Plinio Corrêa de Oliveira
Con su extraordinaria
comunicatividad y capacidad
para hacer penetrar la
gracia en las almas, el
Sr. João Clá ejerció un
imprescindible apostolado
de apoyo colateral, revelando
la persona del Dr. Plinio
en cuanto fundador y
llevando a sus discípulos
a darle el debido valor
a sus enseñanzas.
Las reuniones que sostuve al inicio del Grupo no fueron clases. Dado que la mitad de mi audiencia estaba formada por miembros casi de mi propia edad, no podía adoptar la actitud doctoral de quien enseña.
Materias expuestas en forma de “causerie”
Hay un tipo de exposición que el francés llama causerie, en la cual se pueden tratar asuntos profundos de manera metódica; pero, al mismo tiempo, con elevación de forma y una cierta flexibilidad y agrado de la conversación. Es una mezcla entre conversación, discurso y conferencia, sin ser completamente ninguna de las tres; un modo de exposición al cual me adaptaba razonablemente.
Consideraba necesario hacer exposiciones bien razonadas, pero acompañadas de un cierto pulchrum que daba al razonamiento una especie de simbolismo, que, acrecentado por la observación directa de la cuestión, resultaba para mí en una comprensión humana completa

El Dr. Plinio a mediados de la década de los 80
Implicancia, tibieza, desinterés
Ahora bien, varias circunstancias se encontraron y es positivo que hubo un paulatino desprenderse entre la masa del Grupo y yo, respecto a mi forma de hacer presentaciones y, por tanto, a mi forma de influir en el Grupo.
Cuando aún ocupábamos el Auditorio de la Santa Sabiduría, en la calle Pará, se inició un “run run”, esparcido entre varios, de que ese pulchrum era inútil, que representaba una pérdida de tiempo y, además, daba lástima, porque demostraba que yo no tenía una inteligencia a la altura para exponer la doctrina pura y que, por eso, me refugiaba en disertaciones, en parte doctrinales, en parte histórico-literarias. En algunos, eso fue tomando un cierto aire de “fronda” * que encontraba receptividad en varios otros.
Para mantener mi autoridad ante ellos, tuve que demostrar que era capaz de realizar secas exposiciones doctrinales. Las hice, pero se creó un ambiente por el cual, lo que no fuese una conferencia así, difícilmente podía sostenerse dentro del Grupo. Ellos hacían excepción para el Santo del Día, pues reconocían que los más jóvenes no entenderían reuniones puramente doctrinales.
Hubo un primer distanciamiento y desde luego una crisis de tibieza, conllevando el hecho de que yo redujera las reuniones, que eran diarias, a tres

Conferencia en el Auditorio San Miguel, el 15 de noviembre de 1979
por semana, con el pretexto de aprovechar los otros días para estudiar la materia –pero sabiendo bien que no estudiarían nada y quedarían en una algazara–; y luego en la decadencia de las Reuniones de Recortes, al punto que pensé seriamente en suspenderlas.
Con esto surgieron los mitos del espíritu mundano y el desinterés, por principio, hacia todo lo que no fuesen chismes, rivalidades y cuestiones pequeñas de la vida interna del grupo. El interés de cada uno por su propia persona aumentó y todo el universo de la vocación en el que yo me movía se hizo más distante. Yo hacía sistematizaciones, teorizaciones, pero las sentía cada vez menos capaces de ser entendidas. En una visita a una de nuestras sedes, realicé una exposición sobre Elías el Profeta y tuve la impresión de que, si estuviera frente a estatuas de “Aleijadinho”, [nt. El “Lisiadito”, fue escultor, tallador y arquitecto; es el artista brasileño más importante del período colonial] reaccionarían más. Durante dos lustros hablé para esa generación sin despertar admiración.

