La mirra austera y odorífera del principio de contradicción

Publicado el 12/28/2024

Hay verdades que a los hombres les impresionan como el oro. Hay otras que les son suaves y fragantes como el incienso. Sin embargo, de los brasileños, Nuestra Señora desea presentar al Divino Infante el olor agradable y austero de la mirra, que en el campo ideológico está representada por el principio de contradicción, por el cual el sí es sí y el no es no.

Eco fidelísimo de la Iglesia

Adoración de los Reyes Magos – Getty Center, Los Ángeles

¿Quién puede decir cuántas personas, en esta Navidad, se arrodillarán ante un pesebre? ¿Quién puede enumerar a los hombres de todas las razas, en todas las latitudes, que se acercarán a la cuna del Niño Dios, para rogarle gracias particularmente ricas y abundantes, en este día en que se abren en toda su amplitud las puertas de la misericordia divina?

La gracia no hace nada incompleto

También nosotros nos preparamos para acercarnos al santo pesebre. Queremos meditar las lecciones que de él se derivan, robustecer nuestras voluntades en las gracias que brotan de él, alentar nuestros corazones en la alegría de la que Él es fuente imperecedera.

La Providencia quiso que el Niño Jesús recibiera la visita de tres sabios, los cuales, según una venerable tradición también eran reyes, y algunos pastores. Precisamente los dos extremos de la escala humana de valores. Porque el rey está en la cima del prestigio social, de la autoridad política y del poder económico. El sabio es la más alta expresión de la capacidad intelectual. El pastor se encuentra, en materia de prestigio, poder y ciencia, en el grado mínimo.

Ahora bien, la gracia divina, que, desde el fondo de sus lejanas tierras, llamó al pesebre a los Reyes Magos, también llamó a los pastores desde el fondo de su ignorancia. La gracia no hace nada errado o incompleto. Si ella los llamó y les mostró cómo ir, también les habrá enseñado cómo presentarse ante el Hijo de Dios.

Ante el Divino Infante, presentarse sin disfraces

¿Y cómo se presentaron? Característicamente. Los pastores fueron allí llevando su ganado, sin pasar primero por Belén para un aseo que disfrazara su humilde condición. Los Magos se presentaron con sus tesoros, oro, incienso y mirra, sin tratar de ocultar su grandeza para no desentenderse del ambiente supremamente humilde en que se encontraba el Divino Infante. La piedad cristiana, expresada durante siglos en una abundantísima iconografía, presenta a los Reyes Magos dirigiéndose a la Gruta con todas sus insignias. Esto quiere decir que, al pie del pesebre, cada uno debe presentarse tal cual es, sin disfraces ni atenuaciones. Pues hay lugar para todos, grandes y pequeños, fuertes y débiles, sabios e ignorantes. Sólo es cuestión de que cada uno se conozca, para saber dónde ponerse junto a Jesús.

Admirable variedad de obras

Sabemos que los Ángeles en el Cielo, distribuidos en los nueve coros, contemplan directamente la esencia divina, en cuya riqueza infinita, cada uno ve más nítidamente ciertas perfecciones.

En la Iglesia, se da un hecho análogo. Las Órdenes y Congregaciones

Comitiva de los Reyes Magos – Museo de Historia del Arte, Viena

Religiosas tienen, en general, su propio espíritu, su carácter, su escuela de santificación. Y por esto, cada cual, contempla e imita más especialmente ciertas perfecciones del Divino Redentor.

Este hecho tiene su repercusión en la vida espiritual de los fieles. Recorrido por las más variadas y fecundas corrientes de espiritualidad, nacidas de órdenes religiosas o de Santos de los más variados estados, el laicado se distribuye en grandes familias espirituales, de contornos más o menos precisos, cuya vitalidad se identifica con la propia vitalidad religiosa de un pueblo. De hecho, el espíritu de San Ignacio, como el de Santo Domingo, San Benito, San Francisco, San Juan Bosco y los demás Santos, sopla aún ampliamente en toda la Cristiandad, dotándola de una diversidad maravillosamente armónica.

