
Nuestra Señora de la Luz Catedral de Jerez de la Frontera, España
En qué coyuntura sublime, oh, Madre, ascienden a Vos los anhelos de esta oración. Un año más se suma al largo y sufrido cortejo de los años, al mismo tiempo inquietos, llenos de aprensiones monótonas y, a pesar de todo, perfeccionados por la gracia de la confianza; años que constituyen la historia de este largo exilio.
Sin embargo, a cada año que pasa, vacilan más fuertemente en torno de nosotros los panoramas y son sacudidos con mayor vigor los árboles, los peñascos y las montañas. ¡Cuánta precariedad en tan larga continuidad! ¡Cuánta continuidad en tan extrema precariedad! ¿Cuándo acabará eso? Es la pregunta que cada año que acaba transmite a otro, sin obtener respuesta.
Pero ahora, oh, Madre, cuántas señales de victoria, de una victoria que es el apogeo de la confianza, la corona de la esperanza. ¡Cuántos sueños que fueron esperanza y se volvieron realidad palpable!
¿Se descarrilará ahora, por fin, al cabo de tanto vacilar, el tren infernal de la Revolución? ¿Vendrá ya vuestro Reino?
Oh, Madre, cuyas oraciones concluyen los cuatro mil años de espera del Mesías, nosotros os suplicamos: decid que sí. Haced que Elías y los Ángeles exterminen lo que tanto hemos golpeado.
¡Sí, oh, Madre! Vuestro Divino Hijo nos enseñó la súplica que Él dirigió al Padre Eterno: “Venga a nosotros tu Reino”.
Nosotros os presentamos esa súplica, Señora, para que vuestro Reino venga pronto, pero pronto… ¡absolutamente pronto, oh, Madre!
(Compuesta en abril de 1983)