BUSCAR A DIOS HASTA ENCONTRARLO

El Niño Jesús entre los doctores – Basílica del Rosario – Guatemala – Guatemala
Introducción
La devoción de los cinco primeros sábados –comunión sacramental, confesión, rezo del rosario y meditación de alguno de sus misterios, todo ello en reparación por los pecados del mundo– la promueven los Heraldos en los países donde ejercen su apostolado. ¡Cuánto quisiéramos que en todas las comunidades de nuestra Iglesia se atendiese ese pedido hecho por la Virgen a sor Lucía de Fátima!
Composición de lugar
Imaginemos que llegamos al majestuoso Templo de Jerusalén. Después de atravesar los atrios llenos de personas que van y vienen, entramos en el lugar destinado al culto, donde se ven sacerdotes sacrificando animales y a otros que leen o cantan salmos, mientras algunos fieles depositan sus limosnas en las alcancías. El alboroto es grande y resulta difícil concentrarse… Es desconcertante ver personas piadosas con usureros inescrupulosos que transforman la casa de Dios en un lugar de comercio.
De repente, nos encontramos con una escena inusitada: unos personajes graves y de edad avanzada conversando con un niño encantador de doce años, que demuestra una sabiduría extraordinaria. Ese niño es Jesús, que aún no ha empezado su misión pública –lo hará cuando cumpla treinta años– pero que ya está ansioso de comenzarla.
Oración preparatoria
¡Oh, Jesús! Por medio de tu santa Madre y de san José, te pido la gracia de comprender, amar y vivir las lecciones que me das en este misterio de la pérdida y el hallazgo del Niño entre los doctores de la ley. Que, como María Santísima, te busque siempre, que imite el celo de san José en ampararte, que acepte siempre tu voluntad, aunque no la entienda y que, siguiendo tu ejemplo, sea sumiso y obediente a tu ley y a quienes tienen autoridad sobre mí. Amén.
Evangelio
Sus padres solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo. Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados». Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón (Lc 2, 41-51).
I – EL CULTO DEBIDO A DIOS FIELMENTE CUMPLIDO
«Sus padres solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua». Entre los diversos deberes de la Sagrada Familia, los relativos a la religión ocupaban un lugar prioritario: la celebración anual de la Pascua en Jerusalén constituía un compromiso ineludible. Todo miembro del pueblo que era elegido y practicaba su fe acudía a la festividad.
Y yo… ¿cumplo yo con la ley de la Iglesia de confesarme y comulgar por lo menos una vez al año? ¿Acudo a la misa los domingos, el día del Señor, a nutrirme con la Palabra y con la Eucaristía? Consideremos las opciones que tenemos hoy para escoger lugares y horarios convenientes, así como las facilidades de transporte que no había hace dos mil años atrás. Entre tanto, muchísimos católicos no cumplen con sus deberes religiosos.
1 – El gozo sucede al dolor
La alegría del encuentro del Niño es precedida por el dolor de la pérdida ¿Qué le habría podido ocurrir a Jesús en una edad en que todavía dependía del cuidado de sus padres? Y el mismo gozo del encuentro no estuvo exento de ansiedad: «“Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Él les contestó: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”. Pero ellos no comprendieron lo que les dijo» (Lc 2, 48-50).
El episodio de la pérdida y el hallazgo del Niño en el Templo nos enseña que la cruz nos acompaña siempre a nuestras vidas en la tierra y que la felicidad plena y definitiva sólo se alcanza en el cielo.
2.- EL NIÑO JESÚS DA PRIORIDAD A LOS INTERESES DEL PADRE
Jesús responde a su Madre con un inmenso respeto y con una franqueza que puede parecernos altanera o poco amorosa. Pero la verdad dicha oportunamente nunca ofende. Y entre Madre e Hijo había una concordia que jamás fue herida en lo más mínimo. Además, tanto Jesús como María no querían otra cosa sino cumplir los intereses del Padre. El primer mandamiento de la ley de Dios nos señala precisamente el amor a Dios sobre todas las cosas.
Y yo… ¿cumplo con Dios o prefiero el amor a las criaturas y el seguimiento de mis propios criterios y caprichos?
II – LA UNIÓN DE LA FAMILIA
En la Sagrada Familia brillan todas las virtudes. Por eso, esa «trinidad de la tierra» –la Trinidad del cielo son las tres divinas personas que constituyen un solo Dios– es modelo de las familias cristianas. Es modelo de virtudes hogareñas en grado superlativo: amor de Dios y unión íntima entre tres.
