La superficialidad de la Revolución Industrial y la verdadera formación cultural

Publicado el 01/16/2026

¡Comparte !

El punto detonante de toda la vida intelectual de un individuo es su apetencia metafísica con respecto a un asunto determinado; sin ella, la persona jamás se volverá sabia. Empero, la Revolución Industrial promueve la superficialidad, impidiendo a las almas el amor a Dios y la consideración de la lucha como una realidad de la vida.

Plinio Corrêa de Oliveira

Voy a dar un ejemplo concreto de cómo la Revolución Industrial falsifica todas las cosas.

Descubrimientos de inicios del siglo XX

En mi tiempo de infancia, la egiptología era muy conceptuada. Dos hombres, Lord Carnarvon y Howard Carter, decidieron hacer investigaciones en el Valle de los Reyes, en Egipto, y acabaron descubriendo la tumba de Tutankamón, sacando a la luz toneladas de todo lo que ella contenía. Las revistas y los periódicos hicieron un estallido publicitario celebérrimo en favor de los descubrimientos.

Valle de los Reyes, Egipto

En aquel período, la influencia y el dominio de Inglaterra sobre Egipto eran aún muy grandes. Por eso aprovecharon el descubrimiento y mandaron a llevar al British Museum3 cantidades indefinidas de tesoros egipcios. La sección de egiptología de ese museo es colosal. Y había cierto interés general –moderado y superficial, pero había– por los asuntos de la egiptología.

Veamos el modo como se desarrollaron las cosas.

Influencia artificial de la Revolución Industrial

En virtud de las facilidades de la Revolución Industrial, un viaje de Inglaterra a Egipto se hacía mucho más fácil que en épocas anteriores. El establecimiento de la garra inglesa allí también se hacía mucho más fácil, porque podían transportar armamentos y tropas a toda hora. Fue lo que hicieron: ocuparon Egipto. Después de la Primera Guerra Mundial también hubo allí una presión norteamericana.

British Museum, Londres

Los ingleses, en las investigaciones arqueológicas, usaron medios técnicos de toda clase para detectar dónde quedaba la puerta de la tumba. Eran técnicas de ventilación, también técnicas para sacar los objetos del interior, el modo de guardarlos, de transportarlos en camiones hasta El Cairo, donde ya había navíos preparados para llevarlos al British Museum. Eran tantos objetos, que acabaron estableciendo un mercado de egiptología en El Cairo, para vender cosas a otros países.

Al mismo tiempo, se inició el flujo de coleccionistas y de negociantes, para los cuales construyeron hoteles y casas de diversión. Las agencias de turismo esparcidas por toda Europa y por Estados Unidos lanzaron el anuncio: “¡Ven a divertirte! ¡La diversión moderna es muy agradable! Pero, ¿Por qué no pruebas una diversión de dos mil años atrás? Ven a ver cómo se divertía el faraón. Ven a conocer el mundo fabuloso de los faraones de Egipto. ¡Ven a conocer el mundo fabuloso de las pirámides!” Y aparecía dibujado un egipcito estilizado. En fin, comenzó el flujo de viajeros.

Esos medios de propaganda llevaron a las pirámides a un torbellino de gente. Todo eso es un movimiento artificial. Y digo artificial, porque hace tan fácil el acceso a la pirámide y crea tanto interés de personas sin entusiasmo por ella, que van allí solo por causa del turismo o de otro factor cualquiera, que el asunto “pirámide” queda mezclado con una serie de otros… Es todo un pretexto.

Ese material fue a Inglaterra y allá construyeron –voy a imaginar– dependencias especiales en el British Museum: “Sala Tutankamón” o “Pabellón Tutankamón”, exhibiendo las pertenencias del Faraón, o el “Pabellón del dios Ra”, llenando el museo de objetos de toda clase.

Además, en los alrededores de las pensiones o de los hoteles de Egipto, crearon un nuevo mercado de pequeñas imitaciones de los objetos de las pirámides, para venderlas como souvenirs.