El Dr. Plinio a finales de la década del 60
Compete a los discípulos saber ver al fundador
Cuando las cosas iban mal, yo solía decir que a los mayores les faltaba alguien que hiciera el papel de chispa junto a los demás miembros del Grupo. En otras palabras, el apostolado perpendicular no era suficiente; era necesario un apostolado de apoyo colateral especial, con miras a la vocación, el cual, entre otros objetivos, debería llamar la atención hacia quien fundó el Grupo.
A pesar de mi insistencia durante años sobre esa necesidad y de insinuar

Reunión de Recortes en la Sala del Reino de María, a fines de la década del 60
claramente que las cosas no continuarían sin eso, no hicieron nada. Oían con perfecta educación, estaban de acuerdo, pero no hubo quien se presentase y nadie preguntó siquiera en qué consistía este apostolado, ¡tal era la indiferencia! Entonces pensé: “No les haré más la mínima mención para que caminen por ahí. Si empiezan a hacerlo, yo les ayudaré. Si no, es porque la chispa no ha prendido y no tiene sentido persistir”.
Por razones de vida interior, yo no trabajaba en absoluto en ese sentido y nunca lo haría, porque siempre me abstuve por completo de hablar de mí mismo y tomé como regla “desaparecer”. Nunca me presenté a no ser como un hijo de la Iglesia, buscando encontrar o proporcionar el modo de ser católico delante de las circunstancias, y de actuar de acuerdo con los métodos tradicionales de la Iglesia, teniendo en cuenta las renovaciones que se han producido.
Pensar en “mi papel” es lo que trato de no hacer. Yo soy el perpetuo ausente en mis panoramas, e imaginarme en ellos es estropearlos y arruinarme yo mismo. Esta es la única materia que no puedo enseñar. No me corresponde describirme ni ser mi propio cicerón, como se es de una obra de arte: “Aquí está… ¡Heme aquí! ¡Vean! Yo soy esto, aquello, aquello otro… tengo tales aspectos, debo ser interpretado así…” Eso depende de los discípulos.
Y para unirse enteramente con Nuestra Señora, hay que ver plenamente al hombre que Ella envió como vínculo con esta unión. Ese “saber ver” es un arte que no se puede enseñar mostrando todo, sino a veces dejando algo en la sombra. No sólo por esto, pero también por esto, yo muchas veces soy un hombre de “penumbra”.
Si alguien quisiera realizar este apostolado entre los mayores, habría provocado un feroz rechazo por parte de algunos. El hecho es que este apostolado no se llevó a cabo. Tengo la impresión de que llevar a otros a esta visión es un trabajo muy grande y dificilísimo, y los resultados no se pueden obtener sino a través de una acción de la Providencia.
Relacionamiento ideal con el fundador
La perfecta unión de almas entre los miembros del Grupo y yo, como fundador, sería fruto del conocimiento transmitido por la generación anterior y también de una relación personal conmigo. Esto se haría de forma gradual, sedosa y orgánica. Sin embargo, la actitud hacia mí era tal que no se mostraba que yo tuviese una misión correspondiente a la de un fundador… Esto debería haber sido dicho y no lo fue, porque un movimiento como el nuestro no vive sólo de lo que cada uno ve, sino que está organizado para mostrar a quienes lo rodean cómo son las cosas.

Conferencia en el Auditorio San Miguel, junio de 1990
De hecho, a veces fue dicho lo contrario por los miembros de la primera generación a los de la segunda. Y eso nos causó un daño enorme, como dañaría y destruiría a cualquier fundación.
En otras palabras, la primera generación se cegó y sirvió de castigo a la segunda. A su vez, ésta también se cerró y pesó sobre la tercera, y así sucesivamente.
La “dictadura” de los más nuevos
Ahora, Dios hace las reglas y después deja que brillen las excepciones: apareció un movimiento específicamente nuevo, con el apostolado de los enjolras, [los más jóvenes entre los jóvenes, NT] que interpreto como un trabajo de la Providencia para invitar a los mayores a abrir los ojos.
Las doctrinas eran las mismas que siempre he admitido y enseñado, y que los miembros del Grupo, en general, aceptaban, a pesar de ser tan grande la pereza para pensar de la misma manera, que sólo un pequeño número de personas las asimilaba como debería.
Entonces, ¿Qué había de nuevo? Fue una nota extra, un cambio en la posición a mi respecto, como resultado de la acción y del apostolado personal de João.
Empecé a adaptar un poco la Reunión de Recortes a los “enjolras”. Era una necesidad y una manera de salvar también a los más antiguos; de lo contrario, se irían “agua abajo”. Volvieron a ser hechas reuniones doctrinales más filosóficas, dadas al pulchrum, para complacer a los más jóvenes, los cuales se desarrollaron intelectualmente bien, y pudieron asistir a casi todas las reuniones. Y así, surgió un primado de la influencia de los “enjolras” sobre la mayoría de los antiguos.
Éstos, que habían despreciado la persona que tenía títulos para guiarlos, acabaron bajo la “dictadura” de los más jóvenes –muy buenos muchachos, excelentes hijos míos, a quienes quiero mucho–, a través de la cual Nuestra Señora los unía a mí. Ella de esta manera lo permitió y dio la réplica a los que no hicieron lo que tenían que hacer, ¡no cantaron la canción que debían haber cantado! Fueron llevados por aquellos a quienes les incumbía enseñar y servir de ejemplo, a tener una vaga noción del deber que no habían cumplido. Es el balance de la cuestión: el castigo y la misericordia van juntos, admirablemente. Y ellos, que no pudieron ser rescatados por mi presencia, acabaron impresionados por la presencia de los “enjolras”, que tuvieron más influencia sobre ellos que yo

