
He visto que los sacerdotes, cuando consagran, dejan caer un trocito de la hostia grande en el cáliz. Quería saber qué significa esto según la Iglesia y cuál fue su impresión la primera vez que usted lo hizo.
Javier Acuña Coello – Vía correo electrónico
Este gesto tiene su origen en los primeros siglos de la era cristiana. El rito, inicialmente llamado fermentum, era una expresión de la unidad entre las misas celebradas por el presbítero y por el obispo, especialmente el de Roma, el Papa. Éste, a través de los acólitos, enviaba un fragmento de la hostia consagrada por él para que los sacerdotes lo depositaran en el cáliz por ellos consagrado, manifestando así que se trataba de la misma eucaristía.
Con el tiempo, ese gesto dio lugar a otras interpretaciones, sin perder su significado primitivo de comunión. Pasó a denominarse commixtio, es decir, mezcla del pequeño fragmento de la sagrada hostia introducido por el sacerdote en el cáliz, con el vino consagrado. Su significado espiritual está contenido en la oración que el presidente de la celebración reza en secreto durante la recitación del Cordero de Dios: «El cuerpo y la sangre de Nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna».
Al consagrar aparte la hostia y el vino, la liturgia quiere significar la separación del cuerpo y la sangre de Cristo, o sea, su inmolación, renovada sacramentalmente —de modo incruento— en la santa misa.
Sin embargo, Jesucristo murió y resucitó, y es al Señor resucitado a quien recibimos en la comunión. Por eso, cuando el sacerdote realiza la commixtio, está señalando la resurrección del Salvador y la nuestra, como sugiere la oración mencionada.
Particularmente, no sólo con ocasión de mi primera misa, sino en todas las que he celebrado, la commixtio es un momento de especial intimidad del sacerdote y el Señor sacramentado.