De repente, el gobierno inglés resuelve: “Es necesario con la mayor urgencia –y no se sabe por qué ‘con la mayor urgencia’– descifrar todo lo encontrado.” En la Universidad de Oxford o de Cambridge se monta una Facultad de Egiptología, se convocan a egiptólogos del mundo entero para que vivan ahí, a fin de descifrar los enigmas y, dentro del programa, dentro de treinta años, cuando fuese el “tantésimo” aniversario de Champollion4, poder exhibir los descubrimientos.

Actuando de ese modo, atraen para tales estudios a una porción de gente que no tiene verdadero interés por la pirámide, y va a estudiarla de la misma forma como, por ejemplo, podría trabajar en una fábrica de cordones de zapatos de Canadá o ser marinero. Como allí se tiene un buen sueldo y buenas condiciones de vida, la persona se dedica a estudiar paleografía. Forman, entonces, un conjunto que estudia egiptología a los golpes. Resultado: el sujeto no estudia aquel material egiptológico en la medida de su interés, ni tiene una libre iniciativa para profundizar en ese o en aquel punto, pero está obligado a preparar un relato sobre tal tema. Todo eso para el “trigésimo aniversario” de Champollion.

¿Cuál es el resultado de todo eso? Una producción arqueológica enorme. Sin embargo, el aprovechamiento general es muy inferior al que sería si no hubiese esa influencia de la Revolución Industrial.

Esfinge y Pirámides de Egipto

Proceso contrario a la artificialidad industrial

Si no hubiese Revolución Industrial, ¿qué sucedería? Irían allá solo los fanáticos de la antigüedad egipcia. Esos tendrían condiciones reales para ir. Estudiarían lentamente, aunque mucho más a fondo, sin encomiendas con plazos limitados, sino solamente llevados por el deseo desinteresado de conocer y estudiar a Egipto. Esos hombres habrían vencido la barrera de la pereza, de la indolencia y de la timidez, serían prácticamente los “bandeirantes5” de la egiptología, llevados por un deseo desinteresado de conocerla. Serían hombres que ni siquiera trabajarían para hacerse célebres, porque la máquina de propaganda no estaría montada en torno a ellos.

En consecuencia, tendríamos una egiptología dirigida y ejecutada por los egiptólogos que anduvieron más lento, pero a ese paso habrían estudiado todos los recovecos del asunto “Egipto” adecuadamente. Cuando se hiciera la publicación de sus estudios, tal vez hasta ya hubiesen muerto, pero serían obras de primer valor y habría una escuela de egiptólogos instalada allí, no tan diferente de los setenta sabios de Alejandría. En síntesis, todo eso se habría producido más lentamente, sin prisa, sin propaganda, con más profundidad y con cualidades muy superiores.

Sin apetencia metafísica no hay verdadera sabiduría

Yo creo que no existe formación cultural que no tenga como raíz una apetencia metafísica. Y tal apetencia, que en la mayor parte de los casos debe ser no consciente, sino subconsciente, da a la persona el deseo de conocer una cosa en su profundidad, porque siente y percibe que su alma queda más integrada y más completa si sabe aquello.

Ese es el punto detonante de toda la vida intelectual de una persona.

Lord Carnarvon y Howard Carter en la tumba de Tutankamón

Si ella no conoce algo por apetencia metafísica, jamás será un sabio, según nuestro concepto de sabio, y ese deseo metafísico supone una posición ante el asunto, semejante a la posición del alma piadosa, seria y recta, delante de la Doctrina Católica.

Tomen a un buen católico que quiere conocer a fondo la doctrina católica. Tal actitud ya supone lo siguiente: no querer conocer todo por igual, sino conocer suficientemente lo que dice a su respecto, lo que él debe saber. El individuo que quiere conocer por igual todo, no quiere conocer nada, solo pretende mostrarse. Ese no sirve.