Conferencias de cierre de campamento, en 1980 (a la derecha) y en 1983 (arriba)
João apareció como un Cid Campeador de lo que estaba oculto, colocó al fundador y el análisis de su persona en una prominencia que constituyó la corrección natural al mal hecho anteriormente y llevó al Grupo a una explicitación que me empujó también a mí. Avanzó a ladon Pelayo, lanza en ristre, cabalgando con gran destreza por los sectores donde menos esa palabra parecía oírse.

Santo del Día en enero de 1990
Trabajó de una manera magnífica, dando un toque de clarín y poniendo eso en una evidencia que camina, que retuerce y anticipa —no digo cronológicamente, sino morfológica y lógicamente— el “Grand-Retour”.
Valoración de las obras escritas
Antes de eso, recuerdo que, en general, mis obras caían en el olvido. De las dos colecciones salvadas del periódico Legionario, una se perdió porque fueron colocadas en un cobertizo y se arruinaron de tanto mojarse. Es más, en la ocasión en que salimos de las dependencias de la sede del Legionario, expresé el deseo de llevarnos las colecciones, a lo que me respondieron: “¿Pero cree que vale la pena?”
Eso me dolió y me hizo reflexionar: “¿Qué falta habría de mi parte, ante Nuestra Señora, para que un trabajo tan grande —no digo en cuanto calidad, sino en cuanto cantidad— naufrague de esta manera?”
Con la Oración de Restauración fue así. Me preguntaron si podía componer una oración para pedir la restauración de la inocencia. Redacté, casi esbocé, en esa misma ocasión, encima de una de esas mesas de mármol de la pizzería Giordano. Allí, en ese círculo del restaurante, fue leída y considerada como muy buena. Dispuse para que recibieran el texto y la actitud fue de indiferencia; después envejeció, los papeles se ensuciaron, ya no se habló de ella… No hice el menor esfuerzo en mencionarla.
Había escrito algunos Vía Crucis, que fueron leídos y considerados como muy buenos también. Pero terminaron en el mismo bolsillo donde ya estaba guardada la Oración de Restauración y unos papeles engrasados, de esos que se cambian de una chaqueta a otra y ni siquiera hay tiempo de ver qué es.
Pues bien, en un momento dado sopló un viento más fuerte de la gracia y João comenzó a insistir en valorar esos pensamientos y oraciones, que pasaron a tener cierta vida en el Grupo, y la siguen teniendo hasta el día de hoy. Si no fuera por la mano de este hijo tocado especialmente por mi madre, todo esto estaría en un cajón, olvidado y comido por las polillas, ¡sin duda! Por mi parte, no habría ni una palabra. Quedo profundamente conmovido por su dedicación, porque era una situación que me dejaba con cierta tristeza. De hecho, cuando yo muriera, si no fuera por João, todo se iría a la basura.
Mi libro Revolución y Contrarrevolución, que dormía con columnas de polvo encima, comenzó también a ser estudiado, debido al empeño de João por hacer que los “enjolras” lo conocieran, y lo conocieran admirativamente. Hubo entonces una serie de personas mayores que, sintiendo que esa obra tenía prestigio dentro del Grupo, trataron de “barnizarse” de ella, para tener ellos mismos cierta respetabilidad.
Hay un cierto momento en el curso del sol que se puede decir de él: «nec est quod se abscondat a calore eius – nada escapa a su calor» (Sl 18, 7). Ese momento no habría llegado si João no se hubiera levantado y hecho lo que hizo. La organización misma de una opera omnia mea… solo con el entusiasmo y la dedicación de João se pudo llevar a cabo algo así.
Jour le Jour a través de los ojos de João
Una creación invaluable, toda ella de João, es el Jour le Jour. João es una persona peculiar. Cuando escucho a uno u otro juzgar sobre él, me quedo callado, porque, para quien no quiere ver, no se puede decir lo siguiente: ¡João es un orador nato, dotado de todos los recursos y de todas las posibilidades que conocemos, pero, para ciertos temas, de repente, se eleva a un grado de comunicatividad y, a través de esto, a un grado de posibilidad de hacer penetrar la gracia en las almas de otros que es extraordinario!
Algunos oradores ganan al aumentar la distancia entre ellos y los oyentes. João no gana así. Se eleva junto con el auditorio, que no está ni más lejos ni más cerca de él; la relación entre uno y otro sigue siendo la misma que al principio, ¡pero todo en ascenso! Es como si una sala subiera, con todos desde el mismo piso. O como un ascensor: ¡todo sube junto! Y la gente sale de allí como si hubiera dado un paseo por lo maravilloso, con mucha gracia.
De los muchachos que tienen la feliz oportunidad de participar en el Jour le Jour, a veces pienso: “Esos son más felices que yo. Cuando dieron sus primeros pasos, tuvieron un João Clá, que yo no tuve”.
Nunca en mi vida asistí a un Jour le Jour ni he visto a João hablar a los “enjolras”. No sé, por lo tanto, cómo João me presenta a ellos. Pero es positivo que ellos me ven a través de los ojos de João, sin la menor duda, mientras que otros me ven medio directamente y medio a través del mundo. Los mayores de estos jóvenes me conocieron en el período comprendido entre el fuerte ataque de diabetes que tuve, que me llevó a la amputación de los dedos de los pies, y el accidente de coche; por lo tanto, antes de que João comenzara cualquier acción sobre ellos.

