EL MISTERIO PASCUAL SE PERPETÚA EN EL TIEMPO ¡SOMOS CIUDADANOS DEL CIELO!

Misa solemne y concelebrada. Basílica Nuestra Señora del Rosario – Heraldos Thabor – Caieiras – SP
Introducción
Nos reunimos para desagraviar al Inmaculado Corazón de María en este Primer Sábado del mes de marzo. Estamos en vísperas de comenzar la Cuaresma. Vamos a meditar sobre el quinto misterio doloroso del rosario que es la crucifixión y la muerte de Nuestro Señor. Consideremos que este grandioso misterio es celebrado y hecho presente en la misa. Meditaremos, entonces, sobre la crucifixión teniendo en vista los altares donde Cristo se inmola a diario.
La misa, es la renovación del sacrificio del Calvario. Por lo tanto, es un acto de culto que se equipara a la pasión y a la muerte de Jesús que tuvo lugar hace dos mil años atrás. Sí, la misa es ese mismísimo sacrificio, sólo que Cristo no muere de nuevo… De forma incruenta y muy real, hace presente sobre el altar su ofrenda sin efusión de sangre. ¡Misterio admirable!
Composición de lugar
Imaginemos no a Jesús clavado en la cruz, sino un templo católico donde un sacerdote está celebrando la misa en la que participa un grupo de fieles. Para componer el lugar con mayor precisión, pensemos en una iglesia concreta, por ejemplo, aquella donde fuimos bautizados, o una iglesia que nos guste. Ahora, en vez de idealizar ese lugar bendito y adecuado a nuestra fe, pensemos que esa iglesia está descuidada, los asistentes muy distraídos y el ambiente no evoca para nada la grandeza del sacrificio que se está renovando. Ese desorden nos llevará a valorar la culposa ingratitud humana y la gratuidad de la misericordia divina.
Oración preparatoria
Oh, Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tu pasión, concédenos venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre que experimentemos constantemente en nosotros los frutos de tu redención. Te lo pedimos por los méritos infinitos de Jesucristo y las lágrimas purísimas de María. Amén. (Adaptación de la Oración Colecta de la Misa de Corpus Christi).
Evangelio
Era la hora tercia cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz». De igual modo, también los sumos sacerdotes comentaban entre ellos, burlándose: «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos». También los otros crucificados lo insultaban.
Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona. Y a la hora nona, Jesús clamó con voz potente: Eloí Eloí, lemá sabaqtaní (que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»). Algunos de los presentes, al oírlo, decían: «Mira, llama a Elías». Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo: «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo». Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró (Mc 15, 25-37).
Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo: «Tomad, comed: esto es mi cuerpo». Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo: «Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados» (Mt 26, 26-28).
I – Última cena, crucifixión y eucaristía: un mismo sacrificio
Se equivocan rotundamente los católicos que piensan, al igual que los protestantes, que la misa es tan sólo una evocación de la última cena y que, por eso, puede ser considerada como un banquete, sin su substancia sacrificial. El pan, que es el cuerpo de Cristo que será entregado, y el cáliz de su sangre que será derramada son ya la inmolación mística que al día siguiente se consumará en la cruz. La pasión comienza en el cenáculo y se perpetúa a lo largo de la historia de la Iglesia por la misa.
En realidad, un mismo acontecimiento sucede en tres momentos distintos:
1) la última cena pascual de Cristo con sus discípulos;
2) su dolorosísima crucifixión y muerte;
3) la misa que se celebra desde los tiempos apostólicos hasta el fin del mundo.
1.- Algunas equivalencias entre el cenáculo y el calvario
En el calvario, a Jesús le quitan las vestimentas. Antes de la cena, Él se despoja de ellas y se ciñe una toalla para el lavapiés. – En el Cenáculo, el Salvador se humilla arrodillándose ante sus Apóstoles para lavarles los pies. En la Cruz, su anonadamiento llegará al extremo inmolándose por todos. – En el cenáculo, Jesús instituye la eucaristía dándose en alimento. En la cruz, de su costado traspasado por la lanza, brota sangre y agua, signos de los sacramentos que nutren la vida el alma. – Una prueba fue atroz en la cruz: Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Y en la cena, se da también una turbación: Uno de vosotros me va a entregar. – En la última cena, junto con los amigos del Señor estaba presente el traidor. En el calvario, al lado de la inocencia y la penitencia —María, su Madre y la Magdalena—, el ladrón impenitente. – En el cenáculo, Cristo sentenció: Ha llegado la hora. En la cruz, exclamó: Todo está consumado.
