y alcanzaban la tierra. Al ver esta señal de la ira divina, que iba a castigar la tierra, y especialmente cierto lugar, que por justos motivos no puedo nombrar, empecé a pedir al ángel que se contuviera por algún tiempo y el mundo haría penitencia. Pero mi súplica no era nada comparada con la ira de Dios”. 23 Rezó con ahínco y el ángel suspendió el justo castigo, merecido a causa de tantos pecados.

Heroísmo en la vía del abandono

¡Cuántas perplejidades y noches oscuras asaltaron el espíritu de esta santa, las cuales, a veces, casi le debilitaban la fe! Y con cuánta humildad, para quien en otros tiempos había sido difícil sujetarse a las solicitudes divinas, se rebajaba ahora al oír algunos comentarios de sus superioras, de sus directores espirituales e incluso de sus propias compañeras…

“Oigo hablar que usted, hermana, es una exaltada, que tiene algunas visiones. Pobre hermana”, 24 le dijo pesarosa, en confidencia, una religiosa de su convento. “Extravagante, histérica, visionaria, vete de mi habitación, no quiero conocerte”, 25 le gritó con ira una de las madres en una ocasión.

Una situación peor era cuando se le presentaban demonios que le decían: “He aquí el premio por tu fidelidad y sinceridad. ¿Cómo ser sincera, si se es tan incomprendida?”. 26

Verdadero heroísmo exigía de ella el Rey de la gloria, pues quería que se abandonara solamente en sus manos.

He aquí la única “matemática” divina: hacer sufrir a los que ama para que, habiendo pasado por el fuego del crisol, salgan del otro lado más resplandecientes que el oro. “Yo no premio por el éxito en el trabajo, sino por el sufrimiento”. 27

En la vida de esta Apóstol de la Divina Misericordia no ocurría nada como en un mar de rosas. El Jesús Misericordioso, en quien confiaba, no era un Salvador que le ofrecía la tranquilidad: “Tráeme a las almas que veneran y glorifican mi misericordia de modo especial y sumérgelas en mi misericordia.

Estas almas son las que más lamentaron mi Pasión y penetraron más profundamente en mi espíritu. Ellas son un reflejo viviente de mi Corazón compasivo”. 28

Especial fulgor en la vida futura

El Señor, sin embargo, no promete únicamente dificultades y angustias a los que eligieron seguirlo: “Estas almas resplandecerán con un fulgor especial en la vida futura”. 29

¡Un fulgor especial! ¿Con qué palabras podríamos calificar mejor el nombre de Santa Faustina Kowalska? Ella, que es una de las principales figuras y modelos de santidad del siglo XX, ¿qué mayor brillo podría adquirir? Esa es la promesa prenunciada por Dios a sus amados: la alegría y la gloria, no sólo del deber cumplido, sino de las maravillas contempladas, de las conquistas y de las batallas bien libradas.

Este gozo ya lo pregustaba en esta vida, cuando leempezaba a ser desvelada la victoria del bien con la cual la Historia, no sólo de ella, sino del mundo entero, concluiría: “Llegará un momento en que esta obra, que Dios recomienda tanto, parecerá ser completamente destruida, y de repente Dios intervendrá con gran fuerza que dará el testimonio de la veracidad. Será un nuevo esplendor para la Iglesia, a pesar de estar en ella desde hace mucho tiempo. Nadie puede negar que Dios es infinitamente misericordioso; pero deseque todos lo sepan antes de que vuelva como Juez; desea que las almas lo conozcan como Rey de la Misericordia.

Cuando venga este triunfo, nosotros estaremos ya en la nueva vida, en la que no hay sufrimientos”. 30

Por eso le aseguró Jesús: “Cuando veas en el cielo tus días actuales, te alegrarás y querrás ver tantos como sea posible”. 31 Vale la pena pasar por tantos infortunios, vale la pena atravesar valles y pantanales, vale la pena enfrentar un verdadero martirio vivo, para contemplar y participar, en la eternidad, la realización de todas esas promesas.

Tomado de la Revista Heraldos del Evangelio n°183, pp. 32-35

Notas
1 SANTA MARÍA FAUSTINA KOWALSKA. Diario. La Divina Misericordia en mi alma, n.º 339. 4.ª ed. Stockbridge: Congregación de los Padres Marianos, 2003, p. 166.
2 Ídem, n.º 1810, p.431.
3 Ídem, n.º 164, p. 110.
4 Ídem, n.º 7, p. 30
5 Ídem, n.º 8, p. 30.
6 Ídem, n.º 42, p. 44.
7 Ídem, n.º 71, p. 57.
8 Ídem, n.º 36, pp. 41-42.
9 Ídem, p. 42.
10 Ídem, ibídem.
11 Cf. CLÁ DIAS, EP, João Scognamiglio. ¡Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará! Madrid: Asociación Salvadme Reina de Fátima, 2017, pp. 95-98.
12 SANTA MARÍA FAUSTINA KOWALSKA, op. cit., n.º 238, p. 133.
13 Ídem, n.º 429, p. 203.
14 Idem, ibídem.
15 Ídem, n.º 47, p. 46.
16  Ídem, n.º 299, p. 153
17 Ídem, n.º 83, p. 63.
18 Ídem, n.º 133, p. 91.
19 Ídem, n.º 1703, p. 600.
20 Ídem, n.º 41, p. 44.
21 Ídem, n.º 43, p. 45.
22 Ídem, n.º 39, pp. 42-43
23 Ídem, n.º 474, p. 218.
24 Ídem, n.º 125, p. 87.
25 Ídem, n.º 129, p. 89.
26 Ídem, ibídem.
27 Ídem, n.º 90, p. 65.
28 Ídem, n.º 1224, p. 441.
29 Ídem, ibídem.
30 Ídem, n.º 378, p. 185
31 Ídem, n.º 1787, p. 630.

 

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