El Sr. João Clá durante un encuentro del Jour le Jour en el Auditorio de Nuestra Señora Auxiliadora
Conociéndome directamente, ellos no tuvieron por mí el entusiasmo que tuvieron después, viéndome interpretado por los comentarios de João. Esa es la verdad. Si las generaciones que les precedieron no hubieran puesto la apreciación de la materia tratada en el Jour le Jour bajo un abatjour, una pantalla, y hubieran enseñado lo que João Clá enseña a los “enjolras”, podrían haberme visto de otra manera.
Por otro lado, también es cierto lo siguiente: los que entraron después, comenzaron a conocerme en función los comentarios de João. Y, por lo tanto, el intercambio de estos comentarios fue la ocasión por la cual entraron en un nuevo camino, que los mayores no conocieron.
Pero hay que añadir que no sólo no conocieron este nuevo camino, sino que no les sirvió de mucho conocerlo más tarde. Porque el Jour le Jour estuvo abierto a todos los que quisieran escuchar y creo que la mayoría del Grupo escuchó, pero los mayores no se sentían atraídos como los “enjolras”, ni se movían como ellos para tomar una actitud diferente hacia mí.

Santo del Día en el Auditorio San Miguel, en 1990
Traductor y “rey de los enjolras”
Los “enjolras” encontraron en João a una persona que, utilizando un feeling y un talento incomparable, logró ponerlos en un diapasón de idealismo y entusiasmo. ¡Pero con qué brío, qué fuego, qué sentido de la observación! Con un coraje, una crânerie, un reto asombroso. ¡Simplemente fantástico! He visto de mil maneras, por los efectos, por los reflejos que me llegan, que hace un bien extraordinario a los más jóvenes, de ahí que tengan, de hecho, esas disposiciones sobre mí.
João actúa como una especie de traductor. Y si no fuera por un traductor con este grado de abnegación que continuamente estaba alimentando y poniendo oxígeno allí, si no fuera por João desempeñando a todo momento el papel de guía mío para los demás, si no fuera por su acción personal sobre una gran parte de la audiencia, simplemente no me entenderían, no tendrían el entusiasmo que tienen. Me abandonarían, me dejarían solo y hacía mucho tiempo que mis reuniones habrían cesado, de eso no hay duda. El factor perfeccionador de los “enjolras”, que evita que se queden tibios, es João.
Voy a dar una prueba. Imaginen un cuadro que pasó sesenta años en un museo, visto por la correcta consideración de los cicerones del público. De repente, hay un cambio en la situación: una multitud viene a ver el cuadro. ¿Qué pasó? Fue un cicerone que apareció y, con un brío único, supo mostrarlo de tal manera que los visitantes salen del museo entusiasmados y admirados. Si no fuera por el cicerones, no entenderían el cuadro.
Ahora, vayamos directamente al hecho. Digo algo duro y severo: como tengo cualidades aborrecidas por el siglo, el individuo esclavo del siglo las ve, pero en poco tiempo se extinguen miserablemente de su mente. Ellas, por sí solas, o ahuyentan, o no son suficientes para justificar un progreso, y menos aún la continuidad; si no entran otros factores, sin una gracia especial que provenga de fuera, es como si no existieran. Esto se debe a la malicia de los tiempos y a la disposición general de los espíritus. La historia del Grupo está llena de pruebas de este fenómeno, que vi suceder a muchos después del primer contacto conmigo, antes de comenzar el apostolado de João; y, después de haber comenzado este, con muchos de aquellos sobre los cuales João no tiene influencia. Esa es la cosa dicha con toda franqueza, usando la política de la verdad.