2.- El dolor moral suele ser más intenso que el dolor físico
Jesús sufrió y murió en la cruz por todos los hombres, siendo que, entones, la participación de la humanidad en su oblación fue meramente pasiva. Para que el sacrificio de la cruz fuese activo, personal y eficaz en los redimidos, Él instituyó previamente la eucaristía, cuyo objeto es realizar precisamente la meta de la obra redentora, que es transformar al fiel en otro Cristo; ¡la comunión eucarística nos diviniza, nos da una participación en la propia vida divina!
Téngase en cuenta, además, algo importante: los sufrimientos morales suelen ser más agudos que los físicos. Una aproximación errada de la última cena supone que fue tan sólo un festejo fraterno en el marco ritual de la Pascua; y que Jesús sólo padeció el dolor en la flagelación y en el madero. Pero no es así. Ya en el huerto de los olivos, antes de ser arrestado, Jesús sufrió una agonía atroz.
II – En la misa, nuestra redención se perpetúa en el tiempo.
El Catecismo de la Iglesia Católica, en su numeral 1085, refiere que, con la celebración de la misa, el misterio pascual (vida, pasión, muerte y resurrección de Cristo) se torna permanentemente presente en el tiempo. Este misterio es el único acontecimiento que permanece y que no pasa ¡gracias a la misa!
Resulta tristísimo que tantos católicos no cumplan con su deber de santificar el día del Señor acudiendo a misa. Cumplir el precepto dominical no es sólo una obligación, es además una necesidad con la cual hay que contar si nos queremos salvar.
Ahora, sucede que la mayoría de los bautizados desconoce lo que es la misa. Sabe que es algo sagrado, pero no llega a penetrar en su verdadera esencia por falta de formación religiosa, de cultura católica. Si se tuviese ciencia clara y fe viva en la importancia de la misa, todo cambiaría en la iglesia y en el mundo. He aquí un punto de examen de conciencia para clérigos y laicos, tema directamente relacionado con el primer mandamiento de la ley de Dios. A muchos católicos nos falta estudio y reflexión.
1.- ¿Pero la misa agrega algo al sacrificio del calvario?
Una vez que la misa es equivalente al sacrificio de la cruz, ¿por qué fue instituida y para qué celebrarla? Por tres razones:
1- Para insertar el sacrificio de Cristo en nuestro tiempo, del que Jesús salió cuando ascendió al cielo.
2- Para poner a disposición y aplicar los méritos de Cristo a las personas que asisten a misa —celebrantes y asistentes—, propiciando así la eficacia y la fecundidad del sacrificio del calvario.
3- Para dar al sacrificio de la cruz un carácter ritual y de ceremonia sagrada y reparar lo que odiosa y sacrílegamente perpetraron los que fueron artífices de la muerte del Redentor. La misa es un desagravio que restablece la justicia vulnerada.
2.- Somos ciudadanos del cielo
Hemos sido creados para Dios y nuestras vidas no estarán satisfechas hasta que no nos encontremos con Él. Sí, vivimos en una tierra de exilio y estamos «gimiendo y llorando en este valle de lágrimas», como rezamos en la Salve. ¡Somos ciudadanos del cielo!
Se dice, con razón, que la eucaristía es ya el cielo en la tierra, es una brecha, una ventana, que nos hace degustar el paraíso. Pero, desgraciadamente, para muchos ir a misa es perder el tiempo. En cambio, cuando se trata de ir al restaurante, al gimnasio, a sentarse ante la computadora, a manipular el celular o a dormir… Pobres los que piensan así, no saben lo que se pierden… ¡y que se pueden perder eternamente!
III – Conclusión: Abusos que opacan la celebración eucarística
San Juan Pablo II recordó en su encíclica Ecclesia de Eucharistia un hecho doloroso: Hay sitios donde se constata un abandono casi total del culto de adoración eucarística. A esto se añaden, en diversos contextos eclesiales, ciertos abusos que contribuyen a oscurecer la recta fe y la doctrina católica sobre este admirable Sacramento. Se nota a veces una comprensión muy limitada del Misterio eucarístico. Privado de su valor sacrificial, se vive como si no tuviera otro significado y valor que el de un encuentro convival fraterno. Además, queda a veces oscurecida la necesidad del sacerdocio ministerial, que se funda en la sucesión apostólica, y la sacramentalidad de la Eucaristía se reduce únicamente a la eficacia del anuncio. (Memento. Composición de lugar: una iglesia descuidada, gente distraída, ambiente profano, etc.).
Jesús sufrió por estos pecados y quiso repararlos con su pasión y muerte. Hagamos propósitos de conocer mejor y valorar más el sacrificio del calvario renovado permanentemente en todos los altares del mundo.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia…







