Meditación Primer Sábado del mes de Mayo 2026. Quinto Misterio Glorioso-LA CORONACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN COMO REINA DE CIELOS Y TIERRA.

Publicado el 05/01/2026

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LOS FAUTORES DEL BIEN Y DEL MAL-QUE SON RESPECTIVAMENTE LA GRACIA Y EL DEMONIO- DEPENDEN DEL IMPERIO Y DEL DOMINIO DE MARÍA, HAY, PUES, UN RÉGIMEN VERDADERAMENTE MARIAL EN EL GOBIERNO DEL UNIVERSO.

Introducción

Estamos en mayo, el mes de María. Meditaremos el quinto misterio glorioso: la coronación de María Santísima como Reina y Señora de todo lo creado.

Hace cien años atrás, en 1925, el papa Pío XI instituyó la fiesta de Cristo Rey. Ya en aquel entonces, la sociedad humana se negaba a aceptar la realeza de Cristo: odios y rivalidades, apetitos desenfrenados, egoísmo creciente, ruptura de la estabilidad de las familias, y un largo etcétera. ¡Cien años atrás! Y las cosas no han mejorado…

Fue por intermedio de la Virgen María como Jesucristo vino al mundo, y es también por medio de Ella como Jesús debe reinar en el mundo. La realeza de Jesucristo y la realeza de María no son cosas diversas. La realeza de María no es sino un medio, o mejor, es el medio, para que sea efectiva la realeza de Cristo.

 Composición de lugar

Imaginémonos ante una imagen de la Virgen con el Niño Jesús en un brazo, un cetro en el otro, y una corona en su frente. Considerando la majestad y el poder María, un interrogante se nos presenta: ¿Cómo es posible que el mundo esté hundido en tal caos y que María, llamada de «omnipotencia suplicante», no interceda para cambiar el rumbo de la historia?

Oración preparatoria

Santísima Virgen María, te pedimos que llegue cuanto antes la hora de la realización de la súplica que te presentamos desde hace dos mil años en el padrenuestro: Venga a nosotros tu Reino. Para ello, apresura el triunfo de tu corazón, conforme anunciaste en Fátima: Por fin, mi Inmaculado Corazón, triunfará. Así sea.

Evangelio

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Como será eso, pues no conozco a varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y la dejó el ángel. (Lc 1, 26-38).

I – La Realeza de María

Para celebrar la realeza de María, nada es más apropiado que la lectura y meditación del evangelio de san Lucas sobre la encarnación, porque todas la excelencias y privilegios que posee la Virgen son consecuencia de su maternidad. María es la Madre del Rey, pero su realeza no es algo apenas de honor o de protocolo, como sucede en las cortes de la tierra.

Después de su asunción, la bienaventurada Virgen María fue coronada por la Santísima Trinidad como Reina de los hombres, de los ángeles y de todo el universo. Para indicar la potestad que ella ejerce, la Iglesia la proclama Nostra Domina, Nuestra Señora, que significa, precisamente, nuestra Soberana, nuestra Reina.

1.- María, Madre del Rey

No se dice que el Padre eterno sea rey o que el Espíritu Santo sea rey. Rey es Cristo en cuanto hombre… y gracias a María, que es la fuente de su humanidad. Diciendo que Jesucristo es Rey gracias a María, no se disminuye en lo más mínimo la soberana realeza de Jesús. Tampoco se pretende anteponer la figura de María a la de su Hijo, lo que sería una blasfemia intolerable.

Pero lo cierto es que Dios se sirvió de María para que llegue hasta nosotros el Mesías salvador; Ella lo pidió, lo mereció, lo acogió en su seno virginal y nos lo dio a la humanidad pecadora. Y en el Calvario, ofició de Corredentora para la salvación del mundo. Dios, a pesar de ser omnipotente, quiso contar con Ella para la Redención ¿Cómo no reconocer eso? ¡Es una evidencia!

2.- María, Reina por derecho de conquista

Dice san Alberto Magno, obispo y doctor de la Iglesia: «La beatísima Virgen fue puesta para auxiliar en la salvación y ser consorte en el reino, pues sólo Ella se compadeció de Cristo y sólo Ella obtuvo el consorcio en el reino».

Sí, María participó estrechísimamente en las grandezas y en las humillaciones de Jesucristo, por eso Él la coronó de gloria y de honor, fue elevada por encima de los propios ángeles, comparte la soberanía de su Hijo y es Reina al lado del Rey, fruto de sus entrañas.

Con razón se la invoca como Madre Dolorosa y se la representa con una espada atravesando su Corazón Inmaculado.

3.- María, de estirpe real

La Bienaventurada Virgen desciende del rey David, como nos lo dice san Mateo al inicio de su evangelio. También nos lo dice el profeta Isaías: Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago, referencia a Jesucristo engendrado en el vientre de María.