Por lo tanto, yo mentiría si dijese que por la irradiación de los valores personales reuní en torno de mí un grupo. Son esos valores, en cuanto iluminados por una cierta gracia

El Dr. Plinio y el Sr. João Clá, en 1986
que no viene de mí o, si viene de mí, pasa por otro. Creo que es absolutamente evidente que João Clá es un instrumento de la Providencia para comunicar esa gracia, con la cual, lo que pueda haber en mí digno de aplauso, los otros lo ven. Él es como una estrella que anuncia mi venida, de modo que es preciso mirarlo para comprender que mi influencia viene después. ¡Habiendo un cicerone de primerísimo orden, se hace aplaudir cualquier cosa! La gracia muchas veces se sirve de la propaganda para abrir los ojos de las personas.
En consecuencia, me parece que alguien que participe de aquel como que “desorden” de João en el Præsto Sum [NT. sede de personas jóvenes] sale más capaz de acompañar una conferencia mía que si no asistiese a la de João. Cuando entro a hacer la reunión del sábado,6 en el Auditorio San Miguel, tengo la impresión de que cada mirada que se posa en mí es una luz encendida, pero no la eléctrica, muerta y quieta, sino la luz que cintila de la llama de vela. Empiezo la reunión, que es bien el prefacio de la reunión –auge de la semana: el Jour le Jour del domingo en el Præsto Sum…Todo el mundo va degustando con anticipación los entusiasmos, los fervores, los aplausos que coronan el Jour le Jour hecho por João.
No existe alguien que sea capaz de hacer el Jour le Jour. Si no lo hiciera João Clá, nadie más haría una conferencia que produjera ese efecto… Aunque alguien pasara conmigo quince días, no saldría ni un mísero Jour le Jour.
João tiene, a su manera, un dote rarísimo, que es de hacer agradable y leve una serie de materias profundas; su genialidad consiste en colocar esos asuntos en la cabeza de los más nuevos a través del Jour le Jour; o sea, por medio de hechos cotidianos, banales, comunes, comenzar a tratar de temas altos. Él mezcla aquello con la narración de casos graciosos y pintorescos, y la gente se entusiasma. Además, tiene un juego de expresión muy vivo, que atrae enormemente a la “enjolrada”. Porque, queramos o no, si no nos conformamos a la forma de ser psicológica de los más jóvenes, acabamos no produciendo el resultado que deseamos.
No sé si ya vieron el agua del mar durante la noche: es oscura, pero al removerla sale luz. Así también hay hechos de la vida cotidiana de los cuales, prestando atención, sale luz, una cierta fosforescencia. No es la luz del sol, es una luminosidad inherente a los propios hechos, los cuales, “removidos” por el análisis del raciocinio, desprenden un “flash”. Así, no es puro raciocinio ni es puro “flash”. He ahí el mérito del Jour