¡Cuánto precisan las familias contemporáneas seguir ese ejemplo! Tantas veces –para no decir tantísimas– Dios está ausente de sus vidas y el egoísmo impera. Recemos por la familia que con la bendición del sacramento del matrimonio es llamada «iglesia doméstica».
1 – RESPETO Y ARMONÍA EJEMPLAR…
En la casa de Nazaret reina la concordia. Jamás una discusión, jamás una disputa. Hay una particularidad original en esta familia tan especial: el más importante es Jesús, segunda persona de la Santísima Trinidad encarnada. Es el menor y es el que obedece. Su Madre lo adora, al mismo tiempo que lo educa y manda sobre Él. Y el mayor en edad es san José, infinitamente inferior al hijo e insondablemente menor que la esposa, que es reina del cielo y de la tierra. Sin embargo, es el jefe, el superior, la autoridad.
A los ojos de todos –los parientes, los vecinos, los paisanos–, las cosas suceden como si esas realidades sobrenaturales no fuesen tales, y se los ve en lo cotidiano como una familia normal.
2 – … A PESAR DE LAS DIFICULTADES
La armonía y la concordia no dispensan el sufrimiento. María y José sufrieron mucho con la pérdida del Niño, pero quizá sufrieron más al no comprender la respuesta que les dio. «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre? Pero ellos no comprendieron lo que les dijo» (Lc 2, 49-50).
Sería una blasfemia imaginar que Jesús les faltó el respeto. Él quiso ponerles esta prueba para aumentar aún más sus méritos y hacerles crecer espiritualmente. El respeto del Niño hacia sus padres era total. San Lucas continúa diciendo: «Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos» (Lc 2, 51), es decir, les era plenamente obediente.
III – LA SED DE ALMAS
San Agustín enseña que sólo hay dos amores: el amor a Dios y el amor a uno mismo. Al prójimo se le ama por amor a Dios o por amor propio.
Jesús ardía en amor por el Padre y por el prójimo por amor a Dios, como lo muestra su encarnación, vida, pasión y muerte. Vino a la tierra para glorificar a Dios y para salvar a los hombres. Y desde la cruz exclamó: «Tengo sed». Sed física, sin duda, pero, sobre todo, sed de las almas que vino a redimir.
Su permanencia en el Templo y sus diálogos con los doctores fueron ocasión de saciar esa sed. Y, aunque sus interlocutores no acogiesen sus enseñanzas salvíficas, Él quería que se convirtieran y se salvaran; tenía sed de ellos.
1 – JESÚS ADELANTA “SUS HORAS”
“Todavía no ha llegado mi hora” (Jn 2, 4). En la boda de Caná, donde faltó el vino, Jesús, a pedido de su Madre, adelantó su hora al transformar el agua en vino, prefigurando lo que haría más tarde al transubstanciar el vino en su sangre en la última cena.
En su estancia en el Templo, Jesús también adelantó la hora de su ministerio público, que iría a comenzar a los treinta años. ¡A los doce años, ya lo vemos enseñando y evangelizando!
Y yo… ¡cómo tardo en cumplir mi vocación y mis deberes cristianos!
2 – MARÍA CONSERVABA TODO EN SU CORAZÓN
Después del mal momento de la pérdida, de la alegría del reencuentro y del retorno a Nazaret, san Lucas nos dice que «su madre conservaba todo esto en su corazón» (Lc 2, 51). En otro pasaje, a propósito del nacimiento de Jesús en Belén, dice también el evangelista: «María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2, 19). El corazón de María se nos muestra como un evangelio viviente, donde todos los hechos y los dichos de su «divino» Hijo eran guardados y meditados.
Y yo… ¿conservo, pienso y aprovecho las gracias recibidas?
CONCLUSIÓN: BUSCAR A DIOS HASTA ENCONTRARLO
La búsqueda del Niño Jesús por parte del santo matrimonio y el gozo de haberlo encontrado son un ícono de lo que debe ser el día a día de un católico: buscar y saber ver a Dios en las cosas y en los acontecimientos hasta el encuentro definitivo en el cielo.
La oración, las obras de misericordia, el trabajo… cada palpitar de nuestro corazón, que sea ofrecido en la intención de lograr ese encuentro… o reencuentro. Esto es hacer «la voluntad de Dios, así en la tierra como en el cielo». Todo lo demás es secundario y, si otras cosas nos convienen, nos serán dadas por
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia…







