
Prisioneros de lo inmediato, lo relativo, lo útil
Una de las falsas ilusiones producidas en el curso de la historia ha sido la de pensar que el progreso técnico-científico, de modo absoluto, podría dar respuestas y soluciones a todos los problemas de la humanidad. Y vemos que no es así. […] El hombre, incluso en la era del progreso científico y tecnológico —que nos ha dado tanto—, sigue siendo un ser que desea más, más que la comodidad y el bienestar; sigue siendo un ser abierto a toda la verdad de su existencia, que no puede quedarse en las cosas materiales, sino que se abre a un horizonte mucho más amplio. […]
Siempre existe el peligro de quedar aprisionados en el mundo de las cosas, de lo inmediato, de lo relativo, de lo útil, perdiendo la sensibilidad por lo que se refiere a nuestra dimensión espiritual. No se trata, de ninguna manera, de despreciar el uso de la razón o de rechazar el progreso científico; todo lo contrario. Se trata más bien de comprender que cada uno de nosotros no está hecho sólo de una dimensión «horizontal», sino que comprende también la dimensión «vertical».
Benedicto XVI.
Discurso, 19/6/2011.
Nostalgia de la Verdad Absoluta
Las tinieblas del error o del pecado no pueden eliminar totalmente en el hombre la luz de Dios creador. Por esto, siempre permanece en lo más profundo de su corazón la nostalgia de la verdad absoluta y la sed de alcanzar la plenitud de su conocimiento. Lo prueba de modo elocuente la incansable búsqueda del hombre en todo campo o sector. Lo prueba aún más su búsqueda del sentido de la vida.
San Juan Pablo II.
Veritatis splendor, 6/8/1993.
Una ventana abierta al infinito
El hombre no puede vivir sin esta búsqueda de la verdad sobre sí mismo —quién soy yo, para qué debo vivir—, una verdad que impulse a abrir el horizonte y a ir más allá de lo que es material, no para huir de la realidad, sino para vivirla de una forma aún más verdadera, más rica de sentido y de esperanza, y no sólo en la superficialidad. […]
Os invito a tomar conciencia de esta sana y positiva inquietud; a no tener miedo de plantearos las preguntas fundamentales sobre el sentido y sobre el valor de la vida. No os quedéis en las respuestas parciales, inmediatas, ciertamente más fáciles en un primer momento y más cómodas, que pueden dar algunos ratos de felicidad, de exaltación, de embriaguez, pero que no os llevan a la verdadera alegría de vivir, la que nace de quien construye —como dice Jesús— no sobre arena, sino sobre sólida roca. Así pues, aprended a reflexionar, a leer de modo no superficial, sino en profundidad, vuestra experiencia humana: descubriréis, con asombro y con alegría, que vuestro corazón es una ventana abierta al infinito.
Benedicto XVI.
Discurso, 19/6/2011.
Sólo Dios puede llenar el corazón del hombre
La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios. Existe pura y simplemente por el amor de Dios, que lo creó, y por el amor de Dios, que lo conserva. […]
La Iglesia sabe perfectamente que su mensaje está de acuerdo con los deseos más profundos del corazón humano cuando reivindica la dignidad de la vocación del hombre, devolviendo la esperanza a quienes desesperan ya de sus destinos más altos. Su mensaje, lejos de empequeñecer al hombre, difunde luz, vida y libertad para el progreso humano. Lo único que puede llenar el corazón del hombre es aquello que «nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
San Pablo VI.
Gaudium et spes. Concilio
Vaticano II, 7/12/1965.
Sin Él nada tiene sentido, nada tiene valor
Para nosotros, el Señor es todo. Lo es en distintos modos, ya sea como Creador y fuente de la existencia, como amor que llama e interpela, como fuerza que impulsa y anima a la donación. Sin Él nada existe, nada tiene sentido, nada vale […].
San Agustín, a este propósito, describe la presencia de Dios en su existencia con imágenes bellísimas. Habla de una luz que trasciende el espacio, de una voz que no se ve abrumada por el tiempo, de un sabor que nunca se ve empañado por la voracidad, de un hambre que nunca se apaga con la saciedad, y concluye: «Esto es lo que amo cuando amo a mi Dios». Son palabras de un místico, y aun así nos resultan cercanas, pues manifiestan la necesidad de infinito que habita en el corazón de todo hombre o mujer de este mundo.
León XIV.
Homilía, 9/10/2025.
Dios desea darse a conocer
La exigencia de una base sobre la cual construir la existencia personal y social se siente de modo notable sobre todo cuando se está obligado a constatar el carácter parcial de propuestas que elevan lo efímero al rango de valor, creando ilusiones sobre la posibilidad de alcanzar el verdadero sentido de la existencia. […]
Dios, como fuente de amor, desea darse a conocer, y el conocimiento que el hombre tiene de Él culmina cualquier otro conocimiento verdadero sobre el sentido de la propia existencia que su mente es capaz de alcanzar.
San Juan Pablo II.
Fides et ratio, 14/9/1998.
Conocimiento que da sentido a todo
En nuestro tiempo, es importante que no nos olvidemos de Dios, junto con los demás conocimientos que hemos adquirido mientras tanto, y que son muchos. Pero resultan todos problemáticos, a veces peligrosos, si falta el conocimiento fundamental que da sentido y orientación a todo: el conocimiento de Dios creador. […]
Para nosotros, los cristianos, Dios ya no es, como en la filosofía anterior al cristianismo, una hipótesis, sino una realidad, porque Dios «ha inclinado su Cielo y ha descendido». El Cielo es Él mismo y ha descendido en medio de nosotros.
Benedicto XVI.
Audiencia general, 11/1/2006.
¡El Señor está cerca!
Dios sigue siendo un misterio. Pero un misterio positivo, que, desde nuestras incipientes nociones, nos impulsa siempre hacia sucesivas e interminables investigaciones y descubrimientos. Nuestro conocimiento de Dios es una ventana a la luz del cielo, un cielo infinito. […]
Dios desea darse a conocer. Debemos buscarlo en el libro de la creación, en la Palabra de Dios, en la Iglesia, en la conciencia misma…
Debemos superar la tentación, tan fuerte en nuestros días, de considerar imposible un conocimiento de Dios adecuado a nuestra madurez cultural y que responda a nuestras necesidades existenciales y a nuestros deberes espirituales. Sería indolencia, sería vileza, sería ceguera. Debemos, en cambio, buscar. Buscar en el libro de la creación; buscar en el estudio de la Palabra de Dios; en la escuela de la Iglesia, Madre y Maestra; en lo más profundo de la propia conciencia… Buscar a Dios, buscarlo siempre. Sabed: Él está cerca.
San Pablo VI.
Audiencia general, 22/7/1970.







