Meditación Primer Sábado del mes de Abril 2026. Primer Misterio Glorioso-LA RESURRECCIÓN DEL HIJO DE DIOS

Publicado el 04/04/2026

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ID, PUES, Y HACED DISCÍPULOS A TODOS LOS PUEBLOS BAUTIZÁNDOLOS

 Introducción

Una vez más nos congregamos para meditar un misterio del rosario en este primer sábado de mes, con la intención de reparar por los pecados del mundo.

Estamos en la víspera de la solemnidad máxima del calendario litúrgico: la Resurrección del Señor, que se contempla en el primer misterio glorioso.

Vamos a considerar tres importantes acontecimientos que se dan inmediatamente después de la resurrección:

1) La conspiración de los malos (Mt 28, 11-14).

2) El mandato de evangelizar y la promesa de la compañía de Jesús hasta el fin del mundo (Mt 28,17-20).

3) La concesión del don de perdonar los pecados (Jn 20, 20-23).

 Composición de lugar

Consideremos el miedo, la angustia y la vergüenza de los apóstoles después de sus comportamientos durante la pasión y la muerte del Señor.

Miedo por el odio desatado de los judíos contra Jesús y sus seguidores; angustia por lo que a sus ojos era el fracaso rotundo del Maestro y de sus vidas; y vergüenza por la actitud que tuvieron durante aquellos trágicos días en que huyeron del mejor de los amigos, olvidándose de su bondad y de su poder infinito de perdón y de restauración.

¡Pero la Virgen rezaba por ellos y aguardaba ansiosa la resurrección!

Oración preparatoria

Oh, Jesús, muerto y resucitado, que durante la cuaresma nos preparaste para la celebración jubilosa de la Pascua, haz que por el valor de tu sangre derramada y por las lágrimas de tu Santísima Madre, pase yo a tener una vida nueva.

Quiero reparar mis pecados y los del mundo entero, creo en tu poder y en tu amor y espero con confianza mi plena conversión y mi encuentro definitivo contigo en el cielo.

Amén.

Evangelio

(Mt 28, 11-14)

Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».

(Mt 28, 17-20)

Acercándose a ellos, Jesús les dijo «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

(Jn 20, 19-23)

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

I – Maldad deliberada y no mero equívoco

Las tramas de los sacerdotes y ancianos de la sinagoga se explican por una maldad consciente y deliberada. Hay una manera de ver las malicias que poblaron la historia —y que perduran y se agravan en nuestros días—, como siendo fruto del azar o de circunstancias casuales, como si lo que sucede no fuese condicionado por la voluntad de las personas.

Después del pecado original el hombre fue sujeto a tendencias para el mal y, utilizando erradamente el libre albedrio y tentado por el demonio, comete faltas ofendiendo a Dios. O, si resiste a la tentación, triunfa y glorifica a Dios.

Ni el mal ni el bien son fruto de lo que se denomina ingenuamente como «el destino»…

1.- Venal conspiración

El paso de nuestro Señor Jesucristo en la tierra estuvo constantemente asediado por confabulaciones urdidas por sus enemigos. Y no culminaron con la crucifixión, continuaron después de la resurrección y persisten a lo largo de la historia de la Iglesia. Y no es raro que, además del odio religioso, entre como factor un interés mezquino que quiere sacar beneficios personales. Es lo que vemos cuando los sacerdotes dan a los soldados que custodiaban el Santo Sepulcro una fuerte suma de dinero para que digan que el cuerpo de Jesús fue robado. Es que la enemistad entre buenos y malos ya fue anunciada en el Génesis, el primer libro de la Biblia, cuando Dios dijo a la serpiente: Pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; ésta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón. La mentira y el soborno son obra de la descendencia de la serpiente.

2.- Los malos, al igual que los buenos, se unen

Entre los instintos puestos por Dios en la criatura humana está el de la sociabilidad. Las personas de relacionan por ideas o por metas comunes, por afinidades de temperamento, por intereses diversos, por lo que sea. Inclusive esa relación establece una solidaridad que se defiende de todo lo que atenta y se opone a aquello que los congrega. Eso hace que haya —y es también un eco de la oposición entre una descendencia y otra— una amistad saludable entre los buenos y una complicidad culposa entre los malos. Don Bosco decía que, en sus colegios, ya desde el primer día, los alumnos se dividen y se asocian en dos grupos, el del bien y el del mal. Eso es así en todos los colegios y en todos lugares donde se congregan personas.

II – “Todo poder en el cielo y en la tierra”

Apareciéndose a los apóstoles después de la resurrección, Nuestro Señor los fortalece en la virtud de la confianza robusteciendo sus ánimos. Después les enviará el Espíritu Santo en Pentecostés, con lo que serán confirmados en la gracia.

Si en la transfiguración Jesús se mostró luminoso y tan impactante, ¿Cómo habrán sido esas apariciones en cuerpo glorioso? Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra: esta afirmación tiene un alcance enorme; Jesús se afirma todopoderoso y les deja patente su amistad, su perdón y su protección.

