Reparando las infidelidades del pueblo elegido

Publicado el 01/14/2021

De camino hacia la tierra prometida el pueblo elegido pecó contra su llamamiento, lo que disgustó bastante al Señor. Pero movido por un entrañable amor hacia su heredad quiso Él obrar la reparación de la ofensa.

 

Mons. João Clá Dias, EP

 

Había una razón de sabiduría divina en las duras vicisitudes del viaje. Como señala el Dr. Plinio, “en la huida a Egipto era la Santa Iglesia la que, sola, peregrinaba por el desierto”.

Al encontrarse ahí las primicias del cristianismo, Dios deseaba que la Sagrada Familia reparara todas las infidelidades cometidas por los hebreos cuando salieron de esa nación.

Tales pecados, de hecho, fueron los que más lo habían ofendido a lo largo de toda
la Historia de la salvación anterior al deicidio, pues la luz primordial de los hijos de Abrahán, o sea, aquel aspecto del Creador que estaban más llamados a representar, consistía en tener una fe total en lo imposible y en lo irrealizable, en creer cuando todo pareciera perdido. Los grandes hechos de Abrahán (cf. Gén 22, 10- 12), Jacob (cf. Gén 27, 22-23), Ester (cf. Est 14, 1-19) o de los tres jóvenes en el horno encendido (cf. Dan 3, 14- 93), entre otros muchos, muestran apropiadamente que la virtud de los grandes santos de ese pueblo se alzaba a lo angélico cuando se veían ante circunstancias sin solución humana.

De camino hacia la tierra prometida el pueblo elegido pecó exactamente contra este llamamiento, lo que disgustó bastante al Señor. Pero movido por un entrañable amor hacia su heredad quiso Él obrar la reparación de la ofensa por medio de sus tres criaturas predilectas. Así, limpio de esta culpa ante la justicia divina, Israel podría recibir dignamente al Mesías y la Redención.

La Sagrada Familia, con este objetivo, se fue deteniendo a lo largo de todo el recorrido en los lugares más simbólicos de la rebelión del pueblo contra Dios, haciendo actos de desagravio. Estuvieron, por ejemplo, junto a la roca de Meribá, donde se produjo la sublevación por la escasez de agua (cf. Éx 17, 1-7; Núm 20, 1-13).

Allí rezaron con mucho recogimiento con el propósito de reparar aquel pecado contra la fe; y la Virgen, Madre de Misericordia, pidió especialmente por Moisés para que, con ocasión de su muerte, tuviera su falta borrada y no le fuera imputada en el momento de entrar en el Cielo.

Extraído, con pequeñas adaptaciones, de: “San José: ¿quién lo conoce?…”. Madrid: Salvadme Reina de Fátima, 2017, pp. 281-283

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