La genealogía de Jesús remonta hasta David. Pero no era suficiente para que Jesús fuera efectivamente el Hijo de David que San José perteneciese a esta familia. Era indispensable que también María descendiese de aquel rey, pues solamente de Ella tomó Jesús su humanidad y sólo Ella le podía transmitir los derechos de David, al mismo tiempo que su sangre real. ¡Ninguna estirpe de la tierra fue tan gloriosa como la de David, con tales figuras regias: Jesús, María y José!

II – Cómo María ejerce su realeza

El poder regio de María, siendo muy verdadero, no es total y absoluto como el de su Hijo, sino limitado y relativo, pues es recibido y participado del de Jesucristo.

La realeza mariana alcanza la tierra, el cielo, el purgatorio y el infierno. La tierra porque las gracias de Dios nos llegan pasando a través de las manos de María. El cielo porque es por los méritos de Jesucristo y por la mediación de María como los bienaventurados gozan de aquella felicidad eterna. La realeza de la Virgen se extiende también al purgatorio, aliviando los que allí sufren e intercediendo para que lleguen cuanto antes a la visión de Dios. Por fin, su poder se ejerce en el infierno, infundiendo terror a los demonios y tornando vanas sus tramas para perder las almas.

María ejerce su realeza porque Dios miró la humildad de su esclava e hizo en Ella grandes cosas, como reza el magníficat. Y por eso todas las generaciones la llaman bienaventurada.

1.- María es medianera de las gracias

La gracia nos viene de Dios; sin embargo, Dios, por un acto libre de su voluntad, quiso hacer depender de Nuestra Señora la distribución de las gracias. María, Madre de la divina gracia es la medianera universal, reservatorio y canal de todas las gracias.

Investida de ese poder, Ella distribuye la gracia, ora más abundantemente, ora menos, ejerciendo su realeza sobre el curso de los acontecimientos terrenos. Ahora, el poder que Dios le dio a la Virgen no se restringe tan sólo a dispensar gracias y beneficios. En el tópico siguiente veremos otro aspecto importantísimo de como María despliega su poder y su gobierno.

2.- María aplasta la cabeza de la serpiente

La oposición radical entre Nuestra Señora y el demonio fue establecida por Dios en los inicios de la historia humana, es total y durará siempre. Pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón (Gén 3, 15), dijo Dios a la serpiente en el paraíso. María aplasta con sus pies virginales la cabeza del dragón infernal; así la vemos en las imágenes de la Inmaculada o en la medalla milagrosa. Los hijos y esclavos de María son su descendencia, su talón.

Por lo tanto, y esto es muy importante, los fautores del bien y del mal —que son respectivamente la gracia y el demonio— dependen del imperio y del dominio de María. Hay, pues, un régimen verdaderamente marial en el gobierno del universo. Y así se ve cómo la Virgen, sumamente unida a Dios y dependiente de Él, ejerce su acción a lo largo de la historia.

III – María, ¿Una reina destronada?

Alguien podrá pensar: «En el mundo de hoy, María está como una reina exiliada o como una exreina; completamente rechazada por los hombres, es una reina destronada».

Esta visualización procede de un gran equívoco, pues María Santíssima es «indestronable», y cuando Ella aparenta haber sido destronada, en el fondo, se trata de un castigo, de una reprimenda hecha a los pecadores. Así, en esa circunstancia, Ella está reinando.

¿Cómo se explica esto? Ella obtiene de Dios gracias suficientes para que las almas se salven. Mas esas gracias son muchas veces rechazadas por las personas. Ahora bien, María puede también obtenernos gracias eficaces, imposibles de rechazar. Un clásico ejemplo de eso es el de san Pablo al caer y convertirse en el camino de Damasco. Él fue objeto de una acción fulminante e irresistible de la gracia que lo transformó de furioso perseguidor en dócil apóstol de Cristo. Eso equivale a decir que, si Nuestra Señora quisiera hacerse obedecer, podría hacerlo. Y si no lo hace, es porque está actuando por designios superiores, en harmonía con los designios de Dios.

Entonces, el hecho de que Ella no conceda esas gracias irresistibles importa en una punición, bien merecida, por cierto, que, en el fondo, es el ejercicio efectivo de su poder de Reina. Aunque todos los hombres la abandonen, Ella no deja de ser Reina.

¡Qué María reine en nuestros corazones, en nuestras familias y en el mundo!

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia…

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“Caballeros de la Virgen” es una Fundación de inspiración católica que tiene como objetivo promover y difundir la devoción a la Santísima Virgen María y colaborar con la “La Nueva Evangelización” , la cual consiste en atraer los numerosos católicos no practicantes a una mayor comunión eclesial, la frecuencia de los sacramentos, la vida de piedad y a vivir la caridad cristiana en todos sus aspectos. Como la Iglesia Católica siempre lo ha enseñado, el principal medio utilizado es la vida de oración y la piedad, en particular la Devoción a Jesús en la Eucaristía y a su madre, la Santísima Virgen María, mediadora de las gracias divinas. Sus miembros llevan una intensa vida de oración individual y comunitaria y en ella se forman sus jóvenes aspirantes.

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