Abajo a la izquierda, el Sr. João Clá, en la sesión de clausura de la V Semana de Estudios de Catolicismo, el 23 de enero de 1957. Abajo a la derecha, el Dr. Plinio durante una conferencia, en el inicio de la década de 1950

El Dr. Plinio en el Cementerio de la Consolación, el 21 de abril de 1992
le Jour con sus mil salidas, mil destellos, mil “acrobacias”. Se trata de un sistema, una escuela de remover aguas fosforescentes, y João Clá es perito en esas aguas.
Sin darse cuenta, él hace una leçon des choses. No adopta un programa muy fijo en el Jour le Jour y, a medida que cala, va tratando de los asuntos, de los cuales se aprovecha para enseñar mil cosas a aquellos jóvenes que no saben nada. Él crea un estado de espíritu y maniobra con mucha rectitud, con toda su experiencia, ¡es un as en esa materia! Nuestro gran especialista en “enjolrologia” es él, el “rey de los enjolras”.
El trazo característico de la amistad
Uno de los trazos más característicos de la amistad –en cuanto recta y católica orientación de un alma con relación a otra– es, al mismo tiempo, uno de los menos mencionados. El amigo pregunta al respecto de aquel a quien ama, a quien quiere; tiene una curiosidad natural y afectuosa de saber, de estar informado, de entrar en pormenores, de interpretar, para encontrar la justificación de su amistad, que no es puramente sentimental y tonta, sino nacida de la razón y de la repercusión de los datos de la razón sobre el asunto.
Es un trazo que he encontrado continuamente en la amistad tan dedicada de mi querido João Clá. Veo con alegría y con deseo de corresponder a tanta y filial amistad que esas disposiciones se irradian de él para todos.
De hecho, en esa materia él ha sido muy fiel, tiene una vocación excelente para eso y es, eminentemente, una persona que sirve de modelo, porque, en vez de afirmarse y procurar olvidar a quién está encima, al contrario, él es una especie de letrero con una flecha indicando el camino, siempre en esa dirección.
Si para ilustrar una doctrina conviene tener un vitral, una miniatura, un órgano, una torre, un castillo, me parece evidente que un hombre es mucho más simbólico para otro hombre. Por lo tanto, debemos saber volvernos los unos a los otros como que símbolos. Con las graduaciones adecuadas, todos nosotros –cuando andamos rectamente– somos símbolos de Dios unos para los otros. Si esto es así, yo quiero creer que mi João vea en mí una tal o cual simbolización de lo que yo expongo y ayude a mis “enjolras” a percibir esa simbolización a lo largo del Jour le Jour.
Antes de comenzar la odisea o la epopeya “enjólrica”, siempre tuve en mi João un oyente enteramente atento a lo que yo decía y que acompañaba las reuniones con entusiasmo. De esto tenía conciencia. Pero nunca investigué si él comentaba o no mi persona a los otros. Ese problema no se me pasó por la cabeza ni remotamente. Sería lo mismo que preguntar: “Ahora bien, en este momento, ¿la cantidad de pingüinos es mayor o menor en el Polo Sur?”
Yo no tenía la noción clara de que hubiese en él el eslabón entre la generación antigua y la generación nueva, de manera a saber atraer y entender a tal punto a la “enjolrada” y hacer un chorro traducido en pequeños comentarios simbólicos.
En ese sentido, una de las primeras actitudes de João junto a los otros, que yo presencié, fue cuando estábamos transitando por São Paulo y, por alguna razón, me quité el sombrero; más adelante me lo quité de nuevo. Y oí que João les comentaba a las personas que iban en la parte de atrás del automóvil: “Ustedes están aquí sin prestar atención en lo que él está haciendo. Esa manera de sacarse el sombrero tiene un sentido: él ahora rezó tal cosa, después rezó tal otra. Y la medida de cómo se saca el sombrero está calculada de acuerdo con la importancia que da a lo que está rezando. Si es una oración muy llena de respeto, separa más el sombrero; cuando es menos, lo separa menos. Porque todo lo que hace está de acuerdo con la razón y muy calculado. ¿Cómo viajan aquí sin prestar atención en lo que pasa?”
Yo no quise interrumpir mi oración, pero pensé conmigo: “Es la primera vez que escucho a alguien hacer a mi respecto un comentario tan bien pensado y acertado. Convivo con una serie de personas hace muchos años, nunca vi una observación tan menuda, sobre una cosa tan pequeña, que revelase tanto pensamiento”. A partir de eso, comencé a prestar atención en sus comentarios que me llegaban a los oídos. Muy bien pensados y elevando a todos los que estuviesen a su alrededor. João saca una ventaja única de las cosas: él agarra una migaja con una pinza, la pone en foco y le coloca una luz dorada encima.
Ahí está una nota característica de João, hace parte de su forma de ser. Todo el tiempo que está conmigo, no da la impresión de estar observando tanto. Él no me pregunta: “¿Ud. me podría aclarar tal cosa, para que yo la pueda explicar mejor en el Jour le Jour?” Digo más, me parece que a él le gusta más adivinar que recibir una explicación.
Durante una buena parte de mis reuniones, mi João se la pasa anotando, y tengo la impresión de que anota muy bien. Es un observador atentísimo, un excelente preguntador, un oyente exacto de todas las conferencias, en medio del tumulto de ocupaciones que tiene.
En esa acción de João entra un no sé qué de sobrenatural. Yo creo que tiene una intuición enorme, fruto de una gracia mística según la cual él habla, y que su capacidad viene de ahí. En ese sentido, tiene una verdadera misión interna en el grupo, no se puede negar. Yo lo veo por los efectos que son óptimos Me parece que cada Jour le Jour es un lance de la Historia del grupo.