Los hechos espirituales, a su vez, generan consecuencias en el terreno del apostolado. Y así vemos en la Iglesia militante una admirable variedad de obras apostólicas que actúan cada una con medios peculiares, hablan a los hombres un lenguaje propio y se articulan explícita o tácitamente con las demás, para la realización del reinado de Jesucristo sobre la Tierra.

Era necesario que así fuese. Porque Dios crea a los hombres muy diferentes entre sí, con necesidades,

aspiraciones y caminos muy personales. Las verdades que más les agradan a unos, no son necesariamente las que más fácilmente agradan o esclarecen a otros.

Mirra

Como un inmenso carrillón

Así, podríamos comparar el conjunto de las obras católicas de un país a un inmenso carrillón, en el que cada campana emite un sonido propio, sea grave, solemne, potente, cristalino, vivo o juvenil. Del hecho de que todos toquen, resulta la armonía del conjunto.

En el inmenso carillón de las obras de apostolado de Brasil, ¿cuál es nuestro papel?

Hay verdades que impresionan a los hombres como el oro. Hay otras que les son suaves y fragantes como el incienso.

En cuanto a la mirra, es más modesta. La raíz etimológica de esta palabra se relaciona con un vocablo que, en árabe, que significa “amargo”. Los expertos describen la mirra como una resina gomosa, en forma de lágrima, dotada de sabor amargo, aromática, roja, semitransparente, frágil y brillante. Su olor es agradable, pero un poco penetrante. Como se ve, tiene la belleza discreta, austera, fuerte, de la sangre. Y su perfume es el de la disciplina y la sobriedad.

Diríamos que, en el campo ideológico, la gran verdad representada por la mirra es el principio de contradicción, por el cual el sí es sí y el no es no. Todas las otras son oro e incienso, pero solo valen si se aprecian en un ambiente perfumado por la mirra.

Psicología del pueblo brasileño

Y es de esta mirra, de la que amplia, pero muy, muy, muy ampliamente necesita Brasil. No se confunda el principio de contradicción, que es la quintaesencia lógica, de la coherencia, y de la objetividad, con el espíritu de contradicción. Este es un vicio que resulta del placer jactancioso de contrariar al prójimo: es voluble, y hace del sí, no y no, sí, como convenga a la posición arbitraria tomada en este momento.

Somos un pueblo que tiene el defecto de sus cualidades. Propensos habitualmente a todo lo bueno, infelizmente no somos al mismo tiempo adversos a todo lo malo. Generalmente, los otros pueblos cuando aman una verdad odian el error contrario. Y recíprocamente, cuando aman el error detestan la verdad que a él se contrapone. En último análisis, por el juego de ese principio se explican las grandes fidelidades, así como las grandes apostasías. En la psicología del brasilero, el odio explícito y declarado a la verdad y al bien es raro. En este sentido somos uno de los mejores pueblos de la Tierra. Pero cuando se trata, para nosotros, de deducir del amor a la verdad y al bien una actitud militante contra el error y el mal, el caso es otro. Y en el fondo esto se da porque el principio de contradicción es antipático a la tranquilidad brasilera. Una expresión muy conocida expresa en lenguaje popular el principio de contradicción: “pan, pan; vino, vino”. Pero en innumerables casos, confundimos el pan con el vino.

Esta tendencia del espíritu se refleja en muchos aspectos de nuestra mentalidad.

