Así como San Basilio enfrentó heroicamente a los emperadores que deseaban restaurar el paganismo, los católicos deben combatir a los actuales propugnadores del neopaganismo, sin vacilaciones ni connivencias, sin concesiones al error y sin mutilar la doctrina de la Iglesia.

San Basilio – Museo de Bellas Artes de Castellón, España
Problemas de estrategia apostólica
Así, por ejemplo, la táctica ultramoderna y aerodinámica de luchar contra la Iglesia de preferencia por medios indirectos, esta táctica es vieja de varios siglos.
Y como Dios suscita Santos con peculiaridades especiales, según la época en que aparecen y la tarea que de ellos espera, veamos sumariamente el modo de actuar de un Santo que, ya en el siglo IV de la era cristiana, tuvo por delante, en su esencia, los mismos problemas de esa tragedia apostólica que los católicos enfrentan en el mundo de hoy, pues enfrentó la misma especie de enemigos: los que muerden y soplan al mismo tiempo.
Efectivamente, San Basilio vivió en una época idéntica a la nuestra, con la diferencia de que se hallaba en una fase de la historia del cristianismo que corresponde al crepúsculo que antecede a la aurora, mientras que todo parece indicar que nos hallamos en un momento que corresponde al crepúsculo presagiador de las sombras de la noche, de la espesa sombra totalitaria neopagana y socialista que amenaza al mundo moderno.
El gran doctor de la Iglesia de Oriente asistió a los últimos estertores del paganismo, como nosotros asistimos a su renacer.
Y en este estremecimiento del paganismo no sólo vemos los esfuerzos desesperados de un neopagano del porte de Juliano el Apóstata y de todos sus cortesanos, sino también el terror de las herejías que hacían causa común contra la Iglesia con esos remanentes del cesarismo, tal como hoy herejes y cismáticos se alían al bolchevismo totalitario en su lucha contra la Civilización católica.
Juliano el Apóstata y los actuales enemigos de la Iglesia
El arrianismo había perturbado profundamente el mundo cristiano. Junto a los obispos fieles a la Iglesia, piadosos, caritativos, amados del pueblo, estaban los obispos arrianos, prelados de la corte semi pagana, que favorecían la persistencia del paganismo.
Entre los emperadores romanos y orientales, que después de la conversión de Constantino intentaron restablecer el paganismo, Juliano el Apóstata es el ejemplo más expresivo. Y en su táctica vemos los mismos procesos utilizados hoy por los enemigos de la Iglesia, ya sean liberales o totalitarios.
En efecto, Juliano, precursor del Estado laico moderno, comienza por dar libertad no sólo al catolicismo, que ya había emergido de las catacumbas con el advenimiento de Constantino, sino a todas las sectas cristianas disidentes.
Con ese gesto él buscaba la misma finalidad de nuestros enemigos de hoy. El pagano Marcelino comprendió a la perfección el embuste: “Juliano actuó de tal manera que la libertad que parecía conceder degenerase en licencia y aumentase las divisiones.”
Obtenido ese resultado, ya no tenía que temer para sus empresas ulteriores una “resistencia unánime de los cristianos”.
La hipocresía de esa libertad de cultos no tardó en revelarse con la persecución que movió contra San Atanasio, y en la protección que concedió a los herejes, como en el caso de los donatistas.