1.- Mandato de bautizar y de evangelizar

Como un general que valora a sus soldados y quiere honrarlos con responsabilidades importantes, Jesús envía a los Apóstoles como conquistadores a bautizar y a evangelizar… a todos los pueblos, es decir, ¡al mundo entero!

Aquellos que fueron cobardes durante la pasión y muerte del Maestro, reciben ahora una misión colosal que los honra. Y coronarán su fecundo apostolado muriendo mártires, como Él.

¡Qué vocación extraordinaria la de los apóstoles! Ésta es la misión de la Iglesia y, en proporciones diversas, la de cada uno de los católicos: evangelizar para que las aguas regeneradoras del bautismo hagan fecundo el evangelio.

2.- Promesa de presencia y acompañamiento constante

El Señor les hace, además, una promesa alentadora: Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos. Con la garantía de un tal compañero, ¿Cómo desanimarse o desesperar? Lo que fue dicho a los apóstoles también se nos dice a cada uno de los bautizados, a ti, a usted que me escucha, señor, señora, joven.

La presencia eucarística es ya el cumplimiento de esta promesa, pues Jesús está realmente presente en todos los sagrarios de la tierra. Pero no solo eso; también su presencia debe verse en las gracias que nos son dadas por mediación de María Santísima, en la santificación a través de los sacramentos, en la formación y guía que recibimos a través del magisterio de la Iglesia, en el ejemplo o el consejo de un amigo… en todo ello Nuestro Señor se hace presente y nos acompaña.

3.- El don del Espíritu y el perdón sacramental

Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

¡Qué dones maravillosos son el Espíritu Santo y el perdón! El perdón está siempre a nuestro alcance con tal de que nos arrepintamos, nos confesemos y tengamos el propósito de corregirnos y de evitar pecar en lo sucesivo.

Somo débiles, sí, por eso debemos recurrir a la confesión para limpiar nuestra alma y recibir energías sobrenaturales.

Los teólogos explican que lograr que un alma renazca a la vida de la gracia después de pecar mortalmente es un milagro mayor que resucitar a un muerto. Pues ese milagro lo hace Jesús a través del sacerdote, su ministro, cuando nos absuelve los pecados. Es muy triste ver que muchos pecadores no se reconcilian con Dios por vergüenza, preconceptos o por respeto humano.

No seamos impenitentes y acudamos llenos de confianza al sacramento de la reconciliación, que es un tribunal para absolver y no para condenar. Y si hemos recibido ya el sacramento de la confirmación, tendremos redobladas fuerzas para buscar el perdón.

III – Conclusión: Asumir nuestros compromisos cristianos

Bautismo, confirmación y confesión: estos tres sacramentos aparecen referidos en las palabras de Jesús resucitado a los apóstoles:

1) Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos bautizándolos.

2) Recibid el Espíritu Santo (confirmación).

3) A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados.

El misterio de la resurrección nos introduce de lleno en la consideración de nuestros compromisos contraídos al recibir el bautismo. Por nosotros mismos —si recibimos el bautismo con el uso de razón— o por la boca de los padres y padrinos, nos hemos comprometido a conformarnos con Jesucristo, nuestro modelo, y a renunciar al demonio, a sus pompas y a sus obras. Esto implica estar en estado de lucha para practicar la religión, toda vez que el mal existe y que conspira… como vimos en la actitud de los sacerdotes, ancianos y fariseos por ocasión de la resurrección.

Combatividad, sí, pues ¿no es acaso milicia la vida del hombre sobre la tierra? (Job 7, 1). Felizmente, tenemos abundantes ayudas sobrenaturales para el combate espiritual: los sacramentos, la oración, la ayuda del ángel de la guarda y, sobre todo, la mediación de María Santísima que nos da la gracia de Jesucristo, nuestro Salvador. En fin ¡el cielo entero es nuestro aliado!

Renovemos, pues, nuestros compromisos bautismales en este Triduo Pascual, tiempo fuerte de gracia y bendición. Hagámoslo cobijados bajo el manto protector de la Virgen.

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia…

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“Caballeros de la Virgen” es una Fundación de inspiración católica que tiene como objetivo promover y difundir la devoción a la Santísima Virgen María y colaborar con la “La Nueva Evangelización” , la cual consiste en atraer los numerosos católicos no practicantes a una mayor comunión eclesial, la frecuencia de los sacramentos, la vida de piedad y a vivir la caridad cristiana en todos sus aspectos. Como la Iglesia Católica siempre lo ha enseñado, el principal medio utilizado es la vida de oración y la piedad, en particular la Devoción a Jesús en la Eucaristía y a su madre, la Santísima Virgen María, mediadora de las gracias divinas. Sus miembros llevan una intensa vida de oración individual y comunitaria y en ella se forman sus jóvenes aspirantes.

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