El buen católico que quiere conocer algunos puntos, a medida que va estudiando, va enriqueciendo su alma con eso y acaba tomando una actitud contemplativa. Su apetito por el asunto va yendo cada vez más lejos, va subiendo y casi se podría decir que existen en él las tres vías de la vida espiritual: la vía purgativa, la vía iluminativa y la vía unitiva.

En la vía purgativa, el individuo se va interesando tanto que acaba desinteresándose de los demás asuntos, a no ser en cuanto se ligan al asunto principal que le interesa. En la vía iluminativa va creciendo cada vez más en conocimiento; y en la vía unitiva se torna un sabio, porque, meditando en tales reflexiones, de tal manera está unido a ellas, que acaba acrecentando cosas nuevas.

Me gustaría añadir lo siguiente: hay algo que podría compararse vagamente a la unión mística. El individuo como que se transforma en el asunto y este se transforma en él. De tal manera que es imposible estudiar la materia sin sentir la marca de su personalidad. Y también es imposible tratar con él sin ver la materia como viva en él. Es el auge de la vía unitiva.

Cursos libres para despertar en los jóvenes apetencias metafísicas

El punto de partida de la formación sería despertar en los alumnos del curso secundario, y tal vez ya en el primario, una apetencia. No se trata de imponer: “Tú vas a ser tal cosa…” ¡No! Se trata de interrogar al joven: “¿Qué pide tu alma?”, y encaminarlo en aquella dirección.

¡Si nosotros tuviéramos gente para eso, para el Reino de María…! Voy a decirlo en una sola palabra: si hubiese la posibilidad de montar un curso secundario que enseñe la materia como nosotros la entendemos, o más aún, promover un curso libre a nuestra manera, para despertar en los adolescentes el gusto metafísico y el gusto por la Historia, de algunas materias que ya se estudian en el curso secundario, en una especie de secundaria libre, sin fiscalización del Estado, ni nada. Hacer eso en las horas libres. No obstante, con un cuidado muy grande: ¡no formar maníacos! Yo no creo que un egiptólogo verdadero, por ejemplo, sea un maníaco que pasa el día entero dentro de la pirámide. Ese no sirve de nada.

Por el contrario, debe ser un hombre común, un jefe de familia que cuida de algún negocio, que se interesa por los hechos que acontecen, está a la par de la vida, de la Revolución y de la Contra-Revolución, y de ahí saca los interrogantes para su estudio. Los interrogantes son uno de los puntos más importantes de la vida intelectual. Las preguntas deben salir de la vida común y de los problemas del individuo en contacto con la vida de todos los días. Quien no tiene preguntas, es porque no entendió nada. Ese cuento de pensar que aquel que nunca pregunta entendió todo, es falso. Ese sujeto está en el bas-fond6 de la vida intelectual, pues no entendió ni siquiera lo que es entender.

¡Así tendríamos la posibilidad de hacer un apostolado grandioso! Y yo creo justamente que uno de los puntos por los cuales el apostolado de João Clá es tan fecundo –ante todo se debe considerar la bendición que Nuestra Señora le da–, es porque él, sin darse cuenta, mezcla metafísica con la vida: cuenta un hecho, dice una cosa, juega con uno, vuelve al tema… No es de aquellos que promueven una enseñanza “ploc-ploc”7, diciendo lo siguiente: “Entonces, les voy a explicar qué es la egiptología: Champollion… Antes de estudiar el Egipto es necesario saber qué es egiptología, ¡si no, no da, no da, no da!” Acaba siendo un estudio escolar aburrido. En el contacto con la vida se forma el científico.

Jean-François Champollion

Me gustaría añadir lo siguiente: hay algo que podría compararse vagamente a la unión mística. El individuo como que se transforma en el asunto y este se transforma en él. De tal manera que es imposible estudiar la materia sin sentir la marca de su personalidad. Y también es imposible tratar con él sin ver la materia como viva en él. Es el auge de la vía unitiva. Cursos libres para despertar en los jóvenes apetencias metafísicas El punto de partida de la formación sería despertar en los alumnos del curso secundario, y tal vez ya en el primario, una apetencia. No se trata de imponer: “Tú vas a ser tal cosa…” ¡No! Se trata de interrogar al joven: “¿Qué pide tu alma?”, y encaminarlo en aquella dirección.

