Tendencia a la Perfección

Publicado el 12/23/2024

Vivir es tender a la perfección. Si el hombre consiente en los lados buenos de su alma a favor de las sucesivas perfecciones, tendrá vuelos cada vez más altos. Y el buen anhelo de las multitudes suscitará profetas de lo bello que producirán maravillas como el gótico y los vitrales.

 

Apóstol del pulchrum

En las primeras etapas de la vida, el sentido de la perfección, presente en toda criatura humana, hace que la persona perciba mucho más lo perfecto que lo imperfecto y le da una sensación de vida como si fuese un guante maravilloso, forrado de armiño, en el cual ella va poniendo la mano y que se vuelve cada vez más acogedor. En esa experiencia, el hombre en parte se explicita a sí mismo y en parte explica esa sensación en función de sí. Es así que la noción de perfección se va formando en el alma.  

Vivir es tender para la perfección

Se entiende bien lo que viene a ser esa tendencia a la perfección cuando se observan los movimientos del alma. El alma tiende para la lógica, para la verdad. Si ella siguiese su movimiento propio, produciría el raciocinio perfecto. En eso está una pista para que se comprenda lo que es el deseo de perfección del alma acompañado por los movimientos generales de los instintos, sobre todo en el hombre antes del pecado original. En él, todos los instintos se moverían hacia las cosas perfectas que el alma fuese conociendo, dando elementos para que el alma elabore la figura verdadera de la realidad material y la destilación que desde dentro de esa realidad material sería la perfección de ésta y también de la realidad espiritual. Propiamente, vivir es tender a la perfección.

El vuelo directo hacia lo más perfecto

En ese sentido hacia la perfección, exactamente, entran colaborando de varios modos los instintos, pero al servicio de un vuelo que es más un instinto del alma que del cuerpo, un vuelo directo a la perfección.

La aparición del gótico confirma eso. Sólo la persona que tiene sentido de lo maravilloso es realmente práctica. Tengo la impresión de que necesariamente, aunque por contingencias, al azar, deben haber surgido cosas góticas siglos antes de la Edad Media.

No hubo un genio que, encontrando el gótico, dijese: “¡Es lo que yo quería!” Y que transformó, por ejemplo, la puerta del fondo de una cocina medieval en el primer arco gótico… Pero el hombre que haya descubierto el primer trazo del gótico, para mí, vale más que Cristóbal Colón.

Hay varias iglesias construidas en un período de transición. Los puristas fruncen el ceño: “Horrible, está mezclado el gótico y el románico”. ¡Es una gloria! “¿Ud. no comprendió ese nacimiento del gótico por encima del arco románico, que hace con que Ud., en vez de encontrar contradicción, procure analogía? Es como quien ve un padre y un hijo y procura ver en qué se parecen ellos”. Eso es también una analogía de la gracia sobre la naturaleza.

Entonces hubo y habrá modestos artistas desconocidos, ejerciendo el papel, sin embargo, de profetas en este y aquel punto y que hicieron una verdadera maravilla.

1) Fachada de la Catedral de Burgos, España.

2) Nave central de la Catedral de Notre-Dame, Reims, Francia.

3) Catedral de Notre-Dame, Laon, Francia. 4) Interior de la Abadía de Saint-Denis, París.

Nave central de la Catedral de Santa Cecilia, Albi, Francia

Profetas de lo bello: hombres capaces de realizar los anhelos de “pulchrum” de la multitud

¿Cómo entra lo sobrenatural en el estilo gótico? La gracia, que nos da acceso a lo sobrenatural, es una participación creada en la vida de Dios. Esa participación ayuda a la tendencia del hombre a la perfección, haciendo presentir, por alguna cosa de místico unos grados más de perfección, que el gótico permite prever, pero que aún no daría para imaginar.

No es algo exclusivamente inspirado por la gracia, pero ella tomó esa cría de la naturaleza, el gótico, y lo hizo mirar un poquito hacia el sol. Él, mirando al sol, cambió el color del pelo. Son los vitrales.

Hombres que producen maravillas como el gótico, en general, no son apóstoles de las ideas propias, son personas, al contrario, en las cuales la idea del consenso general recayó sobre ellos y se difundió.

Hay profetas que son esperados y hay otros para quién el mundo nace de espaldas. Y esos que producen maravillas son, en general, profetas, que el buen anhelo de las multitudes, tocado por la gracia, hace esperar.

