Meditación Primer Sábado del mes de Junio 2026. Quinto Misterio Doloroso-LA CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR

Publicado el 06/05/2026

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 Jesucristo, ¡Gracias Por Haber Muerto Por Nosotros En La Cruz! Virgen De Los Dolores, Tú Eres La Abogada Y Refugio De Los Pecadores.

Viernes Santo, Basílica Ntra. Sra. del Rosario Casa Thabor, Heraldos del Evangelio – Caieiras – SP – Brasil

Introducción

Celebramos este primer sábado del mes de junio en reparación por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María, que palpita al unísono con el Sagrado Corazón de Jesús. Y, junto con la comunión sacramental, la confesión y el rezo del rosario, meditaremos quince minutos sobre el quinto misterio doloroso, quizá el más impresionante de todos: la crucifixión y muerte de Jesús. Concretamente, vamos a comentar brevemente cada una de las siete palabras de Nuestro Señor pronunciadas desde la cátedra más excelsa que jamás hubo o habrá: la cruz.

Composición de lugar

Imaginémonos estando en el monte Calvario, asistiendo a la consumación del crimen más enorme de toda la historia perpetrado por las autoridades religiosas de la sinagoga, por los detentores del poder civil, con el aplauso del pueblo. Blasfemias, griterío, desorden. Sólo hay un oasis de paz, de mucho dolor y de esperanza sobrenatural: la cruz de Jesús y, a sus pies, la Santísima Virgen, el apóstol san Juan y las santas mujeres. Debo situarme en un lugar. Será junto a la cruz y nunca en medio de la turba pecadora.

Oración preparatoria

Madre Dolorosa, alcánzame la gracia de considerar con espíritu de reparación el pecado del deicidio, así como los numerosos pecados que se cometen en nuestros días, al despreciar el valor de la sangre preciosa de Cristo y de tus lágrimas. Que atendamos la petición que hiciste al mundo, a través de los pastorcitos de Fátima: “Rezad, rezad mucho, y haced sacrificios por los pecadores, pues van muchas almas al infierno, por no tener quien se sacrifique y pida por ellas”. Así sea.

Evangelio

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego, dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: “Tengo sed”. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: “Está cumplido”. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu (Jn 19, 25-30).

1.- “PADRE, PERDÓNALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN” (LC 23, 34)

“Padre, perdónalos”. Jesucristo los reconoce culpables. Si no lo fueran, no pediría perdón por ellos. El mundo no conocía el perdón. “Sé implacable con tus enemigos”, decían los romanos. El perdón era una cobardía: “Ojo por ojo y diente por diente”. Era la ley del talión que todo el mundo practicaba. Y, sin embargo, el perdón es el amor en su máxima tensión. Es fácil amar; es heroico perdonar. “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Jesucristo no solamente perdona y olvida, lo que ya es heroico; Jesucristo excusa, y esto ya es el colmo del amor y del perdón. Y yo, siguiendo el ejemplo de Jesús, ¿estoy dispuesto a perdonar?

2.- “HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO” (LC 23, 43)

Dice el Evangelio que a la derecha y a la izquierda de Jesucristo fueron crucificados dos ladrones: el que luego resultó el buen ladrón, y el otro. Ambos blasfemaban y Jesús los escuchaba en silencio. Parece que no tenían mayor culpa, pues repetían lo que los jefes decían. Siempre el inductor es más culpable que el ejecutor material de un crimen.

“Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Y una vida de crímenes, una vida de excesos, una vida de pecados, quizá monstruosos, desembocó en el cielo sin purgatorio alguno. El buen ladrón rezó con fe y su oración fue atendida. ¿Y yo? ¿Me desanimo por mis pecados y desconfío del perdón poniendo límites a la misericordia de Dios?

3.- “MUJER, AHÍ TIENES A TU HIJO…, AHÍ TIENES A TU MADRE” (JN 19, 26-27)

“Mujer, ahí tienes a tu hijo”. “Juan será tu hijo. Él se encargará de tu sustento. Yo me voy a mi Padre, pero no te dejaré huérfana en el mundo. Juan se encargará de ti”.

Y dirigiéndose con inefable ternura a Juan: “Ahí tienes a tu Madre”. Era como decirle: “Cuídamela bien… Es mi Madre y también la tuya”.
El sentido pleno de esta palabra tiene un alcance mucho mayor. Un alcance universal, nos abarca absolutamente a todos. San Juan era, en aquel momento, el representante de toda la humanidad; nos representaba a todos y a cada uno de nosotros.

María ya era nuestra Madre desde la casita de Nazaret. Al ser la Madre de Dios, la Madre del Verbo encarnado, Ella es la Madre de la Cabeza del Cuerpo Místico. Cristo es la Cabeza de un Cuerpo Místico y todos nosotros somos sus miembros. ¡María es, pues, nuestra Madre! Y Jesús nos la deja rubricada en su testamento.

4.- “DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?” (MT 27, 46)

Es dogma de fe católica que Nuestro Señor Jesucristo quiso salir, voluntariamente, fiador y responsable ante su Eterno Padre por todos los pecados del mundo. El fiador, cuando da su firma como garantía de una persona de quien se hace responsable, no debe nada a nadie. Pero si aquel a quien respalda con su firma resulta insolvente, tiene que pagar la deuda ajena. Tiene que pagarla él, porque ha salido fiador.

Éste es el caso de Jesucristo. La humanidad era insolvente ante la justicia infinita de Dios. Habíamos cometido un crimen de lesa majestad divina. Y no podíamos rellenar aquel abismo insondable que el pecado había abierto entre Dios y los hombres. Éramos insolventes.

