Sabias…

Publicado el 01/04/2026

¡Comparte !

P. Ricardo José Basso, EP

Algunos dicen que Dios castiga, otros, que perdona, porque es misericordioso. ¿Cómo es posible entender que el mismo Dios sea justo con unos y clemente con otros? ¿Será porque las personas están predestinadas?

Lucas Ferreira – Río de Janeiro  

Durante muchos siglos, la teología ha buscado explicar esa aparente «tensión» entre el rigor y la misericordia en Dios. Por un lado, vemos a Dios, ofendido por el pecado, infligiendo inmediatamente al culpable el castigo que se merece. En otras ocasiones, por el contrario, contemplamos en el mismo Dios un pasmoso derroche de bondad. Basta leer las Escrituras para constatar esta realidad.

Para algunos, la justicia divina se manifiesta sobre todo en el Antiguo Testamento, mientras que el Nuevo representa un giro radical en la línea de la misericordia, como lo demuestran ciertos ejemplos sorprendentes, como el perdón concedido a la mujer adúltera (cf. Jn 8, 3-11), el diálogo de Jesús con la samaritana (cf. Jn 4, 7-26) y, finalmente, la súplica de perdón en el Gólgota en favor de quienes crucificaban al Señor (cf. Lc 23, 34).

Esta concepción acerca de la oposición entre rigor punitivo y misericordia llegó al absurdo del filósofo gnóstico Marción, según el cual había una discontinuidad completa entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, hasta el punto de considerar que en uno y en otro se revelaban dioses distintos.

A partir de la reflexión cristiana sobre la fe, y especialmente en el libro Cur Deus Homo? —¿Por qué Dios se hizo hombre?—, de autoría de San Anselmo, se buscó dar una explicación conciliadora, por así decirlo, a lo que pintorescamente se ha llamado el «conflicto de las hijas de Dios», que vendría a ser esa aparente tensión, o incluso contradicción, entre las exigencias de la justicia y las de la misericordia en el seno mismo de la Trinidad. La solución encontrada por Dios para aplacar la justicia y, al mismo tiempo, derramar su misericordia habría sido la pasión de Cristo. En la cruz, la justicia era aplacada en la Víctima sagrada y, por medio de esta misma Víctima, los torrentes del amor y del perdón se derramaron sobre los pecadores.

Sin embargo, será Santo Tomás quien explicará plenamente la cuestión (cf. Suma Teológica, I, q. 21), tratando de razonarlo más desde Dios mismo, en quien todas las perfecciones se hallan bien unificadas en la maravillosa simplicidad de su esencia. Para comprender la propuesta del Doctor Angélico, conviene recordar algunos principios esenciales de la filosofía escolástica, empezando por el que dice que Dios no ama como los hombres. Éstos aman lo que es amable, lo que atrae. Nadie ama a primera vista medio kilo de harina, sino más bien, una rica tarta… Por lo tanto, para obtener el afecto del hombre, cabe que algo sea bueno, deseable. Dios, por el contrario, al amar a sus criaturas, las hace amables. Nadie es bueno si el amor divino no lo hace así (cf. Suma Teológica, I, q. 20, a. 2). Como puede verse fácilmente, se trata de un cambio de perspectiva muy importante.

Por consiguiente, para Santo Tomás, la misericordia consiste en la capacidad de corregir cualquier deficiencia y, en este sentido, la creación y la Redención son manifestaciones radicales de la misericordia de Dios. Por otra parte, para él la Pasión —aunque en cierto modo se haya producido para aplacar la justicia— constituye sobre todo una grandísima obra de misericordia, ya que por ella el Señor nos revela la plenitud de su amor.

¿Qué sería, entonces, la justicia en Dios? Ésta se manifiesta principalmente en dos aspectos. Primero, en la medida exacta en que Él distribuye las gracias. No hace a todos los seres humanos excelentes en grado máximo, sino que crea una desigualdad entre ellos, que depende del amor con que recompensa a cada uno: a unos más, a otros menos, pero a todos con abundante generosidad, según el Aquinate.

En segundo lugar, en la punición del mal. Hay que tener en cuenta que los castigos infligidos en esta tierra tienen una carga de misericordia mayor que de justicia, pues, aunque son dolorosos, abren los corazones a la conversión, los purifican y los elevan a la consideración de las realidades espirituales. Santo Tomás explica que, cuando se trata del castigo eterno, Dios condena al pecador después de que éste haya rechazado todos los recursos de la misericordia. E incluso en el caso de la condena al Infierno, Él, en su bondad, atenúa las penas debidas.  

Deje sus comentarios

Los Caballeros de la Virgen

“Caballeros de la Virgen” es una Fundación de inspiración católica que tiene como objetivo promover y difundir la devoción a la Santísima Virgen María y colaborar con la “La Nueva Evangelización” , la cual consiste en atraer los numerosos católicos no practicantes a una mayor comunión eclesial, la frecuencia de los sacramentos, la vida de piedad y a vivir la caridad cristiana en todos sus aspectos. Como la Iglesia Católica siempre lo ha enseñado, el principal medio utilizado es la vida de oración y la piedad, en particular la Devoción a Jesús en la Eucaristía y a su madre, la Santísima Virgen María, mediadora de las gracias divinas. Sus miembros llevan una intensa vida de oración individual y comunitaria y en ella se forman sus jóvenes aspirantes.

version mobile ->

CABALLEROS DE LA VIRGEN
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.