Meditación Primer Sábado del mes de Febrero 2026. Segundo Misterio Luminoso-LA AUTORREVELACIÓN DE JESÚS EN LAS BODAS DE CANÁ

Publicado el 02/06/2026

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LA ORACIÓN CON FE Y SU FUERZA IMPETRATORIA

Wedding fest Church – Holy Land

Introducción

Estamos reunidos para meditar un misterio del santo rosario atendiendo a la petición de la Santísima Virgen de reparar por tantos pecados que hieren a su Inmaculado Corazón. Dijo la Virgen a sor Lucía de Fátima que, si el mundo no atendía sus peticiones, habría «guerras y persecuciones a la Iglesia», y afirmó: «Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas. Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará». Son perspectivas grandiosas y terribles que piden de nuestra parte conversión y penitencia.

Hoy vamos a considerar el segundo misterio luminoso: la autorrevelación de Jesús en las bodas de Caná.


Composición de lugar

En el tiempo de Jesús se valorizaba mucho a la familia en la sociedad judaica y las fiestas de bodas eran muy concurridas y solían durar varios días. ¡Qué diferencia con los tiempos actuales em que los lazos familiares de deshacen con tanta facilidad!

Imaginemos festejos nupciales en una residencia patriarcal, con salones no tanto suntuosos, pero dignos y engalanados, donde se da cita numerosa parentela, también muchos amigos venidos de lejos y la totalidad de los vecinos, o casi todos. Ahora, en esta ocasión, hay una peculiaridad de inmenso significado: «Estaba allí la madre de Jesús». También fueron invitados a la boda Jesús y sus discípulos», nos narra el Evangelio.

Pues bien, la alegría reinaba en todos aquellos buenos hijos de Abrahán… hasta que surge un problema no pequeño: faltó el vino.

Oración preparatoria

Señor Jesús, por intermedio de tu santa Madre, te pido la gracia de hacer esta meditación con atención, piedad y fruto espiritual, para reparar junto a los Sagrados Corazones por los pecados e infidelidades con que se degrada la institución de la familia, que fue enaltecida por Jesús con el sacramento del matrimonio y a la que llamamos «Iglesia doméstica». Amén.

Evangelio

(Jn 2, 1-12) Al tercer día se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús. También fueron invitados a la boda Jesús y sus discípulos. Y, como faltó vino, la madre de Jesús le dijo:
—No tienen vino.
Jesús le respondió:
—Mujer, ¿qué nos importa a ti y a mí? Todavía no ha llegado mi hora.
Dijo su madre a los sirvientes:
—Haced lo que él os diga.
Había allí seis tinajas de piedra preparadas para las purificaciones de los judíos, cada una con capacidad de unas dos o tres metretas. Jesús les dijo:
—Llenad de agua las tinajas.
Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo:
—Sacadlas ahora y llevadlas al maestresala.
Así lo hicieron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde provenía —aunque los sirvientes que sacaron el agua lo sabían— llamó al esposo y le dijo:
—Todos sirven primero el mejor vino, y cuando ya han bebido bien, el peor; tú, al contrario, has reservado el vino bueno hasta ahora.
Así, en Caná de Galilea hizo Jesús el primero de los signos con el que manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

I – La fe de María o la «omnipotencia suplicante»

Al inicio de su ministerio apostólico, Jesús va a unas bodas en Caná. Durante el banquete, faltó el vino. ¡Qué humillación para la pobre gente que había convidado al Maestro con su Madre y los discípulos! La Virgen María se da cuenta enseguida del contratiempo; Ella es siempre la primera en percibir nuestras necesidades y en aliviarlas. Lanza una mirada suplicante a su Hijo y en voz baja le murmura una breve súplica. Ella conoce el poder que tiene en sus manos el fruto de sus entrañas. Y Jesús, que no le niega nada, ¡transforma el agua en vino! Éste fue su primer milagro. La petición de María fue determinante para que se operase el prodigio.

Recordemos que el Señor recomienda en el evangelio que se tenga una fe capaz de mover montañas. Es de esa fe de lo que nos da ejemplo aquí la Santísima Virgen. Puesta en una situación donde Jesús podría hacer un milagro, no tiene duda de que Él atenderá lo que le pida. Se limita simplemente a decirles a los servidores: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2, 5). El Maestro ordena y, acto continuo, el milagro se opera. Nuestra Señora nos muestra, por tanto, que, por la virtud de la fe, se realizan verdaderas maravillas.

1.- Consonancia plena entre el Hijo y la Madre

Llama la atención la comunión plena de intenciones, de mentalidad y de procedimientos entre Jesús y María. María no está pidiendo nada formal y explícito, ni demuestra apuro; y se diría que Jesús hará oídos sordos, inclusive pareciendo objetar la «importunidad» de su Madre diciéndole que no ha llegado su hora. Pero entre ellos no hay oposición ni condicionamientos: el Sagrado Corazón y el Inmaculado Corazón pulsan al unísono. Sólo quieren el bien de los nuevos esposos y de los convidados, y que de ninguna manera la fiesta acabe mal.

