
Basilica Ntra. Sra. del Rosario – Caieiras – Misa de Navidad 2024
Introducción
Estamos aún en el tiempo de Navidad, pero cerca ya de la Epifanía. Vamos a meditar sobre el tercer misterio gozoso del santo rosario, el Nacimiento de Jesús en la gruta de Belén. Pero no vamos a considerar el hecho del nacimiento en sí, sino algunas circunstancias que sucedieron a la nochebuena y que tienen valiosas aplicaciones para nuestra vida espiritual. Pongamos nuestro espíritu en presencia del misterio navideño y ofrezcamos esta meditación en reparación por los pecados con que se ofende al Inmaculado Corazón de María, según la petición de la Santísima Virgen.
Composición de lugar
En una primera escena imaginemos a los pastores llegando a la gruta con sus presentes. Y en una segunda escena, a los Reyes Magos venidos de Oriente acompañados por una prestigiosa comitiva.
La primera escena tiene por palco la misma gruta donde el recién nacido reposa sobre el pesebre, bajo la mirada encantada de la Virgen Madre y de San José. La segunda, sucede en una casa de la ciudad de Belén, estando el Niño en los brazos de María. Los contrastes aparecen diseñados: pobreza pastoril en el primer cuadro; pompa y ceremonia en el segundo. En ambas situaciones, está patente una atmosfera de recogimiento sobrenatural.
Oración preparatoria
Santísima Virgen María, Reina de Fátima, dame la gracia de hacer esta meditación con piedad y con atención, para que, considerando la actitud gozosa de los pastores y de los reyes ante el Niño Dios, sepa yo ver en la fragilidad y la humillación de tu Divino Hijo, toda su grandeza y su gloria. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Evangelio
Lucas, 2 (15-20): Los pastores «fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto».
Mateo, 2 (1-2, 10-12) «Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino».
I – Un poderoso guerrero nace en una pobre gruta
En la gruta de Belén, todo es sencillo, pacífico, distendido; se diría que consideraciones de lucha no caben en este cuadro. Vemos al Niño Dios en el pesebre sonriendo y de brazos abiertos, gesto que significa la abertura de su amor para todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares. Mas significa también la cruz —sus brazos están abiertos en forma de cruz— en la cual, por amor a nosotros, Él sería clavado.
¡Qué paradoja, tan pequeñito y ya dispuesto a inmolarse como un héroe! Sí, Jesús viene a la tierra contrariando las fuerzas del demonio, del mundo y de la carne, como un guerrero que entra en la batalla. Un corazón valiente pulsa en aquel frágil Niño que en el pesebre sonríe y, a veces, llora… Sí, el Príncipe de la Paz es un valeroso combatiente.
1.- María encinta y José no son acogidos en la ciudad
Los viajeros llegan a Belén extenuados después de un largo viaje y buscan un albergue para descansar. Por esos días, a María le llegaba la hora de dar a luz. San Lucas relata que no hubo sitio para ellos en la posada, lo que significa no tanto que los lugares estaban todos materialmente ocupados, sino más bien que las personas estaban cerradas a las necesidades de los santos esposos. El Evangelio parece decirnos que no había un lugar digno para que la Santísima Virgen pudiese da a luz. Pues sí, casas donde no se practica la hospitalidad no convenía que fueran el marco del magno acontecimiento natalino. En cambio, una gruta previamente dispuesta en condiciones por San José —seguramente con la ayuda de los ángeles— fue lo que convino para el nacimiento.
2.- Los pastores, en cambio, abren sus corazones a la Sagrada Familia
Las melodías de los ángeles y la ternura de los pastores concurren a dar a la gruta de Belén una nota de alegría y de paz. Consideremos también cuánto hay de inocente, de distendido y de campestre en la vaca y en el buey que la tradición pone junto al pesebre. Son criaturas irracionales que calientan con su aliento el ambiente en aquella fría noche.