Brasil es una República. Sin embargo, en ningún lugar el monarca destronado y la monarquía dejaron más saudades. Nos separamos de Portugal en una atmósfera borrascosa. Sin embargo, en el tratado en que la antigua Metrópolis reconocía nuestra independencia, aseguramos a Don Juan VI hasta el fin de sus días el título de Emperador del Brasil. El cuadro corriente y por así decir oficial, del Mariscal Deodoro, proclamador de la República, lo presenta con el pecho constelado con las insignias del Imperio que derrumbó. Expulsamos en 1930 al presidente Washington Luiz. Restaurado el régimen constitucional, él regresó a Brasil en un ambiente de respeto y de simpatía tan generalizado que, con excepción de Don Pedro II, ningún hombre público reunió en torno de sí mayor unanimidad. ¿Por qué, entonces, fue destituido? De esas pintorescas contradicciones se podría hacer una larga lista

A la izquierda, Don Juan VI – Museo de Bellas Artes, Río de Janeiro

A la derecha, Mariscal Deodoro – Museo de la República, Río de Janeiro

Tal vez, en vista de esas reflexiones, algún lector sonría, pues no deja de tener algo de simpático y tranquilizador tal cúmulo de bonhomía.

Soluciones intermediarias: fruto del amortecimiento del principio de contradicción

Pero estudiemos este asunto en el terreno de la moral. Se trata de analizar esta tendencia psicológica, para ver si es conforme a la Ley de Dios. Y no es con meras sonrisas, sino con mucha seriedad que se resuelven los problemas morales.

Aquel que vino al mundo para predicar las bienaventuranzas, nos dejó como precepto que fuésemos fieles al principio de contradicción: “Sea vuestro lenguaje: sí, sí; no, no” (Mt 5, 37). Y si tal debe ser nuestro lenguaje, tal debe ser nuestro pensamiento. En materia de moral, más que en cualquier otra, todo exceso es un mal, aunque sea de cualidades tan simpáticas como la bonhomía y la suavidad de trato. Y un mal que, según el caso, puede volverse muy grave.

Ejemplifiquemos. En el terreno religioso, ¿no es bien verdad que el amortecimiento del principio de contradicción nos conduce con mucha frecuencia a actitudes lamentables? ¿Cuántos son los católicos que se juzgan con derecho a discordar de la Iglesia en alguno o en muchos puntos? Con eso, aunque se ufanen de ser católicos, pecan contra la fe. ¿Por qué? Simplemente porque imaginan que es posible un tertium genus, un medio término entre ser católico y no ser.

¡Lo mismo se debe decir de la naturalidad con que se admite entre nosotros una categoría de católicos “no practicantes”! Claro que los hay en el mundo entero. Pero nos parece que en ningún país tienen tan poca conciencia de lo que su estado presenta de cacofónico, de antitético, en una palabra, de contradictorio. Por fin, un ejemplo más: ¡cuántas familias tenemos, modelarmente constituidas! ¿Por qué progresan tanto las modas inmorales? Porque esas familias, que aprecian tanto la virtud, son a veces poco enérgicas en el combate al vicio. ¿En todos esos casos qué nos falta? Viveza en el principio de contradicción, lapidariamente definido por Nuestro Señor cuando mostró la incompatibilidad entre el “sí” y el “no”.

Jesús discute con los fariseos – Catedral de Saint-Gatien, Tours, Francia

No resisto, sin embargo, al deseo de indicar otro ejemplo. Todos se quejan de la anemia de nuestra vida partidaria, de nuestra atonía en materia de ideología política y del predominio de las cuestiones personales en nuestra vida pública. Una de las causas de ese hecho está en la carencia del principio de contradicción. Pues, si delante de una idea que tenemos como cierta no nos organizamos para defenderla resueltamente contra las que le son opuestas, ¿cómo puede haber partidos de verdadero contenido ideológico?

El amortecimiento del principio de contradicción genera el gusto, la manía de las soluciones intermediarias, yo casi diría la servidumbre a las soluciones intermediarias. Dados dos caminos, escoger siempre el del medio, lo que no es carne ni pez: es en lo que se cifra para mucha gente toda la sabiduría. Ahora bien, si rechazar por principio las soluciones intermediarias es un error, también es adoptarlas por principio. Pues hay casos en que la Sabiduría las condena formalmente: “Ojalá fueras frío o caliente; pero porque eres tibio y no frio o caliente, voy a vomitarte de mi boca” (Ap 3, 15-16).

