
Madre del Bello Amor. Acervo particular
La Maternidad Divina de María es la propia raíz de la devoción mariana, porque es por ser Madre de Dios que Nuestra Señora fue investida de todos los otros títulos, cualidades y gracias por los cuales los fieles le alaban.
Siendo Madre de Dios, por una serie de consecuencias y a título especial, la Santísima Virgen también es nuestra Madre.
Yo creo que la gracia más preciosa para alcanzar en materia de devoción a María Santísima es cuando Ella condesciende en establecer con cada uno de nosotros, por lazos inefables, una relación verdaderamente maternal. Eso se puede dar de mil maneras, pero en general Ella se revela nuestra Madre al sacarnos de algún apuro o al perdonarnos alguna falta, por una de esas bondades que sólo las madres tienen, eliminando aquello como Nuestro Señora Jesucristo curaba la lepra.
A veces, Nuestra Señora concede gracias como estas de tal modo que, para la vida entera, queda marcada a fuego en el alma, pero con un fuego del Cielo, la convicción de que podremos recurrir a Ella mil veces, en circunstancias mil veces más indefendibles, y Ella siempre nos perdonará de nuevo, porque nos abrió una puerta de misericordia que nadie cerrará.
(Extraído de conferencia del 11/10/1963)