¡Si nosotros tuviéramos gente para eso, para el Reino de María…! Voy a decirlo en una sola palabra: si hubiese la posibilidad de montar un curso secundario que enseñe la materia como nosotros la entendemos, o más aún, promover un curso libre a nuestra manera, para despertar en los adolescentes el gusto metafísico y el gusto por la Historia, de algunas materias que ya se estudian en el curso secundario, en una especie de secundaria libre, sin fiscalización del Estado, ni nada. Hacer eso en las horas libres. No obstante, con un cuidado muy grande: ¡no formar maníacos! Yo no creo que un egiptólogo verdadero, por ejemplo, sea un maníaco que pasa el día entero dentro de la pirámide. Ese no sirve de nada.

Por el contrario, debe ser un hombre común, un jefe de familia que cuida de algún negocio, que se interesa por los hechos que acontecen, está a la par de la vida, de la Revolución y de la Contra-Revolución, y de ahí saca los interrogantes para su estudio. Los interrogantes son uno de los puntos más importantes de la vida intelectual. Las preguntas deben salir de la vida común y de los problemas del individuo en contacto con la vida de todos los días. Quien no tiene preguntas, es porque no entendió nada. Ese cuento de pensar que aquel que nunca pregunta entendió todo, es falso. Ese sujeto está en el bas-fond6 de la vida intelectual, pues no entendió ni siquiera lo que es entender.

¡Así tendríamos la posibilidad de hacer un apostolado grandioso! Y yo creo justamente que uno de los puntos por los cuales el apostolado de João Clá es tan fecundo –ante todo se debe considerar la bendición que Nuestra Señora le da–, es porque él, sin darse cuenta, mezcla metafísica con la vida: cuenta un hecho, dice una cosa, juega con uno, vuelve al tema… No es de aquellos que promueven una enseñanza “ploc-ploc”7, diciendo lo siguiente: “Entonces, les voy a explicar qué es la egiptología: Champollion… Antes de estudiar el Egipto es necesario saber qué es egiptología, ¡si no, no da, no da, no da!” Acaba siendo un estudio escolar aburrido. En el contacto con la vida se forma el científico.

Máscara mortuoria de Tutankamón

Apertura del túmulo de Tutankamón

Necesidad imperiosa de un mundo hecho de maravillas

El individuo tiene necesidad, en el fondo del alma, de vivir, de huir de este mundo industrializado de hoy a una forma de maravilla que solo se encontraría si él fuese capaz de vivir bajo el mar, por ejemplo, donde hay un universo que refresca todas sus imágenes y le da toda una serie de otras ideas. De tal manera que él es capaz de ir a ver un galeón sepultado en las aguas. Si ese galeón fuese restaurado, llevado a un puerto y transformado en un punto de visita de museo, él no va, porque no tiene interés por él a no ser en cuanto sumergido. ¿Por qué? Por la poesía especial que existe en el fondo del mar en cuanto mar. Por la maravilla en cuanto maravilla.

Un hombre así, si tuviese fe, podría pintar aspectos del Cielo como siendo parecidos a la vida submarina. Eso refrescaría las nociones sobre el Cielo, substituiría el Cielo perpetuamente renacentista y lo pondría en otra clave. Es probable que el Cielo Empíreo tenga una serie de cosas de esas, que nosotros ni siquiera somos capaces de pensar.

¡Cuántos de nosotros, sin percibirlo, padecemos porque nunca nos embreñamos por áreas ignotas que darían respiración a nuestras almas! Levanto una hipótesis: ¿no sería un complemento interesante de toda cultura si el individuo fuese habilitado a imaginar y a estudiar, a interesarse por mundos más o menos reales, más o menos imposibles, que representan lo imposible, lo maravilloso para él?

