Para cada persona Dios envía el sufrimiento adecuado

Publicado el 09/14/2021

El espíritu pagano lleva a la gente a considerar el dolor como mala suerte. Sin embargo, cada sufrimiento por el que pasamos puede compararse a un golpe de cincel dado por Dios que, como un escultor muy hábil, nos moldea para nuestro bien, según su infinita sabiduría.

 


 

Sois miembros de Jesucristo. ¡Qué honra! ¡Pero cuánta necesidad de sufrir por causa de esto! ¿La cabeza está coronada de espinas y los miembros estarían coronados de rosas? ¿La cabeza está escarnecida y cubierta de lama en el camino del Calvario, y los miembros estarían en el trono, cubiertos de perfume? ¿La cabeza no tiene una almohada para reposar y los miembros estarían suavemente acostados entre plumas y armiño? Sería monstruosidad inaudita.

El hombre que no se mortifica tiene odio del crucificado

Podríamos aplicar este trecho de la Circular a los Amigos de la Cruz1 – escrito por San Luis María Grignion de Montfort – a la situación presente de la Iglesia, Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo del cual somos miembros, y que, estando ella
coronada de espinas, ¿podríamos estar coronados de rosas? En nuestros días, la Iglesia Católica es burlada y cubierta de barro, en el camino del Calvario; ¿pueden sus miembros ocupar un trono cubierto de perfume?

No, no os engañéis; estos cristianos que veis por todos lados, ataviados a la moda, maravillosamente delicados, sumamente educados y circunspectos, no son verdaderos discípulos ni verdaderos miembros de Jesucristo crucificado; haríamos injuria a esa cabeza coronada de espinas y a la verdad del Evangelio si creyéramos lo contrario.

Al referirse a cristianos excesivamente educados y circunspectos, San Luis Grignion pone el dedo en la herida de uno de los aspectos del Antiguo Régimen. La escuela de educación y circunspección de esa época es una verdadera maravilla, pero obviamente fue demasiado lejos. Porque reducir toda interacción social a una sonrisa perpetua y un halago mutuo continuo es algo contrario a la verdad, la seriedad y la compostura que debe tener la vida, y preparaba el rugido de la Revolución Francesa, precisamente por ese exceso.

¡Oh Dios mío, cuántos fantasmas de cristianos se consideran miembros del Salvador y son sus perseguidores más traicioneros, porque, mientras hacen la señal de la cruz con las manos, son, de corazón, sus enemigos!

¡Cómo podríamos decir eso hoy! ¡Cuántos individuos son enemigos de la Cruz! Cuando alguien se encuentra en estas condiciones, no solo es enemigo de la Cruz porque no se deja crucificar, sino que hay una cosa sutil: el hombre que no se mortifica tiene odio del crucificado y de la mortificación. Al ver a otro que se crucifica a sí mismo, se indigna, y cuando le hablan de la cruz, se enoja muchísimo.

Dios hace con las almas como un cantero con sus piedras

San Luis María Grignion de Montfort – Iglesia de San Pedro, Domagné, Francia

San Luis María Grignion de Montfort – Iglesia de San Pedro, Domagné, Francia

Si sois guiado por el mismo espíritu, si vivís la misma vida que Jesucristo, vuestro Jefe cubierto de espinas, no esperéis sino espinas, látigos, clavos – en una palabra, cruz – porque el discípulo debe ser tratado como el Maestro y el miembro como la cabeza. Y si el Jefe os presenta, como a Santa Catalina de Siena, una corona de espinas y otra de rosas, elegid la de espinas, sin dudarlo, y ponedla en vuestra cabeza para asemejaros a Jesucristo.

No ignoréis que sois los templos vivos del Espíritu Santo y que debéis, como otras tantas piedras vivas, ser colocados por el Dios del Amor en el edificio de la Jerusalén celestial.

Aquí en la Tierra, la Jerusalén celestial tiene su prefigura en la Iglesia Católica que, considerada en su conjunto, puede verse como un Templo del que cada uno de nosotros es una piedra viva.

Preparaos, pues, para ser labrados, cortados y cincelados con el martillo de la Cruz; de lo contrario, quedaríais como piedras toscas que no se usan, que se desprecian y se lanzan fuera.

Su idea es muy hermosa: Dios trabaja con las almas como un cantero con sus piedras: las que quiere aprovechar las talla, corta, martilla, hiere de mil maneras para adecuarlas a los propósitos que tiene en la mira. Mientras la piedra que el albañil rechaza, él no la toca.

Así también los hombres que sufren son los que serán aprovecha dos por la Iglesia. Por lo tanto, cuando vemos a un hombre sufrir mucho, debemos decir: “Ésta es una piedra que aprovechará el constructor”. Y el instrumento para tallar las piedras, la forma en que se hace el martirio del hombre, es la Cruz. Son los sucesivos sufrimientos los que deben recaer sobre la persona.

Tened cuidado de no resistir el martillo que os golpea; ¡Presta atención al cincel que os talla y a la mano que os moldea! Quizás el hábil y amoroso arquitecto quiera convertiros en una de las piedras fundamentales de su edificio eterno y en uno de los retratos más bellos de su reino celestial.

Precisamente las piedras más talladas son las más importantes en arquitectura. También las almas más sufridas son las más utilizadas para la edificación de Dios.

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“Caballeros de la Virgen” es una Fundación de inspiración católica que tiene como objetivo promover y difundir la devoción a la Santísima Virgen María y de colaborar con la “La Nueva Evangelización” , la cual consiste en atraer los numerosos católicos no practicantes a una mayor comunión eclesial, la frecuencia de los sacramentos, la vida de piedad y a vivir la caridad cristiana en todos sus aspectos. Como la Iglesia Católica siempre lo ha enseñado, el principal medio utilizado es la vida de oración y la piedad, en particular la Devoción a Jesús en la Eucaristía y a su madre, la Santísima Virgen María, mediadora de las gracias divinas. Sus miembros llevan una intensa vida de oración individual y comunitaria y en ella se forman sus jóvenes aspirantes.

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