Es como si en cierto momento, ellos “encontrasen” el gótico y aquello se difundiese como un reguero de pólvora. Y el hombre que inventó esto no se considera un genio, porque todos estaban a la espera de aquello. Todo el mundo quiere eso, es una cosa banal. Sin embargo, él hizo algo genial.

En una sociedad orgánica difícilmente una persona puede ser considerada precursora o inventora de un estilo. En ese sentido entra mucho del espíritu de innovación, porque toda una multitud precedida de esos –vamos a llamarlos así– profetas de lo bello, se encamina hacia donde apunta el anhelo de todos.   

La acción de la gracia conduciendo al inocente a la realización de su modelo ideal

Por una disposición especial de la Providencia, ciertos hombres pueden nacer con una particular tendencia a la perfección, que, si ellos corresponden a la gracia, los llevará a una gran realización. Y la gracia prepara al hombre desde el Bautismo para que corresponda, desarrollando esa tendencia, casi subconscientemente, en una determinada dirección.

Por ejemplo, todo indica que los estilos pre-góticos no tenían ventana. El Panteón no las tiene.

De cualquier manera, hubo un determinado momento en que alguien hizo el vidrio. Y otro momento en que el mismo u otra persona lo coloreó.

El hecho de que alguien lo haya coloreado, yo no quiero decir que haya sido necesariamente, pero podría haber sido una acción de la gracia en el siguiente sentido: “Yo voy a darle a este que está coloreando esto, la noción de procurar y hacer un color ideal, más bello que el común de los colores”.

Comienza entonces a componer un color ideal, un color de sueño o todo un juego de colores ideales y de sueño para colorear no sólo un vitral, sino un mundo, porque en el vitral hay escenas de batallas, escenas del Antiguo Testamento, en fin, la vida de los hombres en cuanto relacionada con la Iglesia y la Religión. A veces es solo un pajarito cantando dentro de una letra “O”, no teniendo una relación directa con la piedad. Me parece encantador. Los artistas no tenían la preocupación de examinar cómo eran los sabiás1 de Europa, ellos pintaban y listo, salía un arqui-pajarito.

Así, sale un mundo de creaciones de un mundo ideal, a partir de ese don que fue concedido a algunos de concebir un juego de colores absolutamente fantasioso, pero que en el fondo no es fantasía, es la producción de algo que en forma de potencialidad alcanzable duerme en los colores comunes.

La historia de la elaboración de las cosas bellas

Por lo tanto, en el momento en que el hombre va coloreando, van naciendo cosas diferentes. Él colorea un vitral. Y el vitral siguiente que va a hacer contendrá la crítica del anterior hecho por él. Pero no es la crítica moderna: “¿Qué defectos tiene?” Él se preguntará eso, pero como algo secundario, porque la indagación será: “¿Alcanza enteramente el deseo de perfección que tengo o alguna cosa estará siendo obstáculo?”

Y la historia de los vitrales pasa a ser, así, la historia de los vuelos cada vez más altos, hasta llegar a un punto en que él dirá: “Aquí no es posible ir más lejos”. Él coloca los vidrios coloreados en la pared. Pero de repente aparece en su cabeza la idea de una pared toda de vidrio.

¡La Sainte-Chapelle! Tiene columnatas de piedra para sustentar la armazón de los varios vitrales. ¡Columnatas elegantísimas!

En eso tenemos el trabajo del alma a favor de las sucesivas perfecciones, en el cual el trabajo crítico, según el estilo moderno, las alturas, las espesuras deben entrar secundariamente. y apenas para evitar lo monstruoso. Se alcanza el ápice cuando, en una Sainte-Chapelle, una cierta visión de conjunto de la capilla perfecta, que estaba implícita durante todo el tiempo en que estaba siendo construida, se explicitó enteramente al ser concluida.

Esto que estaba en el anhelo de todos, en cada uno era de un determinado modo, hermano de otro modo. No había peleas. Se comprende ahí que los artistas que trabajaron en ella, los artesanos, los reyes, los obispos, en fin, todas las autoridades que dieron alguna idea para que ella sea como es, que previeron como aquello sería y aportaron dinero, protección, materiales, etc., para que ella fuera perfecta, todos ellos, viéndola lista dijeron: “¡Ah, es verdad!” “¡Es así que debía ser!” 

Interior de la Sainte-Chapelle, París

(Extraído de conferencias del 8/5/1994 y 21/9/1994)

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1) Sabiá: pájaro objeto de la famosa poesía “Cantos del exilio”
del brasileño Gonçalves Días.
Mi tierra tiene palmeras donde canta el sabiá.
Las aves que aquí gorjean no gorjean como allá.

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