Al analizar el proceso histórico del avance progresivo de la Revolución, se observa que la acción en las tendencias desempeña un papel primordial: sin adoctrinamiento, el primer paso solo requiere una falta de compenetración del estado de lucha de la vida, seguida de una amenización y relajación de los principios, y luego una falta de certeza que oscurece la luz primordial. Poco a poco, la humanidad se hunde en el abismo.
Plinio Corrêa de Oliveira

Escena de la corte de Carlomagno Museo del Louvre, París
La decadencia de la Edad Media se produjo por una crisis de mentalidad causada por la sensualidad. Se trata de un clima moral provocado por este mal.
Los elementos de la nueva mentalidad
Los efectos de la sensualidad tienen sus raíces en el siglo XIV, cuando comienza a observarse una profunda transformación de la mentalidad en la Europa cristiana, que, a lo largo del siglo XV, se acentúa cada vez más en Occidente.
Es importante señalar que el término “mentalidad” se usó de forma muy deliberada. No se trata de una doctrina, porque doctrina y mentalidad difieren. Me refiero más propiamente a un estado de espíritu, a una mentalidad, y no a una doctrina. Esa mentalidad nace de forma confusa, pero, a medida que crece, se va volviendo más clara. Se trata de transformaciones que pasan por un proceso de nitidez. Y ésa es una de las reglas del proceso.
Los elementos de esta mentalidad son, inicialmente, un apetito por los placeres terrenales, que tiende a transformarse en ansia. Es un apetito consentido que, al convertirse en ansia, tiene manifestaciones más claras que las del simple apetito. En segundo lugar, viene la necesidad de diversiones que tienden a volverse más complicadas, más suntuosas, más frecuentes, con reflejos en la vestimenta, en las costumbres, en el lenguaje, la literatura, el arte y en una vida llena de deleites y fantasías de los sentidos, provocando la sensualidad y languidez sentimental, la decadencia de la austeridad y de la seriedad, la manía de hacer que todo sea risueño, gracioso y festivo. Los corazones se desprenden gradualmente del amor al sacrificio; es la caballería que se vuelve amorosa, la literatura que se refleja en esto y, en consecuencia, el exceso del lujo y la avidez por el lucro. Todo esto es característico no de una doctrina, sino de una mentalidad. La doctrina le sigue a ello.

Del ámbito filosófico y religioso al político
Tras emplear el término mentalidad, describo un clima moral. Mentalidad y clima moral son conceptos muy relacionados que se complementan. Entonces, no solo prevalece la sensualidad, sino también la vanidad y el orgullo, que penetran más directamente en el ámbito de los principios y de la doctrina. Se trata de disputas ostentosas y vacías, exhibiciones fatuas de erudición y viejas tendencias filosóficas que renacen.
Lo que ocurre en el ámbito de las doctrinas de carácter filosófico y religioso, también penetra en el ámbito político, a través de una nueva doctrina: el absolutismo. Ya no se trata sólo de la vanidad de los legistas por conocer el Derecho Romano, de estar muy en la onda de la cultura de Roma y querer imitarla; ahora también está vivo el orgullo de los reyes, que querían dominar mediante el absolutismo.