El Dr. Plinio en el Auditorio San Miguel, en 1982
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Oposición a la autoridad. [NT]. La “Fronda” fue una serie de revueltas que tuvieron lugar en Francia entre 1648 y 1653, durante la minoría de edad de Luis XIV y la regencia de Ana de Austria. Fue un intento de la nobleza francesa de controlar el poder del gobierno real.
1) Conferencia en la cual el Dr. Plinio comentaba los acontecimientos más recientes ocurridos en Brasil y en el mundo, sacados de los diarios.
2) Rodrigo Díaz de Vivar (*1043 – +1099). Noble español, conocido con el sobrenombre de Cid Campeador (Señor Campeón), que se volvió la imagen del caballero ideal: valiente, leal, justo y piadoso.
3) Noble, fundador y primer monarca del Reino de Asturias, España (*685 – +737). Inició la resistencia contra la invasión islámica en la Península Ibérica.
4) Del francés, literalmente: “gran retorno”. En el inicio de la década de 1940, hubo en Francia un extraordinario incremento del espíritu religioso, a raíz de las peregrinaciones de cuatro imágenes de Nuestra Señora de Boulogne. Tal movimiento fue denominado “grand retour”, para indicar el inmenso retorno de aquel país a su antiguo y auténtico fervor, por entonces desvanecido. Al tomar conocimiento de esos hechos, el Dr. Plinio comenzó a usar la expresión “Grand retour” en el sentido no sólo de “gran retorno”, sino de una venida de un torrente avasallador de gracias que, a través de la Santísima Virgen, Dios concederá al mundo para la implantación del Reino de María.
5) Del francés: bravura ligeramente provocativa.
6) Conferencia dedicada especialmente a los más nuevos.
7) Del francés, literalmente: lección sobre cosas. Se dice de la enseñanza hecha a través de la observación de la vida cotidiana y sus pormenores.
8) Para la elaboración del presente número fueron recopilados extractos de conferencias realizadas entre 1964 y 1995.