Juliano el Apóstata – Museo del Louvre, París
Monopolio de la enseñanza por el Estado
En Juliano el Apóstata vemos los mismos esfuerzos en el sentido de la implantación del neopaganismo de que Hitler fue el ejemplo en nuestros días. Y, entre otras analogías, podíamos aplicar indiferentemente a uno y a otro la táctica de la corrupción, mediante la negación de empleos públicos a los católicos, como nos muestra la historia.
También en el laicismo escolar tenemos en Juliano el Apóstata un precursor de la moderna persecución a la Iglesia. Y así como la legislación escolar, que lentamente promueve el monopolio de la enseñanza por parte del Estado, es la más terrible arma usada por los enemigos de la Iglesia liberales y totalitarios, así también esa fue la gran arma de este emperador neopagano.
En sus leyes, que establecían el monopolio educativo del Estado, decía Juliano: “Todos los que hagan profesión de enseñar deben tener el alma imbuida de las únicas doctrinas que son conformes al espíritu público.”
Bien podemos evaluar lo que Juliano entendía por ese “espíritu público”, como bien sabemos lo que quiere decir hoy en día la “neutralidad” escolar.
En un mundo así minado por los más satánicos métodos de persecución al catolicismo –hipócritas y velados–, tiempo en que, humanamente hablando, la causa de la ortodoxia estaba perdida, fue en este momento cuando vivió San Basilio.
Sin la llama de la vida interior es vana toda obra de asistencia social
Nadie mejor indicado que él, San Basilio, para promover una larga Política de la Mano Tendida con los neopaganos y los herejes. En efecto, en Atenas, junto con San Gregorio Nacianceno, en los mismos bancos escolares, se había sentado Juliano. Y era de naturaleza pacífica y retraída.
Sin embargo, resuelta y reiteradamente se negó a aceptar la invitación para ir a la corte de Juliano, como más tarde se enfrentaría al emperador Valente, cuando este último comenzó a perseguirlo debido a su oposición al arrianismo y su negativa a aceptar en su Iglesia a estos mismos herejes.
Más que el Santo de la acción social, más que un precursor del Servicio social en su aspecto moderno, debemos ver en el gran obispo de Cesarea al campeón de la fe, al defensor de la ortodoxia, al hombre de la Iglesia.
Y esa pureza de doctrina, esa santa intransigencia en materia de fe y de costumbres es la clave de su obra en el sector social. Como dice el Evangelio, “si la sal pierde su fuerza, ¿con qué se ha de condimentar?” (cf. Mt 5, 13).
Si la meta del Servicio social es facilitar a la sociedad los medios necesarios para que sus miembros puedan desarrollar plenamente su personalidad, si el sumo bien que podemos aspirar para el prójimo es la realización de su misión sobre la tierra para que consiga alcanzar la bienaventuranza eterna, es claro que sin esa llama de la vida interior sería vana toda la obra de asistencia social desarrollada por el gran Santo.
Obreros salen a las calles exigiendo la liberación de San Basilio
San Basilio enfrentó el totalitarismo de Estado, de la misma manera que los católicos del mundo de hoy tendrán que hacer frente a los nuevos emperadores neopaganos y neo coronados, sin vacilaciones ni connivencias, sin concesiones al mal, sin mutilaciones de la doctrina de la Iglesia, bajo la acusación de proselitismo en el campo contrario.
Sólo así podemos imitar al gran y Santo doctor en su intrepidez en favor de los humildes, de los débiles, de todas las víctimas de la arbitrariedad, de la tiranía, de las injusticias sociales.
Sólo así podremos edificar, en las ciudades de hoy, aquella verdadera ciudad de asistencia social por él construida a las puertas de Cesarea. Sólo con este verdadero concepto de caridad podremos traer a la Iglesia las multitudes descarriadas que hoy se debaten en medio de la más completa miseria, principalmente espiritual.

La Virgen entre San Basilio y San Gregorio Nacianceno – Iglesia de San Trófimo, Arlés, Francia
Sólo así tendremos a nuestro lado a aquel mismo pueblo que sale tumultuosamente por las calles, al saber que San Basilio se hallaba ante el tribunal del Prefecto Imperial de Cesarea, que lo amenazaba con las acusaciones más infames. Ese mismo pueblo a cuyo frente, según la narración de San Gregorio Nacianceno, se hallaban los obreros de las fábricas imperiales, blandiendo los instrumentos de su oficio y exigiendo la liberación de su benefactor.
Sólo imitando las verdaderas virtudes de San Basilio estaremos seguros de haber combatido el combate en el campo social.
(Extraído de O Legionário
n. 718, 12/5/1946)
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1) Amiano Marcelino (*330 – + 391),
militar del ejército de Juliano el
Apóstata. Escribió una obra sobre la
historia de Roma.