Plinio Corrêa de Oliveira

Inmaculado Corazón de María. Museo Hyacinthe-Rigaud, Perpignan, Francia
En la Sagrada Escritura encontramos esta frase: “Porque eres débil, he aquí que puse delante de tus ojos abierta una puerta, que nadie podrá cerrar” (cf. Ap 3, 8). Esta puerta abierta para la debilidad del hombre contemporáneo es el Corazón Inmaculado de María. En efecto, nada nos puede dar mayor confianza, esperanza más fundamentada, estímulo más seguro, de que la convicción de que en todas nuestras miserias, en todas nuestras caídas, no tenemos solamente, mirándonos con el rigor de Juez, la infinita santidad de Dios, sino también el Corazón lleno de ternura, de compasión, de misericordia, de nuestra Madre Celeste.
Omnipotencia suplicante, Ella sabrá conseguirnos todo lo que nuestra flaqueza pide para la gran tarea de nuestro erguimiento moral. Con este Corazón, todos los terrores se disipan, todos los desánimos se desvanecen, todas las incertezas se tranquilizan. El Corazón Inmaculado de María es la Puerta del Cielo abierta de par en par a los hombres de nuestro tiempo, tan extremadamente débiles. Y esta puerta “nadie podrá cerrarla”, ni el demonio, ni el mundo, ni la carne.
(Extraído del Legionario de 30/7/1944)