Amor al bien y odio al mal, fundamento de la lucha R-CR

¿Cómo insertar en ese cuadro el aspecto de la lucha entre la Revolución y la Contra-Revolución?

Una respuesta que agradaría a mucha gente, pero, por contener una parte de la verdad, deformaría los espíritus, sería la siguiente: “Revolución y Contra-Revolución no es sino el concepto católico del carácter militante de la Iglesia y de la vida. Estudia los ángeles, a los demonios un poco, el pecado original, la debilidad del hombre y la ascesis, practica en ti mismo el discernimiento entre Revolución y Contra-Revolución, reprime tus defectos, desarrolla tus virtudes y tendrás un panorama Revolución y Contra-Revolución presente en ti.” Ahora bien, la respuesta verdadera es diferente, no es solo eso. Sería: “Estamos en este mundo no solo para trabar esa lucha, sino para conocerla. Y, conociéndola, ver la vida –la cual es un objeto de contemplación– como reflejo de Dios en su santidad y lucha contra el demonio en su ignominia. No son dos dioses, uno bueno y otro malo. El demonio no se refleja en las cosas como Dios se refleja. Y aprende a amar a Dios en esta realidad llamada lucha, en la cual tú conoces el bien y el mal, amas el bien y odias el mal, en concreto, como existen, porque esto es lo que te fue dado, para subir después a las más altas meditaciones del amor a Dios, en la medida en que tu alma lo pida. Para eso tienes que amar el orden del universo. Para amarlo, debes amar los diversos órdenes que lo constituyen y odiar lo contrario.”

El Dr. Plinio en 1986

 “Y no es una lucha en tesis. Es una lucha de mis días, como ella existe hoy. Esta la tienes que conocer. Y tu amor y tu odio tienen que estar puestos ahí. En ella, ver a Dios en cuanto infinitamente superior a todo eso, Autor de todo cuanto es bueno y opuesto a todo cuanto es malo.”

Y, además, cierta gracia que va por encima de todo eso, un discernimiento del carácter sobrenatural y preternatural de esas realidades, el cual, en cierto sentido, es el mejor sol de ellas.

(Extraído de conferencia del 15/10/1986)

_________________________

1) V Conde de Carnarvon. Financió la expedición liderada por Howard Carter, quien descubrió la tumba de Tutankamón en 1922, en el Valle de los Reyes.

2) Arqueólogo y egiptólogo británico (*1874 – †1939).

3) Museo Británico, localizado en Londres.

4) Jacques- François Champollion (*1778 – †1867). Arqueólogo francés, conservador de manuscritos en la Biblioteca Real y profesor de paleografía.

5) Líderes de expediciones llamadas bandeiras, que tuvieron lugar entre los siglos XVII y XVIII para explorar el interior de Brasil.

6) Del francés: submundo.

7) Expresión onomatopéyica creada por el Dr. Plinio para designar el defecto de ciertas personas que, desprovistas de intuición, aminoran la importancia de los símbolos y niegan el valor de la acción de presencia. Quieren explicar todo por medio de raciocinios desarrollados de modo lento y pesado, a la manera de un adoquín que, al ser girado sobre el suelo, emite el ruido “ploc-ploc”.

Deje sus comentarios

Los Caballeros de la Virgen

“Caballeros de la Virgen” es una Fundación de inspiración católica que tiene como objetivo promover y difundir la devoción a la Santísima Virgen María y colaborar con la “La Nueva Evangelización” , la cual consiste en atraer los numerosos católicos no practicantes a una mayor comunión eclesial, la frecuencia de los sacramentos, la vida de piedad y a vivir la caridad cristiana en todos sus aspectos. Como la Iglesia Católica siempre lo ha enseñado, el principal medio utilizado es la vida de oración y la piedad, en particular la Devoción a Jesús en la Eucaristía y a su madre, la Santísima Virgen María, mediadora de las gracias divinas. Sus miembros llevan una intensa vida de oración individual y comunitaria y en ella se forman sus jóvenes aspirantes.

version mobile ->

CABALLEROS DE LA VIRGEN
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.