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Madre nuestra, Señora del universo, obtenednos del Niño Dios, Vos que sois su Madre extremosa y sin mancha, una contrición verdadera y profunda por tantos pecados cometidos a lo largo de este año que se encierra, y que constituyen señales inequívocas de un desbordante egoísmo y de una inquietante falta de amor a Dios.
Vos quisisteis pasar una página de nuestra historia, tomando Vos misma la iniciativa de la reconquista de nuestras almas.
¡Acabad, pues, Señora, la obra que comenzasteis!
Que no se detenga vuestro brazo en el inicio de la tarea, ni descansen vuestros pies antes de alcanzar la meta.
Comunicadnos la plenitud de vuestro espíritu, preparadnos para los grandes lances que se presentan delante de nosotros.
Haced que vuestro espíritu sagrado transponga los abismos de nuestras miserias e infidelidades, como otrora el Verbo de Dios transpuso los abismos que lo separaban de la Creación para unirse a Vos.
Sobre todo, Señora, haced que la gran batalla profética se efectúe, que san Miguel venga y Vos venzáis. Amén.