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Oh Divino Infante, he aquí arrodillado delante de Vos un militante más traído por la graciaobtenida por vuestra divina y celestial Madre. Aquí está este batallador, antes que nada, para agradeceros.
Agradeceros la vida que disteis a mi cuerpo, el momento en que insuflasteis mi alma y vuestro plan eterno a mi respecto, según el cual yo debería ocupar, por designio divino, un determinado lugar, aunque fuese mínimo, dentro de la colección de los hombres para componer el enorme mosaico de criaturas humanas destinadas a subir hasta el Cielo.
Os agradezco por haber puesto la lucha en mi camino, para que yo pudiese ser héroe; todos los años de mi vida pasados en vuestra gracia, como también aquellos vividos fuera de ella, pero que fueron encerrados por Vos en un determinado momento en que abandoné el camino del pecado.
Os agradezco, Niño Jesús, todo lo que, por vuestro auxilio hice de difícil para combatir mis defectos, por no haberos impacientado conmigo, conservándome vivo para que yo todavía tuviese tiempo de corregirlos hasta la hora de morir.
En esta noche de Navidad, os dirijo esta oración, adaptando el Salmo que dice: “¡No me quitéis la vida en la mitad de mis días!” ¡No me quitéis los días en la mitad de mi obra, quemis ojos no se cierren por la muerte, mis músculos no pierdan su vigor, mi alma no pierda sufuerza y agilidad antes de que yo haya, por vuestra gracia, vencido todos mis defectos,alcanzado todas las alturas interiores que me destinasteis a subir y, por hechos heroicosrealizados en vuestro campo de batalla, os haya prestado toda la gloria que de mí esperabaisal crearme!
Oración compuesta por el Dr. Plinio el 23/12/1988