El Eterno Padre, viendo que su divino Hijo quiso revestirse voluntariamente de la lepra y los harapos del hombre pecador, descargó sobre Él el peso infinito de su justicia vindicativa. Jesús era el representante de toda la humanidad pecadora. Así, Jesús experimentó el espantoso desamparo que merecía, no Él, sino toda la humanidad pecadora. Y entonces fue cuando lanzó aquel grito desgarrador: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

5.- “TENGO SED” (JN 19, 26)

Era muy natural. Cuando se pierde la sangre se experimenta en seguida el tormento de la sed. Él, el divino Mártir, que no se quejó absolutamente de nada en medio de aquellos tormentos inefables de la flagelación, de la coronación de espinas y de la crucifixión; Jesucristo, que no abrió sus labios para murmurar una sola queja… Él quería decirnos algo más alto y más sublime todavía que la necesidad de agua para aliviar la sed del cuerpo.

Además de la sed material, tenía sobre todo una sed espiritual verdaderamente devoradora. Nuestro Señor Jesucristo, en esta palabra, alargando su mano de mendigo, nos pedía un poquito de amor, un poquito de correspondencia a su generosidad.

Con su ciencia divina, Jesús vio a millones de almas seducidas por el mundo, el demonio y la carne corriendo desenfrenadamente tras los placeres de este mundo, charcos sucios de aguas pestilentes que no sacian el corazón humano, ¡Pobres hombres! Quien pretenda ser dichoso lejos de Cristo por los caminos del pecado. ¡No será feliz! Y Jesús tenía sed de esas almas.

6.- “ESTÁ CUMPLIDO” (JN 19, 30)

Jesús fue recorriendo todo el conjunto de las profecías del Antiguo Testamento y vio que estaba todo maravillosamente cumplido. No faltaba ni un solo detalle “Todo se ha consumado, todo está cumplido”.

Más que el capitán que termina victorioso una batalla es el sacerdote que después de celebrar la santa misa se dirige al pueblo y dice: Ite missa est. Podéis ir en paz, la misa ha terminado. ¡Con qué íntima alegría se diría Jesucristo a sí mismo en el fondo de su Corazón: “¡Iglesia santa!, ya te siento latir dentro de mí como las madres sienten latir a sus hijos momentos antes del alumbramiento. Ya te siento en mí. Dentro de breves momentos la lanza del soldado atravesará mi divino Corazón y brotará la Iglesia con sus siete sacramentos. Ya he salvado al mundo, ya he redimido a la humanidad. Consummatum est! ¡Lo he cumplido todo!” . Es el grito de triunfo del que se ciñe con el laurel de la victoria.

¡Cuánto te costó ese triunfo, Jesús mío! Naciste en un establo donde se alimentan los animales. Tuviste que huir como un facineroso a Egipto. Trabajaste duramente como carpintero durante treinta años. Y durante tu vida pública, no tenías donde reclinar tu cabeza, te insultaron y blasfemaron contra ti… Tus amigos íntimos te abandonaron; uno te traicionó, otro te negó. Algo no te faltó en ningún momento: tu santa Madre. En fin, todo está consumado y cumplido: ¡triunfaste!

7.- “PADRE, A TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU” (LC 23, 46)

“El Padre y Yo somos uno”, enseñaste. Dos personas distintas, pero una sola y misma esencia. La voluntad del Hijo estaba totalmente identificada con la del Padre. Eran dos personas, pero una sola esencia. El Padre le mandó morir en la cruz, y el Hijo aceptó voluntariamente, con plena libertad identificada con la del Padre. ¡Qué misterio insondable!

E inclinando la cabeza, expiró. Al revés de lo que hacen los demás hombres. Los hombres inclinan la cabeza en el momento de morir, no antes. Precisamente es la muerte quien les abate la cabeza. Bajan la cabeza por exigencia de la muerte. Jesucristo, no. Dice el Evangelio que inclinó la cabeza y después murió. Inclinó la cabeza como dándole su consentimiento a la muerte, como diciéndole: “Ahora, apodérate de mí”. Inclinó la cabeza y murió. La muerte no tenía ningún dominio sobre Él.

CONCLUSIÓN

¿Quién se acuerda de las últimas palabras que pronunciaron en este mundo Sócrates, Aristóteles, Platón… los genios de la humanidad? ¡Nadie se acuerda! Y sin embargo las Siete Palabras de Jesucristo en la cruz las recordamos con amor.

Jesucristo, ¡gracias por haber muerto por nosotros en la cruz!
Y Tú, Virgen de los Dolores, Tú que eres mi Madrecita querida, Tú que tienes la obligación de tratarme como hijo… Aunque yo sea malo, Tú eres buena, Tú eres la Abogada y Refugio de los pecadores. Eres la Madre del Divino Juez y del pecador. ¡Jesús es mi hermano! Ven a la hora de mi muerte a recoger mi último suspiro. Que así sea.

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia…

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“Caballeros de la Virgen” es una Fundación de inspiración católica que tiene como objetivo promover y difundir la devoción a la Santísima Virgen María y colaborar con la “La Nueva Evangelización” , la cual consiste en atraer los numerosos católicos no practicantes a una mayor comunión eclesial, la frecuencia de los sacramentos, la vida de piedad y a vivir la caridad cristiana en todos sus aspectos. Como la Iglesia Católica siempre lo ha enseñado, el principal medio utilizado es la vida de oración y la piedad, en particular la Devoción a Jesús en la Eucaristía y a su madre, la Santísima Virgen María, mediadora de las gracias divinas. Sus miembros llevan una intensa vida de oración individual y comunitaria y en ella se forman sus jóvenes aspirantes.

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