2.- Una amenaza trágica… transformada en espléndido triunfo

Consideremos esta perspectiva fatal: una fiesta tan importante para aquella familia, que pasará a la historia como un fracaso, cambiándose la alegría en desencanto y frustración. ¡Qué vergüenza para las familias de los cónyuges y qué malestar para la multitud de los presentes! Esa desgracia ¿acaso no sería una muestra de los malos caminos que habrían de tomar los esposos que festejaban su unión llenos de ilusión?

No, ¡de ninguna manera! La solicitud de María no permitiría jamás que eso sucediese. Y el Mesías redentor anticiparía su hora resolviendo las cosas de la mejor manera: habría un vino muchísimo mejor que el anterior y en cantidades formidables.

II – ¿Quién no ha pasado por apuros terribles?

Por momentos difíciles y riesgos angustiantes todos pasamos en la vida. La herencia del pecado original y de los pecados actuales nos suele deparar con situaciones aparentemente sin salida. Será una dura prueba espiritual, una enfermedad que aparece, un problema de relación, una dificultad financiera… Quien se deja abatir por el dolor y no carga su cruz con confianza, forzosamente sucumbe.
Pero quien atraviesa la prueba con ánimo y deposita su esperanza en la fuerza que nos viene de lo alto, encuentra la solución después de atravesar el túnel… Nuestra naturaleza se revela impotente, pero la gracia de Dios es omnipotente.

1.- El ejemplo de los santos

La Iglesia nos propone el ejemplo de la vida de los santos para que los imitemos. Todos los bienaventurados pasaron por algún «calvario» antes de llegar a la gloria. Y durante sus «calvarios» no se desanimaron. Veamos tan sólo dos ejemplos augustos.

A Abrahán, Dios le pide sacrificar a su hijo único, portador de la promesa de una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y las arenas del mar… ¡Aquella petición parece ir contra toda lógica divina y humana! Abrahán, sin embargo, obedece sin perder la confianza y, cuando se disponía a consumar el terrible sacrificio, un ángel interviene y la historia sigue su curso providencial.

Otro ejemplo aún más impresionante es el de San José, el casto esposo de María. Al constatar que la Virgen Inmaculada estaba encinta, ¡qué confusión! San José sufrió, oró… y no se desesperó. Está claro que no desconfió ni lo más mínimo de su santa esposa, prefiriendo arrostrar el oprobio, separándose de María. En medio de la prueba, también un ángel se le aparece y le explica el misterio. La angustia cesó y la confianza fue premiada.

2.- Eficacia de la mediación de María

María interviene de modo excelso e impensable en la historia de la humanidad, y con su consentimiento en la anunciación, con su fíat, contribuye a la transformación del destino humano. Es más, ella cooperó al desarrollo de la misión de Jesús, tanto al darlo a luz, al educarlo y acompañarlo en sus años de vida familiar, como después, durante los años de su ministerio público, apoyando de modo discreto y constante su acción. Por ejemplo, en Caná, donde obtuvo la primera manifestación del poder milagroso del Salvador: fue María quien propició con su intercesión el comienzo de los milagros de Jesús. Al procurar que su Hijo ejerciera en aquel momento el poder mesiánico, da una contribución fundamental al arraigo de la fe en la primera comunidad de los discípulos (esto es lo que se contempla precisamente en el segundo misterio luminoso: la autorrevelación de Jesús) y coopera en la instauración del reino de Dios, que se inicia ya con la Iglesia.

III – Conclusión: la oración hecha con confianza lo obtiene TODO

Cuando María Santísima obtiene para alguien una gracia que transforma el alma y la hace florecer, se da algo análogo a lo que sucedió con el agua que, por su intercesión, fue transmutada en vino. Ella intercede junto a su Hijo, el cual, imposibilitado de rechazar una súplica de su Madre, pronuncia sobre nuestras almas una palabra que las transforma en el vino más preciado. Tales son las gracias que podemos recibir de Dios si las pedimos por intermedio de María.

Con mucha insistencia la Sagrada Escritura nos recomienda vivificar nuestra fe, antes de presentar nuestras súplicas a Dios. «Todo lo que pidáis orando con fe, lo recibiréis» (Mt 21, 22). Podemos tener fe, sí, pero si dudamos de que Dios quiera acoger favorablemente nuestras peticiones… La simple duda disminuye la eficacia de la oración.

Concluyamos nuestra meditación reparadora con una enseñanza de Santo Tomás de Aquino: «La oración se basa principalmente en la fe, no en cuanto a su eficacia meritoria, pues ésta depende sobre todo de la caridad, sino en cuanto a su eficacia impetratoria» (II-II, c. 83, a. 15, ad. 3).

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia…

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“Caballeros de la Virgen” es una Fundación de inspiración católica que tiene como objetivo promover y difundir la devoción a la Santísima Virgen María y colaborar con la “La Nueva Evangelización” , la cual consiste en atraer los numerosos católicos no practicantes a una mayor comunión eclesial, la frecuencia de los sacramentos, la vida de piedad y a vivir la caridad cristiana en todos sus aspectos. Como la Iglesia Católica siempre lo ha enseñado, el principal medio utilizado es la vida de oración y la piedad, en particular la Devoción a Jesús en la Eucaristía y a su madre, la Santísima Virgen María, mediadora de las gracias divinas. Sus miembros llevan una intensa vida de oración individual y comunitaria y en ella se forman sus jóvenes aspirantes.

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