La persona viciada en las soluciones intermediarias es la víctima ideal de todos los bellacos. Pues la habilidad del bellaco consiste precisamente en hacer con que el ingenuo acepte, con algún disfraz, aquello que, desnudo y sin maquillaje, repudiaría. Los herejes son reincidentes en bellaquerías de esa naturaleza. Rechazado el pelagianismo, ellos obtuvieron la adhesión de innumerables ingenuos por medio del semipelagianismo. Condenado el arrianismo, ellos pusieron en circulación el semi-arrianismo. Fulminado el protestantismo, inventaron el bayanismo y el jansenismo. Condenados el comunismo y el socialismo fabrican un “socialismo mitigado”, que en último análisis no es sino un comunismo velado. Y así por delante.

Que esa táctica está particularmente desarrollada en nuestro tiempo, nada de más notorio. Una de las formas más hábiles de solapar los medios católicos es esta.

En este momento, nada más peligroso para Brasil

Y así, nada hay más peligroso para Brasil, en este momento, que el amortecimiento del principio de contradicción. Y nada es más necesario que trabajar para que, en nuestro país, este principio tome más fuerza, más color, más eficiencia en toda la vida mental.

No sé si un lector no brasilero comprenderá bien toda esta problemática. Lo dudo bastante. Pero, para un brasilero esto es mucho más inteligible. Sobre todo, para Vos, Señor Jesús, que, recostado en una cuna rústica, sondeáis, no obstante, hasta el fondo las almas y los corazones. Para Vos que, siendo la Sabiduría increada y habiendo nacido de Aquella que es la Sede de la Sabiduría, conocéis totalmente la índole de

Adoración de los Reyes Magos – Castel Vecchio, Verona, Italia

cada pueblo, a todos amáis, a todos queréis santificar. Para Vos, que desde toda la eternidad tan particularmente amasteis al pueblo brasilero y lo predestinasteis para una grandeza que llenará la Historia de mañana.

Nuestra obra es principalmente de mirra. Queremos que los católicos militantes y practicantes os amen sin mezcla de ningún otro amor. Que solo sirvan a un Señor. Que sean cada cual en su corazón una ciudad sin división, contra la cual nada puede el enemigo. Que no miren hacia atrás al empuñar el arado, y que en el afán de sembrar no se olviden de arrancar la hierba dañina. De cierto modo, los católicos militantes y practicantes son, también ellos, sal de la tierra y luz del mundo. En parte depende de su cooperación que el mundo no se corrompa, ni caiga en las tinieblas. Queremos que ellos sean una sal muy y muy salada, una luz puesta en lo más alto de la montaña y muy brillante. En ese sentido, Señor, es nuestra cooperación. Este es el regalo de Navidad que acumulamos durante el año entero para ofreceros. Otros os darán el incienso de sus innumerables obras, capaces de hacer un bien inapreciable. Nosotros nos inserimos en esa gran obra, quemando en abundancia, en el suelo bienamado de Brasil, la mirra austera, pero odorífera, del “sí, sí; no, no”.

El Dr. Plinio en enero de 1956

Que María Santísima acepte esa mirra en sus manos indeciblemente santas y os las ofrezca. Ella tendrá para Vos entonces el encanto del oro y del incienso, con alguna cosa más: y esto le vendrá del sudor, de la sangre de alma y de las lágrimas de un apostolado que tiene sus horas muy amargas… Pero en la cruz está la luz. Y en ese amargor está lo mejor de la alegría y de la belleza de nuestro apostolado.

(Extraído de Catolicismo, No. 60,
diciembre de 1955)

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