Los pastores que acudieron a venerar al Niño convocados por los ángeles representan a la multitud de los bautizados que están en el mundo cumpliendo sus deberes cotidianos. No eran —como algunos pueden pensar— menesterosos, meros jornaleros o gente sin relevancia, pues su profesión era considerada muy digna, ¡y lo era! A menudo los pastores eran dueños de vastos rebaños y propietarios de fincas. Eran, eso sí, gente humilde y trabajadora, sin envidia ni rebelión contra quienes pudieran ser superiores en la escala social. Eran otros tiempos…
II – El maravilloso ejemplo de los Magos
La historia de los Reyes Magos es un extraordinario ejemplo de docilidad a la llamada de Dios; ellos vieron una estrella rutilante y se pusieron a seguirla, sin dudar. Esta estrella es un símbolo de la Iglesia católica. Así como la luz de la estrella guio a los Magos, la Iglesia es la luz que cintila sin cesar para guiar a los pueblos rumbo al Reino de Dios. Esto lo decimos y lo creemos, a pesar de los malos ejemplos que dan en el mundo los malos católicos, sean sacerdotes o laicos. ¡Nuestra Iglesia es santa, bella, inmaculada e inmortal!
El homenaje que los Magos rindieron al Niño Jesús con esos tres elementos de la naturaleza —oro, incienso y mirra— simboliza la realidad que María tenía en sus brazos: un rey, un Dios y un hombre. El oro representa el poder y la riqueza; el incienso, la oración que sube al trono del Altísimo como aroma agradable; y la mirra, el sufrimiento propio a nuestra condición mortal. Jesús es rey, es Dios y es hombre.
1.- La gloria de los Magos de oriente
Los Magos son las primicias de la conversión de los pueblos gentiles. Antes del nacimiento del Niño Dios, sólo el pueblo de Israel adoraba al Dios verdadero y era depositario de la Alianza. Según una piadosa y antigua tradición, los Magos eran tres reyes que representaban altos valores de la inteligencia y de la cultura y estaban en la cumbre de la jerarquía social y política. Los pastores que evocábamos antes, en cambio, representaban a los pobres y a los sencillos de todos los países y de todos los tiempos.
Algún adepto de ideas igualitarias —teológicas o sociales— pensará que es contradictorio el hecho de que pastores sencillos y prestigiosos potentados se rindan en un mismo querer a los pies del Mesías Redentor. ¡Craso error! Un auténtico católico medita esta realidad de otra manera: ¡qué admirable armonía! Ricos y pobres, nobles y plebeyos, tienen cabida al lado del Dios hecho hombre, de la Reina Madre que es a la vez «la esclava del Señor» y de San José, príncipe de la casa de David y modesto carpintero.
2.- Los Magos llegaron paganos y volvieron cristianos
Después de adorar al Niño reconociéndolo como Dios, los Magos volvieron a sus tierras sin pasar junto a Herodes, como el rey tirano les había pedido. Regresaron «por otro camino», dice el Evangelio. Esto significa que tomaron la ruta de la verdadera fe abandonando su paganismo para seguir a Aquel que dijo de sí: «Yo soy en camino y la verdad y la vida». En ellos se operó una transformación maravillosa y llevaron a sus dominios la Buena Nueva que habían contemplado y adorado. Fueron los primeros discípulos de Jesús, precursores de los setenta y dos. Y más que discípulos, ¡fueron apóstoles!
Cuando se recibe un don y se experimenta una gracia sobrenatural, lo correcto es actuar en consecuencia y sin dilación. Así procedieron ejemplarmente los Magos.
III – Conclusión: aplicación a la vida espiritual
¿Qué lección sacar, para el provecho de nuestra vida cristiana, de las visitas que recibió el Niño Jesús, primero de los pastores y después de los Magos? Unos y otros no se movieron por exclusiva iniciativa propia ni por mera curiosidad personal. Se pusieron a camino al impulso de una gracia; el medio como Dios los llamó junto a sí fue la estrella para los Magos y los ángeles para los pastores.
Dos mil años después, ¿no me estarán invitando a ir a Belén? Ir a Belén aquí significa dar culto a Dios. La meditación de estos misterios de gozo ¿no
despiertan en mi conciencia una sed de Dios y un deseo de progreso espiritual? Si soy sensible a esa voz interior tengo que dar pasos para una conversión sincera. Recordemos que los Magos regresaron a su tierra «por otro camino» (Mt 2, 12), y llegaron transformados. Los pastores, a su vez, «volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído» (Lc 2, 20).
Virgen Madre, haz que me empeñe en «el buen combate de la fe» (1 Tim 6, 12) junto a mis familiares, amigos y compañeros de comunidad.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia…







